¿El Asesino Nace o Se Hace? Un Análisis Criminológico
Las ciencias encargadas de la investigación criminal llevan años investigando la conducta psicopática del asesino en serie con un fin preventivo. Desde entonces, no cejan en barajar numerosas hipótesis donde se analizan diferentes factores que podrían estar relacionados. El objeto de estudio de la ciencia tiene su foco en las características genéticas, biológicas, neurológicas y sociales.
Teorías Clásicas y Modernas
En 1870 el Doctor en Psiquiatría y fundador de la Antropología criminal, Cesare Lombroso, afirmó que el asesino tiene una morfología física especial que lo predispone al crimen. Según su teoría, el asesino sería el eslabón perdido entre el animal y el hombre. Considerado como padre de la Criminología tal y como la concebimos hoy en día, Lombroso, de profesión médico, estudió morfológicamente a varios de sus pacientes.
La mayoría eran delincuentes, aunque también necesitó de los, digamos, normales, para completar sus observaciones. Lombroso estaba convencido que la capacidad de delinquir residía en el cerebro y en su propia forma. Ésta, a su vez, moldeaba el cráneo y hacía visible esas características delictivas. Fue defensor a ultranza de que el ser delictivo estaba un escalón por debajo en la evolución y eso se podía ver con los propios ojos.
La forma de su cara también jugaba un papel importante en sus averiguaciones. Mantenía que “la nariz era frecuentemente achatada o respingada en los ladrones. Los asesinos, en cambio, suele ser aguileña como el pico de un ave de presa”. También puso especial atención en las orejas, ya que decía que “las orejas del criminal, muy a menudo, son de gran tamaño”.
Si bien estas teorías fueron pronto refutadas por Goring, que presentó otro estudio que demostraba que en otros individuos estudiados por él nada de esto se presentaba, con este estudio se presentó por primera vez al criminal como un ser que nace así. Que lo lleva escrito en su propio ser, vamos. Las nuevas escuelas criminológicas que vinieron a continuación introdujeron nuevos conceptos como lo social en la conducta de un sujeto criminal. No es que se desecharan los factores biológicos de una patada.
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Se seguían teniendo en cuenta, pero con un peso mucho menos mayor. Al principio de introducir lo social, es decir, las relaciones del individuo con el entorno, se pensaba que la capacidad para que una persona tuviera tendencias criminales era hereditaria. Como veremos después, hay teorías más actuales que se acercan a esto último, por lo que quizá no estaban del todo mal encaminadas.
Fuera como fuese, se pensó que el mayor peso lo tenía la relación del sujeto con su entorno. Se demostró mediante estudios sociales que en, por ejemplo, la delincuencia juvenil influía el medio en el que vivía la persona y el tipo de vínculo que llegaba a realizar con personas que también se inclinaban por el mismo camino. Estas asociaciones, por llamarlas de alguna manera, se alimentaban con reciprocidad y generaban individuos delincuentes.
Por explicarlo de otro modo, uno no sabe robar un coche así porque sí, necesita que alguien lo enseñe a hacerlo y, además, que se genere en él la necesidad de cometer el acto. Esto llevó la delincuencia a otro plano y la concepción del delincuente cambiaba por completo.
Factores Influyentes en la Génesis del Asesino
El criminólogo Alberto Pintado opina que "los asesinos en serie no nacen", sino que "se hacen" bajo las condicionantes sociales y familiares que los rodean durante la infancia, etapa fundamental para el desarrollo de la personalidad. "La acción delictiva de los asesinos en serie viene acompañada por una deficiente socialización en la edad infantil.
En este sentido, cuando estos sujetos son niños suelen vivir situaciones de elevada negatividad para una persona de tan corta edad. Suelen tener padres con problemas con el alcohol y las drogas, los cuales hacen responsables a sus hijos de todos los problemas que tienen; pueden ser abandonados; pueden sufrir malos tratos, tanto físicos como psicológicos de forma reiterada en el tiempo y con una dureza extrema, por parte de sus seres cercanos.
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- Consecuencias de ciertos tipos de lesiones en la parte anterior del cerebro.
- Entorno familiar y social, traumas infantiles, abusos sexuales, comportamientos violentos de los padres o del entorno.
