El Instinto Maternal: ¿Innato o Adquirido? Una Perspectiva Psicológica

20.11.2025

El deseo de tener hijos se manifiesta de muchas maneras, pero ¿el instinto de tener un bebé es inherente a todas las mujeres? ¿Es el instinto maternal innato en todas las mujeres?, ¿se puede adquirir? ¿Y si tenemos un bebé pero no escuchamos explotar cohetes?

El instinto maternal es un vínculo afectivo muy particular, diferente en cada mujer, y que se establece entre ella y el niño tras la concepción. Es un impulso que empuja a una madre a actuar por su bebé, sin reflexionar, a protegerlo siempre e incluso a sacrificarse por él.

Nos han vendido una imagen casi mítica de la maternidad. La de una madre que, en el instante en que sostiene a su bebé por primera vez, es inundada por un torrente de sabiduría ancestral. Un «instinto» que le dicta exactamente cómo calmar un llanto, cómo interpretar cada gorgoteo y cómo proteger a su cría de cualquier peligro. Pero, ¿qué hay de verdad en esta idea? La realidad, como casi siempre, es mucho más compleja y fascinante que el mito. Lejos de ser un concepto de «todo o nada», la conexión maternal es una increíble sinfonía donde la biología, la psicología y el entorno social tocan al unísono.

¿Qué es el Instinto Maternal?

Si buscamos una definición científica estricta de «instinto», nos referimos a un patrón de comportamiento complejo, innato y genéticamente determinado, como el de las tortugas marinas que buscan el océano al nacer. Desde esta perspectiva, los seres humanos no tenemos un instinto maternal preprogramado. Sin embargo, lo que sí tenemos es una potentísima predisposición biológica para el cuidado y el vínculo.

El Rol de las Hormonas y el Cerebro

El embarazo, el parto y el posparto son una auténtica revolución hormonal. Una de las protagonistas indiscutibles es la oxitocina. Junto a la oxitocina, hormonas como la prolactina (esencial para la producción de leche) y los estrógenos también contribuyen a preparar el terreno biológico para el apego. Esta cascada hormonal es el empujón que la naturaleza nos da para facilitar esa conexión inicial.

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Más allá de las hormonas, el cerebro de una madre experimenta cambios estructurales significativos, un fenómeno conocido como neuroplasticidad. El cerebro materno se «recablea» para ser hipersensible a las señales del bebé. Por eso el llanto de tu propio hijo te parece el sonido más urgente del universo, mientras que puedes ignorar otros ruidos. No es magia, es neurociencia.

¿Instinto o Intuición Aprendida?

Aquí está la clave de todo: la conexión más profunda no «nace», sino que «se hace». Es un proceso de aprendizaje mutuo. Poco a poco, a base de prueba y error, de noches en vela y de sonrisas cómplices, es como se construye esa intuición. Empiezas a saber si un llanto es de hambre, de sueño o de aburrimiento. Los estudios han demostrado que los cuidadores principales, independientemente de su género, también experimentan cambios hormonales (como aumentos de oxitocina y descensos de testosterona en los padres) y cerebrales que les preparan para el cuidado.

El Mito del Instinto Maternal y sus Consecuencias

El mito del instinto maternal puede ser muy dañino. Impone una presión enorme sobre las madres recientes.

Para algunas mujeres que han sido madres, la llegada de su bebé les provoca mucha angustia y miedo, una imagen lejana a la que se ‘supone que tienen que estar viviendo’: ¿Seré una buena madre?, ¿seré capaz de atender sus necesidades y cuidarle adecuadamente? ¡Tranquilas! La maternidad es una experiencia que se construye día a día. No llega de repente en un mar de emociones positivas. Para cada mujer es distinto, así que si no sientes que es el día más maravilloso de tu vida, no te sientas culpable.

¿Qué pasa si no sientes esa «conexión mágica» al instante? La verdad es que es increíblemente común no sentir un flechazo instantáneo. El parto puede ser traumático, el agotamiento es extremo y la responsabilidad, abrumadora. Esta presión puede dificultar que las mujeres busquen ayuda si la necesitan, por miedo a ser juzgadas como «malas madres».

