El Niño de Fernando Aramburu: Un Relato Conmovedor Basado en un Suceso Real
La nueva novela de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959), El niño, parte de un terrible suceso real: una explosión accidental de gas ocurrida el 23 de octubre del año 1980 en el colegio público Marcelino Ugalde de la localidad vizcaína de Ortuella.
Un Hecho Trágico en Ortuella
Antes de las doce del mediodía de 1980, en Ortuella, una explosión por la concentración de gas propano en el sótano del colegio público Marcelino Ugalde provocó la muerte de 50 niños de entre cinco y seis años que cursaban primero de EGB.
También fallecieron tres adultos a causa de la explosión. Eran los años de plomo de ETA y en el desconcierto de las primeras horas alguien apuntó hacia ese lado. El bulo duró poco: el soplete de un fontanero y una concentración de gas tuvieron la culpa de que medio colegio saltase por los aires.
Aramburu y su Conexión con la Tragedia
Fernando Aramburu, donostiarra de 1959, estudiaba tercero o cuarto de Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza.
Recuerda con nitidez aquella mañana en la que trasteaba en la cocina de su piso de estudiantes y, con la radio puesta, supo que el infierno había acampado en Ortuella. Esta historia le ha rondado durante décadas.
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Aramburu también fue maestro de niños en varios colegios alemanes. Así que algunas veces pensaba en aquello. Y así, vuelta a vuelta, sin prisa, después del despegue sideral de Patria (2016) ha esperado otro poco hasta dar forma a una novela vibrante donde echa a rodar las voces de una familia de ficción para dar cuerda a una verdad demoledora.
Una familia que podría ser cualquiera para hablar de algo que no le ocurre a todo el mundo, pero que en Ortuella sucedió para el pueblo entero.
El Niño: Una Novela Conmovedora e Intimista
El 23 de octubre de 1980 una enorme explosión sacudió la localidad vizcaína de Ortuella.
Pronto se supo que había ocurrido en el colegio público Marcelino Ugalde, donde una acumulación de gas provocó la tragedia en la que perdieron la vida cincuenta niños de entre 3 y 6 años, y tres maestros.
Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) retrata el dolor de una familia que ha perdido en el accidente a Nuco, su hijo y nieto. Los padres y el abuelo viven cada uno el drama de manera diferente, desde la negación hasta el aislamiento o la aceptación.
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El autor de 'Patria' logra una de sus obras más intimistas, conmovedoras y profundas, creando un pequeño conjunto de personajes complejos, retratados con una prosa serena.
Lejos de regodearse o de hurgar en el dolor de una familia y del pueblo, Aramburu va más allá de un suceso cuyas huellas sobre los supervivientes son difíciles de imaginar.
Con el certero instinto del narrador avezado que es recrea solo rasgos generales de la catástrofe, pinta de forma sucinta el horror de las familias afectadas, los ritos funerarios inmediatos y los destrozos materiales.
Un Dolor Especifico y una Historia Familiar Expandida
Con ese criterio aísla un dolor específico, el de Mariaje y José Miguel, padres de Nuco, una víctima de seis años, y del abuelo materno, Nicasio. La historia novelada a partir de ese episodio cierto se expande hacia el pasado y hasta nuestro presente.
Queda constancia del origen emigrante de la familia, con su problemática. También de los conflictos previos del matrimonio. La narración del accidente se convierte en el relato acerca de una familia, en una historia de aspiraciones, fracasos y traumas familiares. Esas vidas zarandeadas por el destino, víctimas de un ciego fatum, dan lugar a retratos psicológicos no poco sutiles.
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Por otro, la figura de estirpe clásica del loco-lúcido, ese cervantino Nicasio cuya personalidad en el límite entre la sabiduría y la enajenación convierte el autor en un reclamo básico de la fábula. Esta pequeña galería de retratos privados -a la que se añaden algunos complementarios: una amiga íntima de la mujer, un amante por provecho- se presenta de forma un tanto descarnada pero bruñida con piedad.
