El Misterio del Niño de Somosierra: Un Caso Sin Resolver
El 25 de junio de 1986, un suceso en el Puerto de Somosierra marcaría el inicio de uno de los misterios más inquietantes de España: la desaparición de Juan Pedro Martínez, un niño de diez años.
Aquel día, un camión volcaba en el Puerto de Somosierra. Los cadáveres del camionero, Andrés Martínez Navarro, de 36 años, y de su mujer, Carmen Gómez Legaz, de 34, se encontraban junto a la cabina. Con ellos viajaba también su hijo de diez años que desaparece misteriosamente sin dejar ni rastro.
El camión cisterna Volvo F12, con matrícula M-5383-CY y MU-1587-R su remolque, enfiló la subida del puerto de Somosierra por la N-I, entonces una carretera convencional de un carril por sentido. Como dejó descrito el parte de la Guardia Civil, las circunstancias de la vía y climatológicas eran idóneas.
Hasta el lugar llegaron los servicios de emergencia y encontraron los cadáveres de Andrés y de Carmen. El primero en posición decúbito prono, semienterrado y afectado por la carga de ácido.
Un viaje familiar que se tornó tragedia
Juan Pedro, junto a sus padres -Carmen y Andrés-, inician el viaje en el camión. El 24 de junio salen de Cartagena, tienen que entregar un depósito de 23.000 kilos de ácido fumante en Bilbao. Estaba profundamente agradecido a su padre, Andrés, por haberles ofrecido, a él y a su madre, Carmen, la oportunidad de acompañarle en la ruta.
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El niño se encontraba viajando con sus padres, que murieron en un accidente con su camión en esa travesía. Sin embargo, en el lugar solo se hallaron dos cadáveres y jamás el de Juan Pedro. Su desaparición sigue siendo un misterio treinta y ocho años después.
Ninguna incidencia perturbó la tranquilidad del viaje hasta bien pasado Madrid, ya muy avanzada la madrugada. Habían hecho las paradas de rigor para descansar y repostar: en la Venta del Olivo, antes de salir de la región; en Las Pedroñeras (Cuenca), hacia medianoche; a la entrada de Madrid, y en la estación de servicio de Los Ángeles, ya cerca de las tres de la mañana.
Así se plantaron a los pies del puerto de Somosierra hacia las cinco de la madrugada. Andrés detuvo el vehículo y, acompañado por su mujer y su hijo, penetró en el Mesón Aragón de Cabanillas de la Sierra. Un viaje tranquilo, con las paradas pertinentes para reponer combustible y tomar algo.
Fue en el 'Bar Aragón', en Cabanillas de la Sierra, donde se vio a la familia por última vez. Eran las cinco de la mañana cuando Juan Pedro y sus padres, Carmen y Andrés, se sentaron a desayunar en lo que era su quinta parada en el viaje. Estuvieron veinte minutos y después se subieron al camión. 'La verdad de' ha estado en ese bar, que ahora está abandonado, donde a partir de entonces cambiaría la suerte de la familia.
La última vez que se detuvo, el tacómetro registró 22 segundos y es entonces cuando bajó por el puerto a 110 kilómetros por hora. Adelantó a camiones hasta que encontró uno de frente al que no pudo esquivar, saliéndose así de la carretera.
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El camarero, probablemente la última persona que les vio vivos, le llamó la atención el niño, porque vestía pantalón y camiseta del mismo color: rojo.
Él mismo había estado con el pequeño el día antes de su desaparición. En el plató del programa, el tío de Juan Pedro, Juan García Legal, recordaba que su sobrino tenía mucha ilusión por realizar el viaje ya que era un regalo por haber sacado buenas notas.
Búsqueda y Primeras Hipótesis
Se buscó por las inmediaciones del accidente. Nadie lo ve. No había rastro del niño, que tenía 9 años, y estaba a punto de cumplir los 10. Se imprimieron carteles de búsqueda con una foto que se hizo emblema: Juan Pedro, vestido de marinero, el día de su comunión. "Teníamos otra más reciente, pero era más pequeña, no tenía calidad", recuerda hoy su tío Juan. "Necesitábamos que fuera grande, así que pensamos que esa, de un año antes, era la mejor".