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Entonces, ¿nace o se hace? Quizás deberíamos dejar de hablar de «instinto» y empezar a hablar de «competencia maternal» o «intuición aprendida». Porque la verdadera magia no reside en un don innato, sino en la capacidad humana de amar, aprender y construir uno de los vínculos más fuertes que existen, paso a paso.

Concepto Genera Debate

¿Cómo explicar que algunas mujeres aprendan a ser madres como un acto reflejo? ¿Por qué a otras les cuesta más tiempo? En la gran mayoría de las especies animales, el instinto maternal ha sido claramente establecido por la ciencia: la mujer satisface de forma natural las necesidades vitales de su pequeño. Es innato, aunque a veces compete más bien al macho, como en el caso de los flamencos rosas. En los humanos, el concepto de 'amor maternal' sigue generando debate.

Algunos intelectuales ponen en duda esta noción, que califican de sexista y obsoleta. Por ejemplo, la filósofa francesa Elisabeth Badinter publicó en 1980 la obra L'amour en plus en la que sostiene que el amor maternal no es un instinto natural, sino que varía entre los individuos dependiendo de ciertos criterios sociales y políticos. En 2006, Badinter volvió sobre la cuestión en el ensayo Le conflit, la femme et la mère, en el que habla del "resurgimiento del naturalismo" y de "la culpabilización de las madres", denunciando una ofensiva reaccionaria que trata de convertir la maternidad en uno de los requisitos para ser una mujer realizada.

¿Una Construcción Mental?

Según la antropóloga Françoise Héritier, la idea de amor maternal "es válida para los animales, pero no para la especie humana. Porque el Hombre está dotado de consciencia, de libre albedrío, de sentimientos". "El amor maternal es una construcción mental, social, que se construye desde la infancia de cada individuo", apunta.

Esta opinión la comparte también Florence Beuken, educadora especializada en el acompañamiento de la paternidad. Consultada por la edición francesa del HuffPost, la experta reconoce que el "instinto maternal" depende de la sensibilidad de cada una. "Algunas comprenderán con más facilidad a su hijo", explica. "Esto puede estar ligado a las relaciones sociales que mantienen en general, pero también a la preparación mental que ha precedido a la llegada del bebé".

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Tras el embarazo, los sentimientos de la madre se exacerban. Quizá se deba a un desajuste de la oxitocina, una hormona que tiene un papel esencial en el apego de la madre durante este período. "Esto influye en el estado emocional", afirma Beuken. "Se intensifican las sensaciones. Podemos tener el sentido del oído desarrollado al 200% o, al contrario, carecer de sentido de reconocimiento".

Lo que Dice la Neurobiología

No obstante, desde un punto de vista científico, no hay nada que verifique esta hipótesis. Es lo que confirma la neurobióloga Catherine Vidal a la edición francesa del HuffPost. Especialista en temas relacionados con el cerebro y el sexo, Vidal considera que la mayoría de las investigaciones llevadas a cabo sobre la cuestión carecen de solidez y rigor. "No hay nada definido", asegura la experta. "Son estudios de caso. No existe un consenso científico que demuestre una relación directa de causa efecto entre la proporción de hormonas, la depresión y el amor maternal".

Vidal menciona un estudio científico publicado en octubre de 2017 que afirma que todas las madres reaccionan de la misma manera al llanto de su bebé. Ahora bien, fue elaborado a partir de un grupo de 684 mujeres de 11 países del mundo. Para ella, es una muestra demasiado débil como para extraer una conclusión general.

La Implicación del Padre

Catherine Vidal prosigue: "El fenómeno de la depresión posparto no es mayoritario. Afecta solamente al 10 o 15% de las mujeres en Occidente". A Audrey Fleurot le funcionó el tratamiento hormonal, pero ¿sería efectivo para todas las mujeres del mundo? Probablemente no. El estilo de vida difiere mucho de un lugar a otro. Las causas de una depresión, sea o no posparto, también. Según Florence Beuken, además hay que tener en cuenta la implicación del padre tras el parto. Él tiene la responsabilidad de apoyar a la madre y de participar en la construcción del apego.

