Ganglios Inflamados en Niños: Causas, Síntomas y Tratamiento

02.11.2025

Las adenopatías son un motivo de consulta frecuente en pediatría, y aunque lo normal es que estén relacionadas con infecciones, es importante conocer una serie de aspectos.

¿Qué son las Adenopatías?

Las adenopatías son ganglios linfáticos que se inflaman o aumentan de tamaño. Los ganglios linfáticos son pequeñas formaciones que forman parte del sistema inmunológico de los niños, y que se encuentran diseminados por el cuerpo, por ejemplo, en la zona del cuello y en la región inguinal.

Estos ganglios se inflaman cuando se activa el sistema inmune, por ejemplo, por infecciones, pero también por otras causas, algunas de riesgo. Cuando aumentan mucho de tamaño se denominan adenopatías, y se palpan como bultos o tumoraciones. Las que más frecuentemente se suelen detectar se localizan en el cuello, bajo la mandíbula o en la parte posterior de la cabeza, ya que son más superficiales.

¿Qué son los Ganglios Linfáticos y Cuál es su Función?

Los ganglios linfáticos son unos pequeños órganos redondeados con forma de alubia que forman parte del sistema linfático. A su vez, el sistema linfático y, por tanto, los ganglios, son un componente crucial en el funcionamiento de nuestro sistema inmunológico, el cual protege al organismo de posibles infecciones y otras enfermedades y de su diseminación.

Este sistema linfático está compuesto por vasos, algo más grandes que los capilares y más pequeños que las venas. El líquido que baña las células de nuestro cuerpo -líquido intersticial- es recogido en parte por los capilares y en parte por el sistema linfático. Este líquido, ya como linfa o líquido linfático, es transportado lentamente hasta el sistema venoso y de ahí al corazón.

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La linfa está formada sobre todo por agua, proteínas, minerales y otros nutrientes y, a su vez, por células dañadas o partículas extrañas como bacterias o virus y en casos de cáncer, por células cancerosas. Toda la linfa pasa por los ganglios linfáticos, que están situados estratégicamente, y, en ellos, la linfa se depura de células lesionadas, células cancerosas y partículas extrañas.

Los ganglios linfáticos contienen glóbulos blancos especializados (por ejemplo, linfocitos T y B y macrófagos), diseñados para englobar y destruir células dañadas, células cancerosas, microorganismos infecciosos y partículas extrañas. Así pues, las funciones principales del sistema linfático son eliminar del organismo las células dañadas, evitar la propagación de una infección (lo más frecuente) o un cáncer, además de diseminar la respuesta inmunitaria por el resto del cuerpo.

La mayoría de los ganglios se localizan bajo la piel en puntos estratégicos del cuerpo, sobre todo, en cuello -cervicales y supraclaviculares-, axilas e ingles; otros no son accesibles. Estos ganglios suelen medir desde medio centímetro a un centímetro de diámetro, aunque en la ingle pueden alcanzar los dos centímetros en situación normal. En ocasiones, estos ganglios pueden palparse por debajo de la piel.

En los niños y adolescentes pueden notarse a veces los ganglios simplemente porque son más grandes y la piel a esta edad es más delgada sin necesidad de que eso indique adenopatía. Además, en esta edad las infecciones son más frecuentes y la respuesta inmune, más intensa.

¿Qué Síntomas Producen las Adenopatías?

El principal síntoma que producen las adenopatías es la presencia de un bulto que puede ser palpable o incluso visible, especialmente cuando el niño mueve el cuello. A veces pueden estar acompañados de dolor o de inflamación en la zona afectada.

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En algunos casos, las adenopatías pueden ser el único síntoma. Otras veces, pueden aparecer junto a fiebre, febrícula u otros signos de infección, o bien otros relacionados con su posible origen, como por ejemplo alguna herida.

