Julen Madina: Biografía de un Corredor Legendario de San Fermín
Esta es la historia de un adolescente que, con 16 años, se acercó durante un veraneo con su hermano mayor a los sanfermines. Él decidió convertir los encierros en el auténtico leit motiv de su vida, y así fue durante más de cuatro décadas.
Ese joven guipuzcoano pronto se hizo un hueco en las calles de Pamplona, después se ganó un respeto entre los corredores locales y finalmente adquirió un nombre en la década de los 70, en unas fiestas en blanco y negro. Llamaban la atención su fortaleza física y la capacidad para acomodarse entre los pitones durante decenas de metros, cien, doscientos.
En 1982, TVE emitió por primera vez un encierro en directo. Las audiencias mastodónticas de la televisión pública supusieron una proyección para la fiesta mayor aún mayor que la obra de Hemingway. Los corredores perdieron el anonimato, sobre todo los más arriesgados, y Julen Madina pasó a ser conocido como El Calvo de San Fermín. Los mozos más expertos, los Divinos, y todos lo admiraban... y unos cuantos comenzaron a detestarlos.
Llegaron las críticas, la presión mediática en una actividad de riesgo que hasta entonces era puro divertimento, un reto personal, e incluso los insultos y agresiones en plena carrera, que le costaron lesiones graves.
Un Proyecto Truncado
Toda esta historia, que nunca se pensó que tuviera repercusión, es la que comenzó a contar su protagonista en un esbozo de memorias tras su retirada definitiva en 2013, en las que narraría, a su pesar, cómo vive y siente los encierros uno de sus protagonistas. Pero un accidente mortal cuando practicaba surf en la playa de Zurriola en agosto de 2016 truncó en seco el proyecto.
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Lo explica Emmanuel de Marichalar, aficionado francés, amigo y socio de Julen Madina, con quien inició lo que iba a ser un libro escrito a cuatro manos y que ha plasmado en Julen, editado por Amigos de Julen Madina. El corredor sólo pudo narrar de su puño y letra sus inicios, su asentamiento y los albores de la década de los 80, cuando la llegada de la televisión dio un vuelco radical a las carreras, o al menos a la actitud de buena parte de los mozos, atraídos por ese segundo de fama ralentizada y repetida que ofrecían las cámaras.
La cuestión era cómo continuar un libro sobre Julen Madina sin su participación. De Marichalar cuenta que fue sencillo: se sirvió de sus horas de conversaciones con el corredor y también solicitó la participación de su familia, especialmente su hermano Xabi, con quien corrió codo con codo varios años, y de sus amigos. "Muchos se han ofrecido sin problema. Eso habla de las amistades tan fuertes que tenía".
La Experiencia de Julen ante los Toros
Lo primero que llama la atención del relato que el propio Julen Madina hace de su experiencia ante los toros es la facilidad y tranquilidad con que se ponía ante (y entre) las astas: "Sí que tenía un miedo real a la amenaza de un animal, pero no era demasiado profundo", dice. Y añade: "El otro miedo, el psicológico, no lo sentía, no tenía ninguna presión".
Habla de los años 70, en los que el guipuzcoano se vistió de blanco y rojo, como un pamplonés más (una foto suya incluso ilustró un anuncio de chorizo Pamplonica), participaba en las actividades de las peñas, almorzaba en Casa Paco y acudía a la plaza de toros, donde se confirmaba que sin corrida no hay encierro. Estaba arropado y tutelado por el corredor navarro más importante de la época, Tito Murillo, y se sentía uno más junto al pamplonés Jokin Zuasti, compañero inseparable.
Pero esa despreocupación de la juventud poco a poco dio paso a una presión que va mucho más allá del miedo a ser arrollado por un morlaco de 600 kilos, a sentir el pitón desgarrando sus carnes... o ver la muerte ante sus ojos, como sucedió con otros jóvenes por tapones y cornadas en los 70.
