Historia del Edificio Materno Infantil de Donostia

22.11.2025

La Casa de Maternidad Municipal de Donostia fue inaugurada en un acto privado el 1 de diciembre de 1932. El evento oficial se celebró el 1 de enero de 1933. La construcción del edificio estuvo dirigida por el arquitecto municipal Ramón Cortázar con un coste de 1,2 millones de pesetas.

Según cuenta el enfermero Manuel Solórzano (San Sebastián, 1956), autor de varios trabajos sobre los orígenes de su profesión en el territorio guipuzcoano, fue una «obra importante y adelantada a la época» promovida por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal y diseñada por el arquitecto Ramón Cortázar.

Los periódicos de la época recogieron la noticia y loaron las bondades de la maternidad de Aldakonea. «La Casa de Maternidad, modelo, única podemos decir en su clase, ha de ser motivo de orgullo para esta provincia, en la que tanta atención se presta a las atenciones de carácter sanitario.

Costó 1,2 millones de pesetas (7.200 euros), se creó para ayudar a todas las clases sociales. En ella tendrían acogida «las clases menesterosas, que son las verdaderamente necesitadas de estos auxilios y que tendrán habitaciones gratuitas, destinándose varias habitaciones de pago para clases modestas o clase media y otras de lujo», rezaba la memoria de la institución, que añadía que «como condición precisa para el ingreso, a las parturientas se les exige que se queden con el hijo que haya de nacer y no sirva la casa de pretexto para abandonar a la criatura.

Constaba de tres plantas y dos sótanos. En total disponía de 60 camas; una sala con 25 camas generales, una sala gratis con 10 camas, habitaciones particulares de una y dos camas para aquellas mujeres que habían necesitado una intervención quirúrgica y un pabellón de «distinguidas», que consistía en cinco habitaciones con una cama cada una.

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En la primera se hallaban la administración, portería, salas de espera, pabellón de distinguidas, habitaciones, terrazas, clases para enfermeras, laboratorios, despacho del director, pabellón de consultas y salas de espera. El edificio constaba de tres plantas. En la segunda planta se encontraba el pabellón de puérperas, cuartos de aislamiento, guardería de bebés, el pabellón quirúrgico con diversas salas y dependencias y la biblioteca.

El pabellón quirúrgico estaba formado por un cuarto de dilatación, dos salas de partos -sépticos y asépticos-, un cuarto de lavado de recién nacidos (lava-bebés), sala de operaciones, sala de esterilización, sala de material, dilataciones e intervenciones graves.

La tercera planta la ocupaban para ingresos de pacientes en el pabellón de embarazadas, los cuartos de aislamiento de las mismas y el pabellón de ginecología. El centro estaba dotado de salas de madres lactantes y en uno de los lados del cuerpo central se encontraba el comedor. Había dos sótanos. El primero se destinó a servicios de desinfección, lavadero y plancha.

El segundo incluía todos los servicios necesarios, además del pabellón y habitaciones de alumnas enfermeras, cocina, ascensores, servicios de tratamiento físico, diatermia, lámpara de cuarzo, rayos X, pabellón de anatomía patológica... Por este sótano entraban los coches ambulancia para la descarga de enfermas dentro de la misma casa y a pocos metros del ascensor de camillas, con lo que se facilitaba su desplazamiento.

En total había 60 camas para las mujeres: una sala con 25 camas generales, otra gratuita con 10 camas, habitaciones particulares de una y dos camas para las operadas de vagina y pabellón de distinguidas con 5 habitaciones de una cama junto al hall de entrada a la maternidad.

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La única condición para el ingreso era, según reza en la memoria de la Caja de Ahorros Municipal -entidad patrocinadora de este avanzado centro médico para la época-, que «las parturientas se queden con el hijo y no sirva la Casa de pretexto para abandonar a la criatura». Por ello, prestó especial atención a las mujeres solteras a quienes permitía en el centro hasta que el bebé «estuviera en condiciones de recibir alimentación artificial.

