El Significado Psicológico de la Imago Paterna
En este artículo, exploraremos la transferencia idealizada y sus significados y funciones en el análisis, considerando la idealización como un aspecto del desarrollo, esencial para establecer percepciones discriminativas y lograr la diferenciación. También abordaremos la idealización transferencial natural inherente al proceso analítico.
La hipótesis central es que la transferencia idealizada es la modalidad relacional a través de la cual algunos pacientes acceden al proceso analítico, permitiéndoles vincularse y establecer una relación transferencial. Durante una fase prolongada del análisis, esta transferencia se convierte en la forma principal de elaborar conflictos y patologías. Esta perspectiva se basa en la doble vertiente de la idealización: una regresiva y otra de progreso.
La vertiente regresiva puede manifestarse como el deseo de retornar a un estado prenatal, la necesidad de mantener un estado narcisista, alteraciones o fijaciones en las identificaciones primarias, o escisiones profundas. En contraste, la vertiente de progreso se expresa a través de las ilusiones, aspiraciones y deseos del ideal del yo, que moldea y estructura los primeros afectos, cohesiona el self y promueve la autoestima, así como a través de los instintos de vida y la capacidad de reparación y sublimación.
Se destaca la complejidad del proceso, la importancia del carácter evolutivo de la transferencia idealizada y la complementariedad entre sus funciones evolutivas y resistenciales. Los diversos grados y cualidades de este fenómeno psíquico se manifiestan en idealizaciones que van desde la sacralización, espiritualización, deshumanización y admiración hacia el analista, hasta la expresión de sentimientos amorosos. Es crucial distinguir entre las idealizaciones con carga emocional y aquellas que carecen de ella.
Un objetivo clave del análisis es facilitar la movilidad en este proceso psíquico o modalidad de vínculo. La gradación, que evoluciona desde idealizaciones deslibidinizadas hasta otras cargadas de afectos, está directamente relacionada con la estructura y patología del paciente. Considerar las cualidades del afecto o desafecto en las idealizaciones transferenciales facilita la comprensión de las fijaciones evolutivas del paciente y el tipo de defensa que desarrolla.
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En la comunicación analítica, se observan movimientos contratransferenciales que varían desde la percepción de un trabajo cómodo y en comunicación con el paciente hasta la experiencia de incertidumbre, perplejidad, malestar o confusión, generalmente asociados a la impresión de no entender. Esto puede provocar un clivaje en la comunicación entre paciente y analista, donde las líneas de comunicación parecen discurrir paralelas, dificultando la comprensión de momentos emocionales en la interrelación.
La idealización es un proceso psíquico activo desde el comienzo de la vida y es parte del desarrollo normal, es decir, está presente tempranamente formando parte de la organización psíquica como fenómeno necesario y básico en la evolución del ser humano. Inicialmente es una manera de simplificar realidades externas e internas complejas para las que aún no se posee capacidad de comprensión y diferenciación. Es la capacidad de atribuir determinadas cualidades idealizadas a las impresiones sensoriales y emocionales con el fin de establecer una ordenación de ellas y evitar la confusión.
A lo largo de la vida los humanos estamos frecuentemente idealizando, es decir, atribuyendo a las personas, relaciones, sentimientos, creaciones, etc., un tipo de características, cualidades y atributos que nos proporcionan experiencias positivas de satisfacción y placer. Esta tendencia a la idealización se conserva como aspecto sano y necesario, y si podemos hablar de idealizaciones sanas y necesarias es en el sentido de su vinculación directa con la autoestima, los ideales y las ilusiones del ser humano. Una ilusión, un proyecto, un deseo que aun no se ha realizado casi siempre tiene una dosis de idealización que nos ayuda a ponerlo en marcha. Sin embargo cuando esta es excesiva puede tener el efecto contrario, es decir, inhibirlo.