Además del aumento de tamaño, la inflamación de los ganglios puede producir síntomas como sensibilidad y dolor, espontáneo o a la palpación. Cuando la causa es infecciosa (la más frecuente) se suelen presentar los síntomas típicos de esa infección: fiebre, malestar, fatiga. Si la causa de la adenopatía es una infección de las vías respiratorias altas, pueden aparecer otros síntomas como secreción nasal o dolor de garganta.

Uno de los síntomas de la adenopatía puede ser el dolor en las articulaciones.

Cuando la adenopatía afecta a varias regiones del cuerpo, puede deberse a infecciones como la mononucleosis, toxoplasmosis, sarampión o VIH. También puede deberse a un trastorno del sistema inmunitario como el lupus o la artritis reumatoide. En este caso, podría aparecer también erupción cutánea, dolor en las articulaciones y debilidad muscular.

Si los ganglios son duros, fijos y crecen rápidamente, debe descartarse la posibilidad de que se trate de un cáncer o un linfoma.

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¿Por qué Motivos se Puede Inflamar un Ganglio?

Hay muchas enfermedades que pueden producir un incremento del tamaño de un ganglio. La causa más frecuente es una infección, sea por un virus o por una bacteria. Por ejemplo, es frecuente que se inflamen en el contexto de un catarro, una faringitis o una otitis. Otras causas serían: otras infecciones (hongos o parásitos), enfermedades inmunes, enfermedades endocrinológicas, la toma de medicamentos o la muy temida causa tumoral (linfomas o leucemias).

Aunque el hallazgo de la inflamación de un ganglio genera mucha angustia en la familia por la posibilidad de un proceso maligno, tenéis que saber que esta causa es muy improbable.

¿Cuáles son las Causas de las Adenopatías?

La causa más habitual de la inflamación de los ganglios es una infección, ya sea por bacterias o por virus.

Entre las principales causas de una adenopatía están:

  • Infección: Algunas de las causas más comunes son las infecciones de las vías respiratorias altas como la gripe o el resfriado, que suelen tener origen vírico; las de los oídos, dientes y encías; las que afectan a la piel cercana al ganglio como la celulitis y la mononucleosis. Habitualmente, los ganglios que se inflaman son los más cercanos, en este caso, los del cuello. Una infección por una herida en una extremidad también puede causar adenopatía. En estos casos, es más frecuente en la axila, si es en la extremidad superior, o en la ingle, si es en las piernas. Otras infecciones mucho menos habituales que pueden provocar la inflamación de los ganglios son la tuberculosis, la toxoplasmosis, la enfermedad por arañazo de gato o enfermedades de transmisión sexual (ETS) como el herpes simple, la sífilis o la infección por VIH. Las ETS suelen producir adenopatías en la ingle.
  • Trastorno inflamatorio: Trastornos del sistema inmunitario como el lupus o la artritis reumatoide pueden provocar adenopatías. En estos casos suelen darse adenopatías en varias zonas.
  • Cáncer: Linfoma de Hodgkin, linfoma no Hodgkin, leucemia u otros tipos de tumores que se han propagado. Se trata generalmente de adenopatías generalizadas.
  • Medicamentos: Por último, la toma de ciertos medicamentos como algunos para profilaxis de la malaria, la vacuna contra el tifus o algunos anticonvulsivos pueden hacer que los ganglios linfáticos se inflamen, aunque se trata de una causa muy poco frecuente.

En ocasiones, no se conoce la causa de la inflamación. En estos casos hablamos de adenopatía idiopática y suele desaparecer por sí sola.

¿Cómo se Estudian las Adenopatías?

Para estudiar una adenopatía, el pediatra examina al niño y recoge información detallada sobre los síntomas y el historial médico, sobre todo buscando síntomas o signos que puedan estar relacionados con su origen, ya que, si bien en la casi totalidad de los casos son benignas, algunas podrían reflejar una patología severa. Por eso, es importante relatar al médico cualquier dato clínico que pueda estar relacionado, aunque parezca irrelevante.

