Escalofríos Durante la Lactancia: Causas y Soluciones

05.11.2025

La lactancia es una etapa única en la vida de una madre, llena de momentos inolvidables y también de desafíos físicos. Uno de los problemas más frecuentes que enfrentan las madres durante este período es el dolor en el pecho, que puede estar acompañado de escalofríos. Es importante entender las causas de estos síntomas para manejarlos adecuadamente.

Dolor en el Pecho y Lactancia

El dolor en el pecho durante la lactancia puede ser provocado por varios factores. Las causas comunes incluyen la mastitis, conductos lácteos obstruidos y cambios hormonales asociados con la lactancia. También puede ser resultado de una posición incorrecta del bebé durante la alimentación o el uso inadecuado de bombas de lactancia.

Además del dolor, existen otros síntomas que pueden acompañar al dolor en el pecho durante la lactancia. Estos incluyen enrojecimiento e inflamación del pecho, sensación de calor en la zona afectada, fiebre, escalofríos y fatiga. En algunos casos, puede haber una descarga de los pezones o cambios en la apariencia de la piel.

Mastitis: Una Causa Común de Escalofríos

La mastitis es una inflamación del pecho que puede ir acompañada de infección o no. Hay que saber que no es lo mismo una obstrucción que una mastitis, aunque es cierto que las obstrucciones no resueltas pueden derivar a ella. Suelen ocurrir por un vaciado del pecho insuficiente y producen inflamación y dolor.

Tipos de Mastitis

Dependiendo del tipo se pueden detectar una variedad de síntomas de mastitis:

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  • Mastitis Agudas: Son las clásicas que producen inflamación local (con dolor, enrojecimiento, etc.) acompañada de síntomas de gripe (cansancio, dolor muscular, escalofríos, malestar general o incluso fiebre). Este tipo es el más conocido, por tanto, es bastante sencillo de diagnosticar. Esta clase tiene un tratamiento con antiinflamatorios y/o antibióticos.
  • Mastitis Subagudas: Son las más frecuentes y sin embargo las menos diagnosticadas. Este tipo cursa con dolor, inflamación local (pero sin enrojecimiento), sensación de pinchazos en una mama o de escozor, sin síntomas de gripe y normalmente es otro tipo de mastitis sin fiebre. A veces no tiene ningún signo externo visible y esto dificulta su detección y otras veces la madre tiene un dolor moderado pero constante.

¿Qué es la mastitis?

Tal y como indica la misma palabra, la mastitis es una inflamación de la glándula mamaria en alguno o varios de sus cuadrantes o zonas. Dicha inflamación suele producirse por la obstrucción de algún conducto galactóforo, a su vez causada por alteraciones de la microbiota o flora bacteriana que puebla el tejido mamario.

Es más habitual que la mastitis se desarrolle en las primeras 12 semanas tras el parto, aunque puede presentarse en cualquier momento durante la lactancia, incluido el periodo de destete.

Según diferentes estudios, la incidencia de la mastitis varía y se da entre un 4% y un 27% de madres lactantes.

Causas de la mastitis

La proliferación de bacterias en el tejido mamario suele ser la causa responsable de la obstrucción del conducto o conductos en los que se produce la mastitis. En la mayoría de casos, la presencia de la bacteria estafilococo aureusen la leche es lo que hace que el conducto se obstruya.

Este tipo de bacterias crean lo que se conoce como biofilms, que se adhieren, junto con otras moléculas, a las paredes de los conductos mamarios, endureciéndolos, haciéndolos menos flexibles y, por lo tanto, dificultando que fluya la leche, hasta que terminan por taponar el conducto completamente. Para entenderlo mejor, se puede comparar con lo que sucede en los vasos sanguíneos cuando se eleva el colesterol.

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Las causas o factores que predisponen a una mastitis son:

  • Presencia de grietas en el pezón.
  • Retención de leche o drenaje incompleto de la mama.
  • Tratamiento con antibióticos durante el embarazo, parto o postparto.
  • Cambio abrupto (disminución) en la frecuencia de las tomas.
  • Uso de sujetadores inapropiados o muy apretados (con aros) y/o posición incorrecta al dormir.

