Hematoma Cefálico en Recién Nacidos: Causas y Tratamiento

08.12.2025

El hematoma cefálico es una acumulación de sangre en el espacio subperióstico del neonato, localizado en la región parietal, frecuentemente unilateral, que aparece durante las horas o días posteriores al parto. Los partos prolongados, traumáticos o instrumentalizados favorecen su aparición, aunque también se puede producir espontáneamente.

¿Qué es un traumatismo?

Técnicamente, se define como traumatismo cualquier alteración física o funcional producida por una fuerza externa que ocasiona un daño físico en la zona sobre la que se ha producido. Es decir, se trata de una lesión producida al golpearnos con algo duro.

Traumatismos Craneoencefálicos (TCE) en Niños

En bebés y niños pequeños debemos prestar especial atención al traumatismo craneoencefálico (TCE), lo que coloquialmente conocemos como un golpe fuerte en la cabeza.

Se estima que uno de cada diez niños sufrirá un TCE no banal a lo largo de la infancia.

En niños menores de dos años, la causa más frecuente que produce un traumatismo craneoencefálico son las caídas accidentales. Estas pueden producirse por descuido de los cuidadores cuando son más pequeños o estar relacionadas con el inicio de la deambulación (fase del desarrollo en la que comienzan a desplazarse por sí mismos) cuando son un poco más mayores.

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Los accidentes de tráfico como pasajero o por atropello son la segunda causa más frecuente de traumatismo craneoencefálico en la infancia.

Frecuencia de Hemorragias en Recién Nacidos

Alrededor de un 1% de los recién nacidos presentan hemorragias, si bien sólo la mitad de éstas son de importancia clínica. Su frecuencia es más elevada en las unidades de cuidados intensivos neonatales donde pueden alcanzar prevalencias del 10-20%.

Causas del Hematoma Subgaleal

El hematoma subgaleal ocurre cuando se produce un sangrado en el espacio subgaleal, que es un área amplia y flexible que permite la acumulación de sangre.

Etiología de los Trastornos Hemorrágicos del Recién Nacido

La trombocitopenia es la causa más frecuente de sangrado en el neonato. A continuación se describen brevemente otras causas de sangrado en el recién nacido que se dividen en hereditarias y adquiridas.

Causas Adquiridas

Representan la etiología más frecuente de sangrado en el recién nacido. Se suelen relacionar con el consumo de factores de coagulación o plaquetas en el contexto de sepsis o coagulación intravascular diseminada (CID). A continuación se detallan algunas de estas causas.

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Déficit de Vitamina K

Con este nombre se conocen las hemorragias que ocurren en el recién nacido como consecuencia del déficit de vitamina K. El déficit de vitamina K puede presentarse hasta los 6 meses de vida.

En función de la edad de presentación, esta entidad se clasifica en precoz (≤ 24h de vida), clásica (≥ 24h-7 días de vida) y tardía (> 2 semanas de vida).

En cuanto a las pruebas diagnósticas, debemos sospechar esa entidad cuando en la analítica inicial se encuentre un tiempo de protrombina (TP) y tromboplastina alargado con un fibrinógeno y cifras de plaquetas normales.

Coagulación Intravascular Diseminada (CID)

La CID es un proceso fisiopatológico adquirido en el que coexisten la activación y la desregulación de los sistemas de coagulación y fibrinolítico. Es una situación grave que provoca la formación de trombina con depósitos de fibrina, consumo de factores de coagulación y plaquetas, todo ello asociado a un fallo multiorgánico.

Enfermedad Hepática

Una hepatopatía puede manifestarse como un trastorno hemorrágico, ya que muchos de los factores de la coagulación se sintetizan aquí.

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Causas Hereditarias

Hemofilia

Las hemofilias A y B son el trastorno hereditario de la coagulación que más frecuentemente se manifiestan en el período neonatal. La hemofilia A o clásica se debe a un déficit del factor VIII, y afecta a 1/10.000 varones nacidos vivos. La hemofilia B o enfermedad de Christmas es debida a un déficit de factor IX y tiene una incidencia mucho menor, de 1/50.000 varones nacidos vivos.

Enfermedad de Von Willebrand

Es el trastorno hereditario de la coagulación más frecuente en la población general (el 1% de la población presenta disminución del FvW). Su herencia es fundamentalmente autosómica dominante, afectando a nivel cuantitativo o cualitativo la producción del factor.

Otros Trastornos de la Coagulación

Este grupo comprende una serie de déficit autosómicos recesivos que afectan a diversos factores de la coagulación. Todos ellos pueden manifestarse en los primeros días de vida. Los más frecuentes son las deficiencias en el fibrinógeno y en los factores VII, X y XIII.

