Beneficios de la inmunoglobulina en la leche materna

26.11.2025

Cuando hablamos de lactancia materna, inevitablemente pensamos en el alimento natural por excelencia para un recién nacido. Pero además de ser una fuente óptima de nutrientes, la leche materna es un refuerzo inestimable de protección inmunológica.

Durante el embarazo, todas las mujeres piensan en cómo será su vida después del parto, cómo será su bebé y su relación con él. En estos momentos es imposible no pensar en cómo será su alimentación en sus primeras horas, días y meses de vida. A la hora de decidir por qué tipo de alimentación queremos, nos preguntamos: “¿Tan importante es la leche materna para la salud del bebé?”. Y la respuesta es un rotundo “Sí”.

El papel crucial de la leche materna en el sistema inmunológico del bebé

El sistema inmunológico del recién nacido es inmaduro al nacer. Aunque recibe anticuerpos a través de la placenta durante el embarazo, sigue siendo vulnerable a virus, bacterias y otros agentes externos.

Los bebés tienen un sistema aún inmaduro que no se ha expuesto a los múltiples microorganismos que estamos en contacto en la vida diaria. Ahí es donde la leche materna juega un papel protagonista. Aporta defensas listas para actuar, diseñadas específicamente para el entorno que rodea al bebé.

Esto es posible porque la leche materna se adapta constantemente, modificando su composición según las necesidades del bebé y el entorno en el que vive. Esta “inteligencia biológica” permite que los bebés amamantados tengan un sistema inmunológico más robusto y mejor preparado para enfrentar infecciones. Como veremos a continuación, aparte de tener un cambio en la proporción de nutrientes, las grasas o las vitaminas que aporta, la lactancia materna cambia en proporción de los elementos inmunológicos que aporta en función del estado de salud del bebé y de la madre.

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Componentes inmunológicos clave en la leche materna

La leche materna está compuesta por una impresionante variedad de elementos con propiedades inmunológicas.

  • Inmunoglobulinas: Las inmunoglobulinas son anticuerpos que el cuerpo produce para combatir agentes infecciosos. La IgA secretora recubre las mucosas del sistema digestivo, respiratorio y urinario del bebé, evitando que virus y bacterias se adhieran y causen infecciones. Esta función protectora es especialmente crucial durante los primeros meses de vida, cuando el sistema inmunológico del bebé aún está en desarrollo.
  • Lactoferrina: La lactoferrina es una proteína con potentes propiedades antimicrobianas. Su función principal es unirse al hierro, un mineral necesario para el crecimiento de muchas bacterias. Al “secuestrar” el hierro, impide que las bacterias lo utilicen, dificultando su proliferación.
  • Lisozima: La lisozima es una enzima que destruye las paredes celulares de algunas bacterias.
  • Células inmunes: La leche materna contiene células vivas del sistema inmune, como linfocitos, macrófagos y neutrófilos.
  • Oligosacáridos: Los oligosacáridos son azúcares complejos que no nutren directamente al bebé, sino que alimentan a las bacterias beneficiosas del intestino, como las bifidobacterias. Además, actúan como “cebo” para los patógenos, impidiendo que se adhieran a las mucosas del intestino del bebé.

La leche materna también contiene múltiples compuestos que regulan la inflamación.

Beneficios especiales en recién nacidos prematuros con cardiopatías congénitas

En ellos, la leche materna actúa como un recurso terapéutico, no solo nutritivo, ayudando a reducir complicaciones infecciosas y favoreciendo una mejor evolución clínica. Tal es su impacto que, cuando no es posible recibir leche materna directamente de la madre, se recurre con frecuencia a bancos de leche donada, lo que subraya su valor como parte del tratamiento integral de estos pacientes.

En UCIs neonatales en las que utilizan un soporte alimentario con leche materna en estos bebés, se ha visto que presentan una importante reducción del riesgo de enterocolitis necrosante (una complicación grave del intestino) y de otras patologías digestivas y respiratorias, así como una mayor ganancia ponderal (ganancia de peso).

Adaptación de la leche materna a las necesidades del bebé

La nutrición de los recién nacidos e infantes es esencial para la mejora de la supervivencia infantil y su correcto desarrollo biológico. Por este motivo, la lactancia materna tiene una importancia fundamental en su alimentación. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef defienden la lactancia materna durante los dos primeros años de vida del niño ya que una nutrición adecuada reduce los riesgos de morbilidad y mortalidad y mejora el desarrollo general (1,2).

