José Luis López Vázquez: Un Centenario Celebrando al Genio del Cine Español
Este viernes, 11 de marzo, se cumple el centenario del nacimiento de este prodigioso cómico, un animal escénico que fue capaz de hacernos reír a carcajadas y también de llevarnos de la mano a los dramas más profundos.
Hace cien años que vino al mundo uno de los más grandes actores españoles del siglo XX. José Luís López Vázquez de la Torre, nacido el 11 de marzo de 1922, en el barrio madrileño de las Delicias.
En 1973, el fotógrafo Alberto Schommer retrató a José Luis López Vázquez (Madrid, 11 de marzo de 1922 - 2 de noviembre de 2009), entonces en la cumbre de su carrera, hizo que el actor apareciera enterrado en bobinas de celuloide.
Este año, se ha cumplido el 100 aniversario del nacimiento del actor José Luis López Vázquez.
En sus más de doscientas interpretaciones encarnó como nadie al españolito con el que era fácil identificarse: bajito, calvo, imperfecto, neurasténico, reprimido y obsesionado por el sexo.
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Este artículo explorará su vida, carrera y el impacto que tuvo en el cine español.
Primeros Años y Vocación Temprana
José Luis López Vázquez de la Torre nació el 11 de marzo de 1922 en Madrid.
En algunas biografías figura como nacido el día 12 de marzo. El interesado, contaba: "Con los nervios del suceso a mi padre se le olvidó inscribirme y lo hizo al día siguiente". Lo chusco, como refería él, es que a su progenitor también se le pasó por alto darle al funcionario el nombre que elegía para el bebé. Y tuvo que volver junto a su hermano José. Las oficinas ya estaban cerradas y tuvieron que retorna un día más tarde.
Hijo de Luís López, funcionario del Ministerio de Justicia, al que apenas conoció. Sus padres se separaron siendo José Luís muy niño.
La madre y la abuela fueron quienes lo educaron. "Mi madre no dejaba de sonreír y de cantar". Y ello en tiempos difíciles, casi de miseria en su roto hogar, durante la guerra, la postguerra… Así es que José Luís fue un niño melancólico, triste, introvertido. Sin juguetes.
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No concluyó sus estudios de Bachillerato. En 1935 comenzó a trabajar de administrativo en el laboratorio y Parque Central de Farmacia Militar.
En 1939 ingresó en la Organización Juvenil y fue destinado a los Servicios de Prensa y Propaganda.
Con 17 años ingresó en el Teatro Español Universitario (TEU), donde coincidió con el director teatral Modesto Higueras, para realizar posteriormente sus primeros trabajos en el cine como figurante y asistente de dirección en películas como María Fernanda, la jerezana (1946).
Tras estos trabajos, su debut como actor se produjo en el Teatro María Guerrero de Madrid en 1946 donde sustituyó al actor Félix Navarro, en la obra El Anticuario y formó parte de las compañías de Conchita Montes y Alberto Closas.
Después de una gira con el TEU por Alemania, colabora con el también actor y director teatral Adolfo Marsillach en la obra Bobosse.
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Ya se alimentaba mejor, en los comedores del SEU. Perfiló su vocación de dibujante, gracias sobre todo al pintor Pepe Caballero, que había formado parte de "La Barraca" de Federico García Lorca. Lo ayudó para ganar unas pesetas como decorador de escenarios teatrales. Diseñó vestuario para varias películas.
Y Luís Escobar le proporcionó, con pequeños cometidos, su debut como actor en el teatro María Guerrero.
Inicios en el Cine
Aunque a comienzos de los 50 López Vázquez ya actuaba en el teatro María Guerrero, sus primeras incursiones en el cine se limitarían a trabajos como figurinista y decorador.
En El gran Galeoto (1951) y De Madrid al cielo (1952), de Rafael Gil, participaría en labores de ambientación y vestuario.
En la película de 1953 El diablo toca la flauta aparecería en los créditos como actor de reparto y, en letras bastante más grandes, con la función de «figurines y ambientación».
En el filme haría un pequeño papel de periodista, apareciendo en una escena junto a Antonio Ozores. Sería su primera colaboración con José María Forqué, con quien llegaría a trabajar en 21 películas.
El largometraje estaría protagonizado por José Luis Ozores, en el papel de un torpe diablo.