El Gen de la Violencia y Estudios Neurocientíficos
¿Existe un gen de la violencia? Así lo confirma el investigador estadounidense Adrian Raine, toda una institución en el estudio de las psicopatías. Hasta mediados de los años ochenta no se pudieron responder de una manera más o menos real estas preguntas. Con la aparición de los escáneres por resonancia magnética, con los cuales se podía medir la actividad cerebral en determinadas situaciones no se supo si lo que se decía del cerebro hasta entonces era verdad o meras suposiciones.
El primer estudio que se llevó a cabo para comprobar esto, fue realizado por el neurocientífico inglés Adrian Raine. El estudio tuvo lugar en California (EEUU). Raine hacía tiempo que se había trasladado allí precisamente motivado por la gran cantidad de individuos violentos que pululaban sus calles. Allí, realizó un estudio analizando el cerebro de 41 asesinos que estaban recluidos en la cárcel en la que comenzó a trabajar. El resultado fue más que sorprendente, pues el área prefrontal de su cerebro mostraba un funcionamiento muy bajo comparado con el de individuos normales.
Ese área, digamos que es la que controla los impulsos de matar a una persona durante un episodio de ira. El propio Raine lo definió como “el ángel guardián del comportamiento y sin él, el diablo toma el mando”. Fue él mismo el que empezó a investigar sobre eso con los propios sujetos de su estudio. El primero que le dio la razón fue Donta Page, un individuo que había matado de manera brutal a una joven de veinticuatro años.
Estudiando acerca de su pasado, comprobó cómo había sufrido malos tratos siendo bebé. Su madre le pegaba con cables de electricidad, zapatos, revistas dobladas o cualquier cosa que tuviera a mano. ¿Eso quiere decir que todos los niños que sufren maltrato acaban siendo asesinos (o violadores u otro tipo de criminal violento)? No. El propio Raine admitió que no es un factor determinante y que es algo que puede pasar o no.
Recordarás que no hace mucho te he hablado de un factor hereditario. Esto puede sonar raro porque desde hace demasiados años, quedó “demostrado” que no había influencia hereditaria en la predisposición a ser un asesino. Más que demostrado, lo que se hizo fue desechar la idea ya que se consideró que lo único que importaba era el factor social.
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Pues bien, no hace falta remontarnos demasiado para encontrar un estudio que nos habla de algo muy interesante. En 1993, se decidió investigar a una familia holandesa en la que todos sus miembros tenían comportamientos violentos. Ante la rareza de eso se inició un estudio y, tras quince años de minuciosas comprobaciones, se llegó a la conclusión de que a todos sus miembros les faltaba un mismo gen. Un gen que producía una enzima llamada MAOA que es la encargada de regular los niveles de neurotransmisores involucrados en el control de los impulsos.
Es algo así como lo del córtex prefrontal, pero por otro lado, dicho mal y pronto. Se estableció que las personas que carecían de dicho gen y, por lo tanto, de la enzima, estaban más predispuestas a desarrollar un comportamiento violento. Y ahora volvemos a lo mismo. ¿Si te falta ese gen, serás un asesino (o un delincuente violento)? No.
Teniendo en cuenta que a un 30% (según un estudio) de los hombres les falta ese gen y que el 30% de los hombres no son ni asesinos ni violentos (tal y como se espera con la ausencia de éste), no. Además, hay un caso muy curioso que refleja con exactitud que tener una característica u otra no implica que acabes siendo tú un asesino.
En 2005, el científico James Fallon comparaba unas tomografías de asesinos con muestras propias que tenía en su laboratorio. Lo curioso, era que, aunque las comparaba sin nombre, todas ellas eran de miembros de su familia. Incluido él. Todo fue normal ya que ninguna coincidía con la de los asesinos hasta que una sí lo hizo. Preocupado por eso, el propio James se hizo análisis para comprobar si carecía de la enzima y el resultado fue positivo.
Es decir. Cumplía todos los requisitos para ser un asesino violento según estas hipótesis. Pero él no era. Una vez más se demostró que faltaba algo más. Es aquí donde de nuevo entra lo social. Y fue el propio Fallon el que llegó a esa conclusión. Si tenía todos los factores, ¿qué había fallado para no acabar convirtiéndose en lo que, supuestamente, estaba predestinado?