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La leche materna es una sustancia viva que se adapta a las necesidades nutricionales e inmunológica de recién nacido según este crece. Estas variaciones dependen de factores como la individualidad genética, el tiempo de gestación y lactancia o los hábitos nutricionales maternos (2). Este hecho nos indica que existe una amplia heterogeneidad en la composición de la leche de una mujer a otra.

Las principales modificaciones de la leche humana corresponden con las variaciones que el lactante necesita en su proceso de desarrollo:

  • Etapa pretérmino o precalostro: Secreción mamaria producida durante el tercer trimestre de gestación (3). Se caracteriza por su alto contenido en proteínas y bajo en lactosa. Esta distribución en su composición es debido a las necesidades de proteínas vitales que requiere un bebé prematuro para su mayor madurez.
  • Calostro: Compuesto complejo y de pequeño volumen que se secreta durante los primeros días tras el parto (4) Posee un bajo contenido en grasas y lactosa, para adaptarse así a las necesidades calóricas del neonato. Tiene un alto contenido en inmunoglobulinas, proteínas, minerales, lactoferrina y leucocitos. El calostro es fundamental durante los primeros días de vida debido a la alta cantidad de factores de defensa que favorece el sistema inmune del recién nacido (4). Las inmunoglobulinas (IgA) cubren el revestimiento interior del tubo digestivo y previenen la adherencia de baterías, virus, parásitos y otros patógenos (2). De este modo, además, facilitan la colonización del lactobacilo bifidus (4).
  • Leche de transición: Se trata de una sustancia en la que, en relación con la del calostro, disminuye la concentración de inmunoglobulinas y proteínas e incrementa la de lactosa y grasas (2,3). La leche de transición se da entre el sexto día y la segunda semana posparto (2).
  • Leche madura: Se produce a continuación de la leche de transición, durante los 6 meses posteriores al parto. Pasados estos seis meses el volumen desciende hasta 600 ml/día, lo que permite la continuación de la lactancia materna (4). En esta etapa la leche sufre cambios según la hora del día, la nutrición materna y la edad gestacional del recién nacido. Se caracteriza por su alto contenido en proteínas, ácido sálico, vitaminas liposolubles E, A, K y carotenos; también es superior el contenido de minerales, sodio, zinc, hierro, azufre, potasio, selenio y manganeso (3).

Protección contra enfermedades e infecciones

El neonato presenta un sistema inmune inmaduro en el momento de su nacimiento por lo que está expuesto a gran cantidad de microorganismos (3). Durante la vida uterina la mayoría de las amenazas de inmunodeficiencia son solventadas a través de mecanismos compensatorios como el paso transplacentario de anticuerpos o inmunoglobulinas de la madre al recién nacido.

La leche materna es inocua y presenta anticuerpos que ayudan a proteger a los lactantes de enfermedades e infecciones frecuentes en la infancia. Los factores antiinflamatorios e inmunomoduladores de la leche materna son esenciales ya que el 90% de las infecciones utilizan las mucosas como puerta de entrada.

Por otra parte, la leche materna influye activamente en la mejora del metabolismo y su microflora, protegiendo el sistema de múltiples patógenos. El asma y las alergias alimentarias son algunas de las enfermedades no infecciosas más comunes durante el periodo de la infancia (3). Del mismo modo, todos los niños alimentados con lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida reducen el riesgo de padecer alergias. Su efecto protector puede persistir, incluso, durante los 10 primeros años de vida (3,7).

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Además, la lactancia materna también se encuentra vinculada a la reducción de enfermedades inflamatorias intestinales, enfermedad celíaca, obesidad o diabetes. Proporciona efectos favorables en el correcto desarrollo neurológico, lo que tiene beneficios positivos en el coeficiente intelectual.

Composición de la leche materna y su impacto

La leche materna tiene la capacidad de adaptarse a las necesidades del bebé a medida que crece. Un bebé que la toma está obteniendo todos los beneficios de este “oro líquido”. Tanto si se alimenta directamente amamantando, a través de un biberón o incluso por vía enteral (a través de una sonda nasogástrica o una gastrostomía, por ejemplo), las ventajas que obtendrá son las siguientes.