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La Presión Mediática y los "Tiempos del Miedo"
"La presión mediática empezaba a ser muy fuerte y comencé a tener un desgaste importante en la lucha por controlar el estrés", explica.
La popularidad de los 80, incluso la fama, trajeron reportajes en periódicos, entrevistas y análisis de sus carreras. "Ya nada volvería a ser igual", recuerda. Palmadas en el hombro y la admiración de la mayoría, incluidos corredores... Pero también críticas y envidias muy insanas. Lo que el autor del libro llama "los tiempos del miedo".
Primero llegaron panfletos con injurias en los que utilizaban un montaje fotográfico para acusar directamente a Madina de provocar la cogida mortal del estadounidense Matthew Peter Tasio en 1995 (cuando realmente ni estaba en ese tramo del encierro) y acababan con un contundente "¡¡Garrote para el de Hernani!!".
Julen Madina denunció una cogida que le provocó otro mozo al tirarle al suelo cuando estaba ante las astas: "El corredor me tapaba conscientemente la salida (...) y el toro me tiró al suelo. Resultado, hundimiento de la caja torácica y varias costillas rotas". Y el autor del libro incluso entrevista a otra persona que admite que lo empujó conscientemente.
Son sus compañeros de carreras los que defienden la forma de correr de Madina, como Teo Lázaro, corredor y comunicador: "El que ha corrido desde los 90 o 2000 sabe de la violencia de esta carrera, pero decir que ese corredor empujase más que otros es faltar a la verdad, me da pena que haya gente que se deje llevar por las opiniones del resto". Ellos mismos, los Divinos, se defendían en un reportaje titulado "No somos la mafia del encierro".
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El Declive Físico y el Incidente de 2004
Estos episodios ocurrieron en 1996, tras la publicación y distribución de los panfletos en su contra. A esa presión mediática y animadversión de algunos sectores se sumó el lógico declive físico (las piernas ya no daban para carreras muy prolongadas) y un suceso que conmocionó a todos los espectadores el 12 de julio de 2004: un toro suelto de jandilla, de los que llevaban rock and roll, como a él le gustaba decir, le propinó cinco cornadas en el callejón de acceso a la plaza. "Me quedé muy triste con la alegría de parte del público y mozos" tras conocer el percance, rememora el propio Teo Lázaro.
Lo que todo el mundillo taurino vio como el detonante que anunciaba el fin de su carrera, como reconoce su hermano Xabi, tras 30 años corriendo, no fue más que un acicate para Madina. Se colgó un aro más en su oreja izquierda (uno cada vez que salvó de una forma u otra su vida) e hizo honor a una frase que ya había pronunciado antes: "No me quitarán ni la gente ni un toro, me iré yo".
Retiro y Legado
Y volvió a correr. Y volvió a ser el Calvo de San Fermín, con su estilo peculiar y su gusto por los toros sueltos, los que más peligro llevan a las calles de Pamplona. Hizo un amago de retirada en 2010 tras el nacimiento de su hija Aisha, pero volvió a correr y en 2013 entró en la plaza por última vez delante de dos toros de Torrestrella. Tenía 59 años.
Desde entonces, mató el gusanillo en encierros de otros pueblos navarros, donde la exigencia era mucho menor. Se dedicó a su profesión, las artes marciales (era sexto dan de judo y quinto de jiu jitsu), que tanto le sirvieron para alcanzar ese estado zen en momentos de apuro. Tuvo presencia en medios (participó en El Conquistador de la ETB) e inició el proyecto Team Building Encierro para trasladar en charlas esa mentalidad y concentración que lo habían llevado a ser un maestro del temple y de la calma justo en el momento en que el instinto dice que es hora de correr como alma que lleva el diablo.
Hasta que llegó una ola un día a finales de agosto de 2016 y acabó con todo. Ya no hubo espacio para un arete más en su oreja izquierda.
Autor: Emmanuel de Marichalar.
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