Entonces, cuando la idealización reviste determinadas peculiaridades e intensidad, se convierte en un fenómeno inhibitorio y perturbador para la persona en su relación consigo misma y con los otros, así como para la sociedad y la cultura. En la literatura psicoanalítica ha habido un amplio desarrollo del concepto de superyó en detrimento quizás del de ideal del yo. Aunque mayoritariamente se acepte como una de las funciones del superyó, entiendo que el ideal del yo tiene un papel fundamental en la transformación y elaboración de los afectos, tiene funciones de crecimiento, estimulación e integración y pone las bases para el establecimiento de la autoestima.
Creo que se pueden establecer diferencias cualitativas en el tipo de idealización según los logros de la formación de ideales propios en base al tipo de identificaciones primarias con las figuras parentales. Sobre el narcisismo sí que hay un amplísimo y variado desarrollo. Es estudiado como proceso básico, como estructura o trastorno de la personalidad; clasificado en primario, secundario, total, positivo o libidinal, destructivo; en estructuras o estados narcisistas, etc. Para mayor claridad emplearé básicamente este concepto en el sentido patológico del término para referirme a las personalidades narcisistas (alteraciones del self y de las relaciones objetales, dificultades para reconocer al objeto como diferente y separado, así como la dependencia de él, predominio de la omnipotencia, etc.). Prefiero asimismo no identificar la autoestima con narcisismo positivo o libidinal.
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El contexto analítico, es decir, la propia naturaleza de la relación terapéutica, la transferencia y los distintos elementos que configuran el setting, es un espacio creador y potenciador de la transferencia idealizada. Sabemos que en la mayoría de análisis hay una transferencia idealizada natural que va transformándose a medida que avanza el proceso. Así, en los análisis con una aceptable evolución, la percepción del analista interno se va aproximando cada vez más al analista real externo en las etapas finales. Sin embargo, con algunos pacientes la transferencia idealizada se hace persistente y se prolonga en el tiempo con características particulares.
Empezando por el estudio de las ideas básicas de Freud sobre el tema, me propongo reunir en cuatro grupos a los autores según su posición ante los aspectos estudiados. En algún caso son grupos más o menos homogéneos, en otros las coincidencias son parciales, destacando las que se producen en el tema que nos ocupa. Estudiaré en el primer grupo a Klein y varios de sus discípulos. En el segundo grupo incluyo autores que hacen desarrollos diferentes pero tienen en común considerar el narcisismo como hilo conductor o base de sus explicaciones. Algunos hacen elaboraciones importantes a partir de los desarrollos freudianos. Para ellos, la idealización es una forma de represión de mociones pulsionales, que de ser realizadas provocarían angustia. Le confieren un contenido defensivo y resistencial (Laplanche), y la vinculan al narcisismo primario (Abadi, Winograd). Otros vinculan la idealización con mecanismos de defensa como la escisión, la negación o la desmentida. También con deseos nirvánicos o con la pulsión de muerte (Marucco). Incluyo aquí a los autores que conceden al ideal del yo un carácter madurativo y lo conectan directamente con la sublimación (Chasseguet-Smirgel, Green, Weil).
Para el tercer grupo la idealización tiene su origen en el tipo de identificaciones primarias y sus vicisitudes. Consideran a la madre el objeto de las primeras identificaciones y atribuyen al ideal del yo un origen materno (Spitz, Nunberg). El cuarto grupo sería el de la Psicología del self, con Kohut a la cabeza, que estudian la transferencia idealizada en pacientes que diagnostican como personalidades narcisistas. Un amplio grupo de autores parece coincidir en las funciones defensivas de la idealización, pero no en la explicación de su origen. Para unos, tendría su origen en el deseo de retorno al seno materno, para otros en la ansiedad innata, para otros en la imposibilidad de tolerar la frustración que causa la no incondicionalidad del objeto, y aún para otros en que no se internaliza de forma «transmutadora» al objeto ideal sino que se produce una fijación a ese objeto.
