¿Cuándo se Considera Humano a un Feto?
En el mundo de la reproducción, existen palabras muy similares que pueden dar lugar a confusiones en los futuros padres. Este es el caso de los conceptos “cigoto”, “embrión” y “feto”, que todos ellos hacen referencia al futuro bebé en diferentes etapas de su desarrollo antes de nacer.
Desarrollo Prenatal: Cigoto, Embrión y Feto
Un cigoto es la célula resultante de la unión de un gameto femenino (óvulo) y un gameto masculino (espermatozoide) en el momento de la fecundación. Se trata de una sola célula con un núcleo y 46 cromosomas; 23 cromosomas del padre y 23 de la madre. Juntos, contienen la información genética del futuro bebé.
En un embarazo natural, la fusión de ambas células se produce en las trompas de Falopio, desde donde viajará hasta llegar al útero a la vez que se va desarrollando. A partir del segundo día, deja de denominarse cigoto y pasa a denominarse embrión de día 2.
El embrión surge de la división del cigoto en diferentes células. Durante el proceso de desarrollo del embrión, las células irán segmentándose en diferentes formas y el embrión recibirá diferentes nombres en función de la fase en la que se encuentre. Cuando el embrión llega a la semana 8, pasa a denominarse feto.
La principal diferencia entre el embrión y el feto es el número de células. Durante la etapa fetal, hay un nivel de especialización celular más específico: se forman los tejidos y los órganos. Esta etapa conforma el periodo más largo durante el embarazo, ya que se utilizará el nombre de feto hasta el momento del nacimiento.
Lea también: Historia y Debate: La Sopa de Feto Humano
El Comienzo de la Vida Humana: Perspectivas Biológicas y Éticas
¿Cuándo comienza la vida humana? Esta es una pregunta que ha generado un intenso debate a lo largo de la historia. Evaluaron las declaraciones que representaban el punto de vista biológico: «la vida de un ser humano comienza en la fecundación». Se utilizó este punto de vista porque las encuestas y sondeos anteriores sugieren que muchos estadounidenses y expertos médicos sostienen esta opinión.
Para Bioética Web, que analiza este estudio, “aunque las conclusiones de este artículo sugieren que un feto se clasifica biológicamente como humano en el momento de la fecundación, esta visión descriptiva no implica la visión normativa de que los fetos merecen consideración legal durante todo el embarazo. Los conceptos éticos y legales contemporáneos que motivan los derechos reproductivos pueden hacer que los estadounidenses no tengan en cuenta el punto de vista descriptivo o lo desvinculen del punto de vista normativo.
Desde la evidencia científica, el más profundo conocimiento de la naturaleza biológica del embrión y su programa de desarrollo que, arrancando con la fecundación, lo conduce hacia el nacimiento en proceso organizado, continuo y de complejidad creciente, deja poco espacio para la duda sobre su naturaleza humana.
Para la Bioética Personalista, la naturaleza humana no puede separarse de la identidad personal, poseedora de dignidad y derechos. Pero otras corrientes bioéticas establecen, no sin arbitrariedad, que los conceptos naturaleza humana e identidad personal pueden separarse, pudiendo existir seres humanos -embriones tempranos- que no sean personas y, por tanto, carezcan de dignidad y derechos. Entre tanto, millones de seres humanos, son exterminados a través del aborto, las técnicas de reproducción asistida o la investigación biomédica, porque no son considerados personas.
El Debate sobre la Regla de los 14 Días
El objetivo que perseguimos con el presente artículo es analizar críticamente los argumentos utilizados en defensa de la regla de los 14 días, referida ésta a la investigación y experimentación con embriones humanos. Dicha regla fue propuesta por primera vez hace ya más de cuarenta años, siendo muchos los países que se acogieron a ella incluyéndola en sus respectivas legislaciones.
Lea también: Formación de las Branquias Humanas
No obstante, después de cuatro décadas, la ciencia exige hoy un debate internacional en el que sea revisado con urgencia el límite que la norma impone, la cual imposibilita a los científicos poder investigar con embriones creados en el laboratorio más allá de la frontera de los 14 días. Para ello, repararemos en dos textos fundamentales en los que la regla tuvo su origen, analizando desde la bioética si los argumentos contenidos en ellos son coherentes y si pueden actualmente sostenerse.
La regla de los 14 días fue propuesta por primera vez en el año 1979, concretamente, en el informe HEW Support of Research Involving Human In Vitro Fertilization and Embryo Transfer.
