Colesterol y Lactancia: Niveles Recomendados y Consideraciones
El colesterol es un lípido esencial en nuestro organismo, necesario para la formación de membranas celulares, la síntesis de hormonas esteroideas y como precursor de mediadores metabólicos.
Aunque a menudo se le considera perjudicial, juega un papel crucial en la fertilidad, el embarazo y el desarrollo fetal.
Cuando escuchamos la palabra colesterol, automáticamente se encienden nuestras alarmas, pero es importante saber que esta sustancia que circula por nuestro cuerpo no siempre es mala para la salud. En realidad, se trata de un tipo de grasa indispensable para la vida: en su justa medida, la necesitamos para que nuestro organismo funcione adecuadamente.
En concreto, tiene una función estructural, ya que confiere estabilidad a las membranas de nuestras células; también nos ayuda a sintetizar la vitamina D, esencial, por ejemplo, para unos huesos sanos; y es imprescindible en la producción de la bilis, necesaria para digerir los alimentos, y de hormonas como las tiroideas y las sexuales -la progesterona, los estrógenos y la testosterona-.
El hígado fabrica una gran parte del colesterol, pero el resto nos llega a través de los alimentos grasos que ingerimos.
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También la bilis, producida por el hígado, contiene este tipo de grasa, que el intestino vuelve a absorber en parte durante la digestión.
El peligro con el colesterol aparece cuando su presencia en la sangre alcanza niveles excesivos y, además, se asocia a otros factores de riesgo cardiovascular. Por eso, y como detallaremos a continuación, es importante destacar que el colesterol hay que observarlo siempre en el contexto del estado general de paciente, teniendo en cuenta otras características y factores de riesgo.
Niveles Normales de Colesterol
Para evaluar los niveles de colesterol, se realiza un análisis de sangre que mide tres parámetros principales:
- Colesterol total: Debe ser menor a 200 mg/dl.
- LDL (lipoproteínas de baja densidad): El "colesterol malo" debe estar por debajo de 100 mg/dl.
- HDL (lipoproteínas de alta densidad): El "colesterol bueno" debe ser mayor a 35 mg/dl en hombres y 40 mg/dl en mujeres.
Estas lipoproteínas transportan el colesterol en la sangre; las LDL lo llevan desde el hígado a los tejidos, mientras que las HDL hacen el recorrido inverso.
En términos globales, se considera que existe exceso de colesterol (hipercolesterolemia) cuando el nivel total en sangre supera los 200 miligramos por decilitros de sangre (mg/dl). Cuando esto ocurre, las grasas pueden tender a acumularse en el interior de las arterias, lo que impide el flujo de sangre y puede desencadenar enfermedades cardiacas graves, así como accidentes cerebrovasculares.
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De hecho, según la Fundación Española del Corazón (FEC), está demostrado que las personas con niveles de colesterol en sangre de 240 mg/dl tienen el doble de riesgo de sufrir un infarto de miocardio que aquellas con cifras de 200.
En concreto, los resultados de la analítica pueden interpretarse de acuerdo a los siguientes valores, publicados por la FEC, pero siempre poniéndolos en relación conjuntamente con otros factores de riesgo cardiovascular:
- Colesterol Total (“mg/dl” equivale a “miligramo por decilitro de sangre”):
- Normal: menos de 200 mg/dl.
- Normal-alto: entre 200 y 240 mg/dl. (Se considera hipercolesterolemia tener unos niveles de colesterol total superiores a 200 mg/dl).
- Alto: por encima de 240 mg/dl.
- Colesterol LDL:
- Normal: menos de 100 mg/dl.
- Normal-alto: de 100 a 160 mg/dl.
- Alto: por encima de 160 mg/dl.
- Colesterol HDL:
- Normal: superior a 35 mg/dl en el hombre y 40 mg/dl en la mujer.
Estas cifras no se aplican por igual a toda la población para tomar decisiones terapéuticas, ni quieren decir que cualquier paciente que presente niveles normal-alto o alto en algunos parámetros precise un tratamiento basado en medicación.
Y es que, además de estos valores, existen unas tablas que tienen en cuenta todos los factores de riesgo cardiovascular del paciente, incluidos los niveles de colesterol, y establecen unos objetivos de tratamiento y las medidas de estilo de vida más adecuadas para cada caso.
