Gravemente herido el hijo de una de las Trillizas de Oro en un accidente durante un torneo de polo
El argentino Clemente Zavaleta, hijo de María Emilia Fernández Rousse, una de las populares Trillizas de Oro, ha resultado gravemente herido mientras disputaba un torneo de polo en la localidad estadounidense de Palm Beach.
Según informa el diario 'La Nación', el polista sufrió una caída tras chocar con un rival, tras la cual permaneció cerca de 15 minutos inconsciente y fue trasladado en un helicóptero a un hospital, donde fue operado de urgencia.
Según el medio argentino, Zavaleta, de 36 años, sufrió lesiones en la cabeza y en pulmón, además de fracturarse varias costillas. El hijo de la que fuera famosa corista en los años setenta es jugador profesional de polo e integrante del equipo Alegría, que disputa la liga norteamericana de este deporte ecuestre.
La preocupación por la salud del deportista ya ha hecho que se produzcan homenajes entre sus fans y sus compañeros de profesión. Es el caso de Pablo Pieres, uno de los mejores polistas del mundo, que publicaba varias stories en su cuenta de Instagram en las que le deseaba una pronta recuperación.
Las tres hermanas argentinas cumplían recientemente 60 años tras disfrutar una carrera de éxito en el mundo de la música y la televisión.
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Clemente Zavaleta júnior está casado desde 2014 con la francesa Isabelle Strom, la hija de Alexandra Zellinger de Balkany y, por consiguiente, nieta de Robert Zellinger de Balkany, el multimillonario rumano-francés emparentado con la monarquía europea e íntimo amigo del rey Juan Carlos.
Strom es una de las herederas del patrón del equipo de polo francés Sainte-Mesme, donde también juega habitualmente su marido. Tienen dos hijas: Olympia y Assia Eugenie.
En una entrevista con 'La Nación' poco después de su enlance por todo lo alto, la esposa de Zavaleta aseguraba sobre sus variopintos orígenes que "mi padre es noruego, mi mamá,, franco-húngara, estoy casada con un argentino y vivo entre Palm Beach, Pilar y París. Es difícil decir quién soy, ¿no?".
Reflexiones sobre la maternidad y la fertilidad
Un testimonio polémico relata la experiencia de una mujer esperando gemelos tras un proceso de fecundación in vitro (FIV). La mujer comparte sus sentimientos de responsabilidad y preocupación, ya que inicialmente solo deseaban tener un hijo.
Actualmente tenemos un hijo de tres años y medio. Mientras que su embarazo fue relativamente fácil, fuimos víctimas de cólicos severos durante el primer año que provocaron el caos en nuestras vidas. Desde entonces hemos tenido que luchar mucho con los temas de sueño y de comportamiento.
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A pesar de esos retos, todavía queríamos un nuevo hijo -un nuevo hermano para nuestro hijo, no tanto para nosotros. Nos pasamos los dos años siguientes tratando de concebir. Cada mes, cuando me venía el periodo, no sentía tanto la pena y la decepción como la pérdida de esperanza. Estaba exhausta y deprimida.
El sufrimiento emocional era inconcebible para mí. Me estaba minando como persona, perdiendo peso y no siendo la mejor madre, esposa o profesional.
Entonces mi esposo y yo elegimos seguir un plan de fertilidad más agresivo, y me encontré a mí misma esperanzada, sólo durante una semana. No había nada malo con nuestra salud pero incluso con una nueva variedad de tratamientos no estaba ocurriendo. Así que acudimos a la fecundación in vitro (FIV).
Los doctores discutieron con nosotros las distintas opciones de cara a una nueva FIV: Podíamos transferirnos un solo embrión de buena calidad y otro de calidad regular, o dos embriones de buena calidad, con la esperanza de que uno de ellos se implantara.
Sabiendo esto, mi marido y yo acordamos transferir ambos embriones. Pero el día de la transferencia el doctor nos dijo: “¡Felicidades, tenéis un embrión estrella y otro realmente bueno!”.