Psicopatía y la Mente Asesina
Cuando escuchamos la palabra “psicópata”, lo primero que se nos viene a la mente es la imagen de un asesino en serie, como Jeffrey Dahmer o Ted Bundy. Sin embargo, la psicopatía no se reduce a matar. Es un trastorno complejo que puede desarrollarse desde la infancia y está enlazado a factores biológicos, neurológicos y sociales.
Ascensión Ángeles Fumero Hernández, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Laguna (ULL), destaca que no todos los psicópatas son criminales. Muchos viven entre nosotros, camuflados (un ejemplo es Patrick Bateman, de American Psycho, quien lleva una vida exitosa ocultando su verdadera personalidad). El problema es que carecen de empatía, remordimiento y emociones reales.
Es común pensar que un psicópata disfruta matando, pero esto es un error. Eso es un asesino. Un verdadero psicópata padece de un trastorno antisocial de la personalidad (TAP), es decir, una condición mental que implica un patrón duradero de manipulación, explotación y violación de los derechos ajentos sin remordimiento ni culpa. Aunque algunos asesinos lo son, no todos los psicópatas cometen asesinatos. La psicopatía es un trastorno de la personalidad caracterizado por conductas antisociales constantes, falta de empatía y manipulación para su propio beneficio.
Ser psicópatas no siempre lleva a cometer homicidios. Cuando lo hacen, es por no poder sentir culpa o por buscar gratificación personal sin considerar consecuencias. Muchas personas creen que los psicópatas son “enfermos mentales». Sin embargo, los científicos afirman que la psicopatía no es una enfermedad, sino un patrón que se desarrolla en la infancia. Por ejemplo, un niño que sufre violencia o malos tratos puede llegar a entender que las personas son malas y que no debe mostrar afecto a nadie.
Así, va perdiendo su empatía y no siente culpa ni vergüenza, buscando satisfacción haciendo sentir inferiores a otros. Los medios de comunicación a menudo asocian esta condición con la violencia, pero la realidad es más compleja. No todos los psicópatas son asesinos ni violentos.
El neurocientífico Adrian Raine fue pionero en usar escáneres cerebrales para estudiar asesinos violentos. En 1997, utilizó exploraciones PET, que permite tomar imágenes del cerebro y observar áreas relacionadas con las emociones y comportamiento. Los psicópatas, al no poder mostrar empatía, piensan en sí mismos y en su satisfacción, sin importar lo que hagan para conseguirlo.
Casos Emblemáticos
Por ejemplo, Jeffrey Dahmer no tuvo una infancia tan traumática como otros asesinos seriales, pero desde pequeño mostró interés en diseccionar insectos. Entre 1978 y 1991 violó, asesinó y desmembró a diecisiete hombres y adolescentes.
Ted Bundy, fue un asesino en serie que confesó matar a treinta mujeres, usando el engaño para atraerlas y luego secuestrarlas, golpearlas y violarlas. Los psicópatas sí tienen sentimientos. Sin embargo, están centrados únicamente en ellos. Y, a veces, no saben lo que son, e incluso tú podrías serlo.
Neurociencia y Psicopatía
Diversos estudios de neurociencia sugieren que alteraciones en áreas prefrontales del cerebro están relacionadas con rasgos psicopáticos. Estas son asociadas con la conciencia del trastorno y la capacidad para entender los propios pensamientos y emociones. Un dato curioso es que una persona puede volverse psicópata tras una lesión cerebral, especialmente si se dañan áreas como la corteza prefrontal ventromedial. Cambios en esta zona pueden producir comportamientos impulsivos y antisociales.
Hoy muchas noticias nos informan de personas “normales” que han sido condenadas por asesinatos brutales. Los psicópatas pueden cambiar de un día para otro. Casos reales como los que inspiraron Mindhunter o Zodiac, dirigidas por David Fincher, muestran cómo pueden pasar desapercibidos durante años. Hay algunos rasgos comunes para poder detectarlos: no se plantean metas a largo plazo, mentiras patológicas, irresponsabilidad, manipulación y ausencia de miedo.
Factores Familiares, Escolares y Ambientales
La Criminología trata de explicar el comportamiento psicológico del criminal, trata de determinar qué factores llevaron al delincuente a cometer un crimen.
- Factores Familiares: la familia es muy importante en las primeras etapas de desarrollo de un individuo, sobre todo en la socialización. Va a depender mucho si es una familia numerosa, si hay ausencia de los progenitores, el estilo de crianza, si hay autoritarismo o permisividad, influye también el ambiente familiar.
