La Historia de Jarocho: Legado Taurino de Padre a Hijo
Los carteles de San Isidro 2025 están a punto de hacerse oficiales, pero ya están en boca de todos los aficionados que se preguntan por la ausencia de uno de los triunfadores de la pasada edición: el entonces novillero y hoy matador de toros Roberto Martín Jarocho, que abrió la Puerta Grande de Las Ventas pocas semanas antes de convertirse en triunfador del Circuito de Novilladas de la Comunidad de Madrid.
Orígenes y Dinastía
Roberto Martín Jarocho (Huerta el Rey, Burgos, 2004), tiene el mismo nombre y apodo que su padre, que fue matador de toros de alternativa, pero que se cambió al escalafón de plata y hoy, además, ejerce como su apoderado y hombre de confianza. El apodo de Jarocho viene del que fuera fundador de la dinastía, el padre de los hermanos Eduardo y Roberto Martín Cámara.
Tiene su origen en la sierra que circunda su localidad natal donde abunda, al parecer, ese nombre que con el tiempo tan vinculado esta ya a Huerta de Rey. De los cuatro Jarocho, el primero que puede presumir de haber nacido en Burgos es el último, el joven Roberto que debuta en público el próximo 6 de septiembre. Su padre y su tío Eduardo nacieron ambos en Madrid aunque vinieron a Huerta siendo unos niños y de Huerta siempre se han considerado. El fundador de la saga nació en tierras de Salamanca donde el destino ha querido que se presente el público su nieto mayor.
Eduardo Martín Cámara, Jarochito en los carteles, mató becerradas en Aranda en 1995 y 1996 y una anterior en Huerta en 1993. Se hizo banderillero en 1996. Dos años mayor que Roberto que mató su primer becerro en público en 1993, debutó de luces en 1997 y con caballos en 1999 para tomar la alternativa en 2003 en Burgos. Todavía se recuerda el brindis del toro de la ceremonia a su padre y a su hermano. De los momentos más emotivos vividos en El Plantío en años.
Antes que todos, el abuelo de la familia, fue mayoral de bravo.Ahora, la saga continúa. Fue novillero, su hijo Roberto fue matador de toros y ahora subalterno, Eduardo, 'Jarochito' fue novillero y subalterno.
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Cuando acudía a Huerta, siempre me gustaba charlar con este veterano del toro que, en sus tiempos jóvenes de locura torera, quiso ser. Llegó a torear de novillero en la vieja plaza de Vista Alegre, y allí le nació el apodo de 'Jarocho' por su semejanza con un novillero mexicano que impactó en la España de la posguerra, y que en grandes carteles se anunciaba: ¡Qué viene Jarocho! Sus dos hijos nacieron en Alcalá de Henares, aunque muy pronto se trasladaron a Huerta. El mayor, Eduardo 'Jarochito' fue novillero y actuó de subalterno algunas temporadas, algunas de ellas con su hermano Roberto Martín 'Jarocho', actualmente subalterno de lujo que llegó a tomar la alternativa un 3 de julio de 2003 en la feria de San Pedro y San Pablo de Burgos. Y el último de la saga es el hijo de Roberto, del mismo nombre y apodo, que debutaba con caballos el pasado año.
El Ascenso del Joven Torero
Este torero llamó la atención en su multitudinaria Puerta Grande acompañando de gran cantidad de jóvenes que lo lanzaron en volandas hacia la calle de Alcalá la pasada primavera. Roberto Martín 'Jarocho', el joven novillero del pueblo de Burgos de Huerta de Rey, se ha convertido en matador de toros este jueves en Palencia, después de hacer frente a tres ejemplares de la ganadería Montalvo, que no se lo han puesto nada fácil al burgalés.
Una plaza eufórica y una afición arrolladora fue lo que se encontró Jarocho al poner el pie en sobre el albero de la plaza de toros palentina para tomar la alternativa. Tras un verano lleno de emociones y una cogida en el oído izquierdo hace semanas, el de Huerta de Rey aterrizó valiente en la primera cita de la Feria de San Antolín de Palencia, llevándose tres orejas, una en el primer toro y dos en el segundo. Jarocho ejecutó su faena bajo la atenta mirada de su padre, con el que comparte nombre y apodo, y al que dedicó un emotivo brindis.
El joven diestro de Huerta de Rey, a sus 19 años se ha convertido en el séptimo matador de toros burgalés de la historia. Con la reciente incorporación de Jarocho en la lista de matadores burgaleses, ya son siete los nombres que conforman esta historia que empieza con Rafael Pedrosa.
