La Cuna de Halicarnaso: Un Legado Histórico Bajo la Sombra de la Segunda Guerra Mundial
La península anatólica alberga un abrumador legado arqueológico, que incluye restos paleocristianos y bizantinos, muchos de ellos únicos y a veces recónditos, casi inaccesibles.
Orígenes y Evolución de Halicarnaso
Los primeros asentamientos humanos en la región se remontan al VII milenio a. C., conocida inicialmente como Kizzuwatna.
Colonizadores de Micenas llegaron a su costa, y en 715 a. C. fue anexionado al Imperio Asirio. Posteriormente, formó parte del imperio aqueménida y, tras el fugaz imperio macedonio de Alejandro Magno, la región fue ocupada en 333 a. C.
Después de Alejandro Magno, la ciudad fue entregada al rey seléucida Antioco III. En 197 a. C., Antioco III conquistó Licia. Sin embargo, las incursiones de los piratas cilicios persistieron hasta que, en 78 a. C., el general romano Servilius Vatia intervino.
La Liga Licia y la Influencia Romana
En Xanthos, se puede apreciar cómo quemaron toda la acrópolis.
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La confederación de ciudades-estado llamada Liga Licia mantuvo su antiguo sistema confederal hasta tiempos de Augusto, cuando se convirtió en una provincia separada.
El Legado Arquitectónico y Cultural
La región, accidentada orográficamente, presenta impresionantes barrancos y cañones.
Cilicia experimentó un periodo de prosperidad, y una ciudad fue conocida como Diocesárea hacia el siglo I d. C.
En la costa cilicia, cerca del emplazamiento de la antigua Korykos, se levanta un poblado helenístico nunca excavado.
En Hierapolis, los grandiosos y mejor conservados monumentos civiles y religiosos datan de la época de Septimio Severo (193-211 d. C.) y están dedicados al emperador, aprovechando los materiales originales esparcidos por las ruinas.
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El teatro de Aphrodisias, construido bajo Marco Aurelio (161-180 d. C.), tenía una capacidad para 10.000 espectadores.
Las estancias que servían como vestuarios para los actores han sido reconstruidas.
En el odeón, al norte de la ciudad, se celebran conciertos de música.
El estadio, con una anchura de 34 m, podía albergar hasta 30.000 espectadores y data del siglo II d. C.
La decoración escultórica de los edificios refleja la influencia de artistas de otras provincias del imperio romano.
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Aphrodisias: Ciudad de la Diosa del Amor
Aphrodisias, o ciudad de Aphrodisias, se encuentra en los montes Taurus.
La ciudad creció en toda su opulencia, ocupada por la acrópolis clásica.
El culto a la diosa (asimilada a Ishtar) contribuyó al florecimiento de la ciudad.
La columnata porticada rectangular, pavimentada de mármol, alterna los blancos y negros en un motivo ajedrezado.
Del templo, sólo 14 columnas quedan en pie.
La Influencia Bizantina y el Declive
El imperio bizantino dejó su huella en la región, aunque también marcó el inicio de su declive, sumiendo a Halicarnaso en la ruina y el olvido.
Las estructuras bizantinas, como las iglesias, se encuentran en la región.
Pamukkale: El Castillo de Algodón
Cerca de Halicarnaso se encuentra Pamukkale, conocido como el 'Castillo de Algodón'.
Las aguas termales a 35º C de temperatura, al depositarse en el terreno, se solidifican con el tiempo, creando un paisaje blanco que asemeja una fortaleza hecha de algodón.
El mármol de la región era exportado a todo el mundo por las industrias canteras locales.
Hierapolis y el Plutonium
Los romanos instalaron allí una estación termal.
En Hierapolis, consagrado al santo patrón de la ciudad, existe un Plutonium del siglo III d. C., donde escapan vapores tóxicos.
Tras una escalinata, hay una puerta abovedada que permitía bajar al Plutonium, con una visita que advierte de un posible peligro de muerte ('Danger. Poisonous Gaz').
La estancia se cargaba de gases nocivos, recordando al Averno.
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