Alfonso X "El Sabio": Biografía y aspectos psicosomáticos
Alfonso X, conocido como "El Sabio", es una de las figuras más relevantes de la historia de España. Cumplidos los treinta años, sería rey de Castilla y León (entre 1252 y 1284), título al que añadió, en 1253, el de “rey de Andalucía”.
En este artículo se tratarán los aspectos psicosomáticos de la patobiografía de Alfonso X “El Sabio”. Se revisarán las Crónicas de ese tiempo e incluso pasajes autobiográficos de alguna de sus obras, como “Las Cantigas de Santa María“, para constatar los diversos hechos que le ocurrieron, las vivencias que experimentaría y las variadas patologías que le afectaron.
Apariencia física
Alfonso X, según se refleja en las miniaturas de los textos de ese tiempo (entre ellos en las Cantigas o en el Libro de los Juegos), aparece físicamente como un personaje bien parecido, de senos frontales abombados y nariz tendente a aguileña y alargada, de tez pálida, en ocasiones barbado, de cabellos ondulados de color castaño tendente a claro y largos hasta el casi el final del cuello, de complexión proporcionada, y de una estatura aproximada de un metro setenta y cinco centímetros, que se puede considerar aventajada para su época.
Sufrió a lo largo de su vida numerosas enfermedades, algunas severas, y de ellas varias se hicieron crónicas, causándole un gran sufrimiento, ya que en ese tiempo no se conocían calmantes verdaderamente eficaces.
Primeros años y hechos relevantes
Ya en su infancia determinadas vivencias pudieron influir en la formación del carácter y personalidad de Alfonso X. Al hecho de ser el primogénito de diez hermanos, jurado heredero el 21 de marzo de 1222, en la ciudad de Burgos, se sumó la influencia de su madre, que le hizo sentir una gran afición por la cultura y el arte. También parece que pudo tener alguna participación en su educación su abuela la reina Berenguela la Grande (c. 1180-1246).
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Otro hecho relevante fue su amor de juventud, doña Mayor Guillén de Guzmán (1205-1262), por la que sintió un gran afecto, y con la que tendría a su hija Beatriz (c.
Un evento, también importante, ocurrió dos años antes de la toma de la ciudad de Sevilla: la celebración de sus esponsales con Violante de Aragón, hija de Jaime I “El Conquistador”, con la que contraería matrimonio, el 29 de enero de 1249, en la ciudad de Valladolid, y con la que tuvo once hijos.
Al fallecer Fernando III el Santo, Alfonso fue proclamado, el 1º de junio de 1252, rey de Castilla y de León, como Alfonso X, en la Iglesia Mayor de Sevilla, la misma en la que había sido enterrado su padre, continuando la línea de conquistas de su antecesor, junto a una tendencia repobladora, y afrontando rebeliones en los territorios recién incorporados a Castilla, ya en 1253, o la revuelta mudéjar de 1264, entre otros hechos.
Personalidad y labor cultural
Paulatinamente se había ido formando la especial personalidad del monarca, impregnada de vivencias de fuerte repercusión psíquica, e incluso somatizaciones de las mismas, que se confundirían, en ocasiones, con las alteraciones provocadas por sus enfermedades. Alfonso sería un personaje al que le supondría un elevado reto, sin duda alguna, alcanzar los logros de armas de su padre, Fernando III, o también los de su suegro, Jaime I.
En 1601, Juan de Mariana, en su Historia General de España, escribiría: “Don Alfonso, rey de Castilla, era persona de alto ingenio, pero poco recatado: sus orejas soberbias, su lengua desenfrenada, más a propósito para las letras que para el gobierno de los vasallos. Para H. Salvador Martínez, Alfonso X pecaba de “ingenuo”, sobre todo en sus actuaciones políticas.
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Pero aunque dichas actuaciones en ese sentido, a lo largo de su vida, fuesen tal vez poco acertadas y contradictorias, en ocasiones, muy importante fue su fecunda labor cultural. Según el citado Salvador Martínez, Alfonso X era un “educador del pueblo”, meticuloso en la participación de las obras a que daba lugar directa o indirectamente. Alfonso X aportó un formidable corpus de textos jurídicos de marcado carácter normativo.
Posible cuadro depresivo y trastorno bipolar
A esas circunstancias descritas, se unirían sus vivencias bélicas, y la continua presión de una nobleza que se resistía a aceptar sus normas, como ya se ha ido exponiendo y como se desprende de algunos pasajes de Crónicas de ese tiempo y de las propias Cantigas. Todo ello favorecería la aparición en la esfera de su psiquismo de un muy posible cuadro depresivo, desde etapas tempranas.
Una alteración que, con independencia de la afectación que le ocasionaban sus padecimientos físicos, iría evolucionando hacia un contraste entre etapas en las que manifestaba una gran actividad, alternando con otras de absoluta pasividad y desgana, sobre todo para sus actuaciones bélicas o políticas, es decir, lo que hoy se viene denominando como trastorno bipolar, que se podía observar en los intensos cambios de ánimo del monarca, alternando por lo general unos episodios de euforia, irritabilidad y energía, e incluso raptos de cólera, con otros, depresivos, de melancolía, tristeza o desesperanza.
