¿Es normal tener mucha sed durante la lactancia?

27.10.2025

El agua es esencial en cualquier periodo de nuestra vida y mantenerse hidratados es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. No obstante, el aporte de agua adquiere mayor importancia durante ciertos periodos como son el embarazo y la lactancia.

Una mujer embarazada va a necesitar una mayor ingesta de agua, al igual que durante la lactancia, debido a los cambios fisiológicos que se producen en su cuerpo en estas etapas tan especiales de la vida.

Influencia de la hidratación en la leche materna

De la misma manera la cantidad de líquidos ingeridos no influye en el volumen de la leche, aunque las mujeres suelen sentir más sed durante la lactancia. Una importante deshidratación de la madre disminuirá el volumen de la orina de esta pero apenas lo hará el volumen de la leche.

El agua en el embarazo

Una mujer con un índice de masa corporal (IMC) entre 18,5 y 24,9 antes de la gestación (en el rango considerado como normopeso), debe aumentar entre 11,5 y 16 kilos en el embarazo. De este peso que gana la mujer con la gestación, gran parte es agua (alrededor de dos terceras partes).

Esto se debe a que, en el embarazo, el volumen sanguíneo aumenta. De esta manera, se permite la vascularización de la placenta sin comprometer que la sangre llegue a los demás órganos de la embarazada.

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Además, el agua es necesaria para la producción del líquido amniótico que protege al feto, sin olvidar que la placenta o el mismo bebé en desarrollo tienen un gran contenido de agua.

¿Cuánta agua beber en el embarazo?

La recomendación más extendida es que la mujer aumente durante el embarazo, a los 2 litros diarios de agua recomendados, otros 300 ml adicionales. Sin embargo, esta recomendación es muy general. Hay que tener en cuenta que factores como un clima cálido o la actividad física aumentan la pérdida de agua y, por tanto, los requerimientos serían mayores, sin olvidar que la pérdida por sudoración está incrementada durante el embarazo.

Por otro lado, los vómitos tan comunes en el primer trimestre de embarazo contribuyen a que la mujer pierda más agua, lo que puede agravarse si la embarazada reduce la ingesta de agua por las náuseas. Además, en la hiperémesis gravídica (náuseas y vómitos constantes en el embarazo) hay riesgo de deshidratación grave y la mujer debe acudir antes de que esto ocurra al especialista.

Es importante promover el consumo de agua para hidratarse durante el embarazo y no sustituirlo por bebidas azucaradas que pueden llevar a un aumento excesivo de peso en la gestación. No obstante, las frutas y las verduras con alto contenido en agua sí que deben formar parte de la dieta saludable de la embarazada y, además, contribuyen al aporte de agua.

Finalmente, lo más recomendable es beber toda esta cantidad de agua poco a poco e, incluso, beber estos pequeños sorbos antes de tener sed.

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Beneficios de beber agua en el embarazo

Mantenerse correctamente hidratada en el embarazo ayuda a mantener el equilibrio en el líquido amniótico, reduciendo el riesgo de padecer oligohidramnios (poco líquido amniótico).

Además, también disminuye el riesgo de padecer infecciones urinarias y, junto a una dieta rica en fibra, el adecuado aporte de agua podría aliviar el estreñimiento típico del embarazo y, con ello, prevenir la aparición de hemorroides.

No obstante, la ingesta de agua también podría ayudar a aliviar la retención de líquidos y la hinchazón de tobillos que conlleva y es beneficiosa para mantener la hidratación y elasticidad de la piel, previniendo así la aparición de estrías.

Beber agua en la lactancia

No solo es importante cuidar la hidratación durante el embarazo, sino también después de haber dado a luz. Durante la lactancia, y teniendo en cuenta que más de un 85% de la leche materna es agua, es importante el correcto aporte de agua para compensar la pérdida por la producción de leche.

La recomendación, a modo general, es añadir 700 ml diarios de agua adicionales a la ingesta recomendada de 2 litros. El motivo es que, si bien aumenta de manera progresiva, a los seis meses de lactancia materna exclusiva una mujer produce unos 780 ml al día de leche. Esto puede variar, por ejemplo, si la mujer está amamantando a gemelos o mellizos, lo que supone una mayor pérdida de agua para la madre.

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De igual modo, la actividad física y vivir en un clima cálido son factores a tener en cuenta, ya que aumentan los requerimientos de agua de la mujer.

No obstante, durante la lactancia y, en concreto, en el momento de amamantar al bebé, es habitual que la mujer experimente sensación de sed. Por ello, un buen consejo es que la mujer tenga cerca un vaso de agua cuando vaya a dar el pecho al bebé, para favorecer la ingesta y evitar la deshidratación.

En cuanto al bebé, la leche materna cubre todos sus requerimientos durante los primeros seis meses de vida, por lo que en este periodo no es necesario ni recomendable ofrecerle agua.

