Rafael Echavarren: Un Héroe Anónimo en la Tragedia de los Andes
Las carambolas del azar y las decisiones condujeron a Rafael ‘El Vasco’ Echavarren a morir entre la nieve en la cordillera de los Andes, poco más de un mes después del accidente del avión que se estrelló en Argentina, cerca de la frontera con Chile. Este evento ha vuelto a la actualidad con la película de Juan Antonio Bayona 'La sociedad de la nieve'.
¿Quién era Rafael Echavarren?
Rafael Echavarren Vázquez había nacido en Montevideo (Uruguay) el 20 de agosto de 1950 y era el pasajero 32 del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que el 13 de octubre de 1972 despegó con 43 ocupantes a bordo. Como muchos uruguayos, acumulaba orígenes europeos: navarros, por parte de padre (Ricardo Echavarren Ruiz); y gallegos, por la de su madre (Sara Vázquez Isoba). Su bisabuelo paterno fue Pedro Echavarren Lecumberri, un hombre al que nunca se le habría passado por la cabeza que uno de sus bisnietos, al que nunca conoció, fuera a morir en un accidente de avión.
La mayoría, jugadores y familiares del equipo de rugby ‘Old Christian Brothers’ que iban a disputar un encuentro amistoso en Santiago de Chile, un partido que nunca se jugó. Rafael, estudiante de Ingeniería Agrícola (especialidad de Lechería), no integraba aquel equipo pero su amigo Gilberto Regules le invitó al viaje. Primer requiebro del destino. Guilberto, sin embargo, se quedó dormido aquella mañana y nunca tomó el avión. Rafael se sentó en su asiento pero le pidió a su amigo Carlitos Paez (que sobrevivió) que le cambiara de ubicación para sacar fotos del paisaje por la ventanilla. Segunda jugada.
El Accidente y sus Consecuencias
En el momento en que se estrelló el avión, aquel asiento le desgarró a Rafael el músculo de la pantorrilla y la gangrena de la pierna le mató 36 días después, el 18 de noviembre de 1972, tumbado en una hamaca, dentro de ese avión, y aterido a temperaturas bajo cero.
Uno de los hijos de Ricardo y Enriqueta fue Ricardo Echavarren Ruiz, el padre de Rafael, que heredó el trabajo en el campo. Este Ricardo se casó con Sara Vázquez Isoba y se establecieron en la estancia familiar de ‘Los Tapiales’, en el departamento de Durazno. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Rafael (1950), María Sara (1952), María Beatriz (1955) y María Pilar (1957).
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“Los primeros años de infancia los vivimos en el campo y Rafael iba a la escuela pública pero ya de adolescente fue a estudiar a Montevideo con los Padres Jesuitas y entonces vivía en casa de mis abuelos Ricardo y Enriqueta. Mi abuelo Ricardo lo adoraba. Era su nieto mayor”,”cuenta María Beatriz (Baty) Echavarren, la hermana mediana de Rafael, que ahora tiene 68 años.
El Dolor de la Familia
Aquel fatídico 13 de octubre de 1972, Baty, que entonces tenía 16 y su hermana menor, Pili, de 14, fueron a visitar a aquellos abuelos al regresar de clases de bailes en el Centro Gallego. “Al llegar a la casa, una de mis tías solteras que estaba allí nos dijo: ‘El avión en el que iban los muchachos se cayó en la cordillera’ La cara que puso entonces mi abuela Enriqueta no se me olvidará en la vida. Mi hermana y yo nos quedamos duras (petrificadas)”. Su abuela decidió entonces no contar nada a su marido, Ricardo Echavarren Laurnaga, sobre el suceso.
“Él tenía algo de demencia senil. Mi abuela recortaba todo lo que salía en el periódico relativo al accidente y quitaba el informativo de la tele. Pero el abuelo siempre sospechó”, continúa Baty su relato. Y recuerda que un día el anciano le confesó: “Me dicen que Rafael está en Europa pero yo no lo creo. Para mí que está muerto por ahí”. Y así pasó el tiempo hasta que el abuelo Ricardo falleció el 29 de mayo de 1973, un mes y medio después de que su nieto mayor fuera enterrado en el Cementerio de Buceo, en Montevideo, el 11 de abril.
