Insomnio en Recién Nacidos: Causas y Soluciones
El insomnio tiene un gran impacto en el sueño y en la calidad de vida de nuestros niños. El insomnio es una dificultad mantenida, a pesar de la oportunidad de dormir y en función de la edad, para iniciar o mantener el sueño o su calidad que provoca alteraciones funcionales en el niño y/o la familia y supone repercusiones tanto nocturnas como diurnas.
Indicadores del Insomnio en Recién Nacidos
Es fundamental identificar los indicadores nocturnos y diurnos del insomnio en los bebés:
Indicadores Nocturnos:
- Latencia de sueño: mayor de 30 minutos.
- Vigilia intra-sueño: mayor de 60 minutos.
- Despertares frecuentes:
- 3 o más despertares por noche a partir del año de edad.
- 2 o más despertares por noche a partir de los 2 años.
- 1 o más despertares por noche a partir de los 5 años.
- No autonomía para dormir: necesidad de los padres para dormirse.
Indicadores Diurnos:
- Somnolencia.
- Dificultades en la atención y funciones ejecutivas.
- Alteraciones conductuales y peor rendimiento escolar.
Puede afectar también al sistema cardiovascular inmunológico y metabólico, incluyendo la obesidad y la alteración del crecimiento.
Diagnóstico y Evaluación
Su diagnóstico clínico se hace en base a unos criterios. Es fundamental una adecuada anamnesis y una exploración física. El uso de una agenda del sueño durante al menos 15 días es de gran utilidad.
¿Por Qué Mi Bebé No Duerme?
“¿Por qué mi bebé se duerme y se despierta enseguida?” o “¿por qué mi bebé no duerme?” son algunos de los interrogantes que más inquietan a los padres de niños pequeños. Conseguir que un bebé se duerma y que lo haga durante períodos más largos puede resultar todo un desafío; sin embargo, la tarea no es imposible, solo deben seguirse una serie de consejos y recomendaciones. Son múltiples las causas por las que un bebé no duerme.
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De hecho, los patrones de sueño de los recién nacidos no son como los de un adulto. Los patrones de sueño de los bebés están formados por el tiempo que les lleva alimentarse, digerir, tener un poco de tiempo de vigilia y luego volver a dormir. Los episodios de sueño son breves y espaciados en intervalos regulares. Los ciclos de sueño de recién nacido duran alrededor de 45-50 minutos y de vigilia de 90 minutos. Ese ciclo de 45-50 minutos se compone de sueño activo (parecido al REM) y sueño tranquilo (profundo), que puede durar 25 minutos cada uno. En la transición de uno a otro puede que se despierten con facilidad. Desde que nacen hasta aproximadamente los 6 meses duermen un promedio de 16h. A partir de los 4 meses los ciclos y patrones de sueño cambian y los bebés comienzan a producir melatonina, la «hormona del sueño» y el cortisol, una hormona que “ayuda a regular el despertar”.
Ya sabes que es normal que tu recién nacido se despierte a menudo, pero si lo ves cansado, no puede conciliar el sueño y se está volviendo cada vez más y más molesto, necesitarás identificar la causa de la angustia de tu recién nacido y ofrecerle toda tu ayuda.
5 Razones Principales por las Que los Recién Nacidos L Luchan por Dormir:
- Tiene hambre: Esta es la razón por la que muchos de nosotros saltamos a la primera cuando un recién nacido no duerme y puede ser la causa más común. Los recién nacidos tienen estómagos pequeños y por lo tanto necesitan comer con frecuencia. Lo que es más, durante un brote de crecimiento, un recién nacido puede alimentarse cada hora! Así que si tu recién nacido parece angustiado y no se queda dormido, trata de alimentarlo.
- Está cansado: Si el hambre es la razón por la que muchos padres saltan a la primera cuando los recién nacidos no duermen, el cansancio puede ser el último. Pero es verdad, los recién nacidos pueden simplemente estar demasiado cansados para quedarse dormidos con facilidad. La «cura» para el sobre cansancio es simplemente estar muy atento las señales de sueño de tu peque. Tan pronto como empiece a mostrar signos de cansancio (frotarse los ojos, bostezar, tirarse de las orejas, lloriquear, etc.), ponlo a dormir.
- Está sobre estimulado: Un poco de estimulación es buena para tu bebé. Durante su tiempo de vigilia, es una gran idea involucrarlo en algunas actividades de juego. ¡Sin embargo, demasiada estimulación no es buena! Los recién nacidos no siempre afrontan bien a las luces brillantes, voces fuertes y mucha actividad. Si ves que tu bebe comienza a ponerse nervioso, trata de llevarlo una zona tranquila e intenta que se duerma.
