Gestación Subrogada: Riesgos y Explotación

03.01.2026

La gestación subrogada, también conocida como vientre de alquiler, es un "servicio" de carácter polémico.

En una decisión histórica, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el jueves 14 de noviembre de 2024 una resolución que condena explícitamente la gestación subrogada como práctica explotadora de la mujer. La resolución de la ONU, que destaca en su párrafo 16 las preocupaciones éticas inherentes y los riesgos de explotación asociados a la gestación subrogada, subraya especialmente su impacto negativo en mujeres y niños.

“La resolución marca un hito en la lucha global contra la gestación subrogada, una práctica que reduce al ser humano a una mercancía y vulnera principios esenciales de dignidad”, declaró Pablo Siegrist, vicepresidente de One of Us y Director General de la Fundación Jérôme Lejeune.

Desde su posición en la vicepresidencia de One of Us, la Fundación Jérôme Lejeune ha liderado los esfuerzos para la abolición de la gestación subrogada, considerándola una violación de los derechos humanos. La Fundación Jérôme Lejeune y su Cátedra Internacional de Bioética Jérôme Lejeune han puesto de manifiesto desde hace años, en particular en este informe sobre gestación subrogada, los numerosos problemas de índole médica, ética y legal que plantea esta práctica.

Implicaciones Bioéticas y Legales

Entre otros, los siguientes:

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  • Las implicaciones bioéticas para la vida y la salud del nasciturus, para la salud de la mujer gestante y posibles riesgos.
  • La posibilidad de eugenesia prenatal si el niño padece alguna discapacidad.
  • El condicionamiento de la libertad de la mujer vulnerable, o la ausencia de autonomía, al accede a esta práctica con un consentimiento no completo.
  • El uso del cuerpo de la mujer como un objeto.
  • La mercantilización de la mujer en países del tercer mundo o en vías de desarrollo.
  • La mercantilización de la gestación, los problemas derivados del registro del hijo gestado y la no búsqueda prioritaria del interés superior del menor.
  • La vulneración del derecho del niño a conocer a sus padres biológicos y el posible abandono de niños con discapacidad intelectual.

La Federación Europea One of Us insta a los responsables políticos europeos a seguir el ejemplo de la ONU y adoptar legislación que proteja a mujeres y niños frente a los riesgos de la gestación subrogada.

Además, este negocio se basa en un mercado transnacional. La gestación subrogada es ilegal en numerosos países, lo que provoca que en la mayoría de los casos las parejas solicitantes tengan que desplazarse a otro país donde esta práctica sí sea legal. Allí contratan el servicio para volver después a su país de origen.

El Debate Ético

Esta práctica se ha estado cuestionando desde hace varios años. Esto se debe a que algunas personas defienden que se trata de una cuestión que afirma la autodeterminación y la libertad de las mujeres, mientras que otras afirman que atenta contra los derechos de las mujeres y los niños. En el primer caso, lo hacen defendiendo la siguiente afirmación: “Mi cuerpo, mi decisión”. Afirman, así, que las mujeres pueden determinar lo que hacen con su propio cuerpo, sin que nadie decida sobre él y su idea de querer ayudar a alguien. En el segundo, defienden que atenta contra los derechos porque se trata de una actividad en la que no se tienen en cuenta los sentimientos y emociones de las mujeres durante los procesos de gestación.

Dentro de las personas que contratan este servicio encontramos a muchos famosos. Por ejemplo, hace poco se reveló el caso de Ana Obregón, que a sus 68 años ha tenido una hija por gestación subrogada.

Desigualdades y Violencias Estructurales

Uno de los principales problemas que presenta la gestación subrogada es que ignora las desigualdades y violencias estructurales que viven las mujeres que se ofrecen como gestantes. Estos problemas estructurales son, por ejemplo, las dificultades psicológicas y simbólicas que las mujeres pueden sufrir en su entorno y que les llevan a tomar esta decisión por necesidades económicas.

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En países como Estados Unidos, las gestantes escogen esta opción para poder conseguir los fondos necesarios que les permitan pagarse la carísima educación universitaria o las grandes deudas médicas debido a la inexistencia de un sistema de salud público. A partir de aquí, el problema recae en que los defensores de esta práctica apelan únicamente a la autonomía y el supuesto libre consentimiento. Para ellos, son las propias gestantes las que se ofrecen a hacerlo de una manera “altruista” y de “donación de la capacidad de vida”.

Existen estudios que comparan la situación de los vientres de alquiler con la trata de personas para la explotación sexual o laboral. Aquí encontramos los ya citados ejemplos de la India o Tailandia, pues son otras personas (en la mayoría de casos los maridos) las que toman la decisión por ellas. Así, se podría anular el argumento de que la gestante lo hace por “libre decisión”. Además, los ingresos que reciben son solo una pequeña parte de lo que pagan las parejas al firmar el contrato. La mayor parte de este dinero va dirigido a las propias empresas.

