Experiencias de Aborto con Misoprostol: Testimonios Personales

18.11.2025

Este artículo presenta los hallazgos de un estudio cualitativo que explora las experiencias de las mujeres que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires, en Argentina, con el uso de misoprostol para inducir un aborto.

Les preguntamos a las mujeres acerca de una variedad de decisiones que tuvieron que tomar, sus emociones, la experiencia física, las estrategias que necesitan utilizar, tal como buscar consejos sobre servicios de salud y para lidiar con un aborto con medicamentos clandestino, así como sobre su evaluación general de la experiencia.

Se utilizó un programa para entrevistas a profundidad. Las mujeres habían usado misoprostol y buscado consejería o atención en un hospital público (n=24), o habían usado misoprostol basándose en los consejos de una línea local de atención telefónica, información del internet o de otras mujeres (n=21).

Se identificaron cuatro etapas en las experiencias de las mujeres: cómo tomaron la decisión de interrumpir el embarazo, cómo obtuvieron el medicamento, cómo usaron las tabletas, y sus reflexiones sobre el resultado independientemente de que hayan o no hayan buscado consejos médicos.

La seguridad y privacidad fueron clave para decidir usar el método de aborto con medicamentos. La posibilidad de escoger un momento de privacidad y estar acompañada de una persona cercana se destacó como una ventaja única del aborto con medicamentos.

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El acceso al medicamento fue el principal obstáculo, que requirió una receta o una farmacia con personal amigable. La información correcta sobre el número de tabletas a usar y los intervalos de dosis fue la manera menos fácil de obtener y causó inquietudes.

El aborto farmacológico (o “pastilla abortiva” como a veces se le llama) implica tomar dos tipos diferentes de medicamentos, mifepristona y misoprostol, en momentos diferentes, para interrumpir un embarazo existente.

El primer medicamento interrumpe el embarazo y se llama mifepristona. Actúa bloqueando la hormona progesterona. El precio es de un total de 370€.

El primer medicamento que se toma durante este tipo de aborto, llamado mifepristona, bloquea la hormona necesaria para que evolucione el embarazo. Tomarás una pastilla de mifepristona con agua; esto se hace en la clínica.

El segundo medicamento se llama misoprostol y hace que el cuerpo expulse el embarazo del útero. Las pastillas abortivas de misoprostol se colocan en la vagina o entre la mejilla y las encías.

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Recomendamos tomar unas pastillas para aliviar el dolor 10 minutos antes de colocarte misoprostol. Cuando llegues a una de nuestras clínicas de aborto en Barcelona, Girona o Mallorca, tendrás una evaluación médica con una de nuestras médicas o enfermeras capacitadas.

Nuestras médicos o enfermeras capacitadas te asesorarán sobre cómo tomar tus pastillas abortivas y los cuidados posteriores. El aborto generalmente comenzará en unas pocas horas y, por lo general, se puede llegar a completar hasta en 1 a 2 días. Cada persona es diferente y experimentará diferentes niveles de dolor y sangrado.

Te informaremos cuándo debes tomar analgésicos para el dolor en tu cita si es necesario. Una vez que hayas expulsado el embarazo, tu sangrado generalmente será menor. No estás sola.

Testimonios Personales

Compartimos algunos testimonios de mujeres que han pasado por la experiencia del aborto con misoprostol:

Helena: Una experiencia difícil

Helena siempre había querido ser madre, pero cuando se quedó embarazada, pasada la treintena, decidió abortar. “Acababa de cumplir 33 años y, de hecho, ya pensaba: ‘¡Hostias, que ya voy tarde!’. Pero me enteré justo cuando acababa de dejarlo con mi pareja. Habíamos tenido la discusión más fuerte en todos esos años de relación tóxica”, recuerda.

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Helena, que no ha querido dar su nombre real ni mostrar su rostro, se hizo la prueba de embarazo un 31 de diciembre de hace tres años, “y dio positivo”: “Fue un susto increíble”. “Esa Nochevieja fue terrible. Yo ya me empezaba a sentir mal y fue horrible”, repite.