Una de las conclusiones a las que llegó la Junta Asesora de Ética se encuentra referida al estatuto del embrión, admitiendo que, aunque el embrión humano merece un profundo respeto, no por ello le corresponden los mismos derechos legales y morales que han de atribuírsele a las personas, desprendiéndose de ello que el embrión no puede ser todavía considerado persona (United States, 1979: 101). Esta afirmación es altamente significativa, pues se rechaza la idea de que pueda hablarse de persona desde el mismo momento de la concepción ‒tesis defendida por la postura pro-life‒, admitiendo así que las investigaciones con embriones humanos durante las primeras fases de su desarrollo son éticamente aceptables (United States, 1979: 106), puesto que en caso de no serlo debería abogarse por su absoluta prohibición, ya que se estaría experimentando con personas, suponiendo ello un crimen de lesa humanidad.
Ahora bien, ¿dónde poner el límite? ¿Hasta qué fase del desarrollo del embrión la investigación no podría ir más allá? La respuesta es tajante: "No embryos will be sustained in vitro beyond the stage normally associated with the completion of implantation (14 days after fertilization)" (United States, 1979: 107). Si el lector aguarda a que se ofrezca alguna razón del porqué de tal límite en el informe, bien puede desistir en su espera: ningún argumento se halla en él que lo justifique.
El segundo documento en cuestión al que debemos atender es el Report of the Committee of Inquiry Into Human Fertilisation and Embryology elaborado en 1984 por el Departamento de Salud y Seguridad Social del Reino Unido. El comité estuvo presidido por la filósofa británica Mary Warnock, de ahí que dicho informe sea también conocido como Informe Warnock.
Lea también: Tercer mes de embarazo: desarrollo fetal
Tras esta argumentación, el comité se centra en el estatuto del embrión, afirmando que, aunque el embrión humano debe recibir alguna protección legal, no puede ser equiparado al de una persona, por lo que la investigación no debe estar completamente prohibida, aunque deberá estar sujeta a estrictos controles y seguimiento (Northern Ireland, 1984: 64).
"(...) the objection to using human embryos in research is that each one is a potential human being. One reference point in the development of the human individual is the formation of the primitive streak (...). Most authorities put this at about fifteen days after fertilisation. This marks the beginning of individual development of the embryo. Taking such a time limit is consonant with the views of those who favour the end of the implantation stage as a limit. We have therefore regarded an earlier date than this as a desirable end-point for research. We accordingly recommend that no live human embryo derived from in vitro fertilisation, whether frozen or unfrozen, may be kept alive, if not transferred to a woman, beyond fourteen days after fertilisation, nor may it be used as a research subject beyond fourteen days after fertilisation. This fourteen day period does not include any time during which the embryo may have been frozen.
"The formation of the primitive streak is significant because it represents the earliest point at which an embryo's biological individuation is assured. Before this point, embryos can split in two or fuse together.
Individualidad, Unidad y Continuidad en el Desarrollo Embrionario
Para tratar este asunto, la obra científica de Juan Ramón Lacadena nos ofrece algunas claves que son fundamentales para propiciar su comprensión. Lacadena sostiene que "la individualización de un nuevo ser requiere que se den dos propiedades: la unicidad ‒calidad de ser único e irrepetible‒ y la unidad, realidad positiva que se distingue de toda otra; es decir, ser uno solo" (Lacadena, 2002: 61).
En cuanto a la propiedad de la unicidad, si reparamos en el caso de los gemelos monocigóticos, su formación se debe a la división de un único embrión, la cual acontece en torno al decimocuarto día, no quedando establecida su unicidad hasta el término de la implantación. De esto se concluye que hasta el día 14 no pueda conocerse si el embrión resultante de la fecundación dará lugar a una única realidad biológica o a dos, y es por tal motivo por el que hay quienes sostienen que tal hecho prueba la imposibilidad de que el embrión pueda ser considerado persona desde el mismo momento de la concepción, al desconocerse el número de individuos al que podrá dar lugar.
Respecto a la propiedad de la unidad, hace referencia Lacadena al fenómeno de las quimeras humanas, esto es, "personas que realmente están constituidas por la fusión de dos cigotos o embriones distintos" (Lacadena, 2002: 62-63). Debido a la posibilidad de este hecho se evidencia que tal propiedad "no estaba establecida ni en los cigotos ni en los embriones fusionados" (Lacadena, 2002: 63), por lo que la unidad tampoco puede ser establecida con anterioridad a la implantación.
Ahora bien, añadido a lo anterior debe precisarse que en todo proceso biológico se ha de resaltar un aspecto muy importante que es el de la continuidad, a partir del cual se manifiesta la imposibilidad de poder fijar el momento exacto y preciso en el que el embrión adquiere ambas propiedades (Lacadena, 2002: 52).