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Me quedé helada. Dos embriones de buena calidad cambiaban completamente la escena de juego, y sentía pánico. Sabíamos que sólo queríamos tener un hijo; el pensamiento de tener dos era ahora una realidad emocional y financieramente devastadora.
Mi doctor me preguntó si quería llamar a mi marido para que me ayudase a elegir si queríamos transferir un solo embrión. Si optábamos por hacer esto, las probabilidades de éxito eran de sólo un 40%, mientras que transferir dos embriones incrementaba las posibilidades a un 65%.
Estaba hundida y desesperada por quedar embarazada. No sabía cuantos tratamientos más podía aguantar. Así que tomé la decisión final: Transferimos dos embriones.
Semanas después estoy tumbada en la camilla, mareada e infeliz, mientras recibo la noticia de que hay dos sacos gestacionales sanos presentes. Estábamos esperando gemelos, dos niños como descubriríamos después. En mi mente pensaba que no había hecho nada más ni nada menos que arruinar mi familia.
Los gemelos vendrán dentro de poco, y yo no siento alegría. En vez de eso, me siento responsable. Nosotros sólo queríamos uno.
No quiero recibir comentarios que hablen de la felicidad que supone tener gemelos y cuanto vale la pena y que esto también pasará, o sobre la bendición que supone. Cuando me quejo de que este segundo embarazo está siendo extremadamente más difícil que el primero, no quiero que un doctor me vuelva a decir: “Bueno, es diferente, esta vez son dos”. Nada de esto me hace sentir mejor. Para ser franca, me molesta.
Ahora mi mentalidad ha cambiado. Aunque estoy agradecida de estar embarazada, he cambiado. Ha habido demasiado dolor, demasiada presión y un aprendizaje insuficiente. La persona del vaso medio lleno ya no existe.
Me pregunto cuanta más presión impondrá sobre mi matrimonio y mi hijo mayor el hecho de tener que criar a dos niños a la vez. No somos ricos. Trabajamos duro para darle una buena vida a mi hijo y tenemos sueños, como tienen todas las familias, como por ejemplo ir a Disneylandia, a la universidad…etc. Me pregunto cuantos recursos y cuanta atención le restará esta experiencia a mi hijo mayor. También necesitamos una casa más grande y un coche mayor. ¿Qué he hecho?
Antes de tener que perseguir la fertilidad era una persona optimista, del tipo “animadora”, con el pensamiento de que todo ocurre por una razón.
Creo que los cólicos, y una posible depresión postparto me afectaron la primera vez. ¿Por qué el universo, Dios, el karma, lo que sea, cree que es buena idea traer ahora gemelos a nuestras vidas? ¿Cuándo saldrán las cosas como yo quiero? Antes de tener hijos solía ser así.
Ahora, con 7 meses de embarazo y yendo a terapia, todavía sigo sintiendo remordimientos y estoy aterrada por nuestro futuro. Cuando elegí transferir dos embriones, tomé una decisión que impactará en nuestras vidas para siempre, y no necesariamente para bien.
Soy consciente de que muchos han tenido experiencias de infertilidad mucho más duras que la nuestra. Admito que hay gente mucho mejor que yo ahí fuera, sintiéndose felices y con una perspectiva mucho más optimista.
Decirle a cualquiera que esté preocupado por mí y por mi marido que nuestro hijo nos produce toneladas de alegría. Estamos admirados por cuanto le queremos, y estoy segura de que este amor indescriptible se extenderá a sus hermanos. Pero, por ahora, estoy teniendo dificultades para encontrar la luz al fondo del túnel.
Para empezar, insisto otra vez en que la motivación que les movía a tener un hijo no es la más acertada y eso ha viciado todo el proceso desde el principio. Hay una enorme diferencia entre querer tener un nuevo hijo, y querer darle un hermano a tu hijo, tal y como afirma ella.
