Los Hijos de Francisco José y Sissi: Una Tragedia Imperial

03.11.2025

La vida de la emperatriz Isabel de Austria, conocida como "Sissi", y su esposo, el emperador Francisco José I, estuvo marcada tanto por el esplendor como por la tragedia. Su matrimonio, que comenzó con un flechazo, pronto se vio ensombrecido por las rígidas normas de la corte vienesa y las diferencias irreconciliables entre ambos. A pesar de ello, tuvieron cuatro hijos, cuyas vidas también estuvieron marcadas por el destino.

El Comienzo de un Cuento de Hadas Truncado

El 24 de abril de 1854, Francisco José y Elisabeth -Isabel- “Sissi” se casaron en Viena, rodeados del boato y el oropel más regios posibles. Eran la encarnación del cuento de hadas, una boda por amor surgido de un flechazo. Una parte era cierta, había habido flechazo, pero solo por parte de él. A ella, aquel amor y aquel matrimonio no le traerían más que infelicidad y desgracias, hasta incluso pasar a la historia como alguien que ella no fue y habría detestado.

Todo empezó con un intento de matrimonio concertado, que era prácticamente la única forma de casarse entre la aristocracia del siglo XIX. Lo arreglaron entre las futuras consuegras, que eran además hermanas, la archiduquesa Sofía y su hermana Ludovica. El novio al que buscaban casar era un dechado de virtudes. Nada menos que el káiser, el emperador de Austria, el joven de 22 años Francisco José: guapo, con buen carácter, educado, de buena disposición y al frente de un imperio Habsburgo que ocupaba media Europa.

Cuando Franzi mostró una especial inclinación por la condesa Elisabeth Ugarte, se apresuraron a mandarla a visitar a su padre, bien lejos de Viena; y cuando en otra ocasión empezó a hacerle ojitos a una de sus primas, también llamada Elisabeth, que pertenecía a los Habsburgo de Hungría, Sofía le indicó a la joven que había llegado la hora de casarse… con otro. Cuando tomó la decisión de que su Franzi se casase, Sofía buscó en su propia familia a una princesa adecuada, y la encontró -o creyó encontrarla- entre las hijas de su hermana Ludovica, duquesa en (no de) Baviera. La elegida fue Elena, que tenía 19 años.

Allí acudieron Ludovica y sus dos hijas mayores, Elena y Elisabeth, apodadas Nené y Sisí. Se había previsto celebrar el 23 cumpleaños del emperador y de paso su compromiso con una prima a la que hacía cinco años que no veía y apenas conocía. Francisco José y Nené parecían estar conformes, entre resignados y emocionados, con lo que sus madres habían organizado para ellos. El emperador acudió a recibir a Elena, su proyectada futura esposa. Pero a la que vio de verdad fue a Sisí.

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Elisabeth tenía entonces 15 años y apenas era una niña peinada con trenzas. Su presencia en Bad Ischl era en cierto modo casual, su madre quiso llevarla para distraerla porque estaba sufriendo un mal de amores. Se había enamorado de un conde perteneciente al séquito de su padre al que alejaron convenientemente para evitar disgustos. Cuando llegó el encuentro, Francisco José encontró a Elena bella, nada más. Al contemplar acto seguido a su prima pequeña, experimentó uno de esos flechazos propios de la mentalidad romántica que nadie esperaba de una situación así. Y todos los presentes en ese primer encuentro se dieron cuenta de que el káiser a quien hacía caso, con quien hablaba y a quien miraba con arrobo era a Sisí, no a Nené.

Apenas dos días después de este primer encuentro, Franzi se encaró por una vez con su madre y le dijo que iba a casarse con Sisí. Al día siguiente, el 18 de agosto, durante el cumpleaños del joven, es Sisí la que ocupa el lugar previsto para su hermana, que se queda en shock y humillada. No está claro hasta qué punto Sisí era partícipe de ese amor tan decidido. La leyenda rosa lo pintó como un sentimiento mutuo, pero los historiadores más contemporáneos indican que más bien la joven se vio arrastrada por los acontecimientos y, simplemente, nadie le preguntó su parecer porque, en realidad, no cabía en la cabeza de nadie que ella tuviese una opinión. Como remachó la archiduquesa Sofía, “al emperador de Austria no se le da calabazas”.

En los ocho meses que pasaron desde que se prometieron hasta casarse, Sisí cumplió 16 años, fue entrenada para llenar los huecos de su descuidada educación, entre ellos aprender francés -en un rasgo excéntrico, su padre había decidido que aprendieran inglés- y recibió dos visitas de su novio Francisco José. También se preparó su ajuar de la mejor forma posible.