Durante su estancia, podía dedicarse a los cuidados del edificio compatibles con su estado y condición, como el lavado y repaso de ropas, la limpieza… siendo por estos trabajos remuneradas, lo que les posibilitaba obtener ciertos ahorros» y afrontar en mejores condiciones su salida de la Casa de Maternidad. Las consideradas en dicha época «de pago, de primera y segunda clase» estaban en la primera planta y sus habitaciones disponían de comodidades como aseos exclusivos contiguos a la habitación, pequeñas salas para las visitas y una amplia terraza.

En el discurso de inauguración, el director de la Casa de Maternidad, el doctor Juan María Arrillaga subrayó que «la madre, la que sacrifica su honor, si hace falta, sin atemorizarle los obstáculos que la vida ha de ponerle en su camino con tal de no separarse de su hijo, tendrá abiertas las puertas de esta Institución. No hemos reparado en la selección de clases.

Dentro de la Casa de la Maternidad también se creó una Escuela de Enfermeras Comadronas. Previa a la apertura, la Liga Anticlerical Revolucionaria de Gipuzkoa pidió en un escrito fechado el 15 de noviembre de 1932 a la Caja de Ahorros y Monte de Piedad Municipal de Donostia que las Hermanas de la Caridad fueran sustituidas por «enfermeros y enfermeras civiles y tituladas de acuerdo con el Colegio profesional correspondiente y por respeto al laicismo de la Constitución vigente; que no se autorice en dicho establecimiento de beneficencia ni en su recinto, la colocación de símbolos religiosos; ni la celebración de rezos colectivos, misas, procesiones, bautizos… Esta Agrupación desea saber si es criterio adoptar e imponer las medidas anticlericales que se solicitan y, en caso contrario, las razones que considera para no implantar en su Casa de Maternidad las medidas reclamadas».

El 18 de agosto de 1936, una de las 37 granadas que disparó el acorazado «España» alcanzó el edificio, lo que obligó a trasladar temporalmente sus servicios a la Villa San José de Ategorrieta, a los pies del monte Ulia, hasta que quedó reparado. Las ancianas ingresadas en las Hermanitas de los Pobres, cuyo edificio estaba situado enfrente, fueron trasladadas a la Casa de la Maternidad, «siendo más bocas para alimentar.

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El personal de la Maternidad no podía salir afuera para recoger las botellas de leche y los suministros, ya que desde el inmueble de las Hermanitas de los Pobres les disparaban los soldados. El bombardeo finalizó a las once de la mañana. El edificio quedó destrozado así como las camas y el resto del mobiliario. No hubo víctimas mortales porque todas las enfermeras y pacientes habían sido trasladadas a los sótanos y planta baja.

Uno de los pocos heridos fue el doctor Dionisio Estanga, que fue atendido por la enfermera de guerra Emilia Llopis, voluntaria catalana.

Solórzano recuerda que la Casa de Maternidad de Aldakonea creó una Escuela de Enfermeras Comadronas, entre las que había enfermeras visitadoras. La maternidad sufrió durante la Guerra Civil una breve interrupción de sus actividades al ser alcanzado el edificio por una bomba lanzada por una unidad de la Armada. El servicio fue trasladado a una villa de Ategorrieta, villa San José, para volver a su sede una vez reparados los desperfectos producidos. Poco tiempo más duró su actividad.

Entre los aspectos a destacar de esta Maternidad que dejó de funcionar en octubre de 1953 está su vocación de ayudar a todas las mujeres independientemente de sus posibilidades económicas y el especial hincapié que a lo largo de sus 17 años de vida hizo en la formación de médicos especializados, enfermeras y comadronas y en la promoción de hábitos médicos saludables.

La remodelación del edificio afectó a todas las plantas. En la planta baja se establecieron el despacho de la dirección, el comedor, el oficio con su fregadero y un montaplatos en comunicación con el oficio de la planta de semisótanos anejo a la cocina, habitación del médico de guardia con su baño, dormitorios de seis camas con cuarto de baño anejo, sala de curas con un pequeño aseo y el laboratorio.