- Está incómodo: Éste puede ser más difícil de identificar. Si no puedes imaginar por qué otra cosa tu bebé puede estar llorando en lugar de dormir, busca la comodidad. ¿Está el pañal mojado o sucio? ¿Está tu bebé demasiado caliente o demasiado frío? ¿Está enfermo?.
- ¡Te necesita!: Al igual que comer, la calidez, el refugio y el sueño, son básicos para los recién nacidos. Si tu pequeño no está durmiendo y parece muy molesto, trata de abrazarlo piel contra piel contra tu pecho. Te sorprenderás de lo rápido y eficaz que puede calmar a tu bebé.
Factores que Influyen en el Sueño
Ser capaz de dormir bien toda la noche es un hito importante del desarrollo psicomotor en la infancia, que depende de factores genéticos, constitucionales y madurativos, sobre los que el ambiente ejerce un papel modulador. Factores como las prácticas y las expectativas parentales, las rutinas familiares, las preferencias culturales y los horarios de guardería pueden influir en el sueño.
¿Cómo Manejar los Problemas del Sueño a Esta Edad?
Como ocurre en tantos problemas de salud es mucho más fácil prevenir este tipo de insomnio que tratarlo. Una vez que se ha instaurado un hábito de sueño erróneo, desmontarlo se hace cada vez más complejo y penoso. Se debe entonces reeducar el sueño del bebé. Para ello, se puede decidir llevar a cabo algunas estrategias de manejo, con rutinas y refuerzo positivo o mediante extinción gradual del hábito erróneo.
- Si los padres han acostumbrado al bebé a dormirse en sus brazos o siempre con dependencia física, pueden cambiar este hábito de sueño dejándolo despierto en su cuna tras relajarlo con unos minutos de caricias y de contacto tranquilo. La actitud de los padres al dejar al bebé debe trasmitirle serenidad y cariño. Así permitiremos que el bebé aprenda a dormirse solo.
- Si los padres no quieren hacerlo de forma radical, dejándolo protestar y llorar en su cuna hasta que se duerma (extinción estándar), pueden optar por dejarlo sólo unos minutos antes de acudir a consolarlo con su presencia, sus palabras y gestos tranquilizadores. Siempre hay que transmitirle su amor y seguridad, pero evitar volver a cogerlo en brazos o sacarlo de la cuna. Esta acción de tranquilizar debe ser breve (un minuto como máximo). Y los tiempos de espera antes de acudir a los requerimientos de su hijo se irán incrementando en las sucesivas visitas. Esta última sería una técnica de extinción gradual.
Es muy importante repetir el proceso en cada despertar que tenga el bebé para conseguir extinguir el hábito de sueño incorrecto y reconstruir el deseado. Conforme el niño va logrando un hábito de sueño correcto, el refuerzo positivo consiste en repetir en cada ocasión en la que el bebé vaya a dormirse, las acciones y rituales que preceden y acompañan al hábito que queremos afianzar. Los padres transmitirán al niño con su actitud, gestos y palabras lo felices y satisfechos que se encuentran con esta situación.
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Errores Comunes
- Tenerlo todo el día en brazos.
- Amamantar al niño para que duerma.
- Siestas diurnas excesivas.
- Mala postura a la hora de dormir.
Consejos para Ayudar al Bebé a Dormir
Los bebés deben dormir en ambientes que estimulen la tranquilidad y el sueño. Por ejemplo, a muchos les da miedo la oscuridad, por lo que es aconsejable colocar una luz tenue en la habitación y evitar los ruidos fuertes al menos hasta que el bebé haya conseguido dormirse. Una buena alternativa es poner a dormir al bebé en la habitación de los padres, pero no en la misma cama, pues esto resulta peligroso.
- Desarrollar un ritmo de sueño.
- Crear una rutina específica para irse a la cama.
- Colocar al niño en la cuna cuando esté somnoliento, pero despierto.
¿Cuántas Horas Necesitan Dormir los Niños?
Un recién nacido duerme un total de 16 horas diarias, en 6 - 8 episodios de sueño de 4 horas cada uno, con periodos intercalados de vigilia. Así, el recién nacido no respeta la noche, despertándose una o varias veces a lo largo de la misma.
Desde el primer mes hasta los 3 - 6 meses, la duración de los despertares nocturnos va disminuyendo y empieza a dormir de manera continua prácticamente durante toda la noche. No obstante, en casi un tercio de los niños en edad preescolar persisten estos despertares nocturnos, como consecuencia de una consolidación inadecuada del período de sueño nocturno.
