Drake Prueba de Paternidad: Un Resumen Detallado

02.11.2025

La figura del padre, un asunto también central en Hijos del fútbol -en este caso una paternidad contextualizada en torno al poder educativo de este deporte-, acierta en la diana de la familia. A lo mejor esta es una de las constantes en la obra del escritor bilbaíno, pero no me arriesgaré a aseverar algo así con mi pobre bagaje lector, como ya advertí.

Así pues y dadas las circunstancias, puedo afirmar que Vida y obra se lee con gusto, con un placer similar al que experimenté con Hijos del fútbol. La prosa de Galder Reguera se escurre de las manos o, mejor dicho, se nos escurre de los ojos, fluye por un sendero sin trampas, sin esquinas traicioneras, sin zancadillas al lector, por lo que quien se acerque a la novela estará dispuesto siempre a seguir leyendo.

Y no solo por lo que se cuenta, que también, sino sobre todo por cómo trata lo narrado el autor bilbaíno, con una aparente sencillez cuya tramoya se trabaja y se monta en el secreto silencioso, paciente y quirúrgico de la mesa de operaciones del cirujano jefe. Este trabajo delicado y preciso contribuye a que la novela discurra ante la atención del lector con total naturalidad.

Este trabajo de composición, que según el epílogo/agradecimientos del libro no salió a la primera, se estructura a lo largo de toda la novela a partir de una especie de conversación o, mejor dicho, de un monólogo de Unai, el narrador, dirigido y dedicado a un tú muy concreto, a una segunda persona determinante en su vida y en la novela, su padre, el famoso escritor Cecenave Hernández, ausente de su vida desde su infancia, en concreto desde los diez años.

Todo este entramado narrativo resulta además tan verosímil y tan potente que es fácil que el lector se incline a pensar que se encuentra ante uno de esos relatos de autoficción tan de moda últimamente en la literatura española y más si, como es mi caso, ha leído antes Hijos del fútbol, por ejemplo.

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En cualquier caso, más allá de lo cercano o no a la realidad que se encuentre lo narrado en Vida y obra, lo interesante es que la novela funciona y no solo desde un punto de vista estructural, estilístico, lingüístico,… porque tiene alma, porque la técnica sin alma no sirve para nada, porque lo escrito se dirige al centro de la sensibilidad del lector, como decíamos hace unos cuantos párrafos.

Dejando a un lado al amor con todas sus complicaciones, quizá el asunto estrella de nuestra literatura occidental, el que más puede llegar a tocar la fibra sensible del lector sea la familia, porque al fin y al cabo todos pertenecemos a una, al menos según los parámetros occidentales en los que nos movemos los potenciales lectores de Reguera. De modo que Vida y obra acierta en la diana de la familia, pero afina el tiro en uno de sus ejes decisivos, la figura del padre, asunto este también central en Hijos del fútbol -en este caso una paternidad contextualizada en torno al poder educativo de este deporte-.

En un nivel quizá algo más profundo de lectura, todas esas preguntas en Vida y obra se sintetizan en las contradicciones que nos plantea una existencia capitalista, objetivada en la novela que nos ocupa en su vertiente más creativa (¿más amable?), más artística, más literaria -recordemos que padre e hijo son novelistas-.

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