"la imagen científica hace que el proceso de desarrollo humano desde el cigoto hasta el bebé recién nacido sea continuo, sin una fase que podamos señalar de manera inequívoca como el paso a la formación de la persona. Incluso la propia fecundación es una circunstancia más bien indefinida: tras el paso del espermatozoide al óvulo, los cromosomas tardan varias horas en unirse al genoma del individuo. Por lo tanto, el límite de 14 días no deja ser arbitrario, puesto que en el proceso embriológico no hay saltos ni cortes, sino que existe continuidad.
"The 14-day rule was never intended to be a bright line denoting the onset of moral status in human embryos. In fact, as a public-policy instrument, the 14-day rule has been tremendously successful. It has offered a clear and legally enforceable stopping point for research, because the primitive streak can be visibly identified and it is possible to count the number of days that an embryo has been cultured in a dish.
El Embrión como Ser Humano en Potencia: Epigenética vs. Preformacionismo
Rechazada la idea de que el embrión humano pueda ser considerado persona desde el mismo momento de la fecundación, el Informe Warnock parte de la tesis principal de que el embrión es un ser humano en potencia ‒sin dar mayor explicación‒, deduciendo de esta toda su posterior argumentación. Para explicar el proceso ontogenético en el que se ve envuelto el embrión podemos acudir, principalmente, a dos teorías: por un lado, a la epigenética, y por otro, a la preformacionista.
De acuerdo con la teoría epigenética, "el proceso de conformación es un proceso progresivo, de manera que las formas no están desde el primer momento, sino que se van logrando a base de interacciones" (Gracia, 2007: 261; 2006: 19). Por el contrario, para la teoría preformacionista todo está ya contenido en el embrión, y en su ontogénesis lo único que existe es crecimiento y no desarrollo, por lo que no surgen nuevas formas, sino que todo está ya dado en él desde el principio, produciéndose un simple proceso de maduración.
El preformacionismo concede una prioridad fundamental a la información genética en la conformación del embrión, aunque la ciencia ha demostrado que dicha información, aunque necesaria, en modo alguno es suficiente, requiriendo para ello de otra información extragenética, precisando además de un espacio y de un tiempo determinados.
El Debate Contemporáneo y las Perspectivas de los Expertos
¿Puede la ciencia ayudar a responder los dilemas éticos que se plantea la sociedad contemporánea? La directora de la Cátedra de Bioética Jérôme Lejeune, la doctora Mónica López Barahona, está convencida de que sí y, de hecho, cree que los avances en la investigación sobre todos los temas sensibles de la medicina y la biología actual han avanzado hasta un punto en que la moral y la ciencia pueden ir de la mano sin perjuicio de una u otra.
La doctora explica que “el manual está basado en datos científicos objetivos”. Pero, ¿realmente hay un consenso científico sobre estos temas? López asegura que sí, y el ejemplo más claro es el relativo al aborto: “La ética no puede dar juicios de valor sobre algo que no plantea la ciencia, pero los datos de la ciencia son indiscutibles. Hay vida humana desde que el embrión existe como tal. Lo que pasa es que esta información se toma luego de un lado o de otro. La discusión empieza desde que valoramos si el ser humano puede tener disponibilidad sobre otra vida humana o si vale más la vida de la madre que la del niño. Ahí está la discusión, pero que el embrión es vida humana no es discutible. Eso es el tipo de datos objetivos que pretende ofrecer el manual”.
En opinión de López ha habido mucha desinformación en cuestiones bioéticas. Un ejemplo claro, cuenta, es todo el desconocimiento que existe en torno a la píldora del día después: “Cuando la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. aprobó el uso de la píldora del día después explicó que esta tiene un posible efecto abortivo. Los jóvenes tienen derecho a saber que esto es así, pero se ha intentado ocultar sistemáticamente”.
La ciencia y la religión tienen una larga historia de enfrentamientos que, lejos de solucionarse, han seguido agravándose en el tiempo. López insiste, sin embargo, en la idea de que la ciencia no tiene porque entrar en contradicción con las doctrinas de la Iglesia. En su opinión, la problemática sobre el aborto, es un buen ejemplo de esto: “Lo que en materia de origen de la vida pone de manifiesto la ciencia está en consonancia con el magisterio de la Iglesia Católica. Pero eso no impide que una persona no creyente, al margen de un sentimiento religioso, sea consciente de que, según dice la ciencia, cuando se aborta se está eliminando una vida humana”.