En ese momento ella no lo sabía, pero luego descubrió que sufría hiperémesis gravídica, un síndrome que afecta a algunas mujeres embarazadas provocándoles náuseas y vómitos extremos que generan deshidratación y desequilibrios.

“Eran unas náuseas terribles a todas horas que me hacían vomitar continuamente. Los días que duró, sentí que me moría”, afirma. Encajar la noticia del embarazo, y posteriormente la decisión de abortar, fue difícil, pero la hiperémesis aceleró su deseo “de quitarme esa sensación, fuera como fuera”. El proceso de aborto, sin embargo, no le facilitó las cosas. “Mi experiencia fue horrible”, cuenta.

“Intento pensar en ella de forma pragmática -es eso lo que debía hacer en ese momento y no me arrepiento-, pero me afectó mucho y todavía hoy me sigue afectando. Incluso he hablado de ello en alguna sesión con el psicólogo”. Si Helena no da su nombre real es, sobre todo, porque su familia no sabe que abortó.

“Al principio no se lo dije ni a mis padres ni a mis hermanos. Sí a mi círculo más cercano de amigos y de compañeros de trabajo para que me cubrieran un poco, porque nunca pedí la baja. Por eso también sentía que me tenía que quitar esa sensación para volver cuanto antes al trabajo”, explica.

Entonces empezó “el proceso de información”. “Ya había tomado la decisión, así que me tocaba saber qué hacer. Y en internet no estaba muy claro, todo es un poco opaco. Te enteras de que, efectivamente, es legal, pero que no lo hacen los hospitales públicos. Y te preguntas por qué, por qué es todo tan tabú, por qué hay que hacerlo casi a escondidas”, plantea.

“Luego te toca buscar en qué clínica. Probé con una, pero no me daban cita hasta la semana siguiente, y yo me encontraba tan mal, tan mal, estaba tan deshidratada, que no comía ni bebía, todo lo vomitaba, todo me daba náuseas, que probé con otra clínica”, cuenta. “Y el trato ahí fue muy poco profesional”.

“El doctor era cero profesional. El tío me hablaba de ‘vosotras’, en plan ‘es que todas queréis acabar cuanto antes con esto’. Es como si no le hubieran enseñado deontología médica”, critica. “Luego me dijo que había dos métodos: pastillas abortivas o legrado, que es como una operación con anestesia y que casi no te das cuenta. Para el legrado, que es el método que menos secuelas psicológicas deja, no me daban cita hasta la siguiente semana. Me encontraba tan mal que necesitaba lo que fuera enseguida y él me trató como si le diera igual mi vida. ‘Tú verás, elige lo que tú quieras’, me decía. Yo buscaba un consejo profesional, y no lo encontré en absoluto”, se queja. “Al final elegí la píldora abortiva”.

Marta: Una experiencia diferente

La experiencia de Marta (nombre ficticio) no se parece casi en nada a la de Helena. Aunque ambas abortaron en Madrid en 2016 con un embarazo de seis semanas y Marta también había cumplido los 30, ella no sufrió hiperémesis gravídica y tuvo más suerte con los profesionales médicos que la trataron.

Sí se encontró con un par de cejas arqueadas cuando contó a su ginecóloga que no quería tener el bebé. “Se quedó sorprendida, era una mujer mayor y me dijo: ‘Bueno, aquí no hacemos eso’. La asistenta, igual, me miró muy seria.

Marta pudo acelerar todo el proceso porque cuenta con un seguro médico privado “y ahí todo va mucho más rápido”. Helena, por su parte, se enteró de que para que se lo cubriese la Seguridad Social tendría que solicitarlo primero a su médico de cabecera y hacer unos trámites más. Como prefirió no esperar, eligió “la píldora” y pagó “unos 360 euros”.