Un trastorno que vendría acrecentado, posiblemente tanto por la muerte, en 1275, de su primogénito y heredero al trono, el infante don Fernando de la Cerda, cuando éste se dirigía a hacer frente a una nueva invasión norteafricana en Andalucía, como por los posteriores enfrentamientos con su segundo hijo, el infante don Sancho, que pretendía la sucesión al trono, el abandono de su esposa y su forzado retiro a la capital hispalense hasta su fallecimiento.
Habría que añadir, además, que parece ser que el monarca mostraba una desmedida fijación por el número siete.
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Enfermedades
Por otra parte, en cuanto a los iniciales datos de enfermedades del monarca los encontramos a partir de 1263, cuando Alfonso X se hallaba en la frontera andaluza “sufriendo muchas enfermedades“.
Y en 1269, en el Llibre dels feyts, de su suegro, Jaime I, se refiere que éste tuvo que acudir, con su médico personal, para asistir a su yerno, Alfonso, que había sufrido la coz de un caballo. Para Delegado Roig y Kinkade, parece ser que la coz pudo impactar en la región facial izquierda; derivando la fractura que le debió ocasionar, en una muy posible sinusitis recurrente, que evolucionaría, supurando por una fístula, e incluso dando lugar un probable glaucoma, y tal vez fuera el origen de un cáncer en el antro maxilar izquierdo, que invadiría la órbita de ese lado, provocándole intensos dolores.
Muy posiblemente, estos dolores serían causantes de los “ataques de ira” del monarca, que reflejan las Crónicas, y que seguramente motivarían que su hijo Sancho, en unos momentos en que había un enfrentamiento político con su padre, con el fin de deteriorar el prestigio del mismo, le denominara “loco”, en relación con su extremada forma de reaccionar, en ocasiones, y “leproso”, posiblemente tanto por las probables secreciones de su fístula maxilar, como por los desprendimientos de la piel y las supuraciones, de sus piernas tumefactas y ulceradas por efecto del edema causado por su hidropesía.
Precisamente, ya en 1277, cuando Alfonso, encontrándose enfermo, hubo de afrontar la conspiración de su hermano, el infante don Fadrique, y de un destacado noble, Simón Ruiz de los Cameros, una vez que se repuso, sin juicio previo mandó ajusticiar a ambos y condenó a su otro hermano Enrique.
En relación a otros padecimientos, que incluso influirían en sus decisiones organizativas y militares, parece ser que en 1273, ya el día 24 de abril, Alfonso X se encontraba en la Asamblea de Ávila, enfermo de “romadizo” (catarro nasal), frío y calenturas, que le condicionaron mucho. Partió de Ávila con el propósito de entrevistarse con Jaime I, y en Requena enfermó de nuevo, ahora de una malatia terciana, posible fiebre recurrente palúdica, “tan mal, que pensaron que moría”, pero la Virgen (cantiga 235) “lo sanó de aquella enfermedad”, siendo la recuperación del monarca rápida y efectiva, ya que si el 28 de agosto estaba todavía en Requena, el 2 de septiembre se encontraba en Guadalajara, y el 15 en Brihuega, desplegando durante esta etapa una enorme actividad, aunque como se recoge en la cantiga 235, en Montpellier tuvo una recaída, avanzado 1274.
En el invierno de 1276, padeció una enfermedad grave y con gran dolor, en Vitoria; y en la Pascua de 1278, en Valladolid, dolores y también unas fiebres “y quedó como muerto”.
Las Cantigas de Santa María como fuente autobiográfica
Son fundamentales las aportaciones autobiográficas que realiza de estos hechos el propio monarca, en Las Cantigas de Santa María, como se expondrá más adelante, y en ese sentido la cantiga 279 habla de “descarga purulenta y fiebre” (vers. 26-27), y la 367, de “descarga purulenta en las piernas”, muy probablemente en relación con el padecimiento de una severa hidropesía, a que hemos hecho referencia, con un edema de miembros inferiores “que se le hincharon tanto que no le cabían en las calzas y no le dejaban caminar ni cabalgar“.
A partir de 1278 las Crónicas hacen referencia a la ya delicada salud de Alfonso X, cuyos síntomas nos hablan de una probable insuficiencia cardíaca, que iría afectado paulatinamente al rey. A ella se unirían, con toda seguridad un cuadro hipertensivo, y aunque las referencias a las costumbres del monarca dicen que era moderado en el comer y en el beber, la gota, que parece ser que padecía, y una muy posible insuficiencia renal.
En general, en ese libro de Las Cantigas, un libro que Alfonso X consideraba “milagroso”, se hallan descritos numerosos episodios de la intercesión de la Virgen en la curación de diversos sujetos, incluso algunos de ellos relacionados de alguna forma con el monarca, como en la cantiga 122, en que la Virgen resucita a Berenguela, la hija de Fernando III y Beatriz de Suabia; o la curación de ésta, en la 252; o en la 221, titulada “Como Santa María guareceu en Onna al rei Don Fernando, quand’ éra meninno, dũa grand’ enfermidade que avía”, que relata la protección de la Virgen al padre de Alfonso, Fernando III, de una grave enfermedad que tuvo de pequeño, entre otras.