Consejos adicionales para la lactancia en climas cálidos

La subida de las temperaturas puede dificultar la lactancia debido a que tanto la madre como el bebé pueden sentirse incómodos. Si bien conviene continuar amamantándolo ya que, en épocas de calor, el bebé pierde un mayor volumen de sales minerales a través del sudor. Las tomas se harán a demanda, olvidándose de horarios estrictos y de tomas controladas. En épocas de calor el bebé transpira más y existe mayor riesgo de deshidratación.

Si el bebé cabecea, se lleva la mano a la boca, saca la lengua o directamente se queja, son señales de que tiene sed y hay que darle una nueva toma. Del mismo modo que un bebé puede deshidratarse en épocas de calor, la madre puede sufrir síntomas similares al dar el pecho. Es fundamental, por tanto, que la madre siga una alimentación equilibrada y tenga una correcta hidratación en épocas de calor. Conviene realizar las tomas en lugares frescos.

Si el sitio donde vamos a dar el pecho al bebé dispone de aire acondicionado, evitar que el bebé reciba directamente el flujo de aire. La lactancia materna funciona mejor cuando la mamá y el bebé están lo más relajados y cómodos posible. Por eso, un baño en la piscina puede ser el remedio perfecto para aliviar el calor y relajarse, además de practicar el contacto piel con piel. Aunque no es recomendable amamantar en una piscina, un chapuzón rápido puede ayudar a relajar a ambos para estar listos en la siguiente toma.

A veces las actividades de verano no son tan frescas y cómodas como relajarse en una piscina, pero hay que asegurarse de que el bebé se encuentra fresco y protegido del sol. Mantenlo en la sombra o debajo de una sombrilla con un protector solar disponible para cualquier exposición solar inesperada.

Recomendaciones finales

Es importante adelantarnos a las necesidades del bebé, no esperar a que nos pida llorando desconsoladamente la toma. Vigila que el bebé orine frecuentemente.

Es importante que, además de cuidar al bebé te cuides tu misma. Mantener una dieta adecuada y variada, rica en fruta y vegetales y beber la suficiente cantidad de agua es fundamental para asegurar nuestra hidratación y la de nuestro bebé. Igual que al bebé le ofreces el pecho con frecuencia con los primeros signos de necesidad por su parte, debes estar atenta a ti misma y beber agua con frecuencia, no esperes a tener mucha sed.

Procura realizar las tomas en lugares frescos y bien ventilados. Evita el sol en los horarios de máxima radiación solar (entre las 12 y las 16 horas la radiación solar es máxima. Si vas a viajar con el bebé planifica con antelación el viaje, elige los horarios de menos calor y ten pensado donde hacer las diferentes paradas. Evita el estrés. Procura no planificar mil actividades o visitas: los horarios del bebé pueden cambiar y es importante respetar sus necesidades.

La mamá debe beber agua durante todo el día y no solo ante la sensación de sed. Se recomienda beber entre dos y tres litros de agua al día, y aumentar el consumo de fruta y verdura rica en agua.

Es fundamental proteger al bebé del sol, así como intentar buscar lugares más o menos frescos y con sombra para amamantar, además de evitar el exceso de ropa en ambos y usar ropa cómoda y transpirable. En lugares cerrados es importante mantener ambientes frescos y ventilados, pero debemos evitar mantener el aire acondicionado encendido durante muchas horas seguidas o el uso de ventilador de forma directa y continua.

Los bebés deben mojar al menos entre seis y ocho pañales al día, y el color de la orina debe ser claro.

Mitos sobre la lactancia materna

La lactancia está llena de mitos y de consejos erróneos que en vez de ayudar ponen trabas a las madres que desean amamantar. Te hacemos una lista de los que nos hemos encontrado:

  1. “Tienes que beber mucha agua, tienes que beber mucha leche, tienes que comer más…” Realidad: La madre debe seguir una dieta variada y equilibrada, por encima de las 1800 calorías y beber el líquido que le apetezca según su sed.
  2. “Mi leche es aguada, no alimenta”. Realidad: La primera leche que sale del pecho, al comenzar la toma, contiene más lactosa y su aspecto es más acuoso.
  3. “Si no te gotean los pechos entre tomas es que no hay suficiente leche”. Realidad: El escape de leche, entre tomas o durante la toma, obedece a un reflejo de eyección potente o un bajo tono de la musculatura que envuelve los conductos galactóforos que drenan en el pezón, que no cumplen bien su función de esfínter.
  4. “Si tienes el pecho pequeño, tendrás poca leche”. Realidad: Las mamas están compuestas de tejido glandular (donde se produce la leche), tejdo graso y tejido conectivo de soporte.

Tabla resumen de recomendaciones de ingesta de agua:

Etapa Ingesta diaria recomendada Recomendaciones adicionales
Embarazo 2 litros + 300 ml adicionales Aumentar en climas cálidos o con actividad física. Evitar bebidas azucaradas.
Lactancia 2 litros + 700 ml adicionales Tener un vaso de agua cerca al amamantar. Aumentar en climas cálidos o con actividad física.

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