Emperadores Romanos de Origen No Italiano: Un Legado Hispano

19.11.2025

La historia del Imperio Romano está llena de figuras destacadas, y entre ellas, algunos de los emperadores más influyentes no nacieron en la península itálica. Este artículo explora los orígenes, logros y legados de estos gobernantes, con un enfoque especial en aquellos provenientes de la provincia de Hispania.

Itálica: Cuna de Emperadores

Itálica, en Santiponce (Sevilla), fue la primera ciudad creada por Roma fuera de la Península Itálica y cuna de los emperadores Trajano y Adriano, dos de los personajes principales de la historia de lo que ahora es España.

Itálica fue la primera ciudad romana que se fundó en Hispania, y no sólo eso, sino la primera fuera del territorio italiano. Fue levantada en el año 206 a.C. y constó de dos partes fundamentales, una primera que hoy descansa bajo el casco de Santiponce y una más moderna cuyas ruinas son las que hoy podemos visitar. De hecho, se estima que esta ampliación se abandonó en el s. IV y que la primera mantuvo su vida hasta el s.

El anfiteatro es, precisamente, lo primero que se encuentra el visitante al entrar en Itálica. El expolio sufrido durante siglos, en los que la cantería romana era muy apreciada para construir cualquier otra edificación, hace que sólo se conserven dos de sus tres niveles de graderíos, suficientes para imaginar cómo debió ser en su momento. Aunque los estudios apuntan a que quizá nunca fue completado.

En Itálica podemos pasear por las calles de la antigua ciudad, dejando a un lado y a otro los restos de las antiguas mansiones. En el suelo de algunas de ellas vemos aún los mosaicos que servían de pavimento: el mosaico de los pájaros, el de Neptuno o el del Planetario, con los siete dioses asociados a los astros que regían el Universo para los romanos. Pueden verse también, en los cruces de las calles, las alcantarillas que canalizaban las aguas residuales.

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La entrada a las ruinas es gratuita para todos los ciudadanos de la Unión Europea. El otoño es un buen momento para visitarlas, dejando atrás los rigores del calor estival sevillano. De todas formas, no está de más evitar las horas centrales del día si el termómetro se muestra cálido. Porque, además de las 52 hectáreas del recinto arqueológico, la antigua Itálica se extiende por debajo del actual Santiponce.

Trajano: El Primer Emperador Provincial

Trajano ha pasado a la historia como uno de los mejores emperadores de Roma. Pero el conquistador de los dacios no nació en Roma, sino que fue el primer emperador romano de origen "extranjero", no solo porque vio la luz en Hispania, concretamente en la ciudad de Itálica (cerca de la actual Sevilla), en la provincia de la Bética, sino porque su familia era de ascendencia indígena; su caso fue típico del ascenso que en el siglo I d.C. vivieron los provinciales en el Imperio.

Una fuente del siglo IV cuenta que Trajano era "natural de una ciudad turdetana", aunque no especifica cuál. Algunos han sugerido que esa misteriosa localidad podía ser Tuder, en Italia, pero la prestigiosa historiadora Alicia Canto cree que en realidad la fuente alude a la región de Turdetania, en la Andalucía occidental. Además, según los historiadores romanos Dion Casio y Herodiano, Trajano era un alloethnés y un externus: es decir, un hombre de otra raza y un extranjero.

De este modo, se cree que el linaje turdetano de los Trahii, o Traii, se integró en la ciudad de Itálica, cerca de la actual Sevilla, poco después de su fundación por los romanos en el año 205 a.C., junto a un enclave turdetano preexistente. En un pavimento de mosaico descubierto en el foro viejo de Itálica se menciona a un tal Marcus Trahius, que era pretor de la ciudad hacia 80 a.C., cuyo padre, llamado Gaius, ya era ciudadano romano.

Trajano también estaba emparentado con los Ulpios, un linaje, este sí, procedente de Italia, que ya residía en Itálica en el año 143 a.C., en tiempos de la rebelión del caudillo lusitano Viriato. Los Ulpios, a su vez, estaban relacionados con otra familia itálica instalada en la ciudad, los Marcios.