Marta, en cambio, eligió el método instrumental y se lo cubrió su seguro. “Fui a una de las clínicas que me recomendaron, me explicaron lo que tenía que hacer y de ahí fui a mi seguro para que me lo autorizaran. Necesitaban una carta del psicólogo o el psiquiatra de la clínica con la que verifican tu estado actual y qué implicaría para ti tener un hijo”, explica.

“Casi tenía que decir que me iba a volver loca teniendo ese niño y ya, con ese informe, cumpliendo esos parámetros, podías abortar sin problemas”. En “una semana y pico”, le dieron cita en la clínica donde se sometió al procedimiento de interrupción del embarazo.

Otro testimonio: Proceso simple pero intenso

Hoy queremos compartir el testimonio de una mujer que tras enterarse de que estaba embarazada, acudió a nuestro centro de Sevilla para abortar. Los accidentes y los errores ocurren y a toda mujer le puede pasar. La responsabilidad de tener un hijo es mayor de lo que muchas personas creen.

El proceso fue muy simple, aunque bastante intenso. En todo momento los profesionales de la Clínica Ginesur me acompañaron y explicaron, con muchísima amabilidad, todo el proceso. Una vez firmado y explicado todo, me dieron la primera pastilla vía oral.

Me tumbé en mi cama y a la hora, más o menos, comenzaron los dolores como una menstruación, pero más fuertes. A medida que pasaba el tiempo los dolores se intensificaban. No tuve ningún efecto secundario, ni adverso por las pastillas tomadas.

Tengo que decir que fue muy intenso el proceso y los dolores bastante fuertes, pero habiendo experimentado las dos opciones de aborto existentes, puedo asegurar que el farmacológico es menos impactante y traumático que el quirúrgico, ya que estás en tu casa, con los tuyos y en tu intimidad.

Ningún aborto es fácil y ningún tipo de aborto es indoloro…. Pero el hecho de NO abortar y tener un hijo, sin que las condiciones lo acompañen o sin que una lo desee, porque no es «algo» que puedas tener unos meses, sino que es para toda la vida. Hay que ser muy consecuente y responsable. No es un juego.

El hecho de cerrar los ojos a todas las adversidades y decir SÍ a ser madres, no nos hace ser más mujer, más fuertes o más responsables que si elegimos abortar. Es tu cuerpo y nadie tiene derecho a decirte que puedes y que no puedes hacer con él.

Complicaciones y realidades no contadas

Tras la ingesta de la mifepristona, en casos raros, el aborto puede empezar a producirse antes de tiempo. Es importante que si esto ocurre, se acuda a urgencias.

Es importante saber que la realidad del proceso no es una regla fuerte, sino que puede ser un parto sin bebe, con contracciones y necesidad de empujar para expulsar el saquito con el embrión.

Los coágulos expulsados son de un tamaño considerable, no pequeños como los de una menstruación normal. Es tejido del recubrimiento uterino y se expulsan grandes, se notan bajar y salir y pueden impresionar.

Es importante estar atentas al sangrado y no normalizar nada. Si hay dudas, llamar a un médico o acudir a urgencias.

Sentimientos y apoyo emocional

Hablar mucho si podéis con vuestra pareja, amigas, madre, hermana con quien vosotras elijáis, recordar que si no tenéis a nadie hay grupos de ayuda de duelo en estos casos (aunque el aborto sea voluntario) elegirlo no es sinónimo de que no tengáis que pasar un duelo, de que no estéis tristes , o de que no puedan ayudaros.

Cuidaros mucho no sólo físicamente, emocionalmente.

Tabla comparativa de métodos de aborto

Método Duración Dolor Sedación Efectos secundarios Complicaciones
Farmacológico (pastillas) 48 horas Un poco doloroso Solo analgésicos Vómitos, diarrea, náuseas 20.5% de los casos
Instrumental (aspiración) 10 minutos Poco doloroso Anestesia local o general Pocos Baja tasa de complicaciones

Según un estudio de ACAI, la mayor parte de las mujeres que han sido correctamente informadas y tienen libertad de elección, escogen el método instrumental frente al farmacológico en un 78% de los casos, generalmente por considerarlo “más rápido y seguro”.

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