Serán especialmente algunas de las cantigas, que vienen siendo consideradas como autobiográficas, las que relatarán curaciones del monarca, que se plasman como resultado de la milagrosa intercesión de Nuestra Señora en alguno de los padecimientos del mismo, a que hemos hecho referencia. Como la tuvo lugar en Requena (relatada en la cantiga 235). Otra cantiga, la 209, relata como el monarca, afectado de severa enfermedad, en Vitoria (donde estuvo entre agosto de 1276 y marzo de 1277), a la que ya se ha hecho mención, se cura milagrosamente, mediante la colocación del libro de Las Cantigas de Santa María sobre su cuerpo; el título de dicha cantiga resume su contenido, “Como el Rey don Afonso de Castela adoeceu en Bitoria e ouv’uha door tan grande que coidaron que morresse ende, e poseron- lle de suso o livro das Cantigas de Santa Maria, e foi guarido”.
Aún se refiere otro milagro, en la cantiga 279, titulada “Como el rei pidiu mercee a Santa María que o guarecesse du˜a grand’enfermidade que avia; e ela, como sennor poderosa, guarecé-o”, en la que en el rey que la protagoniza, se puede reconocer al mismo Alfonso, y en su curación interviene igualmente la Virgen María.
También en la cantiga 235, ya referida, que es más larga, y cuyo título es: «”Esta é como Santa Maria deu saude al rey don Affonso quando foi en Valadolide enfermo que foi yugado por morto”», y que narra no sólo la enfermedad del monarca, cuya índole no se cita, en esa ciudad, donde la Virgen sana al rey, afectado de “febre géeral”, poniéndole sus manos sobre el cuerpo; sino que también relata la cantiga las enfermedades padecidas en Requena, en Montpellier y en Vitoria (reitera ésta, y aquí parece ser que se refiere a la misma de la cantiga 209), y en Valladolid. Del texto dos de las cantigas -209 y 235- se desprende eran de una gravedad tal que pusieron al monarca al borde de la muerte (en las dos ocasiones, Vitoria y Valladolid, se plasma que el rey emite “un grito de dolor”).
Además, la cantiga 235 hace referencia también a las conjuraciones de los nobles frente a Alfonso; la ejecución que ordena, sin juicio previo, de su hermano el príncipe don Fadrique -ya mencionada- y a otro noble, y la condena a su hermano Enrique; su encuentro con el papa Gregorio X en Beaucaire, en 1275, y la calurosa acogida que recibe a su regreso, recogiendo en síntesis un período de la vida del monarca, entre 1269 y 1278.
Últimos años y muerte
Los últimos años de la vida de Alfonso X se vieron ensombrecidos cuando, como se ha mencionado, el primogénito y heredero al trono, Fernando, murió. Al profundo sentimiento del monarca se unió el hecho de que nombrara sucesor a su hermano Sancho en vez de a los hijos de Fernando, los infantes de la Cerda.
El rey, se hallaba gravemente enfermo, con su hidropesía marcada y con el cáncer de su órbita izquierda avanzado y la pérdida del globo ocular de ese lado; sin apenas ingerir alimentos, e incluso parece ser despidiendo un olor nauseabundo. Recluido en el Alcázar, contando sólo con la compañía de su hija Beatriz, desheredó y maldijo a Sancho.
Antes de su muerte, que se produjo el 4 de abril de 1284, posiblemente por un fallo renal y cardíaco, dejó dos testamentos: el primero, en el que nombraba herederos de la corona a los dos hijos de Fernando; y otro, posterior, lleno de ambigüedades y donde no designó a ningún heredero.
En cuanto a su enterramiento, en los testamentos reales, fechados en Sevilla, en el invierno entre 1283 y 1284, no coinciden sus deseos en uno y otro, quizás como un testimonio más de su inestabilidad emocional. En uno, deja esta elección a los cabezaleros (personas encargadas de de cumplir su última voluntad): “…pero si los nuestros cabezaleros tovieren por mejor…”, y, en otro, que su cuerpo sea enterrado “…en Sevilla, mandamos que lo fagan enterrar alli do tuvieren e entendieren que es mejor; pero de esta guisa: que la sepultura non sea muy alta, e si quisieren que sea alli donde el Rey Don Fernando e la Reyna Doña Beatriz yazen…”, y sus entrañas “…e que saquen lo otro de nuestro cuerpo e lo lleven a enterrar al monesterio de Sancta Maria la Real de Murcia…”, y aunque él deseaba “…cuando sacaren el nuestro corazon para llevarlo a la Sancta tierra de Ultramar, segund que es ya dicho,”, finalmente, el encargado de realizar esta petición parece ser que añadió el corazón a las entrañas que yacen en Murcia.
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