Es decir, que los resultados de la analítica del colesterol deben interpretarse con nuestro médico de cabecera, que conoce nuestra situación particular y es quien puede calcular adecuadamente nuestro riesgo cardiovascular, más allá de unas clasificaciones que simplemente categorizan los valores de colesterol, pero que, tomadas en cuenta de forma aislada, no arrojan excesiva luz sobre la ruta de tratamiento que hay que elegir para cada persona.
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Colesterol Durante el Embarazo
Durante el embarazo, los niveles de colesterol aumentan de forma natural debido a cambios hormonales y metabólicos. Este incremento es más notable a partir del primer trimestre.
Aunque no se controlan estrictamente, es importante estar al tanto de esta variación fisiológica.
El colesterol y los triglicéridos aumentan de forma natural durante el embarazo, ya que son necesarios para el crecimiento y desarrollo del bebé.
Hay que esperar al menos de seis a ocho semanas después de dar a luz antes de hacer una prueba de colesterol.
Colesterol Alto Antes del Embarazo
Si una mujer tiene hipercolesterolemia antes del embarazo, es crucial realizar un seguimiento más estricto.
Debe consultar a su médico para controlar sus niveles y valorar si es necesario cambiar su tratamiento, ya que las estatinas no se consideran seguras durante la gestación y la lactancia.
El tratamiento farmacológico, en las mujeres que planifiquen un embarazo, se debe suspender unos dos meses antes. Ciertamente, es difícil predecirlo.
Sin embargo, es importante que sepan que desde el momento en que se confirma el embarazo, se debe suspender el tratamiento.
Si los niveles de colesterol fueran muy elevados, y si el facultativo que hace el seguimiento considera necesario reducirlos, se puede prescribir resinas, que actúan únicamente a nivel intestinal y por tanto, no se absorben.
Riesgos del Colesterol Alto en el Embarazo
Si los niveles de colesterol son excesivamente altos, podrían aumentar el riesgo de complicaciones como:
- Parto pretérmino.
- Preeclampsia.
- Diabetes gestacional.
Además, podría estar asociado con complicaciones para la descendencia, como niveles elevados de colesterol LDL o mayor gravedad de un infarto de miocardio.
Recomendaciones Para Mantener Niveles Controlados
Para evitar niveles indeseables de colesterol durante el embarazo, se recomienda:
- Seguir una dieta equilibrada, variada, rica en fibra y baja en grasas saturadas.
- Priorizar grasas saludables como pescado, frutos secos y aceite de oliva.
- Realizar ejercicio adaptado al embarazo. Las actividades que se han demostrado seguras durante la gestación incluyen actividades aeróbicas (andar, correr, bicicleta estática, natación, ejercicios acuáticos y aeróbic de baja intensidad), estiramientos, yoga o Pilates.
- Ingerir las mejores grasas. Las opciones más saludables son las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas.
No obstante, es importante mencionar que tampoco es ideal tener unos niveles bajos de colesterol durante el embarazo, ya que es una molécula necesaria para el crecimiento y para el desarrollo de los órganos fetales.
Colesterol y Lactancia Materna
La leche materna contiene colesterol, y se estima que un 20% se produce en la glándula mamaria, mientras que el 80% restante proviene del suero materno.
La lactancia materna podría ayudar a establecer los niveles de colesterol total y LDL tras el parto, ya que representa una vía de excreción fisiológica de triglicéridos y colesterol.
Esta secreción de grandes cantidades de colesterol en la leche podría reducir las concentraciones séricas maternas.
La hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia en el lactante puede estar en relación con la lactancia materna.
Se debe tener en cuenta que la leche materna, sobre todo el calostro (primera leche) es de alto contenido en colesterol y puede elevar los niveles en el niño.
Además es importante el control en la alimentación una vez se va dejando la lactancia materna.
Omega 3 y el Embarazo
Los ácidos grasos Omega-3 son indispensables para la salud a nivel celular y el correcto desarrollo del sistema nervioso del bebé.
Estudios han demostrado que los hijos de madres suplementadas con Omega-3 obtuvieron mejores puntuaciones en tests de desarrollo mental y psicomotor.
Además, el Omega-3 puede reducir el riesgo de alergias alimentarias y eccema en el primer año de vida del infante.
Si estás embarazada o tu pareja lo está, te animo a que sigas informándote, consultes con un profesional de confianza y comiences a tomar un buen suplemento pues será clave para tu recién nacido, para ti y marcará diferencias.
Recuerda, el Omega 3 es fundamental en el embarazo.
¿Cómo se relaciona el colesterol con el riesgo cardiovascular?
El riesgo cardiovascular es la probabilidad que tiene cada persona de sufrir o morir a causa de una enfermedad cardiovascular en un plazo determinado de tiempo.
