Manuel Alejandro: El Genio Detrás de las Canciones que Marcaron una Época

24.09.2025

Alejandro, nacido en Jerez de la Frontera el 21 de febrero de 1933, era hijo del compositor clásico Germán Álvarez Beigbeder, así que la música se convirtió en compañera de viaje desde que tuvo uso de razón. «Durante el día nuestro padre nos achuchaba con las sonatas de Beethoven.

Manuel Alejandro entró a lo grande en el panorama musical pop en la década de los sesenta, componiendo algunas de las canciones más exitosas de Raphael como «Yo soy aquel», «Cuando tú no estás», «Qué sabe nadie», «Amor mío», «Provocación» o «Cierro mis ojos». «Era como un sastre que te hace trajes tan buenos que no tienes que probártelos, que están siempre perfectos.

Es el más grande músico y autor pop en español del siglo XX», dice Julio Iglesias, uno de esos artistas que se apoyaron en la brillantez de Alejandro, y que aparece en el homenaje de RTVE. «Yo creo que ha tenido muchas experiencias amorosas.

Nino Bravo fue otro de los primeros grandes cómplices de Manuel Alejandro.

Después de Bravo, la sucesión de colaboraciones estelares de Manuel Alejandro fue abrumadora. Hizo «Así nacemos», «Niña», «Manuela», «Lo mejor de tu vida», «Te voy a dejar de querer», «Que no se rompa la noche», «Un hombre solo», «Alguien», «El mar que llevo dentro» y «Voy a perder la cabeza por tu amor» para Julio Iglesias.

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José José fue otro de sus grandes socios. Para él compuso «Amar y querer», «El amor acaba», «Voy a llenarte toda», «Cuando vayas conmigo», «Entre ella y tú», «Lágrimas», «He renunciado a ti», «Quiero perderme contigo», «Esta noche te voy a estrenar»... En ese aspecto, es imprescindible enfatizar su trayectoria junto a Rocío Jurado.

Para ella escribió «Mi bruto bello», «Lo sabemos los tres», «Señora», «Distante», «Ese hombre», «Lo siento, mi amor», «Se nos rompió el amor», «A que no te vas», «Si amanece», «Vibro», «Esta sed que tengo», «Algo se fue contigo», «Me hubiera gustado tanto», y también la inolvidable e icónica «Como yo te amo».

También para ella hizo «Amores a solas», cuyo significado es desvelado por Alejandro en el documental: «Es una masturbación en la playa. Más claro que el agua». A pesar de estar estrechamente relacionado a la música popular española del siglo XX, Manuel Alejandro no dejó de trabajar en el XXI, además adaptándose a los nuevos tiempos.

Pero el destino le reservaría una última y muy bonita sorpresa para sus últimos años de actividad. En 2012 se reencontró con Raphael después de casi treinta años sin trabajar juntos, para preparar un nuevo disco conjunto que se llamó, muy apropiadamente, «El reencuentro».

Nunca nadie ni con tanto corazón le rindió un homenaje así.Sin una butaca vacía, un fundido a negro llegó para que apareciera en el enorme videowall un viejo dial de radio, imágenes y la voz del mito, la estrella y uno de los artistas valencianos más universales. Una cuenta atrás marcó el arranque del homenaje y el nacimiento del nuevo coloso que engrandecerá Valencia.

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Fue Nino Bravo el que arrancó su homenaje en la gran pantalla, acompañado de una veintena de músicos en directo, con Vivir. Por primera vez aparecía ligado a un tema que dejó grabado en una maqueta 72 horas antes de su trágico accidente, alegoría de cómo sigue vivo entre los 20.000 asistentes.

Fue Malú la primera que pisó el escenario con Mi gran amor, agradecida por contar con ella "para este homenaje en este lugar tan especial que tantas noches mágicas nos va a reparar". A Andrés Suárez le tocó cantar con coros. La grada no pudo resistirse a acompañarle porque a él le tocó interpretar uno de los más emblemáticos: Noelia.