Pienso que realmente ellos no querían ser padres en el sentido de pasar por un embarazo y la crianza de un nuevo bebé. Creo que más bien querían que apareciera, como por arte de magia, otro niño de tres años ya educado en los aspectos más básicos de su desarrollo. Pero las cosas no funcionan así, y eso les hace sentir frustrados.
Por otro lado, veo que el proceso de reproducción asistida ha sido devastador para ellos desde el principio. Vamos que no lo han llevado nada bien. Aquí es donde se hace patente la importancia de contar con un buen apoyo psicológico desde el principio de un proceso de fertilidad.
Esta pareja no ha podido sobrellevar bien la tensión y se ha lanzado a transferirse dos embriones para acabar con el proceso cuanto antes. Y no han medido bien sus pasos.
Todos los que pasamos por un proceso de fertilidad tenemos que ser conscientes de que, en ocasiones puede ser un proceso muy largo y muy duro, y hay que estar preparado para afrontar de forma realista la posibilidad de tener un embarazo múltiple. Y, si no te ves preparado para afrontarlo, sencillamente no debes transferirte dos embriones.
Hoy en día la tasa de efectividad de los tratamientos de reproducción asistida ha aumentado mucho, y las posibilidades de quedar embarazada con tan solo un embrión son cada vez más altas.
La disyuntiva era: Transferirse dos embriones de golpe y acelerar el proceso, o transferir un solo embrión cada vez arriesgándose a tener que realizar varios ciclos. Está claro que tenían que haber escogido la segunda opción. La angustia y las prisas son las que les han metido en este lío.
En cuanto a la mala experiencia que le está suponiendo en el embarazo múltiple, bueno, hay que tener en cuenta que también hay embarazos complicadísimos con un solo bebé, y embarazos gemelares sin apenas complicaciones. Una vez más, debo insistir en que pasar por un embarazo es parte del juego, y tenían que haberlo pensado antes.
Sí, tener hijos es perder el control, porque de repente entran en juego miles de factores que no está en nuestra mano cambiar. Y nos sentimos raros porque, antes de tener hijos, siempre teníamos el control. ¿Pero qué podemos hacer los padres?
Pues nada, no se puede hacer nada. Hay que asumirlo y confiar en nuestra propia capacidad de improvisación. Arrastrarse llorando por los rincones no cambiará este postulado universal de la maternidad: Cuantos más hijos se tienen, más se va perdiendo el control.
De hecho, no es que lo perdamos, es que nos vemos obligados a compartir el control. Pero hay que verlo como un desafío, no como una catástrofe. Si uno no tiene confianza en su propia familia, no se qué demonios hace pensando en ampliarla.
En definitiva, para mí este texto es un intento de limpiar el nombre de su marido públicamente, pero viene a decir exactamente lo mismo que el testimonio anterior de su marido, aunque midiendo cada palabra para no alejarse demasiado de lo políticamente correcto. ¿Qué podría haber en el mundo capaz de romper la ola de negatividad que envuelve a esta familia, y que ellos mismos no paran de fomentar?
Comentarios de los lectores sobre el tema de la maternidad y la fertilidad
Los lectores de la versión americana del Huffington Post también han dejado cientos de comentarios con testimonios muy variopintos. Algunos se han mostrado muy críticos de nuevo, otros han sido más comprensivos, y otros han tenido intervenciones francamente interesantes.
Os transcribo los tres comentarios que me parecieron más representativos del clima general de opinión:
- «Los viajes a Disneylandia, o incluso el hecho de disponer siempre de comida suficiente para alimentarse no asegura la constitución de una familia feliz. Creo que enfocarlo todo hacia el “sueño americano” no es positivo en este caso. Recuerda que no es la realidad de la mayoría de los americanos, y no digamos del resto del mundo. El amor, la abnegación, el compromiso y la presencia son lo más importante para los niños (además de sus necesidades básicas), y estas cosas van mucho más allá; se trata de ayudar a nuestros hijos para que sean felices incluso con condiciones de vida estresantes o pasando necesidades. No olvidemos que hay una gran cantidad de niños con todas las necesidades físicas cubiertas que son personas infelices y miserables.»