López Vázquez reconocería con humildad la importancia de este gran cómico: «Yo creo sinceramente que, si no muere José Luis Ozores, yo no hubiera hecho tanto cine, ahí quedó un hueco que yo ocupé.
En realidad, la primera aparición de López Vázquez en la gran pantalla se remonta a 1951, donde aparecería, en una breve escena sin diálogo, en Esa pareja feliz, la ópera prima de Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga.
El primer papel del actor sería totalmente fortuito, como reconocería él mismo: «Me llamaron a la desesperada porque había un extra que no sabía moverse, por lo visto lo hacía sin la menor gracia».
José María Rodero, compañero de tablas y de tertulias en el café Gijón, le recomendaría para el fugaz papel de vendedor, por el que López Vázquez cobraría 500 pesetas.
La película, que se puede leer como una crítica al consumismo, fue catalogada de «segunda categoría» por la censura, y no sería estrenada en el Cine Capitol hasta dos años más tarde. Berlanga se fijó en el actor debutante, y quiso contar con él para su siguiente filme, Bienvenido, Mister Marshall (1953), pero la dejadez del equipo de producción, incapaz de localizar al intérprete, hizo que no volvieran a colaborar hasta la tercera película del cineasta, Novio a la vista (1954), que adaptaba un guion de Edgar Neville.
A partir de 1951 fue introduciéndose en el cine, cuando Bardem y Berlanga le encomendaron el papel de vendedor de unos grandes almacenes en "Esa pareja feliz". "En realidad - recordaba - yo no decía nada con aquel cometido en Galerías Preciados".
Un año antes Berlanga se acordó de José Luís para la película "Novio a la vista", argumento basado en el cuento d Edgar Neville "Quince añitos".
Consolidación y Éxito
Las apariciones del actor en los largometrajes de Berlanga serían cada vez más importantes.
En El inquilino (1957), de José Antonio Nieves Conde, un desesperado Fernando Fernán Gómez recorría los barrios de Madrid en busca de un piso para alquilar, ante la amenaza de la demolición de su casa.
López Vázquez interpretaría en el largometraje al comercial de una inmobiliaria, sin saber que, tan solo un año después, protagonizaría otro filme que abordaba el problema de la vivienda en las grandes ciudades.
La película en cuestión, El Pisito, supondría su primera oportunidad para demostrar en la pantalla sus dotes dramáticas.
Dirigiría el filme Marco Ferreri, un guionista italiano que había viajado a España como representante de una firma de lentes para Cinemascope y se había obsesionado por trasladar a la pantalla una novela de Rafael Azcona, hasta el punto de debutar como realizador en la producción.
Ferreri, impresionado por la actuación de López Vázquez en Los jueves, milagro, ofreció al actor el papel principal: un infeliz que, presionado por su novia (la estupenda Mary Carrillo), se veía obligado a casarse con su anciana casera para poder heredar un alquiler de renta baja.
El Pisito es una comedia de tristeza apabullante, que, a ritmo de organillo, disecciona la miseria del gris Madrid de posguerra.
Abandonó la pintura en 1954, cuando ya se convenció de que su vida era el teatro y el cine.
Preparaba Berlanga una de sus mejores producciones, ¡Bienvenido, míster Marshall!. Pidió que le buscaran a López Vázquez. No dieron con él. Y eso significó que no pudo intervenir en aquella ya mítica película. Pero hizo muchas otras, como El inquilino, de Nieves Conde, y El pisito, de Marco Ferreri, donde se retrataba la realidad social de aquellos años 50, cuando la emigración a Madrid suponía para gentes sencillas, humildes, un problema para encontrar una vivienda digna a la que pudieran acceder,. El asunto siguió coleando, desde luego.
Hizo José Luís de párroco en Los jueves milagro, otro filme berlanguiano. Y a finales de los 50, cuando la Televisión Española estaba "en mantillas", formó una deliciosa pareja con Elena María Tejeiro, en la serie Palma y don Jaime.
En otra de tipo sainetesco, volvió a la pequeña pantalla, junto a la estupenda Elvira Quintillá: Tercero izquierda.
Y ya en 1960 es cuando Luís García Berlanga vuelve a contar con él para otra de sus vitriólicas historias, en principio titulada Siente un pobre a su mesa. La censura no autorizó tal título, que acabó siendo estrenado como "Plácido".
