Sebastián Castella: Origen y Trayectoria de un Torero Franco-Español

19.12.2025

El francés occitano Sebastián Castella Turzack, cuyo segundo apellido proviene de los ascendientes polacos de su madre, nació el 31 de enero de 1983 en Hérault, a 40 kilómetros de Béziers.

A los 14 años, a finales del Siglo XX (1997), Castella se instaló en Sevilla bajo la guía de José Antonio Campuzano, otro gran torero surgido de Écija. Campuzano, tras su retirada de los ruedos, se ha revelado como un apoderado con mayor ojo clínico para el descubrimiento y captación de talentos, como el propio Castella, quien puso pie por primera vez en Sevilla (según propia confesión) cuando tenía 10 años.

En los años finales del Siglo XX, José Antonio Campuzano fue quien enseñó a Castella los conceptos prácticos del toreo y el sentido de las distancias.En realidad, Castella había descubierto Sevilla, la Giralda y la Plaza de la Maestranza, con diez años, la primera vez que se vino. Pero se hizo del Sevilla por José Antonio Campuzano. Ya de camino, toda su cuadrilla de los primeros años del Siglo XXI, en Sevilla, eran todos sevillistas... y se le contagió.

Aquel 1997, Castella había llegado a Sevilla con un capote de segunda mano por todo bagaje, para jugarse la vida fríamente, como un héroe romántico de Merimée o Gautier. José Antonio Campuzano se hizo cargo de un querubín que exhalaba ese mismo halo que una vez llevó a Valle-Inclán a decir a Belmonte: "A usted, Juan, sólo le falta morir en la plaza". "Se hará lo que se pueda, Don Ramón", respondió a Valle el llamado 'Pasmo de Triana'...

Como mentor del junco marfileño de Hérault, Luis Manuel Lozano -que había hecho pinitos entre las doce cuerdas del 'ring' de boxeo- sucedió a Campuzano. Entre Lozano y Campuzano inocularon al joven Castella una serie de principios y aficiones...Sebastián Castella tomó la alternativa en el año 2000 en su Béziers natal, de la mano de Enrique Ponce y con José Tomás como testigo.

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Castella prepara su regreso en la plaza que tiene en el garaje de su casa, en las afueras de Sevilla. A la capital hispalense llegó el Jueves Santo de 1998, cuando apenas tenía 15 años. Quizás este francés de padre español y madre polaca lleve impregnado el carácter sevillano más de lo que él mismo piensa.

Sebastián Turzack Castella (Beziers, 1983), hijo de un español y una polaca, nació en el sur de Francia pero su vida es complicado explicarla sin el sur de España, adonde llegó tras iniciarse como becerrista con 14 años; y el de Suramérica, donde ha cosechado importantes triunfos.

A los 14 abandonó la casa de sus padres en Béziers (Francia), donde nació en 1983, y vino a España sin brújula, con un capote de segunda mano por todo patrimonio, sobrevolando la noche gótica en trenes atestados de quinquis, buscavidas y viajantes de mala mercancía. Aquel niño con voz de flauta tierna sólo quería ser matador de toros, figura, maestro. Y aquí está. Sueño arriba, convertido ya en el triunfador del escalafón en 2006.

Viene al mundo el 31 de enero de 1983 en la ciudad francesa de Béziers. Su bisabuelo paterno era de la provincia de Valencia, y su padre tiene ascendencia polaca. Los escasos antecedentes taurinos con que cuenta su familia proceden de su padre, que toreó en capeas y alguna que otra novillada sin caballos; aunque ya estaba retirado cuando nació Sebastián y no puede decirse que influyera en su afición, pese a que solía llevarlo cada 15 de agosto al coso bézierois.

Precisamente, a la salida de una de estas corridas -tendría el chiquillo unos doce años- confesó a su progenitor su deseo de ser torero y este le inscribió en la escuela taurina de la localidad, donde Claudio Naquer, banderillero que la dirigía, le enseñó a coger los trastos. A partir de ahí comienza el duro aprendizaje de las capeas; a templar el ánimo ante las veletas astas de las vacas camarguesas, a defenderse de sus broncos derrotes y su astuto sentido.