La neurobióloga Catherine Vidal concluye: "Si queremos a nuestros hijos no es sólo por una cuestión de hormonas o del cerebro. De hecho, el papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de hoy ya no es sólo la de ser madre. Tradicionalmente se veía la maternidad como un hecho que daba sentido a la vida de las mujeres, pero cada vez son más las que deciden no serlo.

Preguntas Frecuentes sobre el Instinto Maternal

  • ¿Es una combinación de factores biológicos y aprendidos? Existen fuertes predisposiciones biológicas, como cambios hormonales y cerebrales, que nos impulsan a cuidar de un bebé.
  • ¿Es normal no sentir una conexión inmediata con el bebé? Es completamente normal y mucho más común de lo que se cree. El vínculo afectivo es un proceso que se desarrolla con la interacción diaria. No te sientas culpable.
  • ¿Solo las madres biológicas desarrollan un vínculo fuerte? No, en absoluto. Los padres, las parejas adoptivas y cualquier cuidador principal pueden desarrollar un vínculo igual de fuerte.
  • ¿Qué hormona es clave para el apego? La oxitocina, conocida como la 'hormona del amor', es clave para facilitar el apego.
  • ¿Cómo se fortalece el vínculo? El vínculo se fortalece a través de la interacción sensible y constante.
  • ¿Es malo sentir ansiedad o miedo después del parto? No. Sentir ansiedad, miedo o sentirse abrumada es una reacción muy humana ante un cambio vital tan inmenso. No tiene nada que ver con tu capacidad para amar o cuidar a tu hijo.

El Instinto Maternal y la Sociedad

Entonces, ¿existe realmente el instinto maternal? Si aplicamos esta definición a las mujeres, todas deberían sentir el instinto maternal y, en consecuencia, las mismas reacciones biológicas antes de ser madre. Ahora bien, ¿por qué no es así? Lo cierto es que no existen pruebas que avalen la existencia de un impulso instintivo por tener hijos en todas las mujeres. Todavía hoy las mujeres que no desean ejercer la maternidad encuentran innumerables obstáculos. Se las califica de egoístas y se les asegura que se arrepentirán si deciden no tener descendencia. Cada ser humano ha de ser libre de elegir su camino y la maternidad es únicamente una opción personal.

El embarazo activa un conjunto de reacciones biológicas, y hace que se produzcan también cambios en el cerebro. La materia gris se vuelve más concentrada. La actividad aumenta en las regiones que controlan la empatía, ansiedad, e interacción social. De hecho, la oxitocina es una hormona que genera de forma natural el hipotálamo y es segregada por la glándula pituitaria, que está situada en la base del cerebro. Se le conoce como la ‘hormona del amor’ porque está relacionada con el surgimiento de sentimientos positivos como el orgasmo, el amor, la felicidad y el apego entre mamá y bebé.

Como ya hemos dicho anteriormente, lo cierto es que la existencia del instinto maternal no se ha comprobado científicamente, pero sí se ha mantenido en la sociedad hasta llegar a considerarse como algo normal y necesario. Es por esto que muchas mujeres se cuestionan su papel de madre. Si una mujer no siente el instinto maternal durante su embarazo, ¿será peor madre? En Fertilab Barcelona nos gusta mirar más allá y pensar que el instinto maternal es mucho más. El instinto maternal tiene más relación con el cuidado del bebé y no solo con el deseo de ser madre.

Si no te sientes mal por no tener instinto maternal, el hecho de la procreación está presente en todo ser humano, ya que es un requisito de la especie, nacimos de padre y madre por sexuación, si no nos reproducimos desapareceríamos, y esto va más allá de nosotros, por tanto, según algunas voces, para quedar embarazada no es necesario el instinto maternal.

Es decir, el instinto maternal es una función que puede sentir y ejercer tanto un hombre como una mujer, no es algo exclusivo de la mujer como solemos pensar. La existencia o no del instinto maternal es uno de los debates más candentes relativos a la mujer y la salud reproductiva. ¿Es algo estrictamente biológico o se trata de una construcción sociocultural? ¿Tienen las mujeres una predisposición innata a tener hijos y cuidar de ellos o es algo que tiene que ver con el rol que ha tenido socioculturalmente hasta ahora? ¿Realidad o un mito?