La boda se celebró el 24 de abril por la tarde en la iglesia de los Agustinos. Y donde terminan los cuentos, empezó lo que algunos tildan de pesadilla. Muchos años después, Sisí le escribiría una carta a su hija María Valeria en la que definió lo que ocurrió aquel día con una vehemencia muy cruda: “El matrimonio es una institución absurda. Te venden a los quince años, cuando todavía eres una niña, y te obligan a hacer un juramento que no entiendes y del que te arrepientes durante treinta años, o aún más, pero que ya no puedes romper”.

Los Hijos Imperiales

Francisco José e Isabel tuvieron cuatro hijos:

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  • Sofía Federica (1855-1857): Archiduquesa de Austria, falleció a la edad de dos años durante un viaje a Hungría. Su muerte fue un golpe devastador para Sissi.
  • Gisela Luisa María (1856-1932): Se casó con el príncipe Leopoldo de Baviera.
  • Rodolfo Francisco Carlos José (1858-1889): Príncipe heredero del Imperio Austrohúngaro. Su vida terminó trágicamente en Mayerling.
  • María Valeria Matilde Amalia (1868-1924): Conocida como "la hija húngara" de Sissi debido a su cercanía con Hungría y su idioma.

Tal y como marcaban las estrictas normas de la época, de todos los vástagos, el único que estaba llamado a acceder al trono fue Rodolfo, quien desde niño recibió una exquisita educación con 50 profesores amparada en los ideales liberales y burgueses de su madre. Esto provocó serios enfrentamientos con su padre, mucho más conservador y autoritario.

Sofía Federica

La primera hija de la pareja, Sofía, nació en 1855, cuando tenía 17 años, lo cual supuso para Sissi una transformación física que no acabó de aceptar. La maternidad no fue una buena noticia para nuestra protagonista, cuya suegra eligió quién, cómo y dónde se cuidaría al bebé. Elisabeth siempre consideró que le habían "quitado a su hija".

Cuando la pareja imperial fue a hacer un viaje por Hungría, en 1857, Elisabeth insistió en llevarse a sus dos hijas, contra los deseos de su suegra. Por una vez, se salió con la suya. Sin embargo, durante el viaje, las niñas contrajeron fiebres. Gisela se recuperó, pero Sofía no, y falleció. Elisabeth se culpó de la muerte de su primogénita.

Gisela de Austria

Gisela Luisa María nació en 1856 y se casó con el príncipe Leopoldo de Baviera. Su vida fue menos pública y estuvo más centrada en su familia.

Rodolfo, el Heredero Conflictivo

Rodolfo había nacido en Viena el 21 de agosto de 1858. Era el tercer hijo, y único varón, de Francisco José e Isabel de Baviera, Sissi. Inteligente, apasionado de la ciencia e inconformista, su talante liberal era muy diferente del que la conservadora corte vienesa esperaba de su kronprinz o príncipe heredero.

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Para que sentara cabeza había que buscarle una esposa que le proporcionara ciertas alianzas estratégicas, por lo que la elegida fue Estefanía de Bélgica, hija del rey Leopoldo II de Bélgica, uno de los hombres más ricos del momento cuya riqueza provenía de haber esclavizado a la mayoría de la población del Congo para la extracción de diamantes, marfil y caucho.

En 1881 contrajo matrimonio con Estefanía de Bélgica, una joven de dieciséis años, católica, conservadora y tradicional. No tardó en evidenciarse el abismo ideológico y temperamental que les separaba, y Rodolfo empezó a buscar nuevas emociones lejos del tálamo conyugal. Las consecuencias de su vida galante fueron terribles. Poco después del nacimiento de la única hija del matrimonio, Isabel María, en 1883, Estefanía quedó estéril a causa de una enfermedad venérea que le contagió su esposo. Nunca le perdonó y, desde ese momento, el matrimonio de los herederos se convirtió en simple ficción. Tampoco le perdonó su padre.

Tras su mal paso, el príncipe heredero, acosado por los conservadores, relegado a un segundo plano político y sumido en un matrimonio que no le satisfacía, acabó por sentirse un extraño en el mundo al que pertenecía.

El Drama de Mayerling

Tras picar de flor en flor se topó con el gran amor de su vida, la baronesa María Vetsera, hija del barón Albin von Vetsera y de Elena Baltazzi, heredera de una de las grandes fortunas de una familia de banqueros griegos vinculados al imperio turco. La celestina que obró el milagro fue María Larisch, sobrina de Sissi, que había presentado a los jóvenes durante una carrera de caballos. Atrás quedaba la fogosa pasión vivida con la actriz Marcela Caspar, a quien llamaban popularmente Mizzi.