  • Anticuerpos: La leche humana tiene anticuerpos (inmunoglobulinas) que protegen al bebé contra bacterias y virus. La inmunoglobulina principal es la IgA, que representa hasta el 90% de todas las inmunoglobulinas en la leche materna. Esta tiene la capacidad de unirse a virus y bacterias y evitar que penetren en la mucosa intestinal. De esta forma, inhiben la colonización en el intestino del bebé.
  • Hormonas: Algunas de las hormonas de la leche materna son: oxitocina, prolactina, corticosteroides, insulina, tiroxina y hormona estimulante de la tiroides (TSH). Como explica la Sociedad de Endocrinología del Reino Unido, se ha demostrado que la oxitocina es esencial en el comportamiento humano. Por ejemplo, en el vínculo madre-hijo, la confianza y el reconocimiento de la ansiedad. Por eso la oxitocina también se conoce como la “hormona del amor”. La prolactina también es una hormona importante. Tiene un papel clave en la producción de leche materna. Además, se ha demostrado que tiene más de 300 funciones distintas en el cuerpo humano.
  • Vitaminas: Las vitaminas A, C, D y E están presentes en la leche de la madre. El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) confirma que las vitaminas A y E ayudan a las defensas naturales del cuerpo contra las enfermedades. Es decir, ayudan al sistema inmunológico a combatir infecciones. Ambas vitaminas también mantienen la piel y los ojos saludables. La vitamina C ayuda a curar las heridas y protege las células del bebé. Mantiene los huesos, los vasos sanguíneos (venas y arterias) y la piel sanos. Se necesita suficiente vitamina D para regular la cantidad de calcio y fosfato que hay en el cuerpo del bebé. Aunque la leche materna contiene cierta cantidad de vitamina D, no es suficiente para cubrir las necesidades del bebé en ese período de crecimiento.

Recomendaciones de la OMS y UNICEF

Las recomendaciones nutricionales propuestas por la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación resaltan la importancia de establecer una dieta saludable sostenible basada en la lactancia materna desde el nacimiento hasta los seis meses1. Esta alimentación asegura el desarrollo adecuado del lactante y ofrece muchos beneficios2. Durante los primeros años de vida, las enfermedades alérgicas son cada vez más frecuentes, especialmente las alergias alimentarias4.

La leche humana se considera una fuente de nutrición óptima para el lactante2. Es una solución inmunológicamente compleja con un contenido dinámico que favorece tanto el crecimiento y el desarrollo como la salud del lactante5. En el momento del nacimiento, el sistema inmunológico del recién nacido está desarrollado por completo. Se ha demostrado que el nivel de oligosacáridos de la leche humana está estrechamente relacionado con la inmunomodulación en el neonato y, consecuentemente, con el desarrollo de enfermedades.

La leche materna incluye componentes que pueden resultar clave en la prevención del desarrollo de enfermedades alérgicas2,11,12. Al mismo tiempo, las bacterias beneficiosas que se encuentran en la leche materna son una de las posibles causas de prevención de las enfermedades alérgicas en el lactante6. Los alimentos sólidos, como frutas, verduras y cereales, deben introducirse en la alimentación del lactante a los seis meses de edad durante la lactancia materna. La introducción de alimentos potencialmente alergénicos más tarde de los seis meses no reduce la incidencia de alergia alimentaria en el lactante.

Actualmente, se recomienda la lactancia materna para prevenir enfermedades alérgicas.

Composición de la leche materna

La leche es un fluido complejo; está formado por lípidos, proteínas, hidratos de carbono, vitaminas y factores inmunológicos (1). Es producida por la glándula mamaria, que, a diferencia de otros órganos, se desarrolla de forma más compleja tras el nacimiento, especialmente durante la pubertad. En la mujer embarazada aumenta la producción de gotas de grasa, que elevan el tamaño de las células mamarias.

El contenido celular de la leche depende de varios factores, como la plenitud de la glándula mamaria, la etapa de la lactancia, el estado de salud de la díada madre/bebé, la permeabilidad de la membrana basal y el desarrollo del epitelio mamario (4). Esto quiere decir que existe una gran heterogeneidad en la composición de la leche de una mujer a otra, y que se modifica al adaptarse a las necesidades de su bebé.

El hidrato de carbono más importante de la leche humana es la lactosa, disacárido compuesto por glucosa y galactosa, que representa el 90% del total de hidratos de carbono de la LM. Los oligosacáridos, por su parte, abundan más en la leche humana que en la de vaca y tienen un importante efecto bacteriostático, al inhibir la adhesión bacteriana y vírica a la superficie epitelial.

