Gracia Montes: Biografía de una Voz Inconfundible
Llamada María Gracia Cabrera Gómez, Gracia Montes nació en Lora del Río (Sevilla) el 1 de marzo de 1936 en el seno de una familia de clase media dedicada a la agricultura y ganadería. Fue la mayor de cuatro hermanos.
Inicios y Formación
Por su afición al cante, admiradora de Juanita Reina y otras grandes del género, consiguió el permiso paterno para recibir clases en Sevilla de una maestra genuina de la copla y el baile, Adelita Domingo, de cuya academia salieron muchas artistas de renombre. Gracia Montes lo sería, por encima de la prohibición de sus padres para irse con la compañía de variedades de Pepe Pinto y la Niña de los Peines.
Su debut había tenido lugar en 1951 en el espectáculo Del corazón a los labios. En 1953 sería La copla por bandera.
Ascenso a la Popularidad
La popularidad de Gracia Montes, cuando ya brilló con luz propia tras aquellos primeros años en la compañía de Pepe Pinto, le surgió al comparecer en "Cabalgata Fin de Semana", un ameno programa radiofónico que dirigía y presentaba Bobby Deglané, "el inventor de los concursos". Tiempos en los que cuando en España aún no había llegado la televisión, la radio era el medio por el que los españoles se entretenían con muchos de sus espacios trufados de canciones, muchas de ellas del género conocido como copla. Y en el mencionado, Gracia Montes se dio a conocer con una pieza del aragonés Francisco de Val: "¿Será una rosa, será un clavel?".
Aquella copla se la inspiró al autor el matrimonio formado por el matador de toros Antonio Ordóñez y Carmina Dominguín cuando acudió a una fiesta en el domicilio del matrimonio. Carmina se encontraba en estado de buena esperanza, otra frase común en esa circunstancia. De Val se inventaría luego un par de nombres en la letra de la copla, según fuera rosa, o clavel, niña o niño. Y lo que alumbró la hermana de Luis Miguel fue una nena que, con el tiempo, daría mucho que hablar: Carmen Ordóñez, primera esposa de Paquirri, de vida independiente tan conocida, lo que nos lleva a no explayarnos más, cuyo trágico final es del dominio público. Ella era "la rosa" de aquella copla estrenada por Gracia Montes.
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Otras canciones del mismo periodo fueron: "Palito de ron", "El chapinero", "Cariá la sanluqueña", "La romera", "Una rosa colorá"… Eran de ambiente andaluz, con letras muy populares relacionadas con el folclore sureño, a veces con ritmo de sevillanas, rumbas, zambras… La voz de Gracia Montes siempre tuvo un suave pellizco flamenco personalísimo. Y en público, con su belleza y atractiva figura, también era poderoso reclamo para ir ganando cada vez más admiradores.
En un principio se creó como zambra pero después, Gracia Montes le insufló un aire más alegre, de ritmo rumbero. Rafael de León, el mejor de los letristas del género, le escribió "Moscatel".
Retiro Temporal y Regreso
Y cuando con el siguiente espectáculo, Coplas al viento, la artista se encontraba en su mejor momento artístico, cayó en las redes amatorias de un empresario catalán, apellidado Balañá, emparentado con el clan de regentes de plazas de toros y salas cinematográficas. Este caballero prohibió a su novia que siguiera cantando. Y la obligó a "encerrarse" en su casa de Lora del Río, alejada de los escenarios y las grabaciones discográficas.
Antes de aquel extraño y lamentable noviazgo Gracia Montes sólo había tenido un par de relaciones. Una con Fernando Ortega, sobrino de Manolo Caracol, y otra con su representante artístico, Rafael Vargas, hermano de El Príncipe Gitano. Balañá sólo la quería para divertirse con ella de cuando en cuando, sin gana alguna de formalizar aquel romance, propio de un pasado lejano, con aquel novio machista. Y a los ocho años, dejaron ya de verse.
