Ignaz Semmelweis y la Fiebre Puerperal: Un Héroe Ignorado de la Medicina
Ignacio Felipe Semmelweis (Semmelweiss Ignác Fülöp) (18 de julio de 1818 - 16 de agosto de 1865) fue un médico húngaro que consiguió disminuir drásticamente la tasa de mortalidad por sepsis puerperal (o fiebre puerperal) entre las mujeres que daban a luz en su hospital mediante la recomendación a los obstetras de que se lavaran las manos antes de atender los partos.
La comunidad científica de su época lo denostó y acabó falleciendo a los 47 años en un asilo, a causa de la infección que él mismo se provocó cortándose con un escalpelo contaminado, para demostrar su teoría. Algunos años después Luis Pasteur publicaría la hipótesis microbiana y Joseph Lister extendería la práctica quirúrgica higiénica al resto de especialidades médicas.
El Contexto Médico de la Época
Los últimos años del siglo XIX son de gran trascendencia para el desarrollo de la medicina contemporánea.
Además de Skoda, Rockitansky y Hebra, despunta la figura de Rudolf Virchow, quién comienza a desarrollar las disciplinas de higiene y medicina social, en los orígenes de la medicina preventiva actual.
Es el mismo Virchow el que postula la teoría de "Omnia cellula a cellula" (toda célula proviene de otra célula) y explica a los organismos vivos como estructuras formadas por células.
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En 1848 Claude Bernard descubre la primera enzima (lipasa pancreática). El primer tratado de ginecología fue escrito por Joannes Petrus Lotichius, profesor de la Universidad de Rinteln (Alemania) en 1630.
La evidencia es abrumadora y L. J. Boër, en los comienzos del siglo XIX, comienza a aplicar normas similares en la Maternidad de Viena consiguiendo reducir la mortalidad materna hasta el 0,9%.
El estamento médico oficial, sin embargo, sigue remiso a aceptar estas conclusiones, y los dos obstetras norteamericanos más importantes de la época (H. L. Hodge y C. D. Meigs) rechazan las ideas de Semmelweis.
El Descubrimiento de Semmelweis
Al poco tiempo de empezar a trabajar en la Maternidad de Viena Semmelweis comienza a observar con preocupación la alta tasa de mortalidad entre las parturientas, entre fuertes dolores, fiebre alta y una intensa fetidez.
En este hospicio se disponía de dos salas de partos: una dirigida por el doctor Klein y otra por el doctor Bartch.
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Utilizando un rudimentario método epidemiológico comienza a estudiar las diferencias en ambos pabellones: El de Klein es más frecuentado por los estudiantes de medicina, quienes atendían a las parturientas después de sus sesiones de medicina forense en el pabellón de anatomía.
En cambio la sala de partos de Bartch es más utilizada por las matronas, pero cuando los estudiantes visitan su sala la mortalidad también aumenta en esta.
Se conservan algunas cartas de esta época de Semmelweis a su amigo Markusovsky: "No puedo dormir ya. El desesperante sonido de la campanilla que precede al sacerdote portador del viático, ha penetrado para siempre en la paz de mi alma. Todos los horrores, de los que diariamente soy impotente testigo, me hacen la vida imposible.
En octubre de 1846 decide instalar un lavabo a la entrada de la sala de partos y obliga a los estudiantes a lavarse las manos antes de examinar a las embarazadas.
A la espera de que Skoda le consiga una plaza en su Hospital emprende un viaje de dos meses por Europa con su amigo Markusovsky. A la vuelta conoce la noticia de la muerte de Kolletchka, profesor de anatomía, tras producirse una herida durante una disección y desarrollar unos síntomas similares a los de la fiebre puerperal.
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Por influencia de Skoda es admitido como ayudante en la sala del doctor Bartch. Aún no se conoce la existencia de los microorganismos causantes de las infecciones y sólo puede intuirse la existencia de los mismos a través de sus efectos y del olor que despiden: "Desodorar las manos, todo el problema radica en eso".
A petición suya los estudiantes de la sala del profesor Klein pasan a la sala del profesor Bartch: es mayo de 1847, y ese mes la mortalidad en esta sala sube del 9 al 27%.
En junio de ese año diagnostica de cáncer de útero a una mujer que se creía embarazada.
El Rechazo y la Tragedia
Y sin embargo, por vanidad o por envidia, los principales cirujanos y obstetras europeos ignoran o rechazan su descubrimiento. Llegan a afirmar que no es posible reproducir los resultados de su experimento, y que ha falseado las estadísticas obtenidas.
Solo cinco profesores le mostrarán apoyo público: Skoda, Rokitansky, Hébra, Heller y Helm. Se traslada de nuevo a su ciudad natal, en plena revolución húngara, y su amigo Markusovsky lo encuentra meses después viviendo en la miseria, con un brazo y una pierna fracturados, y hambriento.
Este gesto empeora su situación pública y comienza un período de declive intelectual, en el que llega a pegar pasquines por las paredes de su ciudad en los que advierte a los padres de las mujeres embarazadas del riesgo que corren si acuden a los médicos.
Sufre alucinaciones, busca tesoros escondidos en las paredes de su casa y finalmente es internado en un asilo. En abril de 1865, tras presentar síntomas de mejoría, es dado de alta.
Aprovecha su libertad para entrar en el pabellón de anatomía donde, delante de los alumnos, abre un cadáver y utiliza después el mismo bisturí para provocarse una herida.
El Legado de Semmelweis
El Hospicio General de Viena es actualmente un edificio rosa con verja negra; en su interior puede verse la estatua de un hombre sobre un pedestal que representa al profesor Semmelweis.
Semmelweis y Nightingale fueron precursores de los programas de vigilancia epidemiológica y, con la publicación de sus observaciones, contribuyeron de forma significativa a la prevención de las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria.
Lavarse las manos marcó un antes y un después en el control de enfermedades que causaron muerte y desolación a lo largo de la historia de la humanidad. El descubrimiento de las implicaciones positivas para la salud de ese acto tan simple y al alcance de todos fue tan o más revolucionario que otros avances que siempre nos han maravillado. Detrás de este gran avance está el médico obstetra Ignaz Semmelweis.
Tabla: Comparación de la Mortalidad en las Salas de Parto del Hospital General de Viena
| Sala | Personal Asistente | Observaciones |
|---|---|---|
| Sala del Dr. Klein | Estudiantes de Medicina | Estudiantes atendían después de realizar autopsias |
| Sala del Dr. Bartch | Matronas | Mortalidad aumentaba cuando estudiantes visitaban |
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