Este riesgo depende de varios factores, que se clasifican en dos grandes grupos: modificables y no modificables.
Los factores de riesgo inevitables y que no pueden prevenirse son el sexo, la edad, la raza y la herencia genéticao antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular; también hay factores que sí podemos modular, como la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes, el tabaquismo, el abuso de alcohol, la obesidad o sobrepeso, el sedentarismo y el estrés, que se considera un factor contribuyente.
Si queremos influir en el riesgo cardiovascular y hacer que disminuya, es necesario abordar todos y cada uno de los factores de riesgo, a través de ciertas medidas y hábitos que nos lleven a adquirir un estilo de vida más saludable.
Entre estos cambios los más sencillos y prioritarios son seguir una dieta más equilibrada, dejar de fumar, practicar ejercicio moderado diario, mantener un peso adecuado y realizarnos un control regular de los niveles de tensión y colesterol; todos ellos nos ayudarán a estar más cerca de tener un riesgo cardiovascular bajo o controlado.
Para actuar en lo que se refiere al nivel de colesterol es importante conocer qué tipos existen y cuándo se puede considerar que tenemos un nivel de colesterol elevado.
Colesterol bueno y colesterol malo
El colesterol realiza un recorrido por la sangre desde el hígado o el intestino hasta los distintos órganos y, en ese trayecto, cuenta con la ayuda de ciertas partículas a las que se une y que permiten su transporte en el medio acuoso que es el plasma: son las llamadas lipoproteínas -porque tienen una parte grasa y otra proteica-.
Estas partículas pueden ser de baja densidad (LDL) o de alta densidad (HDL). Las primeras son las encargadas de transportar el colesterol desde el hígado a los diferentes tejidos del organismo, arterias incluidas; las segundas sirven para recoger el colesterol que no se ha usado y devolverlo al hígado, donde queda almacenado o se elimina, convertido en ácidos biliares, a través de la bilis.
Dependiendo de si el colesterol se une a las partículas LDL o a las HDL, podemos hablar de lo que se conoce coloquialmente como colesterol “bueno” y colesterol “malo”:
- Colesterol malo (LDL): es el que se une a la lipoproteína LDL y se deposita en la pared de las arterias. La mayor parte del colesterol que circula por nuestro torrente sanguíneo es de este tipo. Cuanto mayor sea su nivel en la sangre, más elevado es el riesgo de enfermedad cardiovascular, ya que puede provocar el estrechamiento o endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis). Por tanto, resulta peligroso para nuestra salud y hay que controlarlo.
- Colesterol bueno (HDL): es el que se une a la lipoproteína HDL y circula hasta el hígado para que sea destruido por medio de la excreción de bilis. Tiene un efecto protector, puesto que libera el exceso de colesterol de las paredes de los vasos sanguíneos. De hecho, según una publicación de la Sociedad Española de Arteriosclerosis, se ha calculado que por cada miligramo por decilitro de sangre (mg/dl) que aumenta el colesterol-HDL, el riesgo de enfermedad cardiaca (angina, infarto) disminuye un 2% o 3%. Por tanto, un nivel alto de este tipo de colesterol se considera positivo, pero, si es demasiado bajo, también aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular. Por otro lado, estudios más recientes han puesto en evidencia que el efecto protector del colesterol HDL está más relacionado con una adecuada funcionalidad que sólo con su cantidad.
¿Cómo se mide nuestro nivel de colesterol?
La forma más frecuente y sencilla de detectar si presentamos un nivel adecuado o no de cada tipo de colesterol es mediante un análisis de sangre. Podemos solicitarlo a nuestro médico habitual.
¿En qué alimentos podemos encontrar cada tipo de colesterol?
Como hemos dicho, la ingesta de ciertos alimentos puede hacer que aumente el colesterol malo en nuestro organismo y llevarlo a unos niveles poco saludables o, por el contrario, algunas propiedades y nutrientes de otro tipo de alimentación pueden ayudarnos a mantenerlo a raya.
Por un lado, los productos que contienen más colesterol malo son las grasas saturadas y las grasas “trans”. Las primeras están presentes en embutidos, salchichas, algunas carnes rojas, productos lácteos como quesos curados, bollería industrial y en algunos aceites vegetales, como el de palma o coco; las grasas “trans” se encuentran en alimentos elaborados con aceites y grasas hidrogenadas como la bollería industrial, los snacks, las galletas, los helados y las patatas fritas de bolsa.
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