Entre los 2 y los 4 años duermen por la noche unas 10 horas, más las dos siestas habituales. A partir de los tres años de edad va disminuyendo la “necesidad” de dormir durante el día, hasta prácticamente desaparecer antes de los seis años.
De los 5 a los 10 años de edad, el sueño alcanza un grado de madurez suficiente como para permitir la comparación con el adulto. Aunque existen importantes variaciones individuales, el número de horas de sueño suele ser 2,5 veces superior al adulto y la proporción de sueño REM es similar a la del adulto.
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Pasados los 7 años, no es habitual que el niño necesite dormir la siesta. Si ocurre, lo más probable es que por la noche duerma menos de lo que necesita o que padezca de algún problema durante el descanso nocturno.
A partir de la adolescencia, el número de horas de sueño disminuirá hasta un promedio de 7 a 8 horas, que podría ser insuficiente ya que se produce un incremento de la somnolencia diurna, que ha llevado a pensar que las necesidades totales de sueño no disminuyan sino que aumenten durante la adolescencia.
¿Cuándo Debemos Sospechar un Problema de Sueño en un Niño?
Las necesidades de sueño varían considerablemente. No hay un patrón de sueño homogéneo y lo que necesita un niño no tiene porque ser aplicable a otro. Sin embargo, si le cuesta regularmente conciliar el sueño o mantenerlo a lo largo de la noche o si se encuentra cansado y soñoliento durante el día, se debe sospechar la existencia de un problema de sueño o de los hábitos que conducen a éste.
Algunas Causas Conductuales y Psicológicas de los Problemas de Sueño Infantiles
Malos hábitos
Al igual que en el adulto, en los niños pueden producirse dificultades para iniciar o mantener el sueño, aunque raramente se quejan de este problema y suelen estar contentos de permanecer despiertos.
La iniciación del sueño requiere una compleja coordinación de circunstancias biológicas y de conductas aprendidas: Por un lado, el organismo tiene que estar fisiológicamente preparado para el sueño. Por otro lado, las conductas que realizamos en los momentos previos a dormir, se acaban convirtiendo en rituales facilitadores del sueño que cuando faltan, nos impiden dormir.
Los rituales de conciliación también son necesarios en los niños, y con frecuencia el problema del insomnio infantil no se debe a despertarse por la noche, sino a no poder volver a dormirse, debido a que los estímulos que asocian al inicio de sueño, no están presentes a mitad de la noche cuando se despiertan (papá o mamá, luz, cuento…).
Estrés
Debido a horarios irregulares, sobre activación, problemas familiares, miedos infantiles o ansiedad de separación
Los niños necesitan de la rutina para desarrollarse, ya que ésta les ofrece seguridad. Cuando ésta seguridad se encuentra amenazada, los niños reaccionan mostrando su ansiedad a través del llanto, cambios de conducta y resistencia a dormirse por la noche. Se comportan de la misma manera cuando, tras un día excitante se les dice que tienen que acostarse, ya que el dormirse supone un cambio sobre la actividad que tanto están disfrutando.
Plan de Tratamiento para el Insomnio Infantil: El Método Ferber
A finales de los años 70, el pediatra norteamericano Richard Ferber publicó un método conductual para el manejo del insomnio infantil que se popularizó en todo el mundo. La base de este método es la extinción del llanto a lo largo de un periodo breve. Pero este método no está hecho para todo el mundo.
El niño debe de aprender a dormirse solo, bajo unas condiciones que se puedan reproducir cuando se despierte a media noche. En algunos casos se producirá un empeoramiento durante los primeros dos o tres días, por lo que es aconsejable iniciar el plan de tratamiento durante el fin de semana, de manera que si los padres no duermen las primeras noches puedan hacerlo al día siguiente.
Colocar al niño en la cama o cuna con sólo aquellos objetos favoritos y que puedan permanecer junto a él durante toda la noche para que se acostumbre a dormirse junto a estos objetos y los asocie con el sueño. Así, si se despierta en medio de la noche, podrá volver a dormirse sin necesidad de nadie.
Si el niño comienza a llorar, no hay que acudir inmediatamente. Pasados unos minutos (al menos 2 minutos) la madre o el padre podrá volver a la habitación a confortar al niño, que no debe moverse de la cama, hasta que esté tranquilo (aunque despierto). Entonces el padre/madre deberá abandonar la habitación.
Los padres no deben de exteriorizar nunca enfado ni frustración. Tampoco deben de permitir que estas emociones aumenten a medida que progresa la noche.
La mejoría suele verse generalmente a partir de la tercera noche. Los despertares nocturnos suelen ser más cortos, y el llanto va siendo más débil y breve. El niño va aprendido a quedarse dormido por sí sólo sin la ayuda de sus padres.
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