Más de una Noelia habría entre el público porque en 1972 este tema fue una auténtica revolución. La potencia de voz del gallego soportó la comparación con el mito.El valenciano Luis Cortés le puso el toque flamenco a su Vete, mientras que La Mari de Chambao dio su toque personal a una canción que, desde el 29 de octubre de 2024, cuando el barro enterró media provincia de Valencia, tiene un profundo significado: Mi tierra resonó en el Roig Arena, con el público poniendo palmas y su garganta al estribillo. Valencia cantó con su tierra y al escenario llegó Funambulista, con Eres todo cuando quiero.

El primer gran aplauso fue para Pitingo, incluso antes de comenzar, a capela, la primera estrofa de Es el viento con una voz tan atronadora como la del propio homenajeado y acompañado por la guitarra española. Apenas tres minutos en el escenario que, por primera vez, pusieron en pie al pabellón. "Un placer haber cantado a este genio, que me hubiera encantado conocer. Un aplauso al cielo".

Para entonces ya había quedado claro que el Roig Arena se va a convertir en el mejor escenario de España. A su perfecta sonoridad se suma una apuesta tecnológica, con su juego de pantallas y luces, que convierten el escenario en un plató. La visualización de su potencia llegó cuando Eva Ferri, la hija de Nino, a quien la inteligencia artificial le concedió el deseo de cantar junto a su padre Vuelve, incluso cara a cara con su holograma.

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Otra vez, el pabellón entero en pie. "Esta noche hablo en nombre de mi madre, de mi hermana Amparo, de sus nietos, de toda la familia para dar las gracias a Roig Arena, por abrir este centro que nos habéis puesto en boca de todos con tanto cariño y respeto. A Universal Music también, por haber cuidado el legado de Nino como un artista vivo", dijo Eva, sin olvidar a los promotores, GTS y Westin Managers, y a los artistas "que ya tienen un sitio en nuestro corazón y una casa en Valencia".

"Mientras haya una sola persona que escuche a Nino Bravo, jamás se irá", recordó. El escenario lo llenó el único artista que convivió con Nino y que estuvo en el homenaje que en Valencia se le brindó tras su muerte en 1973. A Víctor Manuel le encajó como anillo al dedo Libre, la hizo suya con la maestría de una voz atronadora y un espíritu que recoge la propia letra, que no le impidió besar el escenario. "Gracias, gracias por tanto, Nino", dijo.

El relevo se lo cogió Sole Giménez con el fabuloso Te quiero, te quiero que nadie pudo dejar de entonar, incluso adelantándose a la versión de la valenciana. Tras Sole, se arrancó la artista más joven que participó en el homenaje: la eurovisiva Sandra Valero, que con 14 años defendió con soltura 'Amanecer' porque "a mi abuela le encantaba de Nino Bravo".

Llegó el turno de las bandas, del guitarreo, con Revolver y Carlos Goñi eligiendo La Puerta del Amor para su estreno en el Roig Arena, "un espacio que eleva esta ciudad". De Operación Triunfo salió el "jotero" Juanjo Bona para poner voz a Esta será mi casa con el respaldo de imágenes familiares de Luis Manuel Ferri, el verdadero nombre de Nino Bravo, desde sus años escolares a su boda o las portadas de los temas que alcanzaron el número 1 en la España de principios de los 70.

Enloqueció la grada en cuanto se anunció a Marta Sánchez, que se apartó de las potentes baladas para provocar las ganas de bailar con Tú cambiarás mientras se recordaba que "con el último beso, sé que esperarás mi regreso, sé que, en ese instante, cambiarás". Continuó el ritmo con Varry Brava, La Casa Azul y Jorge Martí, de La Habitación Roja.

El indie, también rendido a Nino Bravo, cantó de nuevo con el holograma de Nino otra versión de Mi tierra. "Nino venía de los grupos, del underground, gracias por pensar que las bandas también le amamos", dijo Guille Milkyway mientras Varry Brava pedía paz para "una tierra que lo necesita", sin hacer mención a Palestina.