Reapareció Gracia Montes en 1965 con el espectáculo La rosa de las marismas en el sevillano teatro San Fernando, que le escribieron los muy competentes Ochaíta, Valerio y Solano. Bien acogida por crítica y público, pero justo cuando la copla iniciaba un largo periodo de decadencia y lo que se difundía en la radio y en la casi reciente televisión eran otros ritmos modernos. No obstante, con la mayor dignidad, Gracia Montes pudo continuar actuando en las siguientes décadas. Los espectáculos de variedades fueron desapareciendo a partir de los años 80.
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Últimos Años y Legado
Gracia Montes siguió grabando más discos, siempre con la casa Columbia, y apareciendo en salas de fiestas y programas de televisión. En la década de los 90 la copla volvió a tomar más aliento y Gracia pudo seguir su carrera, ya con menos eco, hasta que, sin anunciar desde luego su retirada, fue dando poco a poco término a su fructífera carrera musical. El sello de su voz siempre fue para las jóvenes intérpretes que han seguido manteniendo el género un ejemplo.
Tras vivir varios decenios en Madrid en el barrio de Argüelles, regresó a Sevilla en los 80. Le conocí una íntima amistad con un periodista sevillano. Aquello pudo ser un amor ya más platónico, tranquilo, o, en todo caso, sin visos de casamiento por mucha pasión que ambos quisieran demostrarse. Gracia Montes siguió soltera.
Elegante, con una voz inimitable, buena persona y artista. Así describen quienes la conocieron a Gracia Montes, una grande de la canción. Con su muerte la copla pierde a otra de sus grandes representantes, nacida en Lora del Río el 1 de marzo de 1936. La artista llevaba dos años enferma a causa de un ictus -en 2006 sufrió un aneurisma, pero se recuperó bien-.
Gracia Montes ofreció uno de sus últimos conciertos en el siclo Sevilla y la copla, en el teatro Lope de Vega de Sevilla.
Murió el 2 de junio de 2022 en su casa de Sevilla. Sus restos fueron llevados al tanatorio de la SE-30 de Sevilla, y este viernes por la mañana será trasladada a la iglesia de la Asunción, de Lora, y posteriormente al cementerio de dicha localidad.
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Reconocimientos
El Ayuntamiento de Lora del Río ha expuesto la presentación de las biografías de sus dos hijos predilectos, Gracia Montes --en el primer aniversario de su muerte-- y el catedrático emérito de literatura, Rogelio Reyes, a través de la presentación del libro 'La plaza del reloj'.
El pasado 1 de marzo tuvo lugar en esta misma plaza del Reloj la presentación del libro 'Gracia Montes, la voz de cristal', que supone la "primera biografía" escrita de la cantante de Lora del Río.
Gracia Montes recibiendo la medalla de Hija Predilecta de la Villa de Alcalá del Río, Sevilla.
Testimonios
Benítez recuerda que siempre que hablaban por teléfono, ella le cantaba. "Era educada, elegantísima, no salía a la calle sin estar maquillada y arreglada. Se maquillaba poco, sólo un polvo de cara y ya está. Vestía muy bien, y llevaba unos peinados especiales. Gracia se ponía unas peinecillas de brillantes y el pelo recogido en un moño". En aquella época la peinaba Durán, "el mejor peluquero que había en Madrid", y la maquillaba el gran Juan Pedro Hernández.
De Montes dice también que era "muy exquisita, no se ponía cualquier cosa. Era como Manuela Vargas. Un personaje de los que ya no hay. Porque con el arte se nace". Su hermana Encarni siempre la acompañó. "Era buenísima, una santa en vida cuidando a su hermana Gracia. Incluso dejó a un novio con el que se iba a casar para seguir a su hermana y no dejarla sola. Encarni era más joven que Gracia, pero la cuidaba como a una hija", cuenta.
Tony afirma que Gracia era "una mujer especial. Una de las folclóricas más elegantes que hemos tenido. Se ha perdido una gran artista, ya sólo queda Carmen Sevilla, y cuando ella muera, se acabó". Porque las artistas de antes "eran divas. Cuando Gracia Montes iba a cantar la seguía la policía, para evitar tumultos. Ella iba vestida con abrigos largos de visón blanco...".
Sobre su voz, Justo Salao es rotundo: "Tenía una voz impresionante, no se parecía a nadie, con mucha personalidad. Era inimitable".
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