La leche humana madura tiene un componente proteico pequeño en comparación con la leche de otros animales. Las proteínas de la leche de la mujer son homólogas, por lo que disminuye el riesgo de reacciones alérgicas, a diferencia de lo que ocurre con la leche de vaca. En las proteínas de la LM se pueden distinguir varios compuestos, como la caseína y la seroalbúmina. El nitrógeno no proteico (NNP) se encuentra en grandes cantidades en la leche de la mujer y su concentración depende de la dieta materna y del tiempo de lactancia. La urea es su componente principal, pues constituye el 40% del NNP. Los nucleótidos forman entre el 10% y el 20% del NNP de la LM. Aunque su función no es del todo conocida, se sabe que inciden en la inmunidad humoral y celular, así como en el crecimiento del sistema gastrointestinal.

Dentro de los componentes de la leche se puede afirmar que los lípidos y los factores inmunológicos son variables y sensibles al cambio, ya sea por factores internos o por factores externos. La grasa constituye uno de los componentes más importantes y variables de la leche humana, ya que proporciona el 45-55% de la energía total que recibe el lactante (5,6). Algunos estudios apuntan que la cantidad de lípidos de la leche es dependiente de la grasa acumulada durante la gestación, aunque una parte de ellos, como los ácidos grasos, pueden verse influidos por la dieta materna (7) o por su peso corporal.

Por otro lado, existen diferencias en la concentración de anticuerpos de la LM, entre los que se encuentran IgM e IgG, con valores más bajos, en los que la Inmunoglobulina A secretora (IgAs) es el anticuerpo principal que proporciona inmunidad al lactante (13,14), lo que indica la existencia de un vínculo inmunológico entre madre e hijo. En este sentido, otro de los compuestos objeto de la investigación actual se centra en la lactoferrina, secretada a través de la leche y cuya función consiste en conferir inmunidad en la vida temprana, mientras el propio sistema inmune del bebé se hace competente (15). El recién nacido tiene un sistema inmune inmaduro y está expuesto a gran cantidad de microorganismos extraños desde el mismo momento de su nacimiento (16). El 90% de las infecciones que afectan a los seres humanos utiliza las mucosas como puerta de entrada, por lo que la capacidad inmunomoduladora que confiere la leche materna es de vital importancia desde el periodo neonatal (17).

A pesar de ello, tan solo un 35% de todos los lactantes son alimentados con lactancia natural exclusiva durante los primeros 4 meses de vida; la malnutrición es la causa del 60% de las defunciones registradas en el mundo cada año de niños menores de 5 años (19). Según la Encuesta Nacional de Salud realizada en España por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en los años 2011-2012, un 66,2% de los lactantes son amamantados exclusivamente con leche materna a las 6 semanas de vida; a los 3 meses, baja al 53,6%; y a los 6 meses, únicamente lo hace un 28,5% (20), por lo que la adhesión a la LM sigue estando por debajo de lo deseado.

Aunque las recomendaciones indican que la lactancia materna es beneficiosa en los primeros 6 meses de vida (27), se ha estudiado la variación de los componentes de la leche más allá del primer año de vida del niño. De esta forma, se describe que la LM conserva la mayoría de sus propiedades en el segundo año de lactancia, por lo que su continuidad sería beneficiosa incluso en esa etapa.

Beneficios de la lactancia materna

La lactancia materna ha demostrado ser beneficiosa tanto para la madre como para el bebé. Cada uno de sus componentes y la variedad que se manifiesta entre una mujer y otra la dotan de un gran interés para el estudio científico. Por otra parte, los costos relacionados con una lactancia materna inadecuada son elevados, ante los gastos en la salud de los niños cuyas enfermedades podrían evitarse, así como en el importe invertido en la leche artificial (LA) (29-31).

Los estudios analizados muestran que la leche materna tiene gran cantidad de componentes inmunológicos que aumentan ante las necesidades del bebé. También ofrece beneficios físicos y psicológicos para la madre y el niño y supone, igualmente, un ahorro económico al disminuir los ingresos hospitalarios de los bebés, puesto que disminuye su morbilidad.

Los bebés alimentados con leche materna tienen menos probabilidades de padecer enfermedades gastrointestinales, respiratorias, alérgicas o asma, y también previene la obesidad infantil. Además, la LM tiene efectos beneficiosos para la madre, pues disminuye el riesgo de padecer cáncer de mama, enfermedades cardiovasculares y el síndrome metabólico.

Tabla resumen de los beneficios de la leche materna

Beneficios para el Bebé Beneficios para la Madre
Menor riesgo de enfermedades gastrointestinales, respiratorias y alérgicas Disminución del riesgo de cáncer de mama
Prevención de la obesidad infantil Menor riesgo de enfermedades cardiovasculares
Desarrollo inmunológico robusto Disminución del riesgo de síndrome metabólico
Mejora del desarrollo neurológico Beneficios psicológicos y emocionales

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