En la segunda planta estaban la sala de rayos X con la cámara oscura aneja, el comedor de religiosas -que podía ser habilitado también como capilla, aunque existía un pequeño oratorio-, el oficio, una sala de aislamiento, dos camas con un servicio anejo, departamento de religiosas con dormitorios de seis camas y cuarto de baño y un dormitorio de cuatro camas con baño.

En 1945, el delegado del Instituto Nacional de Previsión solicitó a la Alcaldía donostiarra permiso para ejecutar las obras necesarias para reconvertir la Villa San José en la que sería la Residencia Maternal de la Caja Nacional del Seguro de Enfermedad, que abrió sus puertas el 19 de mayo de 1947. El 13 de agosto de 1960 fue inaugurada la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aranzazu del Seguro Obligatorio de Enfermedad (SOE, implantado por ley el 14 de diciembre de 1942).

Previamente, el 31 de julio de ese año, fueron trasladadas las mujeres y niños que estaban ingresados en la Maternidad de la Villa San José. El SOE queda a cargo del Instituto Nacional de Previsión, como entidad aseguradora única.

Hasta 1960, cuando se inauguró la Residencia Sanitaria Nuestra Señora de Aranzazu, las mujeres daban a luz -además de en algunas clínicas privadas- en las llamadas maternidades. Las de Aldakonea y Ategorrieta fueron las más importantes y vieron llegar al mundo a miles de bebés -unos 4.000 al año- que ya peinan canas.

Solórzano remarca la alta preparación de las matronas. «Eran todas tituladas. Para poder ejercer debían realizar tres años de practicante y otros dos de matrona con muchas horas de prácticas. Paquita Anduaga, inscrita en el Registro General de la Sección de Matronas el 29 de julio de 1958, ejerció la profesión de matrona durante 35 años, hasta su jubilación.

Su carnet de profesional recogía el siguiente juramento: «Prometo solemnemente ante Dios llevar una vida pura y ejercer mi profesión con devoción y fidelidad. Para los cursos de practicantes y matronas, la inscripción de la matrícula era de 15 pesetas, a lo que había que sumarle 5 pesetas por derechos de examen final por cada curso y 25 pesetas por los derechos de reválida.

El tribunal para obtener el título de matrona estaba compuesto por dos catedráticos de obstetricia y un profesor auxiliar en la materia. Las clases teóricas y prácticas se realizaban en la Residencia Maternal del Seguro de Enfermedad. Para poder trabajar era obligatorio haber cumplimentado los seis meses del llamado «Servicio Social». Al casarse, las mujeres matronas eran despedidas en lo que se llamó «excedencia forzosa».

«Mi carrera ha sido preciosa, me ha llenado de satisfacciones. Es el trabajo más bonito; entran dos y salen tres…», afirma a GARA. Destaca la evolución a lo largo estas décadas. «En la Villa San José de Ategorrieta, por ejemplo, no dábamos los puntos, lo hacía el médico cuando llegaba a la mañana, trabajábamos con guantes esterilizados corrientes y las mujeres daban a luz encima de la cama, el quirófano se reservaba para los partos complicados. Trabajábamos con los conocimientos y medios de aquellos años.

Ya en la Residencia -hoy en día el Hospital Donostia, a donde fue trasladada el 31 de julio de 1960-, éramos nosotras las que dábamos los puntos. El parto ha evolucionado mucho, como de la noche al día. Si todo va bien, es algo maravilloso, es ver cómo nace una nueva vida, es una de las experiencias más gratificantes que se puede vivir en un hospital», resalta. Resalta el carácter «vocacional» de esta profesión. E insiste en que «aunque salgan mal las cosas, es preciosa.

En esa época una parte de la ciudadanía no disponía del Seguro de Enfermedad pero cuando era necesario eran atendidos en el Centro.Su primer director fue el médico Alfonso Ugalde Aguirrebengoa. Con una dotación de 650 camas se daba cobertura a una parte muy importante de la asistencia hospitalaria general de Gipuzkoa.