Síntomas de la mastitis

Existen diferentes tipos de mastitis:

  • Mastitis aguda: es la mastitis más conocida y la más fácil de diagnosticar, ya que se acompaña de síntomas sistémicos:
    • Fiebre superior a 38,5°.
    • Escalofríos.
    • Dolor intenso del pecho.
    • Zona enrojecida con abultamientos.
    • Síndrome gripal.
    • Malestar general.
  • Mastitis subclínica: esta mastitis es más difícil de diagnosticar, ya que no produce síntomas tan claros como la mastitis aguda. El síntoma principal es el dolor, más o menos intenso, que muchas mujeres describen como pinchazos o agujas que atraviesan todo el pecho. En algunos casos, incluso se pueden dar calambres que se irradian hacia la espalda o el brazo y una sensación de quemazón. Al no estar acompañada de fiebre ni de enrojecimiento de la zona, esta mastitis subclínica se suele infravalorar e infradiagnosticar. De hecho, es una de las principales causas de abandono de la lactancia materna involuntaria.

¿Cuál es la manera de actuar si tengo mastitis?

En caso de una mastitis, lo más importante es actuar cuanto antes; una rápida actuación es clave. En concreto, lo primero que hay que hacer en las primeras 24 horas es realizar una extracción frecuente y eficaz de la leche. Si la madre tiene mucho dolor, existen grietas en el pecho y no se consigue que el bebé lo agarre, se puede hacer extracción con la ayuda de un sacaleches o incluso de forma manual, ya que uno de los efectos no deseados que puede producir la mastitis es la disminución de la producción de leche.

Así mismo, lo más recomendable en una situación de mastitis es pedir consulta con una matrona especialista en lactancia para que valore si la succión del bebé es efectiva, y en caso de que no sea así, pueda ayudar con otras técnicas de extracción de la leche.

Además, otras medidas para tratar las mastitis son:

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  • Aplicación de frío en la zona afectada: nunca se debe aplicar calor, ya que facilita la proliferación de las bacterias y aumenta la inflamación. En todo caso, solo podríamos aplicarlo unos minutos antes de dar el pecho.
  • Tratamiento con antiinflamatorios: como el ibuprofeno, que ayudará a bajar la fiebre (en caso de mastitis aguda) y a disminuir la inflamación.
  • Uso de probióticos específicos para la lactancia.
  • Antibióticos: si las medidas anteriores no resuelven o mejoran el cuadro de mastitis, hay que acudir a un médico para que establezca un tratamiento con antibióticos durante 10 o 14 días.

¿Tengo que dejar la lactancia por una mastitis o por tomar antibióticos?

Absolutamente no. Todo lo contrario, cuanto más mame el bebé del pecho afectado, antes se resolverá la obstrucción y bajará la inflamación.

Por otro lado, la gran mayoría de medicamentos y antibióticos son compatibles con la lactancia materna. Existen páginas web de consulta, como e-lactancia.

¿Cuáles pueden ser las complicaciones de la mastitis?

En general, una mastitis bien tratada y resuelta no tiene por qué conllevar ninguna complicación ni repetirse en el tiempo.

Sí, que, en ocasiones, cuando la mastitis no se trata bien, pueden ocurrir ciertas situaciones:

  • Mastitis de repetición: se da si el tratamiento no es el más indicado, si no se toma por completo o si la succión del bebé sigue siendo no efectiva (porque puede haber problemas mecánicos de succión, como alteraciones de la succión/deglución, frenillo, etc.). En estos casos, hay que volver a evaluar a la madre y llegar a la causa que produce la mastitis, ya que si se repite el tratamiento sin reevaluar, no se logrará eliminar la causa y se volverá a repetir la misma situación.
  • Absceso: es el resultado de una mastitis mal tratada o ignorada. Se produce cuando el tejido mamario reacciona tratando de aislar las bacterias causantes de la mastitis en una cápsula de tejido conjuntivo. El absceso requiere muchas veces punción y drenaje para poder resolverlo.
  • Abandono involuntario y precoz de la lactancia: es la complicación más habitual en casos de mastitis.

Fiebre Puerperal: Otra Posible Causa

La fiebre puerperal es la manifestación clínica de una infección en la mujer después de haber dado a luz, es decir, durante la etapa del puerperio.

Esta infección puerperal es debida a las heridas o complicaciones ocasionadas en el aparato genital durante el parto.

En el pasado, la fiebre puerperal era una de las principales causas de muerte materna.