De nuevo el escenario se fue a negro para recibir a Miguel Poveda y su rotunda versión de Como todos, en la que la letra de Manuel Alejandro reivindica un "amor igual". Él no se mordió la lengua: "Denuncia fuerte a un pueblo que está destrozando a otro pueblo. Free Palestina", gritó el catalán.Nino volvió también en la voz, primero de Vanessa Martín con Por qué, y después a ella se le unió Pablo López con la única compañía del piano para armar a dúo una bellísima Cartas Amarillas, uno de los temas más ligados a la interpretación del artista valenciano, a la que dieron un brillo espectacular.

La apoteosis la provocó, cómo no, David Bisbal con un rotundo "Visca Valencia", la mítica América y, para cerrar un bautismo histórico, pidiendo al público palmas para acompañar a la canción más universal de Nino Bravo: Un beso y una flor. La gritaron a pulmón 20.000 espectadores, la veintena de artistas que lo cantaron durante toda la noche y toda su familia al completo en el escenario.

Su Quijote empezó con Yo soy aquel y termina, de momento, con Y ya te quería, que recientemente grabó su ahijado de bautismo, Alejandro Sanz. Entremedias florecen, al igual que los geranios y los jaramagos en primavera, Como yo te amo, Soy rebelde, Háblame del mar, marinero; Lo mejor de tu vida, Que no se rompa la noche, Voy a perder la cabeza por tu amor... La mayoría de la gente sigue sin ponerle cara.

Pero canta sus canciones por las calles, por las plazas, en las fiestas de los pueblos, en las ferias. El Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, sentenció una vez: "Sus canciones son extraordinarias piezas poéticas que se oyen en todas partes. Algunas las canta Julio Iglesias, otras Raphael, otras Rocío Jurado, y el público exclama ¡qué linda la canción de Raphael!

Tampoco es que el personaje se haya prodigado demasiado. Poco se conoce de él. A los ocho años jugueteaba, en las rodillas de su padre, el compositor sinfónico Germán Álvarez-Beigbeder, con sonatas a las que ponía letra. En la adolescencia, tras el primer desengaño amoroso, escribió una canción. Y una vez descartada cualquier posibilidad de alcanzar el trono del progenitor, se fue a Madrid con veinte años. La semilla había germinado.

Siguió con el conservatorio, trabajó en bares de prostitutas y hasta empuñó una escoba en el Bernabéu para ganarse la vida. Mientras tanto, seguía haciendo canciones. Una tras otra. Hasta que llegó Raphael. En cada letra hay algo de su vida. Están sus vivencias, situaciones y retratos personalísimos hechos a la medida de los cantantes, o de gente corriente.

Al ver al novio de la manicurista, que tenía "la expresión de una flor y la voz de un pájaro", escribió la canción Corazón de Poeta, que popularizó Jeanette. Tiempo después, cuando volvió a cortarse el pelo, supo que "en realidad aquel joven muchacho había resultado ser una muchacha". Su segunda mujer, Purificación Casas, es su mitad. Y por eso decidió poner su firma en la autoría de las canciones con el pseudónimo de Ana Magdalena, emulando a la musa de Bach.

La persona por la que todo lo escribió se fue en marzo de 2021, por la maldita pandemia. Y en la recreación de sus versos, Manuel Alejandro exclama a la vez susurrando: "¡Lo que haría!, porque estuvieras tú, porque siguieras tú, conmigo…". Algo se fue con ella, algo siente que le falta. Y por eso tiene "mucho menos pánico" a la muerte.

Pero sigue atado a la vida, porque le quedan "muchas cosas por decir". Y hacer. En abril del pasado año llegó a subirse a las tablas del mismo Teatro Real. ¿Qué tal estás? Bien. Pero el otro día estaba en el baño, queriendo alcanzar con la mano un botiquín que había detrás de la puerta y, joroba, no llegaba. Y yo llamando a mi hija, que no venía. En eso que me llama otra hija desde Miami. Le dije: "Mira, como me acepte la Preysler, ¡me voy a su palacio! Porque allí me ponen hasta mayordomo".