La historia la cuenta un narrador que muchos años después del accidente conversa con la madre y toma nota de las noticias que le proporciona la mujer con vistas a escribir el libro que leemos.
La Estructura Narrativa Innovadora
A esta construcción tradicional, de engañosa sencillez, acopla Aramburu un recurso de moderado vanguardismo, y nada dificultoso, que proporciona a la novela una dimensión nueva. El propio Aramburu lo explica en una "Nota del autor" preliminar.
Las breves secuencias del relato troncal se interrumpen con diez pasajes en letra cursiva que remiten a la novela principal, por así decirlo. Hallamos algo en verdad sorprendente.
Este "humilde texto" se refiere al autor y a sí mismo, hace enmiendas y apostillas y hasta complementa lo contado. Justifica Fernando Aramburu el procedimiento como una manera de introducir un remanso de sosiego reflexivo en la novela.
Pero su alcance va más lejos, al punto de que el quid del relato reside en esta ingeniosa novedad. Rompe la tensión emocional derivada de una historia muy fuerte y, sobre todo, impide que esta caiga en el patetismo agudo o en el melodrama desatado.
Un juego lúdico permite también el distanciamiento. El "texto" hablante enfría la emoción descontrolada y proporciona con sus ironías y precisiones técnicas un punto de racionalidad y reflexión.
Aunque el parlanchín "texto" se conforme con contener "las humildes y a menudo infortunadas peripecias" de sus personajes, la "novelita" va bastante más lejos.
La Fragilidad de la Naturaleza Humana
En última instancia, El niño traza una estampa tan conmovedora como inquietante de la fragilidad de nuestra naturaleza.
En esta ocasión, el trauma que deja en cientos de adultos medio centenar de párvulos reventados por una explosión.
El resultado de esa investigación por dentro y por fuera de sí mismo es El niño. Una novela convulsa, humanísima, veraz, real como un aullido, que ensancha el ciclo narrativo denominado por el autor con el título genérico de Gentes vascas y con el que recorre distintas situaciones de su tierra originaria.
¿Y algo así cómo se cuenta? Como una entrevista, como una confesión, como un desgarro, como una noche más allá de la noche, como un ajuste de cuentas, como un sabor sangre que no debiera ser, como un ayer.
Un Suceso Real con Impacto Duradero
Regresa con El niño, una novela basada en hechos reales: el devastador suceso ocurrido en 1980 en Ortuella (Vizcaya), en el que murieron cincuenta niños y tres adultos.
Ese accidente de 1980 a mí me dejó una enorme cicatriz en la memoria, reabierta con posterioridad por el hecho de que yo me dediqué durante más de 20 años a la docencia, en parte con niños de la misma edad que aquellos que fallecieron en el accidente de Ortuella.
Entonces yo tenía una gran necesidad de sacar este hecho de mi memoria y objetivarlo en una obra literaria. El niño es un homenaje a todos esos pequeños, a sus familias, a un pueblo y a una sociedad que quedó impactada con el suceso, pero también es un nuevo acercamiento a la forma de ser de los vascos que usted tan bien retrata en sus libros.
El Proceso de Escritura y la Apelación a Daños Colectivos
Escribir no por entretenimiento, sino para extraer y objetivar un hecho tan doloroso como aquel. Esperé el momento oportuno, pensé en una estructura narrativa, en un tono, en unos personajes y en unos recursos literarios... Y me puse a la tarea.
No ha sido fácil por la sustancia emocional que esta historia contiene.
Pero cuidado con eso del "daño colectivo", porque cuando acercas la lupa ese mismo daño no afecta por igual a quienes lo sufren. Mis textos también advierten de esto. No es lo mismo el daño colectivo por una tragedia que haber sido directamente afectado por ella. No es lo mismo perder un hijo que ser vecino de quien lo ha perdido. Y ahí es donde me interesa el papel del escritor: para poner rostro a la experiencia humana, darle sitio a su intimidad, a sus detalles intransferibles.