Ante la falta de profesionales de enfermería, se contrató a las Hermanas de la Consolación para colaborar con las enfermeras del Centro en sus funciones.Contaba con una maternidad que en su momento de máxima actividad llegó a atender al 50% de los partos de la provincia, unos 240.000 en los primeros 50 años.

En sus instalaciones se realizaban las intervenciones quirúrgicas del Seguro de Enfermedad dirigidas por Manuel Cárdenas. También disponía de un Servicio de Medicina Interna dirigido por Carlos García del Río y un Servicio de Pediatría dirigido por José Antonio Alustiza que instauró uno de los ocho Centros de Prematuros que UNICEF promovió en España.

En 1965 se creó la escuela de ATS y en 1975 se amplió la estructura del hospital a Ciudad Sanitaria obteniendo acreditación docente. Este hecho hizo que se Incorporaran al Hospital las diferentes especialidades y subespecialidades jerarquizadas que iba generando la medicina en todas sus ramas y conformando una organización hospitalaria semejante a la actual.

Por este motivo se amplió enormemente el personal del Hospital multiplicándose el número de médicos.DocenciaEn 1976 se instauró en España el examen MIR para la formación de médicos internos-residentes en hospitales acreditados ingresando en la Residencia Sanitaria unos 40 residentes al año.

Dependiente de la Universidad del País Vasco en 1978 se comenzaron a impartir las enseñanzas conducentes al título universitario de Diplomado en Enfermería y se creó la Unidad Docente de Medicina siendo su primer Vicedecano el otorrinolaringólogo y profesor titular Jesús Algaba. Con la colaboración de los médicos de la Residencia, especialmente el profesor titular de medicina interna Antonio Damiano, se daba cobertura a casi todo el programa docente llegando algunos de ellos al rango de catedráticos como por ejemplo el digestólogo Juan Ignacio Arenas o el cirujano Miguel Echenique.

Se comenzaron a impartir los últimos tres cursos de la licenciatura y para ello se habilitaron unas instalaciones temporales en la Residencia que acogieron la Unidad Docente los tres primeros años de su existencia. En los primeros 25 años se licenciaron más de 2000 médicos.

La numerosa y rápida inmigración recibida -Gipuzkoa había pasado de tener 374.000 habitantes censados en 1950 a los 691.000 en 1980-no fue tenida en cuenta en la planificación de las necesidades de servicios sanitarios; por lo que este hospital, único de la seguridad social en la provincia, tenía graves insuficiencias para ofrecer una adecuada asistencia saniaria.

Si los nuevos hospitales en construcción se planificaban con 100 metros cuadrados de espacio por cama, en su conjunto, la Residencia tenía una superficie de 30 metros cuadrados/cama. El hacinamiento era grande y la falta de espacio le impedía crecer e implantar las nuevas tecnologías.

Se había iniciado la construcción de un nuevo hospital materno Infantil, en la parte posterior del edificio, pero las obras habían sido paralizadas por la falta de acuerdo entre el INSALUD y el Gobierno Vasco.

Desde principios de 1978, la Residencia no había cubierto el puesto de Dirección de manera estable, pues los pocos directores que vinieron, vista la conflictividad política y social de Gipuzkoa y los problemas estructurales del hospital, dimitían en pocos días o meses. Antes de la llegada pactada de Mikel Barriola como Director e iñigo Jaca como Inspector Médico en Enero de 1981, el cargo llevaba un año vacante.

En aquellos momentos, se estaba elaborando el mapa Sanitario de Euskadi, bajo la dirección del Consejero de Sanidad, Javier Aguirre, y el Viceconsejero Jose A Gorritxo. La intervención del Director Mikel Barriola fue crucial para desbloquear la paralización de las obras del Materno Infantil, y su rediseño.