Más funciones teatrales, hasta llegar a 1963, cuando Berlanga en la más virulenta, quizás, de sus películas, al menos la más ácida, El verdugo, lo propone como protagonista, junto a Enma Penella y Pepe Isbert.
Pero los coproductores italalianos impusieron a Nino Manfredi. Y López Vázquez hubo de consolarse con un personaje de menor entidad, el de sastre militar.
Mediados los 60 es cuando José Luis López Vázquez va convirtiéndose en el actor principal de comedias, muchas de ellas astracanescas, personificando a tipos obsesionados con el sexo, persiguiendo en las playas a nórdicas en biquini. Asumiría el sambenito del español medio en esos disparatados personajes.
Actor de otras comedias teatrales escritas por el entonces prolífico Alfonso Paso, fue en la pantalla el ideal compañero de Gracita Morales, obligados a exagerar al máximo sus interopretaciones, entre gesticulaciones ridículas y movimientos exagerados, pero de gran aceptación popular en los cines de entonces. Humor garbancero que alcanzó en taquilla cantidades importantes de recaudación.
El gran actor, que atendiendo las observaciones que escuchó de labios de Pepe Isbert, sobre ese tipo de películas que éste denominaba "alimenticias", pudo luego desquitarse gracias a que Carlos Saura contó con él para, en Pippermint frappé, dar vida en la pantalla a un radiólogo enamorado de la mujer de su mejor amigo, que era Geraldine Chaplin. El padre de ésta, "Charlot", llegó a felicitar a José Luís.
De nuevo bajo las órdenes de Saura, López Vázquez rodó dos importantes producciones, de esas que le proporcionaron tanto éxito como una impronta de calidad: El jardín de las delicias y La prima Angélica.
Eran los primeros años 70. Década en la que, si bien era solicitado para cintas comerciales en esa línea sainetesca que tanta notoriedad le proporcionó, pero no críticas elogiosas, éstas también las recibió gracias a El bosque del lobo, en el papel de un esquizofrénico en la Galicia rural de las leyendas sobre licantropía, y sobre todo a la que se ha considerado la más difícil y lograda de sus actuaciones en la pantalla: Mi querida señorita, oficialmente dirigida por Jaime de Armiñán, aunque José Luís Boráu estaba muy pendiente del rodaje, Doble papel hacía López Vázquez. Complicadísimo. Con el riesgo, que él tenía, de no acertar con la seriedad debida a tan compleja historia inquietante: la de Adela, mujer provinciana, cuya naturaleza es otra. Se siente hombre. "Utilicé la ropa, el maquillaje, una serie de recursos… para hacer creíble mi personaje".
Pudo haber ido a Hollywood. Pero no se atrevió, indeciso porque decía que sólo sabía interpretar en nuestra lengua. Quiso convencerlo de lo contrario George Cukor, que lo contrató para varias sesiones en Viajes con mi tía. José Luís llegó a asistir a clases de inglés junto a José María Forqué, en una academia de Madrid, según me confesó. Su mundo estaba aquí.
En 1972 rodó una fantástica historia, cuento de ciencia-ficción escrito por José Luís Garcia, dirigido por Antonio Mercero: La cabina. Premiadísima "peli", con reducido metraje, para Televisión Española. El gesto, la mirada, todo un recital de sensaciones expresaba el inmenso actor que siempre fue López Vázquez convertido en el impotente ciudadano encerrado en la absurda cabina, de la que nunca pudo salir. Daba para pensar.
Fueron transcurriendo las temporadas de los años 70, cuando rodó "Habla, mudita", de Gutiérrez Aragón; la serie de televisión, "Ese señor de negro". Para representar una difícil comedia dramática de Peter Shaffer, "Equus". José Luís era el psiquiatra que atendía a un enfermo obsesionado por los caballos, hasta dar la sensación de ser un equini. Obra que figura en la historia de la escena española como la primera en la que una actriz se desnudaba totalmente, Victoria Vera.Y la década que nos ocupa acabaría felizmente para nuestro biografiado, al ser uno de los principales actores de la trilogía berlanguiana "La escopeta nacional", "Patrimonio Nacional" y "Nacional III", con la que se remató en 1982.
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