Julio Romero de Torres: Biografía de un Ícono de la Pintura Española
Julio Romero de Torres, nacido en Córdoba en 1874 y fallecido en 1930, fue uno de los pintores españoles más queridos y populares de su época. Su legado pictórico, que oscila entre lo profano y lo religioso, continúa siendo celebrado en diversas exposiciones y museos.
Orígenes y Primeros Pasos
Fue hijo del también pintor Rafael Romero Barros, director del museo de Bellas Artes, por lo que creció en una familia que le inculcó el amor a las artes. Siendo un alumno de precoz talento, inició su formación a los 10 años, realizó sus primeras obras a los 16 y empezó a publicar dibujos en las mejores revistas de la época.
Después de cursar estudios en el Instituto Góngora de su ciudad, decide matricularse en el Conservatorio de Música en 1884, al tiempo que recibe clases de dibujo y pintura de su padre, junto a sus hermanos Rafael y Enrique. Su primera obra conocida es La huerta de Morales (1890).
Debut y Reconocimiento Inicial
Su debut en los circuitos madrileños llegó a los 21 años, cuando el cuadro ¡Mira qué bonita era! (un homenaje a una novia suya que murió con 15 años y a una coplilla dedicada a la Virgen de Consolación de Utrera) se lleva una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes -el primer premio fue para Joaquín Sorolla- y el Estado le compra la obra.
En 1895 se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes con la obra Mira qué bonita era (Museo Julio Romero de Torres, Córdoba) con la que consigue una mención honorífica y que es adquirida por el Estado.
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Reveses y Búsqueda de un Estilo Propio
La cosa, por así decir, empezó a torcerse allá por 1897, cuando Julio decide optar a una beca de la Academia Española de Roma, que le es denegada por la camarilla artística de la época, con Francisco Pradilla, que fue director del Museo del Prado, a la cabeza.
Después de varios viajes por Europa, se traslada a Madrid: primero vive en la calle Mayor; luego en la Carrera de San Jerónimo; tendrá su estudio en la calle Pelayo. En 1897 decide optar al premio de Roma con Conciencia tranquila (Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo), pero no logra la ansiada beca.
Cuanto más simpatía despertaba en los cafés y en los tablaos, más recelos surgían con respecto a su obra en la academia. Sus numerosas e importantes amistades no consiguieron evitar el escándalo que supuso que Vividoras del amor, (en el que retrataba a cuatro prostitutas), fuera rechazado por "inmoral" en la Exposición Nacional de 1906.
En 1902 es nombrado profesor numerario de la cátedra de Colorido, Dibujo y Copia de la Escuela de Bellas Artes de Córdoba y en 1903 profesor agregado en la Escuela Superior de Artes Industriales.
En la capital se integra en el círculo de Valle-Inclán y frecuenta la casa de los Machado, estrechando su amistad con Manuel. En 1907 participa en la Exposición del Círculo de Bellas Artes de Madrid, ciudad en la que permanece y donde frecuenta la tertulia del Café de Levante junto a Zuloaga, Ricardo Baroja y Gutiérrez Solana.
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La decisión de viajar a Francia, Inglaterra, Italia, Suiza, Países Bajos y Marruecos marca una inflexión en su carrera que se manifestará en sus obras posteriores en una voluntad de cambio.
Consolidación y Éxito
El desprecio no hizo mella en él, y poco más tarde consigue su primer gran triunfo con La musa gitana, cuadro que ya define un estilo propio, inconfundible, afín al modernismo, en el que indaga en la psicología y el sentir femenino de la época. En 1908 consigue una primera medalla en la Exposición Nacional con La musa gitana que compra el Estado.
En 1910 recibe la encomienda de la orden de Alfonso X el Sabio y es nombrado inspector de la delegación y comisaría regia en la Exposición de Arte de Roma, y recibe al año siguiente la medalla de oro en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Barcelona por su Retablo del Amor. Es nombrado académico numerario de la Academia de Ciencias, Bellas y Nobles Artes de Córdoba aunque sigue residiendo en Madrid, donde a partir de 1913 frecuenta la tertulia del Café Pombo.
En 1915 se le adjudica una sala especial en la Exposición Nacional de Bellas Artes y al año siguiente se le nombra profesor de ropaje de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Instala un estudio en la calle Pelayo, que años mas tarde se convertirá en centro de tertulias y reuniones.
La Chiquita Piconera y María Teresa López González
La chiquita piconera fue el último cuadro que terminó antes de su muerte, en 1930. Es un retrato de María Teresa López González. María Teresa López González también fue la modelo de La Fuensanta, que apareció en los billetes de 100 pesetas (1953) junto al retrato de Julio Romero de Torres: tal fue su popularidad aún después de muerto.
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Sin duda, le debemos la creación de figuras femeninas que destilan fortaleza y fragilidad, una elegancia sobria arraigada en una sensualidad melancólica y en la belleza de lo esencial, como si sus retratos fueran los versos de una canción y sus interiores, son platas y sillas de enea, un escenario donde lo mundano se convierte en arte.
Estilo Artístico
Romero de Torres, como muchos otros pintores de su generación, comienza practicando una pintura de carácter regionalista, para adherirse después a la estética simbolista y desembocar, a partir de 1912, en un estilo personalísimo que conjuga el sentir popular andaluz y el más genuino folclore con la tradición del arte italiano del renacimiento.
Por medio de un dibujo preciso y de composiciones equilibradas en las que utiliza colores azulados, verdosos y, sobre todo, negros, dota a sus obras de un halo de poesía y misterio.
Muerte y Legado
En 1928 se le declara una grave enfermedad por cuyo motivo decide regresar a Córdoba para recuperarse; no obstante, sigue pintando. Participa por última vez en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1930 con veintiocho cuadros, ya que muere el 10 de mayo de ese mismo año.
La muerte le sorprendió a los 55 años en Córdoba. Acudieron a su entierro entre veinte y treinta mil personas, convirtiéndole en una figura trágica, inspirando las más bellas canciones y poemas.
El elegantísimo periodista González-Ruano dijo que "cuando murió, lloraron en sus cuadros las mujeres desnudas y en sus rejas las mujeres vestidas". Fue en mayo, con los últimos azahares florecidos. Todavía nadie le ha olvidado.
Obras Notables
- Mira qué bonita era
- La musa gitana
- La chiquita piconera
- Retablo del Amor
- Conciencia tranquila
- Vividoras del amor
Influencia Familiar
El hecho de que su padre, Rafael Romero Barros, fuese, además de pintor, conservador del Museo Provincial de Bellas Artes de Córdoba, influyó en la vocación del séptimo de sus hijos.
La consideración de la Familia Romero de Torres en la cultura de Córdoba continua vigente, pero será entre la llegada de Rafael Romero Barros como Conservador del Museo de Pinturas en 1862 y el fallecimiento de su nieta María Romero de Torres Pellicer en 1991 cuando esa presencia sea más significativa.
El análisis de las mujeres de la familia y de su entorno se hace aquí revisando las actividades de las mismas, las representaciones femeninas en los dibujos, carteles y pinturas de Romero Barros y de sus hijos Rafael, Enrique y Julio y en sus relaciones de amistad con diversas mujeres en Córdoba y Madrid.
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