¡Por supuesto! Es la canción donde me equivoqué de plano, total. Fue estrepitoso. A los años de separarse de Julio Iglesias hice Lo mejor de tu vida. Incluso una periodista criticó que yo despreciaba a la mujer diciéndole que se iba a poner gruesa… No digo gruesa, ni mucho menos, pero sí: "Cuando tu cuerpo era espiga de palma recién plantada". Ahora que la cuento en Contando mis canciones he quitado esas cosas del peso. He dejado solamente lo bonito, lo romántico, lo perfecto: cuando te acercabas, te ponías nerviosa, cuando recibiste el primer beso.

Muchas, muchas… ¡Ojalá tuviera tiempo! Estoy con un libro que tengo rondando desde hace tiempo. Son recuerdos o, más bien, elucubraciones sobre la vida y sobre todo. En el momento que termine, comienzo otra vez a escribir canciones. En el amor y en la canción, cuando ya no puedes amar, escribir, hacer lo que quieres hacer; o te cuesta trabajo o te ponen muchos impedimentos, es cuando más quieres. Te das cuenta cuando te falta tu mujer.

Piensas si no fuiste la persona que se entregó absolutamente o que no le hice daño en ningún momento. Es que lo sientes y lo masticas cada día. Te gustaría decir: "Yo te quiero mucho más que aquello que te quería". Y las pelusas que has tirado al aire, porque has tirado al aire muchas pelusas, te arrepientes totalmente y nunca lo volverías a hacer.

Pues que he sido un administrador horrible, he trabajado tirando todo. No he pensado nunca en mañana. No tengo ni pensiones ni cosas de esas. No solamente en lo material, sino trabajando. Cuando escribí a Rocío Jurado aquel álbum de Paloma Brava esperó dos años a que le hiciera las canciones. Pero, a la vez, no hacía ni una canción. El presidente de EMI le mandó un casete, le dije: "Grábalo" y me contestó: "No no, te espero". Fue el álbum en el que está Se nos rompió el amor.

Nunca he escrito una canción porque la tenía que escribir. Estoy por ahí y digo: "¡Uy, qué bonito sería escribir sobre este tema!". O algo que me sucede, pienso o siento. Sobre todo lo que sientes con tu pareja. Importantísimo. Cuando te sientas en el piano a escribir una canción, aquello que estás escribiendo te tiene que afectar, te tiene que doler, te tiene que alegrar.

Cuando hago, por ejemplo, Procuro Olvidarte, antes he pensado en una separación con mi mujer y la he sentido. O la he tenido a punto, por la situación que había en la casa, por lo que fuera. En realidad, si no te conmueves, la canción no llega a ninguna parte. Yo creo que sí… Puede ser, puede ser. Es una cosa muy posible. Aunque le escribí una canción en la que decía que era fiel porque le daba la gana.

La vida que llevaba era fácil para engañar, para portarse de otras maneras. Pero, supongo, es una cosa que puede suceder. A Isabel Pantoja le escribí Desde que vivo con otro. Ahora, cuando ha pasado lo de Shakira, me he acordado inmediatamente. Porque esa letra es leída en ese momento, para quedar pública y elegantemente y decirle a ese marido, novio o compañero que se va eso de: "Qué tal vives con ella, dime si te acomodas, a su estilo, a sus caprichos y a sus cosas; o te cuesta trabajo una vez que han pasado las horas locas. (...) No me mientas, dime la verdad, ¿eres feliz?, o te pasa igual que a mí, desde que vivo con otro".