¿Dónde estaba Juan Pedro? Los cuerpos de sus padres estaban perfectamente reconocibles, aunque levemente afectados por el ácido, lo que hacía pensar que la carga que transportaba el camionero murciano no tenía el poder, como le atribuían algunos, de desintegrar un cuerpo.
La primera hipótesis que surgió fue que el ácido hubiera disuelto el cuerpo del pequeño. "Es falso y, además, imposible", dice Juan, tajante. "La cuba del camión va divida en tres tanques. La boca de la cisterna que se rompe es la última, la tercera, la de atrás. El cuerpo de Andrés (padre) fue despedido justamente debajo de la cuba, la que se rompió. Todo el ácido de aquel tanque le cayó encima. A él no le faltaba ni un trocito de carne".
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Batieron la zona durante días, semanas. Agentes de la Guardia Civil, voluntarios, familiares recorrieron las inmediaciones al lugar del accidente por si había salido despedido. Incluso fueron con una retroexcavadora por si el cuerpo había quedado sepultado, pero no hallaron nada.
En la ecuación ‘ácido sulfúrico + niño desaparecido’, la solución surge espontánea: ‘Corrosión’. Lo cual no quiere decir que sea correcta. De hecho, es errónea. Tal y como explicaron, incluso en el caso de que el pequeño se hubiera visto enteramente sumergido en ese ácido, algunas partes de su organismo, como huesos y, sobre todo, dientes, habrían resistido al baño, como también algunos componentes de su ropa.
El rastreo exhaustivo (matorral por matorral y árbol por árbol, como se contó entonces) de una enorme extensión de terreno -más de 30 kilómetros de radio en torno al lugar del accidente- en la que se sumaron también cientos de voluntarios, tampoco arrojó pista alguna sobre el paradero del menor. Se había volatilizado.
La Pista de la Furgoneta Blanca
Había una pequeña pista a seguir. Alguno de los pocos testigos del suceso recordó que una furgoneta blanca, una Nissan Vanette, había parado en el lugar del accidente. De ella se bajaron un hombre alto y una mujer que dijo ser enfermera.
Una hipótesis que casaría además con la versión de un testigo, que dijo haber visto tras el accidente cómo una Nissan Vanette se aproximaba al lugar y descendían dos personas, que registraron la cabina del camión y se apoderaron de un pequeño bulto. Y la de la Vanette fue tercera línea de trabajo también quedó en nada. Más de 3.000 furgonetas Nissan Vanette blancas se investigaron sin resultados.
Segundos después del accidente, aseguran, se paró allí una furgoneta Nissan Vanette. "Era blanca, conducida de una manera alocada. Me dicen que se bajan dos personas, un hombre y una mujer. Ella dice que es enfermera, que la dejen pasar. Un hombre se fue derecho al camión. Aseguran que lo registra, llama a la mujer, y se van. No vieron lo que llevaba en la mano, pero salieron corriendo. Tan rápido, que casi atropellan a un herido del camión con el que Andrés impacta, que estaba en el asfalto. Se dieron a la fuga en dirección norte. Sin más explicación"
Juan trasladó el dato a la Guardia Civil, "no hubo movimiento de los agentes". Esa furgoneta llevaba escasos meses comercializándose en España. "Llamé a Motor Ibérica y expliqué quién era, que necesitaba localizar a los conductores de la Vanette. Me dieron un listado con las matrículas y los DNI de todas las que había". Los testigos dijeron que si veían sus caras, los reconocerían. "Ordenados por edad, por nacionalidad, se lo entregue a la Guardia Civil para que sacara las fotos, las caras. Nadie comprobó ninguna documentación".
De todos modos, para algunos la hipótesis de que se llevaran al pequeño en esa furgoneta les resulta la más probable. Incluso que se lo llevaran fuera de España.
La Teoría del Secuestro y el Narcotráfico
Juan García Legaz, su tío, está convencido de que el niño fue secuestrado. No lo dice por decirlo, ni porque sea el único clavo ardiendo al que la familia pueda aferrarse todavía. Este exfuncionario del Ayuntamiento de Torre Pacheco realizó entonces, a lo largo de meses, una concienzuda investigación que haría ruborizarse a muchos profesionales.