Dependiendo de los hallazgos y del tiempo de evolución, el pediatra puede solicitar pruebas adicionales. Las pruebas más comunes para estudiar adenopatías, en casos concretos, son análisis de sangre, radiografías o ecografías, aunque en función de cada caso pueden ser necesarias otras.

Es importante realizar una exploración física completa, prestando especial atención a la exploración de todas las cadenas ganglionares, visceromegalias, lesiones en piel y exploración ORL.

  • Infecciones recientes: principalmente del tracto respiratorio superior, por la alta incidencia de adenopatías reactivas.
  • Vacunación: ver si el calendario está completo y ha habido vacunación reciente.
  • Contacto con animales.
  • Sintomatología asociada: anorexia, astenia, pérdida de peso, fiebre, lesiones cutáneas, artralgias, diátesis hemorrágica.
  • Episodios previos similares.
  • Adenopatía: tamaño (medir con regla), consistencia, movilidad, dolor a la palpación, fístulas cutáneas y signos inflamatorios locales. Es frecuente palpar ganglios linfáticos cervicales de menos de 2 cm en niños menores de 8 años sin signos inflamatorios, sin que tengan ninguna implicación patológica.
  • Visceromegalias: valorar síndrome mononucleósico, infección por adenovirus o etiología tumoral.
  • Presencia de conjuntivitis.

Valorar según los hallazgos de la historia clínica y exploración física. No se necesitan pruebas complementarias en todos los casos, ya que la mayoría, principalmente las adenitis bilaterales agudas, son benignas y autolimitadas.

  • Radiografía de tórax.
  • Ecografía de adenopatías. Según su disponibilidad y accesibilidad, podría considerarse de primer nivel. Es la prueba de imagen más útil, ya que ofrece información sobre tamaño y estructura ganglionar.
  • Estudio anatomopatológico: punción-aspiración con aguja fina (PAAF) o biopsia abierta. Sus indicaciones se resumen en la Tabla IV. Además de para el estudio anatomopatológico, permiten realizar diagnóstico microbiológico (tinción de Gram y Ziehl-Neelsen, cultivo convencional y para micobacterias, PCR para micobacterias). En la práctica, suele realizarse PAAF antes que biopsia por su accesibilidad y la rapidez de los resultados, pero la utilidad de la PAAF para el diagnóstico de neoplasias es limitada, ya que no informa adecuadamente sobre la arquitectura ganglionar. En el diagnóstico de malignidad, es bastante específica (92-100%), pero menos sensible (67-100%).

¿Cómo se Tratan las Adenopatías?

El tratamiento va a depender en gran medida de la posible causa. Muchas veces, si se trata de una infección viral, no se necesita tratamiento específico y solo se observa la evolución, ya que suelen remitir en días o pocas semanas. Si la adenopatía es causada por una infección bacteriana, esta se tratará con antibióticos y se vigilará la evolución.

El pediatra puede recomendar antiinflamatorios si hay dolor, inflamación, o son necesarios por otro motivo. La mayoría de las adenopatías desaparecen en varias semanas, pero si persisten, o incluso aumentan de tamaño o este es considerable, es posible que se realicen más estudios, para descartar causas que puedan ser más severas.

La linfadenopatía por sí misma no requiere de un tratamiento específico, sino que habrá que diagnosticar la causa y tratarla. Esta inflamación de los ganglios lo que indica, generalmente, es que el sistema inmunitario está funcionando y hay que saber por qué se ha puesto en marcha de esa forma. Lo habitual es que se trate de infecciones autolimitadas y que desaparezcan espontáneamente (como el catarro) y los ganglios vuelvan a su tamaño normal al cesar la infección.

En cualquier caso, será el médico el que establezca el tratamiento de base para la causa o el de soporte para los síntomas como dolor o fiebre.

El uso de antibióticos lo debe decidir el médico ya que hay que asegurar que la infección sea bacteriana o que se haya producido una sobreinfección por bacterias superpuesta a otra patología. Solo en casos extremos en los que el ganglio puede supurar puede recurrirse a un drenaje quirúrgico.