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Según sigue contando la historiadora Alicia Canto, el padre de Trajano fue adoptado por un miembro de la gens Ulpia después de casarse con su hija y heredera; de ahí el nombre por el que se le conoce: Marco Ulpio Trajano.

Así, tal vez gracias al enlace con los Ulpios y a la fortuna heredada, el padre de Trajano se trasladó a Roma poco después del nacimiento de su hijo en Itálica, en el año 53 d.C. En la capital del Imperio, Marco Ulpio no tardaría en ser nombrado senador. Su caso no era raro; en aquella época muchos miembros del Senado eran de origen hispano o galo.

Continuando con su fulgurante carrera, el padre del futuro emperador Trajano fue nombrado muy pronto pretor y procónsul de la Bética, su tierra natal.

Gracias a ello, en los años siguientes Marco Ulpio recibió honores de todo tipo: fue elegido cónsul en el año 70, patricio y censor en 73 y, por último, procónsul de Asia en 79. De este modo, gracias a la envidiable posición de su padre, Trajano pudo desarrollar una brillante carrera en el ejército romano. El joven desempeñó los cargos de cuestor y pretor bajo el gobierno de Domiciano (el hijo menor del fallecido Vespasiano), fue destinado a Hispania y en el año 89 marchó a la Germania Superior.

Su éxito en la defensa de ese territorio le hizo acreedor de un gran prestigio y Nerva, que fue nombrado emperador tras el asesinato del tiránico Domiciano, lo adoptó como heredero, una decisión en la que indudablemente tuvieron mucho que ver los aliados de Trajano en Roma, muchos de ellos de origen hispano.

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Solo con ver detenidamente la Columna de Trajano, se llega a la conclusión de que era un emperador que mimaba a su pueblo. El relato de las guerras contra los Dacios, su extraordinaria relación con el polímata Apolodoro de Damasco, un ingeniero multiusos; la ampliación del puerto de Ostia, el colosal puente sobre el Danubio y una meritoria selección de lo más granado de los mandos del ejército para mantener los limes o ampliarlos junto con una obra civil descomunal y una gestión de los recursos llena de sabiduría delatan a un gobernante comprometido con su pueblo.

Roma era en aquel entonces la capital del mundo y Trajano se dio cuenta de que había que embellecerla; en tan solo un año, miles de trabajadores pavimentaron la enorme urbe dejándola pulida para la foto.

Adriano

Publio Aelio Adriano nació en Roma, hijo del pretor P. Aelius Hadrianus Afer, natural de Itálica, y de Domitia Paulina, de Cádiz, el día 24 de enero del año 76 D.C. y se casó con Vibia Sabina, sobrina nieta de Trajano.

Huérfano de padre a los diez años de edad, se educó bajo la tutela de Trajano, cuando sólo era pretor. A la edad de quince años fue enviado a Itálica, quizás para alejarlo de una epidemia declarada en Roma. Tras pocos años volvió a la metrópolis donde desarrolló su carrera política y militar al lado del emperador Trajano: cuestor, custodiador de las actas del Senado, tribuno de la plebe, pretor, comandante de la legión I Minervia Pia Fidelis y gobernador de la Panonia Inferior, cónsul sufecto, septenviro de los banquetes, gobernador de Siria, y por fin, el 5 de Agosto de 117, emperador.

En el momento álgido de la expansión del Imperio de Roma, esta abarcaba vastas extensiones que iban desde el Muro de Adriano diseñada para frenar a los complicados Pictos, hasta los Ergg saharianos de Mauritania; desde el Atlántico hasta Anatolia, la Dacia y Siria. Las reformas que introdujo en el ejército, la administración y la hacienda pública, basadas en la eficiencia como patrón de gestión, tuvieron una enorme aceptación no sin algunas reticencias por parte del senado que de a poco veía recortadas sus competencias. El sibilino de Adriano tenía un poder de convicción fuera de toda duda como así lo refleja Marguerite Yourcenar en su magna obra de referencia.

Pasará a la historia por las muchas muescas de extraordinaria calidad que dejo en el alfabeto de los acontecimientos y la grandeza que imprimió a su trayectoria vital. Sus efervescentes amoríos con Antínoo, efebo de una factura que el propio Miguel Ángel podría firmar; la asombrosa villa de Adriano en Tívoli, hoy Patrimonio de la Humanidad; el bienestar de sus súbditos.