Nicasio: Un Personaje Inolvidable
Nicasio, el abuelo del niño ausente y protagonista, escoge la inadaptación a la verdad de la tragedia como manera de preservarse del dolor.
Este hombre, de todos los personajes de mis libros, es de los que me han dejado más satisfecho. Con su ayuda intento llenar un hueco personal, pues no conocí a ninguno de mis dos abuelos varones. He vivido siempre con esta carencia, sin darme cuenta hasta que escuché a otros hablar de sus abuelos. Nicasio me sirve para confeccionar lo que no tuve. Así que este hombre es mi consumación de un pequeño ajuste de cuentas con mi vida.
Él no acepta lo que le ha ocurrido a su familia. Cierto. Encuentra consuelo o alivio en imaginar que continúa viviendo con el niño. Que El Nuco -así le llaman- todavía está con él, juega con él, habla con él. Hasta el punto de que reconstruye en su casa la habitación del nieto.
El Respeto al Abordar Temas Delicados
No es la primera vez que me enfrento a una situación así. He escrito mucho sobre víctimas de terrorismo, siempre con el temor de no incrementar el daño de quienes ya sufrieron lo suyo. Este escrúpulo moral lo llevo conmigo. Estoy habituado a escribir desde la herida que afecta de manera directa a otras personas. Y, por lo general, he recibido aceptación. A ver ahora.
Es otra prueba de la fragilidad de nuestras opiniones a partir de informaciones que están determinadas por otros. Vemos imágenes, leemos titulares y llegamos a conclusiones que nada tienen que ver con la realidad. O sólo parcialmente. Nuestras opiniones son fácilmente manipulables. Entonces, en 1980, los bulos también existían aunque su durabilidad era menor. En las primeras informaciones sobre la tragedia del colegio apareció en nombre de ETA, eran los años de plomo, pero rápido se demostró que había sido una explosión de gas propano.
La Novela y la Tradición de la Narrativa de Duelo
Lo que hago es dar voz a mis experiencias de vida. Si en esta novela se trata con cierta profundidad de la muerte de un hijo, cualquier texto anterior sobre el mismo asunto es un antecedente válido para mí.
He leído Mortal y rosa, de Francisco Umbral, cuatro o cinco veces. Siempre con gusto e impresionado. También conozco Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett, que explica de otra manera la experiencia de perder a un hijo... Y otros tantos libros de confesión sobre una circunstancia con la del El niño. Es probable que estos libros me hayan ayudado a incrementar el conocimiento de la experiencia humana.
El Futuro Después de la Tragedia
Pero el futuro viene y va. Ocurre algo penoso, pero también llega la noche, la mañana siguiente, pasa una semana, se vence el mes.
O un año. Y uno, quiera o no, se da cuenta de que está condenado a vivir con el hecho terrible. Por eso la novela, que comienza con algo sobradamente trágico va exponiendo las vidas de los protagonistas y cómo, cada cual, la reconstruye a su manera, según sus posibilidades. O sea: deja un rastro de esperanza.
La Pérdida de un Hijo: El Tema Central
Claro. Intento mostrar algunas de las distintas conductas que ante tragedias vitales adoptan, consciente o inconscientemente, los seres humanos para asumir quizá lo inasumible, para tratar de superarlo, para buscarle un sitio lo menos doloroso en la memoria. Y cómo cada cual afronta algo así. Eso es este libro. No tanto el hecho, sino la representación del esfuerzo de algunos seres humanos para vivir con lo que les ha sucedido.
Entre ellas está la idea de reponer al niño perdido. Durante el proceso de documentación, leyendo crónicas de aquel tiempo, descubrí que un año después de la tragedia aumentaron significativamente los nacimientos en Ortuella. Esto es parte de una pulsión muy humana, sobre todo cuando sólo se tiene un hijo. Una manera de rehacer. No es una ocurrencia estrafalaria... Recuerda que Salvador Dalí, por ejemplo, fue un niño repuesto que asumió incluso el mismo nombre que su hermano muerto.