Siguiendo estos desarrollos, la idealización del analista se podría interpretar, bien como la recreación de un estado prenatal, bien como medio para amortiguar la ansiedad que aflora en la relación analítica; como forma de negar la frustración que produce un objeto no siempre presente y satisfactorio, o bien como la manera de reemplazar algunas funciones del aparato mental que no quedaron establecidas en la niñez.
Freud, al definir la idealización en Introducción al Narcisismo (1914), vincula esta con la identificación del niño con sus primeros objetos. El objeto es sobrevalorado y engrandecido al tiempo que se identifica con él mediante la proyección del narcisismo primario. Este proceso afecta al objeto, pero al atribuirse el sujeto sus cualidades, afecta también a este. Conviene destacar que en esta obra Freud concede gran importancia a las identificaciones primarias como base de las representaciones en el ideal del yo, que contempla la idealización como parte de la formación del yo, que le da un carácter de proyección del narcisismo primario junto con el deseo de recuperarlo y que considera la idealización como resultado de vicisitudes pulsionales.
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Tampoco debemos perder de vista que Freud define el proceso de la idealización en su conceptualización sobre el narcisismo. Aunque en la actualidad la mayor parte de autores considera el ideal del yo como un conjunto de funciones dentro de la estructura del superyó, en este trabajo me gustaría diferenciarlos, darle una entidad específica al ideal del yo y a sus funciones propias. Entiendo que estas son la formación de modelos a los que el sujeto intenta adecuarse, la constitución de anhelos, aspiraciones y proyectos que desean ser alcanzados, y la adquisición de valores éticos personales, en cuya sintonía se trata de vivir.
En Psicología de las masas y análisis del yo (1921) hace interesantes elaboraciones al diferenciar el carácter de las distintas formaciones de ideales en función de las vicisitudes de las identificaciones primarias, y permite comprender las alteraciones en la formación de estos. Es central la idea de que algunas pulsiones que el individuo reprime individualmente son expresadas en el grupo traduciéndose en aspectos como la sugestión, la consagración a un ideal, la atribución de un poder mágico a la palabra, etc. Describe la idealización y el tipo particular de transferencia que esta produce en las relaciones individuales y grupales. Hace una diferenciación entre el amor y el enamoramiento, vinculando este último a la idealización, la sugestión y el hipnotismo. Me parece que algunas de las manifestaciones descritas por Freud en esta obra están presentes en la relación con el analista en algún tipo de transferencia idealizada. En ella, el analista, como objeto idealizado, desempeña una función similar a la del líder en el grupo que implica en el paciente actitudes acríticas y de sumisión.
Estos desarrollos sobre el ideal del yo como formación diferenciada del yo nos ayudan a explicar modalidades patológicas de dependencia. En este sentido Marucco (1982) al comentar esta obra de Freud establece conexiones entre la transferencia idealizada y la negativa. Dice que el amor vía idealización se convierte en enamoramiento y que este es amor deslibidinizado, donde se demora la satisfacción sexual, no temporalmente sino indefinidamente, con tal de mantener la idealización. Como he señalado, con la formulación de la teoría estructural y otros conceptos, la diferencia entre ideal del yo y superyó queda bastante difuminada y en algunos casos Freud los usa indistintamente.
Respecto al primer grupo, veremos que la escuela kleiniana concede a la idealización un papel básicamente defensivo, y al explorar la transferencia idealizada la considera como la plasmación de los procesos de escisión que tienen su origen en el exceso de ansiedad innata en el bebé, ansiedad que se activaría en la relación analítica. Consideran que la idealización surge del poder de los deseos instintivos que aspiran a una gratificación ilimitada y transforman al objeto bueno en ideal. La madre se convierte en el ideal del yo que se hace inalcanzable, objeto de envidia y ataques. El yo se siente muy dependiente del objeto interno y este proceso se generaliza a distintos objetos.
Klein (1933), al describir el superyó temprano, dice que este contiene aspectos idealizados y persecutorios del pecho. El ideal del yo proviene de los objetos internos idealizados que h...
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