En 18 kilómetros, los últimos, Andrés hace 12 paradas. Empiezan pasado lo que era Buitrago de Lozoya (Madrid), en el primer repecho, el camión se queda parado un segundo". Las diez siguientes serán similares, de un segundo, cero, dos… "Creemos que le iban obstaculizando. Nadie para sin motivo un camión, con esa carga, en una subida como la del puerto. Se queda sin fuerza para continuar". La última parada, quizá clave, "fue entrando en Somosierra, al pueblo. El camión estuvo parado 22 segundos. Es donde suponemos que le quitaron el niño a cambio de algo".
¿Podían haberse llevado a Juan Pedro algunos narcotraficantes como forma de presión a su padre para que les transportara droga? Juan también cree tener la respuesta. «Esa noche había un control policial al pie de Somosierra. En cualquier caso, a los investigadores no les cuadraba esa hipótesis de la disolución del niño en el ácido.
Otra teoría es que el camión perseguía a un vehículo "en el que llevaban a su hijo" y que tras el accidente y la muerte de los padres se dieron a la fuga con él, ya que "no lo podían soltar porque sabía lo que había pasado, sus padres habían muerto y podría haberlo contado".
Por aquellos años las mafias de la droga funcionaban así". Algunos transportistas denunciaron que en áreas de descanso les habían metido droga. Era una vía rápida para llevar heroína a Bilbao. "La velocidad que llevaba Andrés bajando el puerto era superior a 110 kilómetros por hora. Tras parar esos 22 segundos, conduce alocadamente, a una velocidad bestial, con un camión lleno de ácido, y se pone a adelantar en una curva. Quizá el niño iba delante, cogido como rehén y quería alcanzarlo a él".
La Historia Continúa
Hay que recordar que España estaba en pañales en algunas técnicas de investigación, como el ADN. Una pequeña puerta a la esperanza se abrió en 2015 cuando el sistema saltó al detectar coincidencias genéticas del ADN de la abuela con unos restos humanos hallados en Guadalajara.
Los familiares de Juan Pedro, que tenía 10 años cuando se le perdió la pista, están convencidos de que previamente al accidente en el que fallecieron sus padres "alguien se llevó al menor". Así lo afirmó ante las cámaras del programa el tío del niño, Juan García Legaz, quien cree que "le quitaron -a sus padres- al pequeño en la última parada llegando a Somosierra, donde -el camión- estuvo parado durante 22 segundos". En su opinión, fue un tiempo "suficiente para quitarles al crío y obligarles a llevar cualquier otra cosa".
La desaparición de Juan Pedro Martínez, el niño de Somosierra, sigue siendo todo un misterio treinta y ocho años después. Fue en el año 1986 cuando se le perdió la pista y, desde entonces, familiares como su tío, han tenido que aprender a vivir sin él. Pero ¿Cómo se elabora un duelo cuando no se ha conseguido encontrar el cuerpo del fallecido?
Durante todo este tiempo, Juan García Legal, tío del desaparecido, ha hecho una búsqueda incansable del cuerpo de su sobrino y ha acudido a varios programas de televisión para que nunca se dejara de hablar del tema.
Han pasado 38 años desde que tuviera lugar una de las desapariciones más misteriosas de toda Europa. El 24 de junio de 1986 una pareja partía desde Las Cánovas, pedanía de Murcia, junto a su hijo Juan Pedro en un camión cisterna cargado con más de 20 000 litros de ácido sulfúrico fumante. Este caso ha sido considerado como uno de los más extraños de la última década del siglo XX. Un caso que en los últimos años se ha debatido e investigado en diversos programas y tertulias televisivas de equipos de investigación.
Juan ha sido voz de la búsqueda durante décadas: "el niño no iba en el camión". El portavoz de una familia que no ha dejado de investigar. CASO ABIERTO, portal de sucesos investigación de Prensa Ibérica retrocede, junto a él, a aquel fatídico día. "Todo ocurre en 22 segundos. Aunque han pasado 37 años, recuerdo todo como si fuera ayer".
En casa de Juan, el tiempo nada cura. "Solo nos quedan dos caminos: que uno de los que formara parte, que estuviera implicado, quiera contar lo que pasó, por lo que sea, porque esté arrepentido, se vaya a morir… o que el propio Juan Pedro, mediante prueba de ADN, descubra quién es".
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