Las medidas humanitarias en la línea de su mentor Trajano; las leyes para dignificar la vida de los cerca de 350.000 esclavos en una Roma de poco más de un millón de habitantes; el inmenso vacío del Panteón y su mirada perdida en el infinito, un enigmático ojo que todo lo ve, posiblemente el mayor templo del orbe en aquel antiguo momento; y finalmente su ardor guerrero que llevó el punto máximo de expansión a las viejas fronteras de Mesopotamia no sin antes aniquilar a cientos de miles de judíos en una de las más bárbaras represiones que se recuerdan.

Marco Aurelio: El Emperador Filósofo

De las ruinas que fueron del varias veces reconstruido castillo de Sant Ángelo, emerge la memoria del que probablemente haya sido el mejor ejemplar político de la historia de la humanidad; Marco Aurelio.

Era una rara avis en un mundo sostenido por la razón de la fuerza. Es posible que haya sido el filósofo que más poder haya acumulado jamás. Su autoridad purpurada residía en la persuasión que emanaba de su ejemplar conducta. El desarrollo del autocontrol en contextos negativos, la austeridad manifiesta más allá de los símbolos de potestad, eran su santo y seña.

De la huella indeleble del estoicismo y sus ilustres adeptos (Epicteto, Seneca, Crispo de Solos y el propio Marco Aurelio) nace una interpretación de felicidad explícitamente vinculada a la voluntad de cada individuo, alejando las circunstancias externas como factor de influencia dentro de la propia existencia. La adopción de la serenidad y la aceptación de los vaivenes de la fortuna, es la formula para combatir la agresiva realidad común, la desdicha o las circunstancias adversas.

Marco Aurelio muere para la vida, pero no para la memoria de los que buscan la luz. En el tiempo del 180 d.C cerca de la actual Viena, uno de los mas grandes pensadores que han existido, el autor de las Meditaciones, muere por el ataque de una insignificante expresión biológica eso sí, muy aguerrida.

Teodosio I: El Grande y el Cristianismo

En su caso; según historiadores nacido en Coca - Segovia, otros dicen que fue en Itálica-Sevilla; hace una reconversión audaz a través del concilio de Tesalónica en el que da luz verde para el definitivo asentamiento del cristianismo en Roma antes del 27 de febrero del 380, tras la promulgación del edicto de Tesalónica a través del cual el cristianismo pasa a ser la religión oficial del imperio. ¿Ventajas? Se le da razón de ser a un solo Dios omnipotente para que corte el bacalao y te quitas toda la competencia de un plumazo; esto obviamente no se hizo de un día para otro pues llevaría su tiempo.

Ocurre asimismo con Teodosio que se da la paradoja de que fue también el último emperador que gobernó a la vez la mitad occidental y la oriental del Imperio Romano. Lejos de inaugurar una época de tolerancia la violencia de la represión se extendió hasta asesinar a miembros de la pacifica corriente arriana (y fiel a los verdaderos principios fundacionales del cristianismo), entre ellos, a la extraordinaria filosofa Hipatia.

Con Teodosio el Grande se da uno de los cambios de guardia más radicales de la historia en la que por siglos, el paganismo había sometido cualquier atisbo de monoteísmo; no hay que olvidar que el primer intento en le época de Akhenaton y Nefertiti (1350 a.C) había durado lo que el canto de un gallo.

Magno Máximo: Un Fugaz Emperador Hispano

Tras Teodosio vino Magno Máximo de la famosa saga de los Flavio, saga instalada en el área de Galicia. Hay que decir que este general con capacidades sobrenaturales en el combate y una fidelidad de sus subordinados rayaba con lo mesiánico, arrastra una confusa biografía pues su paso por la fama fue efímero.

Era la época más convulsa del imperio y los levantamientos periféricos se sucedían sin parar. Firmo se alzaba en Mauritania, los Pictos irreductibles volvían a dar la lata en los limes del Muro de Adriano; en Adrianopolis los godos infligen una derrota sin paliativos al imperio oriental, etc. Se viene el desmoronamiento de cerca de 13 siglos de la Roma occidental; la otra, Bizancio, duraría hasta 1453.