La adenitis aguda bilateral suele resolverse espontáneamente. No suelen ser necesarias pruebas complementarias ni tratamiento. Habitualmente, se resuelve espontáneamente en 7-10 días.

En casos con clínica sistémica (fiebre, malestar general), adenitis progresiva o persistente (>8 semanas), se recomienda realizar: hemograma, PCR o VSG, bioquímica con función hepática, prueba de tuberculina y serologías para VEB, CMV y Toxoplasma.

Tratamiento antibiótico cubriendo S. aureus y S. El fármaco de primera elección es cefadroxilo, 30 mg/kg/día en 2 dosis. También puede emplearse amoxicilina-clavulánico (40 mg/kg/día en 3 dosis). Otras alternativas son: cloxacilina (50-75 mg/kg/día en 3 o 4 dosis) y cefuroxima-axetilo (30 mg/kg/día en 2 dosis). Clindamicina (20-30 mg/kg/día en 3 dosis) puede emplearse en pacientes con reacciones de hipersensibilidad inmediata a beta-lactámicos y niños procedentes de zonas con altas tasas de resistencia a meticilina en los S. aureus adquiridos en la comunidad. Otra alternativa en caso de sospecha de S. aureus resistente a meticilina es cotrimoxazol (8-12 mg/kg/día de trimetoprim en 2 dosis). En niños mayores con enfermedad periodontal, se recomienda asegurar buena cobertura frente a anaerobios (amoxicilina-clavulánico, clindamicina).

La mayoría de casos mejoran en 48-72 horas, aunque pueden tardar varias semanas en resolverse por completo. Si no hay mejoría tras 48 horas de tratamiento antibiótico correcto, se recomienda realizar ecografía, para descartar la presencia de abscesificación, y puede valorarse PAAF para intentar aislar la bacteria responsable. Los casos con fluctuación, fistulización o datos de abscesificación en la ecografía deben ser valorados por el cirujano. En aquellos casos en los que no hay datos de abscesificación, pero sigue existiendo clínica de adenitis aguda pese al tratamiento antibiótico oral, se recomienda ingreso para tratamiento intravenoso y descartar otras etiologías.

  • Enfermedad por arañazo de gato: suele curar espontáneamente en 1-3 meses. Valorar tratamiento con azitromicina 10 mg/kg/24 horas v.o. durante 5 días en pacientes con clínica sistémica (acorta la sintomatología) e inmunodeprimidos.
  • Adenitis tuberculosa: en caso de sospecha, se recomienda remitir al paciente a un centro con experiencia en el manejo de tuberculosis pediátrica. El tratamiento es análogo al de la forma pulmonar de la enfermedad: se recomienda iniciar 4 fármacos (isoniazida, rifampicina, pirazinamida y etambutol) hasta conocer la sensibilidad de la cepa del paciente o del caso índice. El tratamiento con etambutol se suspenderá si se confirma sensibilidad de la cepa al resto de fármacos de primera línea. El tratamiento de inicio se mantendrá durante dos meses y, posteriormente, se continuará durante 4 meses con isoniazida y rifampicina. No se recomienda prolongar el tratamiento en caso de supuración o fístula. En caso de tuberculosis resistente, se emplearán pautas más prolongadas en centros especializados.
  • Adenitis por micobacterias no tuberculosas: la actitud debe individualizarse según las características de la adenitis (Figs. 4 y 5). El tratamiento de elección es la exéresis quirúrgica, que debe realizarse lo más precozmente posible, especialmente antes de que aparezca fistulización espontánea (dificulta la intervención, asocia mayor morbilidad quirúrgica y peor resultado estético). La principal complicación de la cirugía es la paresia de la rama mandibular del nervio facial, pero en la mayoría de casos, es transitoria. No debe realizarse exéresis parcial ni incisión y drenaje, ya que aumentan el riesgo de fistulización crónica y recidivas. Se puede plantear el tratamiento médico inicial en adenitis de alto riesgo quirúrgico, por su localización anatómica, extensas, bilaterales o con fistulizaciones múltiples. No hay evidencia sobre la pauta antibiótica más eficaz, pero en la actualidad, se recomienda tratamiento combinado, incluyendo un macrólido (claritromicina o azitromicina) junto a etambutol, rifabutina o ciprofloxacino durante 3-6 meses, según la respuesta clínica.