Hoy en día, las infecciones posparto están bien controladas. La administración de antibióticos ha conseguido disminuir la frecuencia y la gravedad de la fiebre puerperal.

Diagnóstico de una infección puerperal

La aparición de fiebre en los días posteriores al parto no siempre es indicativo de una infección o sepsis puerperal. Para considerarse como tal, es necesario que se cumplan los siguientes requisitos:

  • La fiebre es igual o superior a los 38 °C en al menos 2 ocasiones separadas de un intervalo de 6 horas.
  • La fiebre aparece entre las 24 horas después del parto y las 6 semanas siguientes, periodo conocido como puerperio.
  • En las primeras 24 horas después del nacimiento del bebé, la temperatura debe ser superior a los 38.5 °C para considerar que tiene relevancia clínica.

La subida de leche también puede provocar un aumento de la temperatura de la madre durante unas horas, pero no cumple con los requisitos para considerarse que existe una sepsis puerperal.

Durante el diagnóstico de una infección puerperal, es necesario identificar el foco de infección por una parte, y cuál es el agente causante por otra, es decir, los microorganismos infecciosos.

Para ello, el médico tendrá que valorar los posibles factores de riesgo intrínsecos de la madre, así como los factores de riesgo relacionados con el parto. Además, éste llevará a cabo una exhaustiva exploración física, incluyendo las mamas y la revisión vaginal.

También mandará realizar las pruebas complementarias que sean necesarias: analítica de sangre, hemocultivo, cultivo de orina, cultivo endometrial, etc. Es muy importante poder identificar los microorganismos causantes de la infección para poder aplicar el tratamiento más adecuado.

¿Cuáles son los síntomas de la fiebre puerperal?

Evidentemente, la fiebre alta es el síntoma principal de una infección durante el posparto. Sin embargo, hay otras manifestaciones que indican que algo no marcha bien en las mujeres que acaban de dar a luz.

A continuación, vamos a comentar los posibles signos y síntomas de una infección puerperal:

  • Malestar general.
  • Palidez.
  • Sudoración fría.
  • Escalofríos.
  • Taquicardia.
  • Cefalea.
  • Loquios (secreciones vaginales típicas del puerperio) abundantes y malolientes.
  • Dolor abdominal.

Sin embargo, a veces, la única manifestación clínica de la fiebre puerperal es la fiebre baja.

Causas de la fiebre puerperal

En general, las infecciones puerperales son consecuencia de una falta de higiene en la atención durante el parto o el puerperio, aunque también puede suceder que una parte de la placenta se quede en el interior del útero y dé lugar a complicaciones.

A continuación, vamos a exponer las causas principales que dan lugar a la fiebre puerperal:

  • Endometritis puerperales: una infección bacteriana que se halla en el interior uterino, en concreto en el endometrio, donde ha estado anclada la placenta durante los 9 meses de gestación. Además de fiebre, suele presentar dolor abdominal bajo, útero aumentado de tamaño y doloroso, sangrado continuado y flujo (loquios) maloliente. Sólo el 15% de los cuadros es tardío, debutando a partir de la primera semana de postparto.
  • Infección de la herida quirúrgica: ya sea por la episiotomía en el parto vaginal o por la incisión abdominal de una cesárea. En general, ocurre aproximadamente en el 5% de los partos, debutando en los primeros 7 días tras la cirugía. Los microorganismos causantes de la infección generalmente proceden de la piel, como Staphylococcus Aureus. Es muy importante cuidar bien estas heridas para prevenir el riesgo de infección.
  • Mastitis puerperal: consiste en una infección de los pechos debida a la lactancia. La fuente de infección proviene de los microorganismos de la boca o faringe del bebé lactante (estreptococos y anaerobios) y con menor frecuencia de la piel (Staphylococcus Aureus), por lo que es necesario un tratamiento antibiótico de cobertura amplia. Suele debutar a las 2 - 3 semanas del inicio de la lactancia, con una frecuencia del 2-10% de las madres que lactan.
  • Infecciones urinarias: debidas generalmente a los múltiples sondajes que se realizan durante el parto asociados a la epidural. Son provocados por bacterias del tracto genital como Staphylococcus Aureus o Escherichia coli. Aparecen en los primeros días postparto (2-5 días).
  • Otras infecciones sistémicas: pielonefritis, cistitis, tromboflebitis, etc.