"La deserción de las tropas del legítimo emperador llevaron a Magno Máximo al poder. Pero no todo lo que empieza bien, bien acaba" Las sucesivas derrotas efectuadas en Britania y la deserción de las tropas del legítimo emperador por sucesión directa, Graciano, hecho acontecido durante el conato de batalla de París; llevaron a Magno Máximo a la más alta presentación de Roma en el 383 d.C. Pero no todo lo que empieza bien, bien acaba. Una ambición desmedida y el no saber cuáles era sus límites, lo convirtió en un héroe para sus soldados y en un impostor en busca de su identidad.

Hacia el año 387 invade la Península Itálica en una aparente misión de apoyo al emperador Valentiniano II en ese momento volcado en un combate a vida o muerte contra tribus alamanas. Tras conquistar Milán consigue expulsar al emperador occidental, que acabaría asilado bajo la protección de Teodosio en Bizancio.

Pero todo lo que sube baja y el principio de incertidumbre hay temas que no incluye en sus caprichosas ecuaciones. Teodosio desde Bizancio rumiaba venganza. Para el 388 había reunido un colosal ejército de cerca de 60.000 hombres y con la ayuda del otro emperador perjudicado, Valentiniano II, desembarcaron en las proximidades de Aquilea (Península Itálica) y se cree, aunque no hay datos fiables, que fue decapitado con saña extrema por el propio Teodosio.

Emperadores Hispanos: Un Legado Duradero

Los españoles actuales, descendientes de los provinciales hispanos, tenemos motivos para estar orgullosos de los cuatro. Á. Van den Brule A. Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio, fueron al trasluz de la historia, probablemente los mejores emperadores de Roma, o al menos los más cuerdos, creativos, versátiles y acreedores de la grandeza con la que firmaron sus vidas.

Los tres primeros pertenecen, al menos por línea paterna, a tres familias de emigrantes itálicos asentados en la Bética desde bastante antes del cambio de Era. Trajano y Adriano están vinculados con Itálica, la colonia romana fundada a pocos kilómetros de Sevilla; el padre de Marco Aurelio fue vecino de Ucubi, actual Espejo (Córdoba).

Los tres, junto con Antonino Pío (138-161) personificaron el llamado “Imperio humanístico”, considerado por los intelectuales romanos y por los europeos del Renacimiento e Ilustración, como el período más brillante del Imperio: en su máxima extensión, con una ejemplar Mo...

Este quinteto dejó huellas imborrables de su bien hacer con diferentes legados de una magnitud perdurable para la memoria de los siglos; herencia que cronológicamente pasamos a referir a continuación.

En tiempos del Imperio Romano, España jugó un rol vital en la civilización. Varios emperadores de origen español gobernaron Roma y dejaron un impacto significativo en la historia. Ciudades españolas como Tarraco y Valencia tuvieron una labor clave en el desarrollo de la cultura, difundiendo su influencia a lo largo del imperio.

Trajano, Adriano, Marco Aurelio y Teodosio, fueron al trasluz de la historia, probablemente los mejores emperadores de Roma, o al menos los más cuerdos, creativos, versátiles y acreedores de la grandeza con la que firmaron sus vidas.

Tabla Resumen de los Emperadores Romanos de Origen No Italiano

Emperador Origen Logros Destacados
Trajano Itálica, Hispania (actual España) Máxima expansión territorial del Imperio Romano, construcción del Foro de Trajano.
Adriano Itálica, Hispania (actual España) Consolidación y defensa del Imperio, construcción del Muro de Adriano, fomento de la cultura griega.
Marco Aurelio Ucubi, Hispania (actual España) Emperador filósofo estoico, autor de "Meditaciones", líder durante las Guerras Marcomanas.
Teodosio I Hispania Tarraconensis (actual España) Último emperador en gobernar todo el Imperio, adopción del cristianismo como religión oficial.
Magno Máximo Galicia, Hispania (actual España) General con capacidades sobrenaturales en el combate.

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