Amante del Campo
Según recuerda Baty, su hermano era un joven muy alegre, al que le encanta el campo, montar a caballo, tocar la guitarra y ya había impulsado un pequeño ‘tambo’ (establecimiento destinado al ordeño y venta de leche). Cuando regresaron los supervivientes del accidente, Daniel Fernández, que entabló una estrecha amistad con Rafael en la montaña, visitaba a la familia.
“Nos contaba que mi hermano no se quejó nunca. Que, a pesar de estar tan malherido, infundía valor a sus compañeros. Y que siempre creyó que iba a vivir y que su padre lo estaba buscando”. Él fue el penúltimo en morir, antes que Numa Turcatti, que falleció el 11 de diciembre por una infección en la pierna. Según el relato de Daniel Fernández y el resto de supervivientes, Rafael les arengaba a diario con la que ya se ha convertido en una mítica frase: “Soy Rafael Echavarren y juro que regresaré”. Y realmente lo hizo. No porque su cuerpo sea el único de los cadáveres que descansa bajo tierra uruguaya sino, y sobre todo, porque lo hace día a día en el recuerdo de todos los que lo quisieron.
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Baty cuenta que Guilberto Regules, el amigo que lo había invitado al viaje y que se libró del accidente, falleció cinco años después. “Se había casado con una chica española y tenía un hijo, Diego Rafael.
Numa Turcatti: Un Compañero Inolvidable
Aquél 12 de octubre de 1972 subió al avión sin necesidad. No formaba parte de los Old Christians, un equipo de rugby que se trasladaba a Chile para disputar un encuentro deportivo, de manera que no conocía a casi nadie de sus compañeros de vuelo. Sólo a dos de ellos, sus amigos Alfredo ‘Pancho’ Delgado y Gastón Costemalle, que sí eran jugadores. Una negativa tras otra a acompañarles acabó siendo un ‘sí’ por dos razones: Montevideo iniciaba en ese momento una huelga estudiantil en la ciudad que paralizaba su rutina como estudiante de Derecho y acababa de aprobar las oposiciones como procurador. Había que celebrar. Numa Turcatti.
«La verdad es que yo empecé a conocer a Numa en Mendoza, en la noche que pasamos allí (hay que recordar que no viajan directamente desde Uruguay a Chile, se ven obligados a hacer escala en Mendoza por el temporal). Allí conocimos a unas chicas que nos enseñaron la ciudad, a Menéndez, a él y a mí, y, como agradecimiento, las invitamos a cenar. En un lugar que vendía milanesas, una de las chicas se levantó y en un papel pone el nombre de los seis y firma «amigos por una eternidad», y vaya si así fue. Ese fue mi primer contacto con Numa, un tipo callado, reservado, con cara de bonachón. Luego ya, por así decirlo, nos volvimos a encontrar en el accidente. Recuerdo que participaba en todas las actividades porque su fuerza física y su entereza mental eran increíbles, hasta que comenzó a decaer a causa de sus heridas. Fíjate que hablando con un médico hace un tiempo me dijo que, probablemente, lo que le ocurriera a Numa fuera una septicemia [infección generalizada], de ahí su falta de apetito constante. Pero siempre apoyaba, aunque ya no saliera casi del avión. Siempre se sentía su voz», confiesa Tintín.
En palabras de Daniel Turcatti, uno de los tres hermanos de Numa (se suman Isabel y Leandro, mellizo del protagonista), «fue un tipo común y corriente. Era muy deportista, le gustaba mucho jugar al fútbol» y, precisamente, esa humildad le hizo ganarse el cariño de todos, tan rápido que acabó por convertirse en uno de los supervivientes más necesarios en lo que quedó de ese avión. Su excelente forma física también le involucró en una amplia mayoría de las expediciones que se hicieron durante esos 72 días en busca de vida más allá de ese foso blanco. En una de esas, tuvo que darse la vuelta y comenzar, sin saberlo, su ocaso. Falleció el 11 de diciembre de ese año, con tan sólo 25 años y 36kg, dejando un legado de valentía y generosidad que Bayona revive en La sociedad de la nieve. «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos», rezaba la nota.