Como ya hemos indicado, los microorganismos más frecuentes causantes de la fiebre puerperal son los que se encuentran en la flora vaginal, en la piel o en la flora intestinal: Streptococcus agalactiae, Streptococcus pyogenes, Staphylococcus Aureus, Escherichia coli, etc.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo que predisponen a una mujer a sufrir una infección después del parto pueden ser intrínsecos (relacionados con la historia clínica de la mujer) o extrínsecos (relacionados con el personal sanitario e instrumentos utilizados durante el parto).

Éstos son los siguientes:

  • Trabajo de parto prolongado
  • Parto instrumental
  • Mujer con antecedentes de infecciones de vías urinarias o vaginales
  • Obesidad
  • Anemia o desnutrición
  • Ruptura prematura de membrana
  • Extracción manual de la placenta
  • Cesárea de urgencia
  • Relaciones sexuales días previos al parto

Cabe destacar que no todas las mujeres que presenten alguna de estas condiciones va a padecer una infección puerperal. Para poder prevenirla, será necesario extremar los cuidados higiénicos de la zona íntima durante el embarazo y después del parto.

Tratamiento

El tratamiento de la sepsis puerperal debe llevarse a cabo bajo supervisión médica siempre.

En general, se prescriben antipiréticos y analgésicos para bajar la fiebre y reducir el dolor.

A continuación, es indispensable la administración de antibióticos para actuar sobre los microorganismos infecciosos. En caso de no saber cuál es el agente causante concreto, se utilizará un antibiótico de amplio espectro como la amoxicilina.

En función de los resultados de los cultivos y el antibiograma, podrá modificarse el antibiótico para curar la infección.

Por otra parte, es fundamental mantener una buena higiene íntima durante todo el puerperio. Lo más recomendable es lavar y desinfectar los genitales externos al menos 2 o 3 veces al día.

Los casos más graves de infección puerperal requieren el ingreso hospitalario de la mujer. Por tanto, ante la aparición de los síntomas comentados en este artículo, es recomendable acudir a urgencias cuanto antes.

Manejo del Dolor en el Pecho Durante la Lactancia

Existen múltiples enfoques para manejar el dolor en el pecho durante la lactancia. Estos incluyen la aplicación de compresas calientes o frías para aliviar la inflamación, masajes suaves en el pecho, y en algunos casos, medicación prescrita por un médico. También es fundamental revisar la técnica de amamantamiento y asegurarse de que el bebé tenga un buen agarre.

Prevención del Dolor en el Pecho

La prevención del dolor en el pecho durante la lactancia es un aspecto crucial para asegurar una experiencia de amamantamiento cómoda y saludable para la madre y el bebé. Una de las estrategias preventivas más importantes es el amamantamiento frecuente y efectivo. Esto ayuda a evitar la congestión mamaria, que puede causar dolor y complicaciones como mastitis y conductos lácteos obstruidos.

Otra medida preventiva importante es el cuidado e higiene personal del pecho. Mantener los pechos limpios y secos puede prevenir infecciones y la irritación de la piel, factores que pueden contribuir al dolor en el pecho. El uso de un sostén de lactancia adecuado, que brinde soporte sin ser demasiado restrictivo, también es crucial.

Además, para las madres que utilizan bombas de lactancia, es esencial usarlas correctamente y asegurarse de que la configuración y los accesorios sean los adecuados para su cuerpo.

Finalmente, las madres deben estar atentas a los primeros signos de dolor o incomodidad y buscar consejo médico o de un consultor en lactancia para abordar cualquier problema antes de que se convierta en una condición más seria.

Impacto Emocional y Apoyo

El dolor en el pecho durante la lactancia no solo afecta el bienestar físico de una madre, sino que también puede tener un impacto emocional significativo. Escuchar las experiencias de otras madres puede ser una fuente invaluable de consuelo y consejo.

Aunque es común, el dolor durante la lactancia no debe ser ignorado ni tratado como un simple inconveniente. Recordar que la búsqueda de orientación y tratamiento médico es crucial cuando se enfrenta a dolor severo o persistente.

Interrumpir la lactancia no es la solución, las tomas deben ser lo más frecuentes posibles para que el pecho se vacíe.

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