- «Debería darle vergüenza a cualquiera que te juzgue. El embarazo, la paternidad, la maternidad, son todas experiencias personales y únicas. Está bien que te sientas como te sientes ahora. Es normal estar estresada y preocupada por el futuro. También estaría bien estar contenta por esos preciosos tres chicos que van a llegar a vuestra familia. No será fácil. Ser padre no es fácil. Y con los problemas que tuviste con el primero, a mis ojos es normal y comprensible que estés preocupada, aterrada, o las dos cosas. (…) Entiendo ese miedo aplastante. Conozco ese sentimiento de responsabilidad y como puede llevarse tu vida por delante.»
- «Creo que se de donde viene todo esto. Pero como madre soltera de trillizos, difícilmente puedo empatizar. Boo, hoo. A los siete meses de embarazo tenía que haber superado su egoísmo y empezar a prepararse mentalmente para la experiencia de tener múltiples. Sí, los embarazos múltiples son tremendos, la presión financiera es horrible, todo es más duro, sí, pero una mentalidad tan amarga sólo hace esto más duro. Ser padre de múltiples requiere fortaleza y paciencia, comprensión, y la capacidad de aceptar la realidad de que nada volverá a ser lo mismo por mucho que te esfuerces. Y si no puedes conseguir hacer eso, o estás demasiado exhausta o deprimida para aceptarlo, se un padre responsable, pégate un tortazo en tu alegre cara y al menos finge, por el bien de tus hijos.»
La historia de la familia Coble: Tragedia y milagro
Se trata de la desgarradora, y también controvertida, historia de la familia Coble, que pone de manifiesto como la más grande de las tragedias y el milagro de la vida elevado al cubo pueden confluir en la misma familia en menos de 365 días.
Chris y Lori Coble, un matrimonio formado por un ingeniero de software y una ama de casa, eran los orgullosos padres de tres hijos: Kyle de 5 años, Emma de cuatro y Katie de dos.
El 4 de mayo de 2007, Lori decidió acudir junto a su madre y los niños a un centro comercial para festejar el cumpleaños de Kyle, que había sido el día anterior. Conforme se acercaba la hora de la siesta de los niños, Lori decidió que era el momento perfecto para volver a casa, antes de que se pusieran demasiado nerviosos.
Lori conducía el monovolumen, mientras que la abuela iba de copiloto y los tres niños iban en la fila de asientos de atrás, correctamente sujetos en sus asientos infantiles. Al salir de la autopista se encontró con un atasco y detuvo el coche.
Lori se giró y miró a sus hijos. Kyle jugaba con el videojuego que le habían regalado por su cumpleaños mientras que Emma miraba una película. Su hija Katie empezaba a quedarse dormida y Lori le hizo cosquillas en los pies para despertarla. Ya quedaba poco para llegar a casa y no quería que se durmiera en el coche.
Justo entonces un camión cargado con más de 18.000 kilos de equipamiento eléctrico embistió al coche de la familia Coble a más de 100 kilómetros por hora, convirtiendo la parte trasera del coche en un amasijo de hierros, en el mismísimo infierno.
Las consecuencias del accidente fueron tan sumamente graves que los miembros de la familia tuvieron que ser repartidos en tres hospitales distintos.
Chris Coble estaba en el trabajo cuando recibió la llamada que cambiaría su vida para siempre. En ese momento no le advirtieron de la gravedad del accidente, pero en cuanto llegó al hospital en el que estaba ingresada su mujer le llevaron a una sala aparte y le pusieron al tanto de la situación.
“Lo primero que me dijeron es que Katie había muerto. Pasados unos minutos me dijeron que había una llamada de otro hospital. Me puse al teléfono y lo primero que dije fue, por favor, dígame que Emma está viva. Y el doctor me contestó, lo siento, ha fallecido. Dejé caer el teléfono. No podía creer que algo así estuviera sucediendo.”
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