Debut y Preparación
El novillero burgalés Roberto Martín ‘Jarocho’ comenzará este miércoles con sus compañeros de la escuela taurina de Salamanca los tentaderos en el campo charro. En principio, la intención de los responsables del centro taurino así como de su progenitor - el matador de toros y actual banderillero Roberto Martín ‘Jarocho’- es que el nuevo novillero vaya toreando en el campo y becerradas para ir adquiriendo oficio.
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Acompañado de otros alumnos de la escuela, Jarocho arrancará la preparación, previsiblemente este próximo miércoles, una vez que se reanude la actividad presencial en la entidad, parada durante unas semanas por las cifras de contagios de Covid que está viviendo la ciudad salmantina.
En la escuela de Salamanca tiene como maestro a José Ignacio Sánchez, aquel matador de toros salmantino que deslumbro Madrid de novillero por tener una mano izquierda portentosa, una personalidad que hacia recordar la majestuosidad de Santiago Martín ‘El Viti’ y que llegó a torear con caballos en El Plantío en la feria de San Pedro de 1993, cuando al nuevo Jarocho le faltaban once años para venir al mundo.
Filosofía y Perspectivas
Se cita con Libertad Digital en el Hotel JW Marriot, en plena calle Sevilla y a pocos metros de la Puerta del Sol. Posa pacientemente para el fotógrafo en las agradables instalaciones de este moderno alojamiento con una de las vistas más privilegiadas del centro de Madrid.
RMJ: Hombre, más que un referente, yo creo que la afición joven que acude a las plazas quizá se sienta identificada conmigo por la cercanía de edad. Al fin y al cabo están viendo a alguien de su edad realizando algo que ellos no pueden hacer y, bueno, pues quizá eso les llame la atención, ¿no? Sí es verdad que cada día está acudiendo más gente joven a la plaza quizá también por esa rebeldía de los jóvenes de ir a cosas que están intentando prohibir.
RMJ: Yo creo que aún siendo consciente, para mí es el camino que merece la pena. Si soy torero y decidí ser torero es por ser fiel a esa forma de entender e interpretar el toreo, que es la que siempre me ha llenado. Soy consciente que es un camino más lento, pero creo que es un camino también más largo.
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RMJ: Yo toreo para mí, para emocionarme, para sentir y para expresar. Cuando un torero torea para él esa es la única manera de emocionarse.
El Papel del Padre
Llevas a tu padre, matador de toros de alternativa que se pasó al escalafón de plata, en la cuadrilla. Es especial la relación no sólo como padre e hijo, sino que pasamos las 24 horas del día juntos. Hay momentos en los que esa relación queda a un lado. Estoy muy agradecido a mi padre porque está luchando mucho por mí, está trabajando por mí y está ejerciendo de la figura del apoderado independiente, que hoy en día ha desaparecido un poco.
Mi padre creo que está recuperándola con pasión y romanticismo y mientras no salga esa persona que yo crea que vaya a ser adecuada para mí y mire por mí, por mi futuro y por mi toreo, mi padre va a ser quien defienda mis intereses. Mi padre no mira por mí como hijo sino como la relación de un apoderado romántico, ilusionado con un torero joven y con esa ilusión de poder algún día llegar a lo más alto, dando esos pequeños pasitos cortos desde la base del toreo y apostando por un torero joven desde sus inicios.
Eso es lo bonito del toreo, el que poco a poco estamos creciendo juntos y el día de mañana ojalá podamos disfrutar y posicionarnos en lo más alto y que me pueda seguir apoderando muchos años más.
«Nunca me ha dicho abiertamente que quería seguir mis pasos y ser torero», asegura Jarocho padre. «Me iba enterando que a mis espaldas entrenaba junto con mi hermano y mi padre, pero nunca pensé que la cosa podría ir en serio hasta que el año pasado me pidió que le apuntara a la Escuela Taurina de Salamanca», subraya el actual banderillero de Huerta de Rey, quien tomó la alternativa en El Plantío de Burgos un 3 de julio de 2003.
Cuando habla de su hijo, en sus palabras emana un doble sentimiento de orgullo y temor. Jarocho sabe más y mejor que nadie lo que significa el triunfo en el toreo y lo que implica el sufrimiento en la extensión más radical del término. «Me da mucho miedo que mi hijo quiera ser torero», reconoce Jarocho con una mueca de resignación antes de apuntar que «por otro lado quiero que sea feliz y que aprenda los valores de esta profesión». «Qué llegue o no llegue a lo más alto, es secundario, lo digo con el corazón en la mano», continua el torero burgalés.
«Como padre, obviamente, le ayudaré en todo lo que este en mi mano para que llegue lo más arriba posible, pero me enorgullece que mientras otros chicos de su edad sólo piensan en fiestas y en otras cosas, Roberto únicamente piensa en torear, en entrenar, en ir al campo.
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