Muchos científicos, en cualquier caso, no piensan lo mismo. Es el caso de Daniel Bor, doctor en neurología cognitiva por la Universidad de Cambridge, que en una reciente entrevista en este periódico, aseguraba que es imposible que la conciencia, al menos en una forma que podamos reconocer como humana, aparezca hasta las 33 semanas de embarazo. Por tanto existe vida, pero no está tan claro que el feto pueda considerarse hasta entonces un ser humano. Ante este tipo de argumentos López defiende su postura con contundencia: “Esta es una cuestión que se plantea habitualmente. Si aceptamos que sin conciencia no hay vida humana es que tampoco existe cuando dormimos o cuando nos anestesian. No es un argumento que se pueda sostener con rigor científico. Otra cuestión diferente es que el feto adquiera todas sus características plenamente humanas a partir de un punto, y que haya quien piense que la vida es disponible hasta ese punto. Pero es un razonamiento que entra en otro plano de discusión”.
El Genoma Propio y la Singularidad del Embrión
genoma propio, diferente al padre y a la madre, que le da su singularidad única e irrepetible y que esencialmente no sufrirá cambios hasta su muerte. No es un mero apéndice del cuerpo de la madre. Además, aunque los cambios que sufrirá como resultado de su proceso madurativo llegarán a darle una apariencia distinta en cada uno de los diferentes momentos de su vida, el individuo que es se mantendrá, a lo largo del tiempo, siendo siempre el mismo.
La radical singularidad de la persona -y en consecuencia su incomunicabilidad - alcanza todas las dimensiones de su ser en cuanto que personal, haciendo suyos incluso los accidentes. En este sentido, Sgreccia, hace una comparación muy ilustrativa entre la maduración de la persona y la construcción de una casa. Es la siguiente: «Imaginemos que tenemos que construir una casa. Necesitamos al arquitecto que realiza y supervisa el proyecto, al constructor que desarrolla el proyecto y a los albañiles que lo ejecutan según sus diferentes espacialidades. El cigoto sería el planificador, el constructor y el trabajador que va disponiendo los materiales de construcción según conviene. Estas actividades se encuentran en él y se activan desde dentro. El cigoto, como en el ejemplo de la casa, manifiesta ya su completa estructura como individuo; la madre aporta solamente el entorno que lo contiene y los materiales necesarios para la construcción.
Cuando el empirismo, ya desde Locke distingue entre hombres y personas, lo hace en base a una argumentación filosófica errónea. Es la siguiente: Para reconocer como idéntico a algo que encontramos en momentos y lugares diferentes, es preciso que se le pueda atribuir un único comienzo que no comparta con ninguna otra cosa. Pero hay cosas que cambian tanto en el transcurso de un tiempo que, pese a tener un único comienzo, nos permiten intuir que estamos ante dos identidades distintas.
El Estatuto Biológico y la Persona: Reflexiones Filosóficas
La cuestión que nos ocupa nos llevará a preguntarnos si los tres elementos que incluye la definición -individualidad, sustancialidad y capacidad de razonar- se dan en el embrión humano. En consonancia con lo dicho, encontramos que la racionalidad y la autoconciencia no se manifiestan de manera inmediata ni espontánea cuando comienza la vida humana. Ni siquiera se manifiestan siempre. Es así porque, como se ha señalado, su aparición y pérdida no son cambios substanciales, sino movimientos accidentales.
La vida personal es movimiento en el sentido de potencia, de «acto de lo posible». Por eso, afirmar que el «ser» de la persona es «vivir una vida racional», significa que es «vivir una vida susceptible al despertar de la razón». Ser persona no es un estado, una situación de la cual disfrutamos en unas ocasiones y en otras no, sino que la razón pertenece desde el principio a la dotación del ser humano cuya animalidad, en tanto que humana, constituye el sustrato en el que se despliega la persona.
La racionalidad es, en definitiva, una nota natural de nuestra especie, de cuyos privilegios participa todo ser cuya naturaleza sea humana. Por eso, el reconocimiento del embrión como persona conlleva el reconocimiento del mismo en su naturaleza, esto es, como existente cuya esencia consiste en tener una naturaleza racional, presente desde el inicio de su vida aunque todavía no ejerza las operaciones que su particular naturaleza le permitirá algún día. Si sólo reconociéramos al otro qua ser racional, entonces no sería a él al que reconoceríamos como persona, sino a nuestros particulares criterios de racionalidad realizados en él. Y en la medida en que no los encontráramos, nos sentiríamos autorizados para negarle el estatuto personal. El reconocimiento del embrión como persona no puede, por tanto, responder a razones prácticas, sino estrictamente ontológicas.
tags: #¿cuándo #un #feto #se #considera #ser