El Chaval Sufriendo una Pena: Un Análisis Profundo
Hay padres y madres que han llegado a expresar que preferían ver a su hijo o hija muertos antes que seguir sufriendo las consecuencias de su adicción. Aunque parezca terrible, se trata de un sentimiento común y normal en familiares que viven cada día la impotencia, el miedo y la incertidumbre de no saber lidiar con las mentiras y manipulaciones constantes de la persona adicta.
En las redes sociales abundan las opiniones de quienes han vivido de cerca la adicción de un familiar y que le acusan de actuar conscientemente con desprecio por su entorno. Ex parejas, hermanos, amistades… que han sufrido las repercusiones de las acciones de la persona adicta. Pero, ¿qué hay de cierto en la idea de que los adictos no quieren a nadie? ¿Cómo puede explicarse -desde la psicología- las mentiras, los engaños, las manipulaciones, que deterioran las relaciones y hunden a familias enteras?
La Adicción y la Mentira
La adicción, el consumo de sustancias o práctica de conductas adictivas de forma compulsiva, está absolutamente asociada a la mentira. La adicción a veces lleva acompañadas otras patologías subyacentes. Esto se conoce como patología dual: cuando la persona, aparte de la enfermedad de la adicción, puede presentar otra enfermedad, como depresión, psicosis, esquizofrenia. Sin embargo, no es necesario, que exista esa patología dual para que la persona adicta mienta.
Sí existen ciertos patrones en las mentiras y manipulaciones de una persona adicta. La culpa es un aspecto inherente a la adicción, la acompaña permanentemente. Es un sentimiento absolutamente devastador y autodestructivo.
La enfermedad de la adicción no es algo que se desarrolla de la noche a la mañana. La adicción se manifiesta cuando, al producirse un desequilibrio de los receptores de dopamina y activarse el circuito de recompensa, la corteza prefrontal racional ya no tiene ningún poder de control sobre esa parte del cerebro.
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A la persona adicta le cuesta aceptar que tiene un problema, no quiere verlo: es cuando se produce la negación. El primer paso para que un adicto pueda cambiar y pueda ser libre algún día de su adicción consiste, precisamente, en aceptar que tiene un problema.
El Papel de la Terapia Psicológica
La terapia o ayuda psicológica es un factor absolutamente crítico para superar el hábito adictivo que lleva a la persona a mentir y a manipular. Hay diversas estrategias psicológicas para abordar la manipulación y mentiras de una persona adicta. Destaca entre ellas la terapia cognitivo-conductual.
Desde este enfoque, la persona debe comprender que ella no es una mala persona, no es una viciosa, ni es mentirosa por naturaleza. La terapia cognitivo conductual busca primero disminuir la culpa. Trabaja sobre aspectos como la autoestima y la confianza, que son rasgos personales fundamentales para que una persona pueda tener una vida sana y saludable. La terapia cognitivo conductual ayuda a tener un comportamiento responsable y a construir nuevos valores.
Gracias a construir estos valores, a fortalecer actitudes basadas en estos principios, la persona adicta deja de manipular y de mentir. Indudablemente, los problemas familiares o de comunicación fomentan las actitudes manipuladoras y mentirosas.
El Sufrimiento de los Familiares
Los familiares de las personas adictas sufren muchísimo, tanto quizá como ellas. Al principio no entienden el comportamiento y los actos de su familiar. Por eso es muy importante educarles para que comprendan que la persona que tienen al lado está enferma, sufre una enfermedad: no es viciosa, no está desquiciada, no le da igual la familia, sí que le importan sus hijos.
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Pongamos un ejemplo: si a un hijo de 24 años que es un chaval sano, de repente le diagnostican un cáncer de páncreas, no le consideraremos culpable. Él no ha querido que le ocurriera eso, no lo ha elegido, incluso si fuma. Muchas personas usan drogas o conductas adictivas de forma recreativa. Luego pueden incluso pasar a abusar de ellas.
Las familias, por tanto, deben entender, en primer lugar, qué significa y cómo es la enfermedad de la adicción. Una recomendación importante para los familiares consiste en no tapar los consumos. Hay familiares que llaman a la oficina porque la persona adicta ha consumido y al llegar a casa dice que está destrozada, y le cubren.
Al mismo tiempo, las familias deben intentar comunicarse con ellos de modo positivo. No decirles: “Nos estás matando, lo que estás haciendo es un desastre” o “No puedo más, me vas a matar”. Y por último, también entender los cambios de humor, de ira, las mentiras, dentro del cuadro de la adicción, como parte de la enfermedad, porque son cosas “normales” dentro de esta patología. Cuando el adicto miente, cuando demuestra ira, rabia, se aburre o no tiene ganas de hacer las cosas, son síntomas de que la enfermedad le está pidiendo al cerebro la dopamina que le aporta la sustancia o conducta adictiva.
El Caso de Mario: Acoso Escolar y Desesperación
Mario lleva agobiado desde que terminó el curso; sus padres desesperados han buscado ayuda profesional y nos hemos entrevistado. “Vamos muy justos, en una semana me marcho de vacaciones”. “Mario no quiere estudiar, le han quedado cinco y no hace nada. Él dice que es un vago y que no le gusta hacer esfuerzos, eso sí, a La Play no hay quien le gane; puede pasar entre seis y ocho horas al día jugando”.
Mario acude a la cita con cara de desconfiado, me cuenta que intenta estudiar pero que le resulta imposible; rompe a llorar lamentándose por no haber hecho más de lo que hizo durante el curso. Dejo que se relaje, le pido que me hable de cómo se siente, no de qué hace; por fin me cuenta que está sufriendo desde primaria, y no por las notas, sino porque es rechazado por un buen grupo de ¿compañeros?
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Mario no le ha contado nunca a nadie lo que le pasa, ni siquiera a sus padres. “Luis, llevo cinco años sufriendo acoso”. Tiro un poco mas del hilo del acoso: rechazo, maltrato, humillaciones, vejaciones, collejas, empujones… y un repertorio de insultos que quita el aliento al oírlos salir de su boca, uno a uno, lágrima a lágrima. Mario se ha roto en mi consulta, por fin ha podido mostrar a alguien las heridas de su alma.
“No te preocupes chaval, que de esta salimos juntos y ya verás como todo cambia”. Sonríe entre lágrimas, entre el miedo y la felicidad, entre la angustia y el ansia de querer sentir calma. Mario no sólo ha abierto su alma, ha abierto los ojos, y sólo tiene una pregunta que se repite al mismo ritmo que su rabia: “¿Por qué, Luis, por qué?”.
Mario es sensible, cariñoso, educado, amable y muy simpático. “Ya sé por qué Mario, porque sienten envidia de cómo eres”. Se ha secado las lágrimas y ha levantado la mirada; ahora se siente comprendido, desahogado, renovado y valorado.
Su madre suspira aliviada sin poder contener sus lágrimas. “No me esperaba esto Luis, no me hacía a la idea de tanto dolor, y en casa no alcanzamos a darnos cuenta de lo que le pasaba. Ha sido una suerte porque me voy de vacaciones, pero al menos Mario se ha salvado de la hoguera de una incomprensión nefasta. Me voy de vacaciones y me llevaré sus lágrimas para arrojarlas al mar de la ignorancia.
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