María quedó prendada de Rodolfo, hasta el punto de que empezó a coleccionar fotos y noticias sobre él. A principios de noviembre de 1888 tuvo lugar el primer encuentro personal entre ambos, al que seguirían otros veinte en el plazo de unos tres meses. Hasta el día del drama, el 29 de enero de 1889, cuando, mientras los dos amantes se hallaban en la residencia real de Mayerling, muy cerca de Viena, Rodolfo de Habsburgo disparó contra la baronesa y luego volvió el arma contra sí mismo.

Cuando Rodolfo manifestó la intención de anular su matrimonio, el emperador Francisco José I puso el grito en el cielo, ya que ni la nulidad ni el divorcio se contemplaban en la familia. Roberto y María decidieron vivir su amor en libertad, pero su relación fue breve. Entre rumores y leyendas, parece ser que el príncipe heredero quería suicidarse y convenció a su amada para que le acompañara en ese viaje.

Informado el emperador de la terrible noticia, olvidó su condición de padre y se aprestó a tomar decisiones de gobernante. Rápidamente se reunió con quienes habían descubierto los cadáveres y les hizo jurar que nunca contarían nada de lo que habían visto, mandó sepultar clandestinamente a María y, a fin de poder enterrar a su heredero en lugar sagrado, redactó un comunicado en el que se decía que el archiduque había muerto de un ataque de apoplejía, aunque al poco tiempo las autoridades cambiaron la versión: el príncipe heredero se había suicidado en un «ataque de locura».

Desde entonces, la tesis del doble suicidio ha sido la explicación dominante del drama de Mayerling. Y lo cierto es que se encuentran varios indicios que apoyan esta versión, en particular respecto a las tendencias suicidas de Rodolfo, que quizá se relacionaban con un tratamiento con morfina al que se sometió después de contraer la sífilis.

Sin embargo, en los días que siguieron a la tragedia surgieron otras versiones que contradecían la oficial. Es significativo que la Iglesia se negara a dar al heredero cristiana sepultura hasta que se hizo llegar al nuncio vaticano una documentación secreta que obligó a la jerarquía eclesiástica a dar su consentimiento. ¿Qué información poseía el emperador que había conseguido que el Vaticano admitiera en suelo sagrado el cadáver de un suicida?

Se empezó a hablar de un asesinato promovido por el mismo emperador, alarmado ante las alianzas políticas de su hijo o para evitar el escándalo de un divorcio. De hecho, un día antes de la tragedia ambos habían mantenido una fuerte discusión, al parecer porque el padre quiso prohibir a Rodolfo que volviera a ver a su amante. Por las cortes europeas corrió la noticia de que el embajador alemán en Viena había comunicado al káiser que el nuncio apostólico, Luigi Galimberti, negaba el suicidio y apuntaba la posibilidad de un magnicidio.

Años después, el ayudante de campo de Rodolfo, el primero que entró en el escenario del drama, aseguró que en la estancia donde se hallaron los cadáveres había señales inequívocas de un fuerte enfrentamiento. Además, una ventana había sido abierta desde el exterior. En 1983, Zita de BorbónParma, última emperatriz de Austria, afirmó al periódico Krönen Zeitung de Viena que la tragedia de Mayerling fue un crimen de Estado.

En cualquier caso, suicidio o asesinato, el heredero del Imperio austrohúngaro fue un hombre demasiado frágil para afrontar su destino.

María Valeria, la Hija Húngara

Poco antes de nacer su hija Valeria, conoció al conde Andrássy, de quien se enamoró al instante. Escandalizaban a la corte porque, en las veladas, hablaban húngaro entre ellos. También se rumoreó que había tenido una relación con Lily Hunyady, una de sus damas de compañía.

María Valeria Matilde Amalia nació en 1868. Fue conocida como "la hija húngara" de Sissi debido a su cercanía con Hungría y su idioma. Se casó con el archiduque Francisco Salvador de Austria-Toscana y tuvo una vida más tranquila en comparación con sus hermanos.

Tabla Resumen de los Hijos de Francisco José y Sissi

Nombre Nacimiento Fallecimiento Notas
Sofía Federica 1855 1857 Murió de tifus
Gisela Luisa María 1856 1932 Casada con el príncipe Leopoldo de Baviera
Rodolfo Francisco Carlos José 1858 1889 Murió en Mayerling
María Valeria Matilde Amalia 1868 1924 Casada con el archiduque Francisco Salvador de Austria-Toscana

El imperio austrohúngaro vivía en la fantasía que propagaba Isabel de Baviera Sissi, considerada una de las mujeres más bellas de la realeza europea a mediados del siglo XIX. Casada con Francisco José I de Austria, emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia -los 68 años en el trono le otorgan la sexta posición entre los monarcas más longevos en la historia europea- la pareja tuvo tres hijas y un hijo en una época en la que primaba la ley sálica.

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