La Leche Materna y la Absorción de Hierro en Bebés

13.10.2025

Un periodo crucial entre la madre y el bebé es el de la lactancia, pues no sólo se establece un vínculo emocional, sino que es la vía mediante la cuál, la madre transmite los nutrientes y anticuerpos al recién nacido para que éste se desarrolle correctamente. Uno de los minerales con un papel muy importante durante el embarazo y la lactancia es el hierro.

Este mineral participa en la formación de la hemoglobina que forma parte de los glóbulos rojos y cuya función es transportar el oxígeno de los pulmones al resto del organismo. Además, el hierro tiene otras funciones. Las necesidades de hierro aumentan durante el embarazo, pero también son cruciales durante la lactancia puesto que continúa el paso de hierro hacia el bebé para ayudarle a su crecimiento y desarrollo.

El Papel del Hierro en el Organismo

El hierro es un mineral que forma parte de la hemoglobina, una proteína fundamental en los glóbulos rojos. Su función es transportar el oxigeno de los pulmones al resto del cuerpo. Si la cantidad de hierro en el organismo no es la adecuada, no se fabricará hemoglobina y, por tanto, la cantidad de glóbulos rojos en la sangre será menor. Como consecuencia de ello, los tejidos y los órganos no recibirán la cantidad de oxígeno necesaria.

Otras funciones del hierro en el organismo son las siguientes:

  • Forma parte de la mioglobina, una proteína encargada de aportar oxígeno a los músculos.
  • Participa en la formación de colágeno.
  • Ayuda a incrementar la resistencia a las enfermedades, ya que refuerza el sistema inmune.
  • Interviene en procesos metabólicos y en la producción energética.
  • Contribuye en la formación de hormonas.

Tanto durante el embarazo como a lo largo del periodo de lactancia es importante que el aporte de hierro a la madre sea el adecuado.

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A pesar de todas las funciones del hierro, su déficit es la causa más habitual de anemia. Por ello, llevar una dieta rica en alimentos con hierro disminuirá el riesgo de padece esta dolencia.

El Hierro en el Embarazo

La alimentación de la madre durante el embarazo debe ser correcta para que aporte el contenido energético necesario tanto para ella como para el bebé. A lo largo de las semanas de embarazo existe un elevado riesgo de que haya un déficit de hierro, produciéndose anemia debido a que la embarazada requiere más cantidad de este mineral. Los requerimientos de hierro por parte de la embarazada variarán según el trimestre de gestación.

En líneas generales, se aconseja que la ingesta de hierro durante el primer trimestre de embarazo sea de 27 mg al día; mientras que en el segundo y tercer trimestre se aumente el consumo de hierro a 30-60 mg diarios. En cambio, las necesidades de hierro en mujeres que no están embarazadas son menores, en torno a 18 mg al día.

Si los niveles de hierro en la sangre materna no son los adecuados, existe más riesgo de que el bebé nazca prematuramente y de que tenga un bajo peso. Además, las mujeres con anemia por deficiencia de hierro también pueden sufrir un aborto espontáneo. Por ello, es fundamental que la dieta de la embarazada incluya alimentos con elevado contenido en hierro.

Síntomas del Hierro Bajo en Embarazadas

Al aumentar las necesidades de hierro durante el embarazo, si no hay un aporte adecuado del mismo, es posible que la mujer sufra anemia por deficiencia de hierro. Entre las principales manifestaciones clínicas de un déficit de hierro en mujeres embarazadas se encuentran las siguientes:

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  • Debilidad.
  • Mareos.
  • Riesgo de infecciones.
  • Piel pálida.
  • Nerviosismo y ansiedad.

En los casos más graves, la embarazada podría notar un aumento de la velocidad de los latidos cardíacos, hipotensión o incluso dificultad para mantener la concentración.

Hierro en la Leche

Durante el periodo de lactancia materna, los bebés reciben la cantidad de hierro necesaria a través de la madre. Sin embargo, cuando el bebé tiene 4-6 meses, se inicia la alimentación con papillas enriquecidas con hierro. Las necesidades de hierro en los bebés durante el periodo de lactancia varían según su edad. Por ejemplo, los requerimientos de hierro del lactante desde el nacimiento hasta los 4 meses de vida es de unos 0.27 mg al día. En cambio, los bebés de 4-6 meses necesitan un aporte de 0,78 mg diario de hierro, así como de 11 mg al día entre los 6-12 meses.

Los expertos recomiendan a las futuras madres, visitar a su especialista para someterse a controles rutinarios y poder consultarle acerca de de los alimentos ricos en hierro y suplementos vitamínicos, pudiendo asegurar así una leche materna mucho más nutritiva. En determinadas situaciones, como bebés prematuros o existencia de factores de riesgo de deficiencia de hierro, el especialista puede recetar suplementos de hierro para cumplir las necesidades nutricionales del lactante.