El Niño Como Excusas para Conocer a los Personajes
Del niño sabemos muy poco, solamente cómo lo llaman, cuántos años tiene, dónde estudió, quién es su madre y, sobre todo, cómo murió. El niño es una excusa. El autor presenta en este libro unos hechos reales que acaecieron por allá en el año 1980 para presentarnos la historia de una familia, de una pareja que, después de mucho esfuerzo, pudo engendrar un hijo: el niño. de un abuelo que, una vez pensionado, todos los actos de su vida estaban encaminados para propiciar el bienestar de ese ser: el niño. Pero no se trata del niño él es un ser extraño, fantasmal, etéreo que permite que podamos conocer a los personajes de la novela.
Los eventos narrados, todos tienen la virtualidad para arrugar el corazón, lo hacen bombear la sangre en forma lenta, triste, apasionada. Desde el inicio se narra ese hecho real que aconteció en el cual perdieron la vida unos cincuenta niños en la escuela de Ortuella, niños entre los 5 y 6 años. Desde ese momento se sabe que el libro causará cicatrices, no quisieras estar en la piel de quienes hayan tenido que afrontar esa desgracia pero va mucho más allá de eso.
El libro trata sobre las decisiones. Cada personaje presenta una gama de situaciones en las que tuvo que tomar una decisión que cambió su vida. El personaje de Nicasio, el abuelo, me pareció memorable, me hizo recordar al Quijote. ¿Quién es el que está loco?, ¿cuál es la realidad?, ¿cuál es la verdad que prima? El apego no lo dejo superar nunca la pérdida del niño, pero su alma le permitió conseguir un refugio, una compañía permanente. Me encantó la forma en la que se narró cómo interactuaban con las demás personas, que lo tildaban de loco. En medio de tanto dolor, esto fue una parte que disfrute para poder despojar tanta tristeza.
Mariaje, la madre, narra la forma en la cual afrontó la pérdida del niño, pero, cuando menos se piensa, va al pasado y explica la razón por la cual sintió que tenía que tomar una decisión que tiene efecto directo en el final del libro. El autor amarra ese nudo, le da mil vueltas, y luego le confiere a la protagonista la posibilidad de desatarlo. Se trata de decisiones: Qué es lo que quiere como mujer. le importa la forma cómo tendrá que conseguirlo. de su esposo, pienso, no hay mucho que decir, es secundario, accesorio, pero cuyas decisiones también pesan para todos. Un libro que vale la pena leer. Distinto, ¡mucho!.
Un Autor Consciente de la Realidad
Es un recurso que ya puse en libros anteriores, aunque no de una manera tan explícita como en El niño. El recurso consiste en que el texto es consciente de que está sirviendo de soporte a una narración y se le permite intervenir. No solo es una ocurrencia, también tiene una repercusión directa en lo que se está narrando. Para empezar, efectivamente me permitía deslizar en el texto general muestras de respeto, el respeto es la tinta donde yo he hundido mi pluma a la hora de escribir esta historia porque sé que la precede un dolor colectivo enorme. Por otro lado, a mí me parecía que la historia transcurría a menudo por tramos, vamos a decir, muy intensos. Y estas interrupciones dosificadas creo que permiten remansos en lecturas que pueden tender hacia lo emocional. Sirven también de recordatorio de que lo que se tiene en las manos es un libro y no la historia real. Y por otro lado, suponía un reto técnico que es una constante en las obras que integran la serie Gentes vascas. A mí me gusta mucho imponerme dificultades porque me mantienen creativo y porque me ayudan a transitar caminos literarios por lo que no he andado antes.
Lo que he hecho es aplicar el esquema galdosiano de situar unos personajes de ficción en un contexto real. Recurrí a la astucia narrativa de cambiarles el nombre real para que nadie se identifique con personas concretas del pueblo. El niño es una ficción montada sobre una base real.
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