Aunque lo mismo Shakira todavía no vive con nadie… (Risas). ¡Pero está de broma! ¡Ah! ¡Eso que venga alguien y me lo diga! Porque tendría de esas… Las circunstancias que te hacen escribir, en ese momento. Están todas esas imágenes al retortero. Tienes que tenerlo dentro tú mismo. Pero no me digas cómo se escribe una canción porque no lo sé. Nada. Todo. El flamenco de Jerez me ha inyectado sensibilidad. Aquellos cantes desde la cama que oía en las noches del barrio de Santiago, de calles empedradas, húmedas, que brillaba la piedra desde el mirador de mi casa. Y pasaban los gitanos que volvían de los tabancos camino de las corralas y se paraban con la botella de vino a cantar y nadie les decía nada.

Pero es que por la mañana, cuando me despertaba, estaba mi padre con Johann Sebastian Bach… ¡Te lo van inyectando! Sensibilidad en vena. Captar cosas. Pero ya puedes tener toda la formación de literatura, de música, que si tú no tienes la moneda dentro de tu cuerpo, no tienes moneda que cambiar. Con ese almacenaje de esas cosillas, que son cosillas, naces o no naces. Sí señor, y el Varela. Estuve con muchos poetas de aquella época. Tenía a mis amigos, que se dedicaban a organizar concursos y cosas de poesía.

Fui bastante al principio, cuando iba mucha gente muy conocida: Anglada, Martínez Remis, magnífico poeta. Luego por Andalucía he tratado a muchos. Pero me fijé que se discutía primero que si Lorca era señorito o era del pueblo, y luego todas esas historias que se mueven y se mueven y no sirven para nada. Sobre todo mi padre, que era muy, muy amigo. Y en Jerez, el primer poeta que me llamó la atención fue uno de la quinta del partido de José Antonio Primo de Rivera, que era Julián Pemartín, primo hermano de Pemán.

¡Qué bonito! Un falangista, ¿eh? El arte no entiende de ideología. Todas aquellas hermandades o partidos políticos eran las circunstancias y el momento que había en España. Me da vergüenza hasta decirlo. Los dos formamos parte de la academia de Bellas Artes del Puerto de Santa María. Fíjate para mí, estar a su lado. Era muy campechano, le gustaba mucho el marisco y tomarse una copa. Tengo el enorme honor de que de vez en cuando leo que la letra de Háblame del mar, marinero es de Alberti.

Él tiene Marinero en tierra. Pero yo lo que hago es un goteo… "Dime lo que sientes allí junto a él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve…" No digo otra cosa. Quizás, a lo mejor, por esos toros azules en la primavera del mar. Tiene la sal del mar del Puerto de Santa María. Y he leído bien, bien a Alberti, a Prados, a Lorca y a todos. Fue en la Ciudad de México, en la calle Fuego, donde vivía con su mujer. Salimos de la casa, del chalé, nos fuimos caminando por un jardín largo hasta una caseta donde trabajaba. Era su despacho. Ahí dijo: "Mira, aquí trabajo yo y ahí tengo mis discos". Me enseñó todos los que yo había grabado hasta entonces, todos estaban ahí. Me dijo: "Me los sé de memoria".

Voy a decir algo que no fallo. El ambiente crítico-periodístico de España y, sobre todo, de Madrid, no ha estado mucho conmigo. No, no, no. Fui siempre algo como pasado. No hacía música de grupo, no hacía rock, no hacía nada en absoluto de eso. Es como Raphael, la suerte mía fue la suya. Cuanto más nuestro es, más se desprecia. Hay otra España que no ha llevado mis canciones, ni incluso las de Camilo Sesto. Y sigue sin llevarlas. Conozco ya el percal que hay, qué quieres que te diga. Hay una diferencia tremenda entre un gusto y otro. El hispanoamericano es una persona que le da una importancia tremenda a la canción. Viven de eso, gracias a eso. Y tienen un amor por todo lo que sea el cantante y aquello es intocable, primero lo suyo y después lo de los otros.