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El 30 de marzo de 1997 estoquea en Aignan su primer becerro en público. Y más tarde, en una fiesta campera en casa de Robert Margé, consigue que el empresario taurino se fije en él. Margé lo prueba, y cuando comprende que su afición va en serio decide ayudarle y lo manda a Sevilla, en cuyo campo bravo se ajercita.

Un buen día quiso la suerte que le llamaran para sustituir a un novillero en el festival que iba a celebrarse el 27 de septiembre de ese año en Mandouel, localidad cercana a Nimes, y cuyo cartel encabezaba quien habría de convertirse en su maestro y más tarde en su iseparable apoderado: José Antonio Campuzano. Este día cambiaría la vida de Castella. Pues tras mostrar sus posibilidades ante el gordo novillo que le tocó en fortuna, Campuzano, de acuerdo con Margé, decide tomar las riendas de su formación taurina y llevárselo a vivir a su casa como un hijo más. En ella encontraría Sebastián el calor de hogar que nunca tuvo antes.

Tal vez fueran los cristales rayados de su infancia, el clima de desavenencias en que acostumbraban a instalarse sus mayores, quienes le llevaran a alzar un muro de silencio y lejanía tras el que protegerse de su entorno; los que le invitaran a poblar su inclemente existencia con un riquísimo mundo interior donde mantener los sueños a salvo de las dentelladas de la vida. No tiene amigos en el colegio y tampoco le gusta comunicarse con la gente. Es retraído, introvertido, callado…

Casi sin darse cuenta, Sebastián va convirtiendo la soledad en su más fiel e inseparable compañera. De ella hará su castillo, su escuela, su alacena y su barro alfarero: castillo, donde hallará defensa y protección contra un mundo que le enseñó lo amargo demasiado temprano; escuela, en la que aprenderá a tirar de sí mismo sin ayuda de nadie, sin esperar más logros que los que por sí mismo pudiera conseguir; alacena, en donde alimentar sueños y fantasías, y barro, con el que su voluntad comenzará a modelar una personalidad heroica.

De la soledad extraerá su fuerza y esa interpretación trágica de la vida que agigantará su desnuda individualidad, el cofre en el que ocultará cualquier dolor como su más preciada pertenencia, y esa costra de helado escepticismo que le hace aparecer lejano a todos y a todo, incluso al peligro de los toros cuando se está jugando la vida entre las astas.

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Solo, sin haber cumplido aún dieciséis años, se marcha a México, donde el 17 de enero de 1999 hará en Acapulco su primer paseíllo con caballos. Los novillos son de Cerro Viejo, y sus compañeros de terna: Javier Gutiérrez, Jorge González e Israel Téllez. Otra novillada en Acapulco y dos más en Aguascalientes componen su breve periodo azteca, sin que estas le sirvan para mejorar su concepto del toro mexicano, al que por aquellas calendas considera <>, dado lo cambiante de su comportamiento.

Sin embargo, el destino querrá contradecirle y será un utrero de Real de Saltillo, de nombre Apasionado -negro de capa y 471 kilos de peso- el que, según confesión propia, le propiciará realizar la mejor faena de su vida novilleril. Ocurría la efeméride el 14 de mayo del año 2000, en la Plaza México, durante la que fuera final mexicana del encuentro Mundial de Novilleros. Para el astado hubo petición de indulto y para el torero la posibilidad de haber cortado el rabo, frustrada por un intento de estocada recibiendo que atravesó a la res y varios desaciertos con el verduguillo. Pese a Tal contratiempo, aún se llevó una oreja y lo sacaron a hombros.

Sin embargo, entre esta corrida y aquella de Acapulco había ocurrido muchas cosas. Su debut con caballos en Europa había tenido lugar en la francesa Aire Sur L’ Adour, el 1 de mayo de 1999, junto a la rejoneadora María Sara y los novilleros Juan Bautista y El Fandi, Tarde en la que corta oreja a cada uno de sus novillos de Yerbabuena. Paseíllo al que seguirá, ocho días más tarde, el primero en tal categoría en España, realizado -salmón y oro- nada menos que en la Real Maestranza de Sevilla, cuyo anillo recorrerá en premio a su labor ante el Juampedro y colorao Hapero.