Realidad: Argumentos a Favor

Quienes defienden la tesis del instinto maternal aportan fundamentalmente datos biologicistas para confirmar su existencia.

  • Un reciente estudio de la Universidad de Nueva York realizado con ratones, localizó el instinto maternal en el área preóptica del hipotálamo, por el aumento de actividad de unas células nerviosas MPOA Esr1 ubicadas en esta área, que se activaban con el cuidado de las crías.
  • La prolactina y oxitocina aumentan en la madre cuando está en contacto con su hijo, sobre todo si se le amamanta. Es una cuestión física que no depende de la voluntad de la madre, se da de forma espontánea.
  • En la mayoría de especies, son las hembras quienes cuidan. Se traslada la comparación al resto de mamíferas como argumento de universalidad.
  • La investigación sobre las características diferenciales entre hombres y mujeres suele converger en que las mujeres son en general más empáticas, protectoras, multitarea, cariñosas e intuitivas que los hombres, características fundamentales para el cuidado de los demás.
  • Muchas mujeres han informado a lo largo de la historia de lo significativo de la maternidad en sus vidas y lo que ha cambiado su sistema de valores. La tesis del “reloj biológico”, que un día activa la necesidad de ser madre, sin que se pueda hacer nada para pararlo.

Mito: Argumentos en Contra

Quienes defienden que el instinto maternal es un mito se fundamentan en datos sociológicos.

  • No sólo somos biología, vivimos en comunidad. Las conductas sociales se modifican según el contexto, el tiempo y las circunstancias. Las mujeres son socializadas para cuidar, no sólo en la niñez (p.ej. a las niñas, aún hoy, se les regalan más muñecas que a los niños) sino también en la adultez (la maternidad como algo que “completa” a la mujer).
  • Aquéllas que no desean tener hijos se consideran fuera de la norma, biológicamente defectuosas, atribuyéndoseles posibles problemas mentales, sociales o morales. La presión para que la mujer tenga hijos es enorme y está basada en el mantenimiento del orden social tradicional establecido hasta hace poco, en el que el hombre aportaba el sustento económico de la familia y la mujer se ocupaba del hogar y los niños.
  • El instinto es por definición un impulso natural, una conducta innata y no aprendida, que se transmite genéticamente a todos los seres de la misma especie, haciéndoles responder igual a una serie de estímulos. P.ej. el instinto de la sed nos lleva a beber. Las mujeres son biológicamente iguales pero muy diferentes entre sí, por tanto, tienen necesidades diferentes. Si no todas las mujeres desean ser madres, entonces no podemos establecer un criterio de universalidad. Los instintos no son opcionales.
  • Las mujeres están igual de preparadas para cuidar que los hombres, no es una cuestión de naturaleza sino de rol adquirido. Cuidar bien (anticipar necesidades, ser resolutivo en los problemas, mostrar afectividad…) se aprende pasando tiempo con el niño, no es una cuestión de género. Que tradicionalmente se hayan atribuido a las mujeres ciertas características de personalidad, no está demostrado que se deba a factores biológicos o de educación.
  • Los cambios bioquímicos que se dan en el cuerpo de la madre también se dan en otras situaciones de cuidado, no únicamente de los hijos. También muchos de esos cambios, p.ej. los debidos a la oxitocina, se hacen tras el parto, no antes, lo que no confirma el concepto de instinto.
  • Cada vez se alzan más voces a favor de la no maternidad como modelo de vida igual de feliz que el de la maternidad. adquiere cada vez más fuerza.

Perfilando el Término

Uno de los puntos que acalora el debate quizá sea la definición en sí del concepto de instinto maternal. ¿Qué entendemos por instinto? ¿La necesidad irrefrenable de tener descendencia o la capacidad para cuidar? Quizá si se perfilara el concepto habría más acuerdos entre las posiciones “mito-realidad”.