En la actualidad encontramos personas que afirman que una buena forma de llevar a cabo esta práctica es la alternativa altruista o, en otras palabras, una que no implique transacciones de dinero. Creen que las mujeres que se ofrecen como gestantes lo hacen, como ya he mencionado anteriormente, para “donar su capacidad de vida”. No obstante, como ya hemos podido ver, lo hacen principalmente por su situación de precariedad (o porque están obligadas) y por tanto, por la necesidad económica.

Violación de los Derechos Humanos

Encontramos otro conflicto en la consideración de la gestación subrogada como una práctica que viola los derechos humanos, dado que existe una visión en la que se afirma que los vientres de alquiler se basan en convertir a la gestante en un medio de producción de bebés o incluso en “propiedades inmobiliarias” (Palmero, 2018). Esto se debe a que en muchas ocasiones los contratos recuerdan a la figura del contrato de alquiler de una casa, pues se está pagando por la estancia del bebé durante un período determinado de tiempo en el vientre de la gestante.

A este juicio se le suma el que afirma que es un acto de “pedir bebés por encargo” o, en otras palabras, de compra de seres humanos. Esta práctica nos muestra además una visión de la mujer como un mero recipiente, cuya única utilidad es ofrecer un producto. El proceso de gestación se ve así como un simple “alojamiento”. Aquí, el problema recae en que dicho proceso compromete física, psíquica y socialmente a la mujer gestante. Así pues, se la estaría deshumanizando y despersonalizando, ya que se presenta su cuerpo como una simple fábrica de bebés, que no posee emociones ni sentimientos.

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Y esto es un grave problema, pues se está separando a una madre de su hijo y, aunque ella haya “aceptado” hacerlo, durante los nueve meses que dura el embarazo podría cambiar su pensamiento o, aunque siga sin quererlo, sentir una pérdida tras un período tan largo de tiempo unida a él. Y pese a esto, sus sentimientos no importan, pues diga lo que diga la madre, el bebé va a seguir perteneciendo a los compradores y la gestante no va a tener ningún tipo de relación con él en la mayoría de los casos.

Régimen de Vigilancia y Control

Algo que no se ha tenido muy en cuenta al hablar sobre la gestación subrogada son los estrictos regímenes de vigilancia que sufren las gestantes. Estos se llevan a cabo para asegurar que el bebé nazca “en perfecto estado”. Aquí podemos ver un claro ejemplo de cómo no están tratándolo como a un ser humano, sino como a un producto. Es más, en la mayoría de casos se transfieren varios embriones a la mujer, aumentando así las posibilidades de embarazo de gemelos (algo que conlleva más riesgo en el cuerpo de la gestante). Como ya he señalado, se vigila de manera minuciosa a la gestante, y se acaba el proceso con cesárea (pese a ser esta más peligrosa que el parto natural).

Un caso muy famoso que nos permite ver estos estrictos regímenes de vigilancia es el de Kim Kardashian. Ella restringió a la gestante su actividad sexual en las semanas previas y posteriores a la inseminación. Y no solo esto, sino que también le prohibió que entrara en saunas, se tiñera el pelo o bebiera más de una bebida con cafeína al día. Vemos así que se hipervigila a la mujer, no se tienen en cuenta sus necesidades, y se trata al bebé como un producto que no debe salir “defectuoso”.

Algunos defensores de la gestación subrogada también defienden que no se puede acusar a esta práctica de ser una compra-venta de bebés. Afirman que en la mayoría de los casos, la pareja que paga por el bebé es la que transmite la carga genética, y por consiguiente no se podría considerar como madre a la gestante. No obstante, no en todos los casos son los compradores los que transmiten la carga genética.

La Legalidad en España

Por último, cabe recalcar el tema de la legalidad de esta práctica. En España se admite jurisprudencialmente que la libertad de procreación forma parte del libre desarrollo de una persona, pero no que exista un derecho a la reproducción. En consecuencia, no se acepta la gestación subrogada, pues la mujer no está ejerciendo el derecho a procrear en su libertad individual. Pese a esto, el ordenamiento jurídico español no recoge una ley que regule los vientres de alquiler. Además, el derecho a la maternidad no implica que una persona tenga derecho a tener un hijo, sino que hace referencia al respeto a la dignidad y el libre desarrollo de la persona y sus decisiones, si estas no atentan contra la dignidad y los derechos de otras.

En definitiva, hay numerosas razones que nos muestran por qué la gestación subrogada debería ser ilegal en los lugares en los que todavía no lo es.

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