¿Cuándo es Preocupante la Presencia de Adenopatías?

Las adenopatías son muy frecuentes y no hay forma de prevenirlas, ya que normalmente suelen ser una respuesta del cuerpo a infecciones. Sin embargo, en casos puntuales sí pueden ser la manifestación de una enfermedad grave. Por eso, aunque la mayoría sean benignas y con un pronóstico excelente, siempre debe consultarse a un pediatra ante su aparición.

Si además el niño asocia otros síntomas como decaimiento, palidez, pérdida de peso o mal aspecto, se debe acudir sin demora, ya que puede que sea necesario realizar una valoración de manera rápida.

Si noto los ganglios inflamados, ¿cuándo debo acudir al médico?

Si la adenopatía es localizada, pequeña (menos de 2 cm) y coincide con síntomas claros de una enfermedad como una infección de vías respiratorias (tos, mucosidad, fiebre), lo lógico es pensar que esa enfermedad es la causa. Cuando el catarro ceda, lo hará la adenopatía. Será la gravedad de esa infección y no la aparición de la adenopatía la que nos debe aconsejar por sentido común el acudir o no al médico.

Si no hay síntomas acompañantes de la adenopatía y, por tanto, no hay causa aparente, o si aparecen en varias zonas del cuerpo, es necesario acudir al médico.

También debe acudirse al médico cuando la adenopatía supera los dos centímetros, si supura, o si no cede en un plazo de dos a tres semanas. Si las adenopatías no son dolorosas y se acompañan de fiebre, sudoración nocturna o pérdida de peso, también debe acudirse al médico, especialmente si hay factores de riesgo para tuberculosis o VIH (inmunodepresión o relaciones sexuales de riesgo).

En el caso de las adenopatías inguinales, si no hay una causa clara y leve como una herida no grave en la pierna, debería acudirse al médico para descartar una enfermedad de transmisión sexual. Este signo puede ser el primero que indique una ETS y el diagnóstico y tratamiento precoz son claves.

¿Qué Signos Deben Preocuparme?

Si el ganglio es muy duro, como una piedra.

Si está adherido, no lo podemos mover con los dedos.

Si tiene un tamaño grande, mayor de 3cm y cada vez crece más.

Si se localizan en la zona supraclavicular (encima de la clavícula) o epitroclear (en el codo).

Si aparecen por todo el cuerpo, de forma generalizada.

Si el niño/a ha perdido peso recientemente.

Si tiene fiebre des de hace más de una semana, sudores importantes por la noche, dolores generalizados o está muy pálido.

Si tiene la barriga muy distendida (hinchada).

Si aparece alguno de estos signos de alarma, debemos consultar de forma urgente con nuestro pediatra. Y ante cualquier duda, por supuesto, consultar.

¿Es la Inflamación de los Ganglios una Afección Común?

Aunque, existen pocas investigaciones sobre su incidencia, las adenopatías representan una de las principales consultas en Atención Primaria. Según un estudio llevado a cabo en Holanda, una vez diagnosticadas -lo que se consigue en el 90% de los casos-, la mayoría resultan ser benignas, causadas por infecciones comunes y cesan espontáneamente o con el tratamiento adecuado.

Los ganglios inflamados en el niño suele suscitar preocupación en las mamás y los papás, y es un motivo habitual de consulta en pediatría. Sin embargo, en la mayoría de los casos no debe de asustarnos. Los ganglios son como unos centinelas que se ponen en guardia cuando algo no funciona en el organismo, aunque se trate de un trastorno sin importancia.

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