Evaluación Diagnóstica del Recién Nacido con Hemorragia

El diagnóstico y manejo adecuados del recién nacido con hemorragia dependen del reconocimiento precoz por parte del clínico de un sangrado anormal junto con el inicio de las investigaciones apropiadas.

Anamnesis

La historia clínica debe incluir los datos siguientes:

  • Antecedentes familiares de hemorragias o trombosis.
  • Consanguinidad: antecedentes de otro hijo con trastornos hemorrágicos. En partos gemelares, situación del gemelo y valorar diferencias por el sexo.
  • Medicamentos maternos: especial atención a fármacos anticonvulsivantes y anticoagulantes.
  • Datos sobre embarazo: antecedentes de trombopenia materna, preeclampsia, sífilis, rubéola en el primer trimestre. Edad gestacional.
  • Sexo del recién nacido.
  • Problemas obstétricos y distocias.
  • Administración o no de vitamina K en el período perinatal, dosis y vía.
  • Período neonatal inmediato: enfermedad, fármacos, procedimientos realizados en el recién nacido.
  • Tipo y lugar del sangrado.

¿Qué consecuencias puede tener un TCE?

Tras un traumautismo craneoencefálico o un golpe leve en la cabeza, la mayoría de las veces solo se producen lesiones superficiales, como hematomas, heridas y dolor en la zona del golpe. Pero en ocasiones, el traumatismo puede ser fuerte y más grave y ocasionar daños en el cerebro del niño.

En concreto, debemos tener especial cuidado con aquellos golpes producidos por caídas desde sitios elevados como el cambiador o la cuna, o los causados por accidentes de tráfico.

La gravedad de un traumatismo dependerá de la posibilidad de ocasionar daño cerebral, así como de la edad del niño. En este sentido, son los menores de un año los que más riesgo tienen de sufrir lesiones cerebrales.

¿Cómo debemos actuar ante un TCE?

En la mayoría de casos, el niño con un golpe en la cabeza sólo experimentará dolor y no precisará recibir atención sanitaria. Podemos administrarle paracetamol o ibuprofeno en las dosis recomendadas para su peso, con el fin de aliviar ese dolor.

Si el niño es menor de tres meses, es recomendable que lo valore el médico, ya que siempre presentan más riesgo de complicaciones debido a la fragilidad de los huesos de la cabeza a esta edad.

Si el niño se encuentra bien, responde con normalidad a nuestras preguntas y juega como si tal cosa, podremos estar tranquilos. Solo será necesario aplicar hielo si aparece un chichón o comprimir y limpiar con agua y jabón si se ha hecho una herida.

Si el niño tiene sueño podemos dejarle dormir, despertándole aproximadamente cada cuatro horas para vigilar que sus reacciones sean normales.

Si tras dos horas de haber sufrido el golpe, el niño no vomita, se le puede ofrecer una dieta blanda. En niños alimentados con lactancia materna, debemos seguir ofreciéndola a demanda y vigilar si vomitan.

La vigilancia del niño las 24 horas posteriores a haber sufrido un TCE es imprescindible y deberemos estar atentos a cualquier signo de alarma que nos pueda indicar que la lesión o el golpe recibido está comprometiendo el cerebro del niño.

¿Cuáles son los signos de alarma que debemos vigilar tras un golpe en la cabeza?

Los signos que debemos tener en cuenta durante las 24 horas posteriores a un TCE y ante los que acudiremos a urgencias para que el niño sea valorado por un pediatra son los siguientes:

  • Pérdida de conciencia en el momento del traumatismo o posteriormente.
  • Somnolencia excesiva, dificultad para despertar.
  • Confusión, desorientación.
  • Llanto persistente, irritabilidad.
  • Dolor de cabeza continuo o de gran intensidad.
  • Vómitos repetidos que no van precedidos de náuseas (puede ser normal vomitar justo después de darse el golpe).
  • Convulsiones.
  • Movimientos anormales, debilidad o adormecimiento de cualquier miembro del cuerpo.
  • Dificultad para hablar o caminar.
  • El niño ve mal o tiene las pupilas de diferente tamaño.
  • Aparición de sangre o de un líquido claro por la nariz o los oídos.
  • La herida se ha producido en la cabeza y no para de sangrar.
  • Hematoma muy grande en la cabeza o si notamos que se puede hundir el hueso al tocar con nuestros dedos.
  • Hematoma alrededor de los párpados o las orejas.
  • La caída ha sido desde más de un metro de altura.

En general, ante cualquier síntoma o signo que consideremos anormal o nos preocupe, la pauta de actuación debe ser acudir a los servicios de urgencias con el niño.

¿Tienen que hacerle pruebas en urgencias?