Trece nuvilladas más en España y diez en Francia componen una temporada que finiquitará en Cali el 26 de diciembre, con un balance de 37 orejas amén del rabo cortado simbólicamente al único novillo que indultó en su vida.Ocurría el hecho en la abulense Navaluenga, el 10 de septiembre. El astado llevaba el pial de Pedro Y Verónica Gutiérrez Lorenzo. El éxito que lo convierte en centro de atención de los medios de comunicación especializados y del taurinismo en general ocurre en febrero del 2000 al proclamarse triunfador del III Encuentro Mundial de Novilleros, celebrado en el coso easonense de Illumbe.

Dos orejas en su primera tarde, otra en la segunda y tres a cambio de una cornada en el antebrazo derecho, en la final celebrada el 4 de marzo, airean su nombre a los cuatro vientos como una revelación y le abren las puertas de los principales cosos de España y Francia; incluso le vale para firmar una corrida de toros en la Semana Grande de San Sebastián, pues ya tiene proyectado tomar la alternativa.

Sin embargo, su paso por Valencia y Castellón y, sobre todo, sus tres comparecencias en Las Ventas -donde se presentó, grana y oro, el 30 de abril con el castaño chorreado Saltador, de Peñajara-, defraudan en gran parte sus expectativas. Unas veces por la espada, otras por los novillos, y todas porque parece estar en otro sitio, aquella frescura de ideas que venía atesorando se diluye tarde a tarde y su escalofriante frialdad cede el sitio a una apatía que a nadie contenta.

Dentro de este bache, solo su actuación de Sevilla, donde vuelve por sus fueros cortándole la oreja al Torrestrella Lengua Brava, y la ya referida apoteosis de México, abren de nuevo la espita de la esperanza. El 10 de junio es herido en el escroto en Nimes, lo que no le impide cuajar, siete días después en la feria de Granada, una de sus mejores actuaciones de la temporada, que, poco a poco, parece remontar. Corta oreja en Pamplona, suma un éxito importante en Fréjus y así llega a su penúltima novillada, el 30 de julio en Hagetmau, donde de nuevo sufre una cornada del pedrajas al que corta la oreja. Tampoco este percance le impide despedirse de novillero en la fecha prevista -8 de agosto-, pese a lo fresca de la herida y a que ha querido hacerlo con todo boato encerrándose en solitario para estoquear seis novillos de Juan Pedro Domecq.

La despedida tiene por marco el coso de Châteaurenard y, aunque la tarde se le pone cuesta arriba, consigue solventarla cortando oreja al quinto y, tras aviso, al noble sexto, premiado con la vuelta al ruedo. Cuatro días más tarde, en su ciudad natal, consigue realizar el sueño de su vida: investirse matador de toros. El cartel, que cuelga el <>, es de auténtico Lujo, Pues de padrino lleva a Enrique Ponce, y de testigo a José Tomás, quien le acompañará en su salida a hombros después de que Castella -rosa pálido y oro- cortara una oreja al Juampedro de la ceremonia -Diligencia, número 61, negro y con 519 kilos- y otra al boyante Fantasma, que hizo sexto.

Cuarenta y ocho horas después volvería a cruzar el ruedo de Béziers para sumar su tercera oreja ferial. Con diez actuaciones cierra su primera campaña europea en la nueva categoría sin que las cosas acaben de rodar, aunque la abroche con un éxito de tres oreja en Cascante que le vale ser distinguido con el premio que le otorga su peso en vino. Antes, su paso por la Semana Grande de San Sebastián -primera corrida de toros en España- ha ahondado si cabe su cada vez más palpable declive. Incluso en las tardes que vence, no convence. Se le ve mustio, triste, como si la ilusión de torear se le hubiese extraviado por algún recodo de la vida.

Y así continúa durante el 2001, año en el que no actúa en ninguna plaza española de importancia, salvo la tarde de su presentación como matador de alternativa en Sevilla, en otra actuación que se salda en escala de grises. Tampoco su confirmación en México, el 18 de febrero, apadrinado por el azteca Rafael Ortega, que, en presencia de El Tato, le cede la muerte de Buñuelo, de Santa Fe del Campo, se salda con éxito. Las circunstancias parecen abocarlo a ser otro torero de Francia para Francia -en cuyos ruedos sí obtiene triunfos; a destacar el de Bayona, donde vuelve a disfrutar del toreo cortándole las dos orejas al bravinoble Botella, de San Martín-, sin que del interés que despertara en otro tiempo por el resto del orbe taurino quede la más humilde candileja.