Aquí no. Bueno, pues muy bien. Y tanto. Es la que, con los mimbres que cada uno hemos mamado, hemos hecho y hacemos Serrat, Alejandro Sanz, Pablo Alborán o yo; ya me lo decía Rafael de León. La música española culta, la más conocida mundialmente, no hay duda de que la hicieron los franceses y los rusos, como Carmen o el Capricho Español. Pero la mejor, y esa sí que no se repetirá, porque ya está hecha -como el Quijote o Hamlet-, la hicieron los que les tocó vivir cuando aún no estaba hecha. Aprovechando los aromas de los cantes populares, y por este orden, Albéniz, Granados y ya, sofisticándola, Falla [antepasado de Manuel Alejandro].

Todo grosso modo. Pero hoy, como la canción popular, se sigue haciendo con los mimbres de hoy: el serialismo, la electroacústica o lo que venga. "Nuestra contienda no hace tanto que se acabó. Es una marcha militar, para que desfilaran tropas de la realeza. Al hacerla himno nacional entonces le pusieron la letra. Marquina primero, luego Pemán. Y hasta Marta Sánchez. Nunca en la vida nos pondremos de acuerdo para que tenga letra de forma oficial. Tampoco tiene por qué tenerla.

Nuestra contienda no hace tanto que acabó. No cuentan los 40 años subyugados. Entonces, no obliguemos a amar lo que se ha odiado, apenas ayer, y convivamos respetándonos, consolándonos, perdonándonos; olvidando, construyendo y, ojalá, hasta amándonos. Porque, si ahondas en el amor, se puede volver rutina. Sin alejarte de ese amor. Cuando se empieza una cosa tan bonita no se piensa en el final.

El amor total del que hablas en tus canciones, el que se canta con la fuerza de los mares, ¿es sólo una vez en la vida? Caprichosamente hay un poquito más. Se puede vivir un momento en que te salgas del tarro. Por supuesto que existe un gran amor… Pero no sólo, no sé si me entiendes. Existe el amor que conlleva todo, que no es solamente el amor. Es toda la vida de las personas, no un enamoramiento, un sentimiento o una atracción sexual. Es sentir con una persona que la vida se comparte, que te falta y no estás, no te sientes… Que quieres dar y no tienes a quien darle.

Ahí está lo malo. Te entra un poquito de cosquillitas por el cuerpo. Tú, que te has puesto delante de un toro alguna vez, habrás sentido una cosa que termina en la garganta, que sube y se te queda aquí. Pues eso sientes cuando te acercas a la taquilla y ves que te van a vender la entrada. Cuando se te ha ido la persona amadísima no hay duda de que te vas haciendo a encontrarte con esa persona. El hombre piensa que puede haber algo. No se sabe qué cosa… Si lo supiéramos estaríamos emborrachándonos todo el día. Porque no es posible que esto lo haya hecho un crack de esos y que nos hayamos caído todos a la mierda. El bigban y el bigben y la madre que lo parió.

Eso no lo puede hacer el bigban, no. Ni supongo que lo hace una planta, la savia no llega ahí… Lo hace el ser humano y pensamos en todas esas cosas. Raphael: "Manuel Alejandro para mí es un ser muy especial y un compositor más especial todavía. Inventor de una forma de hacer, de expresar. Siempre lo he visto así. Ha significado y significa muchísimo en mi vida, sobre todo en mi vida profesional. Es un sello muy especial el que juntos hemos hecho. Además, muy largo en el tiempo.

Rocío Carrasco, hija de Rocío Jurado: "La palabra más modesta que me sale para describir a Manuel Alejandro es genio. Para mí es el arte hecho hombre, la sensibilidad en estado puro. El Puma: "En la era de los pantalones rotos, el verbo corto, las letras cortas y canciones con dos tonos; sin duda alguna que hablar de romanticismo, de poesía, de amor, de letras y melodías hermosas, es hablar de un poeta y un escritor que se llama Manuel Alejandro.

Jeanette: "Me hizo uno de los mejores discos, Corazón de Poeta; me lanzó a la fama con Soy Rebelde. El maestro tiene una genialidad que pocos tienen, es muy ingenioso, un gran poeta. Siempre he sentido que todas sus canciones, de alguna manera, son experiencias suyas. Tuvo que ser un enamoradizo. Él adoraba a la mujer.

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