Una vez en los servicios de urgencias, la primera valoración que el pediatra realizará al niño permitirá determinar su nivel de consciencia. Esta puntuación, junto con la presencia o ausencia de alteraciones en la exploración neurológica, determinan la gravedad del traumatismo y la probabilidad de daño cerebral del niño.

En ocasiones, el médico puede recurrir a la realización pruebas radiológicas como la radiografía craneal o el TAC.

¿Qué puedo hacer para prevenir un TCE?

Evitar los golpes, caídas, tropezones, lesiones o accidentes en general resulta complicado en niños pequeños, pero sí que debemos saber que la prevención es nuestra mejor aliada y que existen algunas pautas que debemos tener en cuenta en favor de su seguridad, que debe ser nuestra prioridad.

En niños menores de seis meses:

  • Asegúrate de que la cuna, el cochecito, la sillita del coche y la mochila portabebés cumplen con las medidas de seguridad establecidas por los organismos pertinentes.
  • Ve adaptando dichos dispositivos al tamaño y el peso del niño a medida que este vaya creciendo.
  • Cuando el niño va en el cochecito o la sillita de paseo, debe ir siempre bien sujeto con los arneses y cierres correspondientes, pues cualquier falso movimiento o tropezón puede provocar la caída del niño desde esa altura.
  • Nunca dejes al bebé sin vigilancia sobre sillas, camas, sofás, cambiadores, mesas… Son frecuentes las caídas desde cualquier lugar elevado al dejar al niño solo, aunque sea durante unos segundos.
  • Ten mucho cuidado al llevar al niño en brazos, porque tú mismo puedes tropezar, resbalar o caerte.
  • Es preferible no jugar con los bebés lanzándolos hacia arriba, para minimizar el riesgo de una caída.

En niños a partir de los seis meses:

  • Protege con barreras las escaleras de casa y asegúrate de dejarlas siempre cerradas.
  • No coloques cerca de las ventanas muebles, sillas, sofás o cualquier objeto al que el niño pueda subirse.
  • Es recomendable colocar cierres de seguridad en las ventanas para que no se puedan abrir totalmente.
  • Protege también los balcones con puertas de seguridad, barandillas elevadas, etc.
  • En tu hogar, evita las superficies resbaladizas y las alfombras que se puedan deslizar.
  • En los muebles procura colocar cantoneras acolchadas para evitar golpes con las esquinas, y en las puertas, pon protectores para evitar cierres violentos.
  • En el jardín, patio o terraza, plantéate instalar en el suelo una superficie absorbente de impacto en los lugares destinados al juego del niño (tobogán, columpios, etc.).
  • Hay que tener mucho cuidado con muebles u otros objetos que se puedan volcar (como la televisión) y con dejar objetos que llamen su atención en lugares elevados.
  • Es importante colocar sistemas de protección en los laterales de la cama y evitar literas o camas altas.
  • Los andadores también pueden ser peligrosos y están desaconsejados.
  • En el automóvil, sea cual sea la edad del niño, lo más importante es utilizar siempre los sistemas de retención infantil (SRI) homologados en relación con su peso y talla, aunque sea para trayectos cortos.

Cefalohematoma Bilateral Tras Parto Domiciliario No Asistido

El cefalohematoma es una colección de sangre en el espacio subperióstico secundaria a la rotura de los vasos situados entre los huesos del cráneo y el periostio.

El cefalohematoma típico se presenta como una lesión unilateral, de localización más frecuente sobre el hueso parietal, aunque puede aparecer en cualquier hueso craneal. No suele observarse alteración de la coloración del cuero cabelludo que lo cubre y no suele ser evidente al nacer, tardando en apreciarse horas o incluso días tras el parto.

Ante los cefalohematomas grandes en recién nacidos sin antecedentes de instrumentación en el parto, se debe considerar la coexistencia de otras patologías como la trombocitopenia, trastornos de la coagulación o incluso infecciones, como la producida por el parvovirus B19.

Aunque la evolución generalmente es benigna, es preciso conocer las posibles complicaciones agudas asociadas a esta lesión, tales como la fractura craneal, más frecuente cuando el cefalohematoma es bilateral, o las surgidas durante el curso evolutivo, como calcificación, infección, anemia o ictericia.

El diagnóstico diferencial debe plantearse con las lesiones craneales de localización y forma similares. De ellas, la más frecuente es el caput succedaneum , que aparece tras el parto en el vértice de la cabeza por un acúmulo de líquido en el tejido celular subcutáneo, no delimitado por líneas de sutura, acompañado en ocasiones de manifestaciones cutáneas como equimosis, púrpura o petequias.

Si el acúmulo de sangre no se reabsorbe, puede iniciarse un proceso de calcificación.

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