Como suele ocurrir en el planeta de los toros, los mentideros taurinos se apresuran a decretar su defunción; quienes le niegan todo sostienen que lo del Encuentro Mundial fue un espejismo; los más benévolos afirman que no ha superado el paso del novillo al toro y hay que darle tiempo. Sin embargo, aunque esto último pueda influir, unos y otros olvidan que bajo el vestido de alamares palpita siempre un corazón humano; un corazón que, en este caso, por más que se oculte tras una máscara de hielo, siente y padece; un corazón que ha encontrado en unos ojos dulces el resarcimiento de todo el desamparo, de todo el desamor, que archivan sus recuerdos; un corazón vacío que, de pronto se puebla de sonrisas, de caricias, de afecto… a los que no quiere ni puede renunciar.

Y de nuevo se repite la historia, y el hombre y el torero entablan un litigio que los desequilibra. Y el amor se transforma en un fuego que acapara y consume, y el fuego en un dolor, y el dolor en angustia, en esa angustia existencial que el tener que elegir crea en el ser humano; porque Sebastián llega a la lacerante conclusión de que no puede con tanta carga a cuesta y debe decidir con cuál se queda. Y de nuevo, ante la encrucijada, vuelve a sentir a su lado la presencia de la soledad: la amiga que sabe más de él que todas las personas y que todos los toros; la que nunca le miente; la que en ese trance le susurra que está condenado a elegir porque, por condición humana, está a su vez condenado a ser libre. No hay escapatoria.

El silencio cede por una vez el sitio a la palabra, y los enamorados deciden dejar que el amor se extinga y quede embalsamado en la ternura de un cálido recuerdo. Y para que la hoguera se haga pronto cenizas, Castella se marcha con su soledad a otro paisaje donde la lejanía le aleje de la ausencia. Deja el hogar de la familia Campuzano -aunque las relaciones afectivo-profesionales con su apoderado continúen tan firmes como siempre-, se instala por su cuenta y emprende el camino que le devuelva la vocación perdida. Volver por sus fueros no es una empresa fácil, exige sacrificios y paciencia, pues tampoco es cosa que se logre en dos días.

Castella le cuesta todo el año 2002, campaña que cierra con 24 paseíllos -5 en América-, de los que solo en cinco pisa arena española. Sin embargos, en Francia da algunos toques de atención que causan sorpresa y esperanza. Así en la feria pascual de Arles donde, si bien no acaba de estar a la altura de la calidad de su primer Valdefresno, del que solo obtiene un apéndice, da una gran dimensión de torero valiente ante la <> y sentido del segundo de su lote, al que, tras jugarse limpiamente la vida, corta dos orejas de pesó.

También en Nimes, donde encandila a la parroquia al cuajar dos buenos astados de Juan Pedro. Triunfo de dos orejas que pudieron ser cuatro si la espada no le juega una mala pasada en el que mejor torea. Otras actuaciones importantes fueron el mano a mano con Ferrera en Béziers y la tarde de Mout de Marzán, donde compartió salida a hombros con Fernández Meca y El Juli; pero la mejor faena de la temporada la firmó en Bayona ante el Jandilla Tribunal, un toro que le dio mucho sitio.

Metido en tal proceso de reencuentro, su ambición de un triunfo cuya continuidad se revela indispensable para sobrevivir, le hace incurrir en el error de buscar demasiado pronto la cercanía de las astas en menoscabo del toreo largo y templado que practicaba en su primera etapa de novillero; no obstante, lo verdaderamente notorio es que el torero ha emprendido el viaje de la recuperación sin posible retorno. El frío invernizo sorprende el cambio de mentor: Robert Margé, que hasta entonces había venido compartiendo apoderamiento con el torero de Gerena, cede su puesto a Luis Álvarez, quien, junto a Campuzano, continúa desde entonces dirigiendo la carrera del diestro. La nueva relación no comienza lo que se dice con buen pie, pues en su primera actuación en la feria de Cali un marrajo de Mondoñedo se le va vivo a los corrales.