La Película "La Sociedad de la Nieve"
«¿De aquí cómo me voy?» fue la pregunta generalizada que se hicieron durante 72 días los supervivientes de la tragedia de los Andes, que ha vuelto a nuestras vidas 51 años después del siniestro con la película La sociedad de la nieve, de Juan Antonio Bayona, disponible en Netflix. Lo podemos intuir, porque a todos nos asaltaría esta pregunta, pero nos lo confirma Antonio Vizintín, ‘Tintín’, uno de esos 16 héroes que consiguieron salir con vida del Valle de las Lágrimas, el lugar de nombre irónico en el que cayó el avión de los uruguayos y que dio cobijo a jóvenes heridos y muertos durante casi dos meses y medio.
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Con motivo del estreno, en una entrevista exclusiva para Forbes Women, Tintín comenta que La sociedad de la nieve refleja con una precisión abrumadora la realidad que allí vivieron, el abandono, el hambre, el dolor, la desesperación, el pánico, la muerte, pero también el compañerismo, la resiliencia y la fortaleza espiritual que cultivaron todos ellos, como sociedad, en mitad de la nada. Las tareas se repartieron en función de las aptitudes para cada una de ellas. A las batidas salían quienes más resistencia tenían, los enfermos eran atendidos por quienes estudiaban Medicina, el entretenimiento corría a cargo de quienes más disfrutaban contando historias.
Tras alguna que otra reticencia por parte de la familia Turcatti, finalmente la película se montó en torno a la figura de Numa. Bayona quería hacer algo diferente a lo que ya se había hecho, dar voz a quienes quedaron atrapados por las cordilleras. Numa, uno de ellos, más concretamente, el último en perecer entre ellas. Después de aquel 11 de diciembre, nadie más murió y, finalmente, los 16 que siguieron con vida fueron rescatados unos días más tarde (Parrado y Canessa el día 22 y el resto el día 23).
Pablo Vierci, escritor y autor del libro en el que se basa la película de Bayona, participó en ella como productor asociado, de manera que fue él quien habló con su hermano, Daniel Turcatti, para comentarle los deseos del equipo de convertir a Numa en el narrador de la historia que ahora se cuenta en Netflix. En una entrevista concedida para La Nación, dice: «Sentí que el proyecto se caía al abismo cuando sus familiares me dijeron que, debido a la humildad de Numa, que se hiciera eso es algo que él no aprobaría. Pero tras una pausa me dijeron que ellos sí veían apropiado hacerle ese homenaje a su hermano». Estaban de acuerdo y la película obtuvo luz verde.
Personaje y persona comparten su lugar de nacimiento, puede que cierto parecido físico y una actitud arrolladora ante la vida, ya que Enzo es uno de los actores de teatro mejor considerados de su país a tan corta edad, y también ante la adversidad, porque Numa fue una de las personas que más dificultades tuvo para alimentarse: mantuvo casi hasta el final de sus días su negativa a probar carne humana de sus amigos ya fallecidos, y cuando lo hizo, fue en cantidades ínfimas. Con una extrema sensibilidad y acierto, quienes conocieron a Numa aseguran que el Enzo que vemos en la pantalla es el Numa con el que ellos compartieron tiempo.
Historias de los Supervivientes
Solo 29 de sus 45 pasajeros sobrevivieron al accidente. Pero tras 72 días atrapados en uno de los entornos más hostiles e inaccesibles del planeta, únicamente quedaron con vida 16 personas y actualmente viven 14.
- Javier Methol falleció de cáncer el 4 de junio de 2005 a los 79 años.
- José Luis 'Coche' Inciarte murió de cáncer el pasado 17 de julio a los 75 años.
- El uruguayo Fernando Parrado, conocido como Nando, viajaba con su madre y su hermana en el avión.
- Roberto Canessa, que caminó en busca de ayuda junto a Nando, tenía 19 años cuando se estrelló el avión.
- Daniel Fernández Strauch se casó con Amalia, su novia de entonces, y tuvo tres hijos.