Los seres humanos tenemos un arraigado estímulo de supervivencia individual y colectivo, que nos lleva a protegernos los unos a los otros. Esta sociabilidad nos ha hecho evolucionar como especie. Cuidar y proteger al bebé quizá más que un instinto sea un vínculo afectivo que se va construyendo y fortaleciendo. El impulso que activa esas atenciones puede que venga predefinido por la naturaleza pero sobre todo se afianza con el contacto día a día. Y si realmente existiera como instinto preestablecido, no sería propio de las mujeres, y una prueba evidente son las parejas gays con hijos. Un hombre puede ser tan buen referente para un niño como una mujer.

Finalmente, el vínculo nos sólo se desarrolla durante la gestación. Puede desarrollarse también tras el parto o la adopción, e ir aumentando a medida que crece el niño. El deseo o no de ser madre no te convierte en una buena o mala madre.

El Maternaje y la Función Materna

¿Cómo logra una mamá reconocer las necesidades de su bebé recién nacido? El maternaje se compone de la atención, disponibilidad, amor, brazos, empatía, generosidad, paciencia, comprensión, leche materna, cuerpo, mirada y sostén recibidos desde el nacimiento y durante toda nuestra infancia. Maternaje que dejará sus huellas y que moldeará los posteriores vínculos amorosos. A la capacidad de la madre - o quién cumple la función - de interpretar las necesidades básicas y primarias de su bebé, se lo ha considerado de distintas maneras.

Se lo ha tomado como un instinto dotado por la naturaleza a toda mujer para el buen saber hacer en el cuidado y protección de los hijos. Donald Winnicott, un reconocido pediatra y psicoanalista denominó a esta etapa de preparación mental característica en las mamás en la última etapa de la gestación y durante el puerperio como “preocupación maternal primaria”. Durante este período la madre cuenta con una capacidad excepcional de identificarse con su bebé, de pensar en él, imaginar sus necesidades y adelantarse a ellas y para ello recurre a su propias experiencias como bebé. No se trata de una capacidad aprendida ni un instinto maternal, sino de una dedicación y atención consciente e inconsciente a las necesidades de su bebé.

«El bebé no existe sin su mamá» dirá Winnicott, ya que sólo existe inmerso en una relación con su madre. El grado de desvalimiento del recién nacido es tal, que sin un otro no podría sobrevivir. Por eso, la mamá tendrá que hacerse cargo -por un largo tiempo- de sus necesidades y deseos. Será ella, quién a través de su capacidad de maternaje, podrá servir de filtro protector al recién nacido - que experimenta los estímulos externos e internos por primera vez-. Irá poco a poco dosificando los ruidos preparando un espacio adecuado para el bebé. Buscará reducir la sensación de inmensidad del espacio acogiéndolo en sus brazos. Le ofrecerá su pecho, en tiempo oportuno, para calmar su hambre y estimulará sus sensaciones corporales a través del baño.

La mamá tendrá que recoger todas las emociones que el bebé le transmite, hasta las más angustiosas y desconcertantes, que tiempo después podrá irle devolviendo al bebé de un modo más asumible y digerible, de éste modo va constituyendo las bases de la comunicación humana. Se dice que la madre lo cubre de lenguaje. Lo baña en él. Estas primeras vivencias relacionales del bebé con su mamá le permitirán ir integrándose afectivamente. Gracias a la capacidad materna para reconocer y leer sus estados emocionales internos, podrá el niño establecer las raíces intersubjetivas de la comunicación humana.

Toda función materna es en cierta medida fallida, es decir, es humanamente imperfecta. No hay recetas infalibles que garanticen que en todas las ocasiones lo que lee o interpreta la mamá de las señales que le emite su bebé sean correctas. Por eso, Winnicott hablaba de «madres suficientemente buenas». Es decir madres corrientes, en conexión con su hijo, que va aprendiendo de su propia experiencia de la maternidad, sin estar pendiente punto por punto de libros especializados.

Una buena madre es aquella que es confiable y previsible, a pesar de las inevitables fallas de su tarea. La «falla materna» sólo indica el especial ritmo de una mujer para encarnar tareas, que sólo idealmente pueden ser pensadas como perfectas. La madre suficientemente buena es la madre que falla de un modo confiable. Que lleva la tarea de maternaje de su bebé partiendo de un gesto instantáneo. El buen cuidado materno de la al bebé el estado de confianza necesario para tolerar -sin hundirse- en un estado insoportable de zozobra sus fallas.

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