Desde el puesto de Inspector Médico, Iñigo Jaca, empezó a gestionar la atención de los pacientes, programando mayores rendimientos de los recursos propios y derivando pacientes a todos los Centros Concertados de Gipuzkoa, para poner fin a aquella situación esperpéntica e indigna de las camas en los pasillos, y también se empezaron a disminuir las listas de espera. Los servicios de Oftalmología y ORL utilizarian los quirófanos libres de los sábados, hasta que sus listas de espera fueran razonables.

En Marzo de 1982 fue secuestrado y asesinado por ETA el Jefe de Servicio de Traumatología, Doctor Ramiro Carasa. Viendo que el juez no autorizaba el traslado del cadáver depositado en la losa de autopsias del cementerio de Urnieta, los médicos allí presentes y la dirección, tras esperar muchas horas hasta muy avanzada la noche, decidieron llevar su cadaver a la Residencia Sanitaria y montar la capilla ardiente. Aquella decisión no le gustó al juez y quiso responsabilizar a la Dirección, pero todos los miembros de la Junta Facultativa se autoinculparon y fueron llamados también a declarar, todos los Jefes de Servicio. Finalmente el juez desistió de buscar responsabilidades.

Aquel asesinato infundió bastante temor entre los médicos y algunos solicitaron traslado a otros hospitales del estado. ETA recibió el mensaje de que si volvían a actuar contra algún médico, muchos de ellos se irían, y a ver qué explicaban a la población a la que dejaban sin sus médicos.

En una comparecencia de prensa para dar respuesta a unas falsas acusaciones del sindicato ELA (DV 23/02/83) se ofrecieron los siguientes datos: la estancia media había disminuido en un 13%, la rotación paciente/cama había aumentado en un 18% y el número de pacientes intervenidos había pasado de los 18.000 de 1980 a los 22.282 de 1982 (23% de incremento). Eran los resultados de una mejor organización y control de la actividad de los recursos propios.

En Mayo de 1983 dimitió de su cargo el Dr Mikel Barriola e Iñigo Jaca fue nombrado Director en Funciones, hasta que en 1986 fue designado como Director Gerente por el INSALUD, en convocatoria pública.

En Septiembre de 1983, la Residencia Sanitaria, fue uno de los seis hospitales del INSALUD a los que se les realizó una Auditoria desde la Intervención General del Estado; una de las calificadas “de infarto” por todos los medios del estado. Esta Auditoria ayudó a que se corrigieran las graves anomalías de la gestión económica durante las últimas décadas.

En 1984, el INSALUD inició y dotó económicamente un Plan para la Humanización de la Asistencia. En la Residencia se entendió que este nuevo plan pasaba por la euskerización del personal y así se ofrecieron cursos de euskera, al final de la jornada de mañanas, con una hora a cargo del hospital y la segunda a cargo del alumno. Hubo una amplia participación de los trabajadores, si bien no gustó a los Servicios Centrales del Insalud. Para los años sucesivos fue el Consejero de Cultura del Gobierno Vasco, Luis Bandrés, quien subvencionó aquellos cursos.

La negociación con el INSALUD para la apertura del nuevo hospital Materno-Infantil de siete plantas (cuatro de hospitalización y consultas, dos de aparcamiento y una de almacenes) no fue fácil. Únicamente ofrecían 74 millones de pesetas para su equipamiento, pensando quizás en que no se aceptaría y así demoraban el desembolso de los 700 millones que costaba el Plan de Necesidades proyectado por los Servicios. Para su sorpresa se aceptó abrirlo, trasladando al nuevo hospital los equipos existentes, pero con el compromiso de que el 70% del Plan de Necesidades se habilitaría en los dos años siguientes.

En 1985, fue inaugurado el Materno-Infantil por el Ministro de Sanidad Ernest Lluch.

La ley 8/1985 dio amparo legal a las Interrupciones voluntarias de embarazo en los supuestos que preveía la propia ley. En la Residencia Aranzazu, todos y todas las ginecólogas se declararon objetores de conciencia. Fue el Dr. Manuel Prada, ginecólogo externo, quien venía por las tardes a garantizar este derecho de la mujer.

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