- Factores Escolares: la escolaridad es muy importante, ya que es ahí donde se refuerzan los principios inculcados en el hogar. Además se adquieren y se conocen nuevas experiencias que influirán a lo largo de la vida. También se pueden adquirir malos hábitos o malas experiencias, como el fracaso escolar, competitividad, individualismo.
- Factores Ambientales: el ambiente en el que crece el individuo es muy importante, lo que antes se decía es que, a más clase social menos probabilidad de ser delincuente y fue demostrado con estadísticas. Hoy se dice, que la influencia del ambiente en el criminal ocurre mediante su grupo de pares, en la familia, con los amigos.
- Medios de Comunicación: la información que entregan estos medios influye en la percepción de las personas en riesgo.
- Factores Genéticos: ciertos comportamientos antisociales tienen una base genética.
El Asesino en Serie: Un Producto de Múltiples Factores
El asesino en serie no nace sino que se hace a sí mismo a lo largo del tiempo a partir de la interacción e influencia de diferentes factores genéticos, biológicos, neurológicos, psicológicos, sociales y ambientales[1].
Entre un 10% y un 15% de las personas nace con una tendencia biológica a la violencia; en los demás casos, esta se explica por factores sociales. Somos biología, pero también somos cultura: la educación ayuda al cerebro a reconfigurar las ideas y los sentimientos que inducen a la violencia. Los asesinos en serie presentan en su cerebro unas variaciones similares y estas podrían ser las responsables de sus crímenes.
Estudios Genéticos y Cromosómicos
A.- Ausencia de miedo: Raine realizó a principios de los 70 en isla Mauricio, un estudio sobre una muestra de 1795 sujetos (niños de 3 años). Tras veinte años, 137 de estos individuos habían delinquido. Se observó que quienes a los 23 años habían cometido algún tipo de delito grave, habían mostrado valores significativamente más bajos de respuesta condicionada al miedo a los tres años de edad.
La falta de respuesta al miedo está vinculada a determinadas disfunciones de la amígdala central, la parte del cerebro encargada de regular las emociones. Los resultados son consistentes con la hipótesis de que el mal funcionamiento de la amígdala incrementa el riesgo de conducta criminal, y demuestra que este condicionamiento al miedo a edad temprana no está explicado por factores sociales, de género o raza.
B.- El genetista Hans Brunner llevó a cabo una investigación en 1993, en el Hospital Universitario holandés de Nijmegen, donde estudió el caso de una familia en la que todos los varones poseían historiales muy violentos de graves hechos delictivos. Se descubrió que todos ellos carecían del gen que produce la enzima MAO-A, encargada de controlar los niveles de neurotransmisores como la serotonina que juega un papel fundamental en el control de los impulsos.
La activación de este gen, conocido como el gen del guerrero[6], depende de lo que ocurra durante la infancia. Si se carece de él o si presenta una actividad baja como consecuencia de una infancia marcada por el maltrato, la tendencia al crimen se acentúa.
C.- Estudios sobre el cromosoma de la criminalidad o trisonomía cromosómica XYY (superhombre) que causa aumento de la agresividad entre sus portadores. Fue en los años cuarenta cuando la genetista Patricia Jacobson inició los estudios de anomalías en los cromosomas, que aparecían sobre todo en los delincuentes sexuales.
Posteriormente varios estudios e investigaciones como las de Jacob, Brunton, Melville, Brittain y Mc-Clemont (1965) y Rutter y Hagell (2000) revelaron que los sujetos con esta anomalía cromosomática tienen una mayor posibilidad de presentar un comportamiento violento.
Conclusión: ¿Nace o se Hace?
Todo esto nos lleva a una conclusión. El asesino nace y se hace. Queda así respondida la pregunta que durante tanto tiempo se hizo el hombre.
En conclusión, la génesis del asesino depende de numerosos factores, intrínsecos y extrínsecos. Nuestro desasosiego aumenta cuando los criminólogos aseguran que la mayoría "no son enfermos". Tienen capacidad de entender. Los expertos saben que uno de cada cinco de estos criminales que acaban con la vida de otros son psicópatas, incapaces de empatizar con el dolor ajeno, menos de sentir arrepentimiento: repiten rutinas o actúan por impulsos.
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