Así -31 de diciembre- daba término un año de transición al que iba a suceder el inicio de una floreciente etapa en la que Castella comenzaría a dejar de ser el <> de los franceses para convertirse en la encarnación del <>, muletilla que no dejaría de repetirse desde entonces.

Por ejemplo -¡quien iba a decirlo dos días antes!-, es el primer torero galo que consigue el trofeo Señor de los Cristales al triunfador de la feria caleña. Le bastó un toro de Puerta de Hierro, al que cortó las orejas tras realizar la mejor faena del ciclo, para que se olvidara el borrón del mondoñedo y se hiciera acreedor a tan importante premio. Y tras proclamase triunfador de la feria de Duitama, parchea con su nombre el de César Jiménez en Manizales, donde protagoniza una tarde cumbre de tres orejas que le dejan a las puertas de llevarse un trofeo que conseguirá el año siguiente.

De vuelta a España, el cónclave que forma con sus apoderados en torno a los vídeos de sus actuaciones, las posibles soluciones puestas en práctica en los tentaderos y, sobre todo, su mente, otra vez en perfecto estado de revista y con la totalidad de sus células grises orientadas hacia el imán del toreo, van poniendo el cimiento sobre el que se habrá de levantar un torero notable. Consecuencia de ello es que donde antes había prisas ahora aparece el temple; donde antes espesura, ahora claridad. Su espada se vuelve más certera y su toreo se alarga, se reposa, y al llevar a los toros una mayor distancia...

En 2020 iba a celebrar el vigésimo aniversario de su alternativa, pero el coronavirus ha retrasado sus planes para 2021. Ha sido duro. En 2020 tenía varios proyectos y llegaba de América con una ilusión tremenda. Llevaba un par de años organizando el 20 aniversario de alternativa. Dejé el teléfono y me quedé en la finca con la familia.

Fue algo sin precedentes. Los toreros tomamos conciencia de que debíamos unirnos por un mismo interés: cuidar a la tauromaquia, a las personas que viven de ellas y a la afición. Estoy con ellos, pero el toreo no es de derechas ni de izquierdas ni de ningún partido político. Somos cultura y pedimos que dejen de discriminarnos. La tauromaquia llevaba demasiado tiempo callada. En cuanto nos hemos unido, ha habido resultados que no se habían dado en años. Es cierto que el ministro recapacitó y nos atendió.

Peligran todo en España ahora mismo. Nosotros estamos pidiendo el sitio que nos corresponde tanto por historia como por impacto social y económico. Es importantísimo que no sea un año en blanco. No por el aficionado, sino por el espectador en sí. Toros va a haber. No. El público es importantísimo. En las corridas hay tres elementos: el toro, el torero y el público. No es como el deporte. Hay opciones con respeto a las medidas sanitarias para hacerlo. Los matadores llegaremos a un acuerdo para torear.

Los toros no son cultura porque lo decía Lorca, Picasso o Dalí. Somos cultura porque lo dice el pueblo. Somos raíces, tradiciones, la fiesta nacional. Que diga eso quien tiene que defender al país… Él quiere cambiar España y eso me molesta. Él tiene que respetar la cultura de España. Yo soy francés, pero me considero de aquí. Además de los años que llevo en España, la gente me lo hace sentir así y no me tratan como a un extranjero.

A Macron, cuando llegó al poder, le preguntaron por la tauromaquia. Dijo que no era aficionado, pero que sabía que era parte de la cultura y de la tradición del sur de Francia y que no le iba a quitar ayudas y subvenciones. Eso es de persona inteligente que cuida a su gente y a su país. Pero ahora, en Francia están como en España. En septiembre u octubre quizá haya toros, pero depende de cómo evolucione la sanidad. Lo más importante es la salud de la sociedad. Han salido algunos compañeros anunciado toros en algunos sitios, pero creo que todo a su debido tiempo.

El año que viene. No iba a festejar el aniversario de mi alternativa en un año de luto aunque hubiera toros, que los va a haber.

Dato Información
Nombre Completo Sebastián Castella Turzack
Fecha de Nacimiento 31 de enero de 1983
Lugar de Nacimiento Hérault, cerca de Béziers, Francia
Alternativa 2000, Béziers

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