- Eduardo Strauch se casó con Laura Braga y tuvieron cinco hijos.
- Carlitos Páez, hijo del famoso pintor Carlos Páez Vilaró, está muy orgullo de sus dos hijos.
- Gustavo Zerbino estuvo casado 13 años con la uruguaya Paqui, con quien tuvo cuatro hijos.
- Álvaro Mangino se casó con Margarita Arocena, que ya era su novia cuando sucedió la tragedia.
- Antonio Vizintín, apodado 'Tintín', vivió una triste tragedia tras regresar de los Andes.
- Roy Harley, conocido como el fotógrafo de los Andes, se casó tras el rescate con su novia de toda la vida, Cecilia Surraco, hermana de Laura Surraco, mujer de Roberto Canessa.
- Pancho Delgado perdió a sus dos mejores amigos en el accidente, Numa Turcatti y Gaston Costemalle.
- Tras el rescate, Moncho Sabella se fue a vivir a Paraguay.
- Pedro Algorta tenía novia cuando el avión se estrelló en los Andes.
El Viaje de Fernando Parrado y Roberto Canessa
Dos meses después de estrellarse el avión en que viajaba en octubre de 1972, después de un coma, después de ver morir a 29 personas -incluidas su madre y su hermana-, después de sufrir varios aludes de nieve y temperaturas a -40 grados; después de todo, decimos, caminó extenuado junto a su amigo Roberto Canessa durante diez días para decirle al mundo que no todos habían muerto y guiar un rescate hacia los 14 supervivientes que quedaban en el fuselaje del avión.
Reflexiones de Nando Parrado
Si tuviera que resumir todos esos días en una imagen, cuál citaría.Ese tiempo que no pasa dentro de un fuselaje helado a la noche. Las respiraciones cercanas. Y yo pensando una y mil veces cómo me iba a morir... ¿Congelado? ¿De hambre? ¿Caído en una grieta? ¿Llorando solo..?
Me veía con la responsabilidad de tirar del carro... de mi vida. Sería muy vanidoso si dijera que, ante todo, estaban las vidas de los demás, que yo era tan solidario como para no pensar en mí... No es verdad, al menos para mí: en una situación absolutamente límite de supervivencia, el instinto lleva a cuidarse uno primero... Mis amigos dicen que emanaba seguridad y confianza... Por Dios, ¡si yo estaba al borde del pánico! Me imagino cómo estarían ellos.
Es difícil por el paso del tiempo y las circunstancias de cada uno, pero ¿queda comunión entre ustedes?Por supuesto, es imposible separar de alguna forma nuestra amistad. Es como los sobrevivientes de una guerra, de un regimiento que es diezmado: los que quedan, son hermanos de por vida. Si le pasa algo a alguno de nosotros, tenemos a los demás en la puerta enseguida.
Se habla mucho ahora de la salud mental. Imagino que necesitó ayuda psicológica.Ni una sesión... El mejor psicólogo fue mi padre, quien -a pesar de su gran pérdida- el día que nos reencontramos me dijo: "Nando, para atrás no se puede modificar nada... No perdamos la segunda parte de nuestra única vida". Y fuimos compañeros durante 35 años verdaderamente especiales. En el trabajo, en las carreras, en la familia...
La Antropofagia y el Pacto de Entrega Mutua
En el avión viajaban 45 personas, 16 de las cuales fallecieron aquel 13 de diciembre de 1972 o en las horas posteriores. En los dos meses siguientes murieron 13 personas más. Numa fue el último. Ni líquenes ni hongos ni pajarillos (no había y, aunque así hubiera sido, quién tenía fuerzas para matarlos a pedradas). Uno de los primeros en saber de qué se habían alimentado fue el hermano de un superviviente, a quien acompañó en una ambulancia al hospital.
Pablo Vierci se niega a utilizar la palabra canibalismo (aunque esta expresión será la sombra del milagro de los Andes) porque fue “un pacto de entrega mutua”. Todos sabían que eran “supervivientes y combustible al mismo tiempo”. Al principio, lo hacían casi a escondidas, avergonzados, aunque acabaron guardando huesos para roerlos o chuparlos y conseguir así algo de calcio.
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