Mejorar los Niveles de Hierro en la Dieta

Como hemos comentado anteriormente, un correcto aporte de hierro a lo largo de los meses de embarazo, así como tras el parto y la lactancia es fundamental. Algunos alimentos recomendados durante la gestación por ser fuente de hierro son los siguientes:

  • Carnes rojas magras.
  • Carnes de ave.
  • Legumbres.
  • Verduras como las espinacas, las acelgas o el brócoli.
  • Pescado azul como, por ejemplo, sardinas.

Además, si hay un déficit de hierro, habrá que tener en cuenta también las cantidades de calcio ingeridas puesto que dificulta su absorción. Del mismo modo, también hay que prestar atención a las cantidades de café y té consumidos.

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Del mismo modo, la madre deberá continuar con la dieta equilibrada durante la lactancia y seguir con la ingesta de carnes magras, pescado, huevos, vegetales de hoja verde, etc. En caso de ser necesario, también le indicarán la administración de suplementos de hierro.

A partir de los seis meses de edad, la alimentación del bebé comienza a cambiar. Hasta este momento, la leche materna o de fórmula ha sido su único alimento, pero ahora necesita nuevos nutrientes para seguir creciendo y desarrollándose de forma saludable.

El hierro es esencial para el desarrollo cerebral, la producción de glóbulos rojos y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Los bebés nacen con una reserva de hierro heredada de la madre, pero esta comienza a disminuir a partir de los seis meses. Desde los seis meses, la introducción de alimentos complementarios debe incluir fuentes ricas en hierro.

Tipos de Hierro en los Alimentos

  • Hierro hemo: Se encuentra en alimentos de origen animal como carnes, pescados y mariscos.
  • Hierro no hemo: Proviene de alimentos de origen vegetal como legumbres, verduras de hoja verde y cereales fortificados.

Los alimentos de origen animal son la mejor fuente de hierro porque el cuerpo los absorbe fácilmente.

Ejemplos de Alimentos Ricos en Hierro

  • Carnes: Pollo, ternera, cordero, cerdo, pavo.
  • Pescados: Salmón, atún, sardinas.

Consideraciones Importantes

  1. El bebé no necesita grandes porciones de carne o legumbres al principio.
  2. El hierro debe formar parte de la alimentación del bebé de manera habitual.
  3. Para que el bebé pueda aprovechar el hierro, es importante cocinar bien las carnes y legumbres hasta que estén blandas y fáciles de masticar.
  4. Los lácteos (leche, yogur, queso) contienen calcio, que compite con el hierro en la absorción.

Si el bebé no está consumiendo suficiente hierro a través de la alimentación, el pediatra puede recomendar suplementos de hierro. Sin embargo, lo ideal es obtener este mineral a través de los alimentos de manera equilibrada. El hierro es un nutriente fundamental en la alimentación complementaria del bebé. Ofrecer una dieta variada, con carnes, legumbres, cereales fortificados y verduras, permitirá que el bebé reciba el hierro necesario para su desarrollo.

Si tienes dudas sobre si tu bebé está recibiendo suficiente hierro, consulta con su pediatra para una evaluación y recomendaciones personalizadas. El déficit de hierro (o ferropenia) es el trastorno nutricional más prevalente que afecta a niños y adolescentes en todo el mundo, sobre todo durante el periodo neonatal, edad preescolar y adolescentes. Aunque el origen de este déficit puede ser variable una dieta inadecuada es la causa más frecuente.

Los requerimientos diarios de hierro variarán en función de las necesidades de cada una de las etapas del desarrollo. Los depósitos de hierro han disminuido paulatinamente desde el nacimiento, quedando poco “almacén” hacia los 6 meses. El hierro lo podemos encontrar en dos formas, siendo su capacidad de absorción (o biodisponibilidad) diferente.

  • ORIGEN NO HEMO: es el hierro predominante en la alimentación, de baja biodisponibilidad (absorción entre 5-10%). La cantidad absorbida de hierro va a depender directamente de nuestros hábitos de alimentación.
  • Hierro en forma HEMO.

Lactancia materna a demanda exclusiva hasta los 6 meses, mantener hasta los 2 años o más siempre que madre y bebé deseen. Inicio de la alimentación complementaria alrededor de los 6 meses. Asegurar un aporte de hierro suficiente (alimentos ricos en hierro en todas las comidas principales, mínimo 2 veces al día), en el contexto de una dieta variada, equilibrada y adecuada.

Evitar alimentos que disminuyan la absorción en las comidas principales. Los taninos del café/ té/cacao, el oxalato de las espinacas y el fosfato de las bebidas gaseosas inhiben la absorción de hierro no hemo. La mayoría de déficits de hierro son asintomáticos, y se detectan de manera casual en alguna analítica realizada por cualquier otro motivo. Sin embargo, puede estar indicado en grupos de riesgo la suplementación profiláctica de hierro.

Suplementos de Hierro

Durante la primera infancia, especialmente en los primeros meses de lactancia, existe un alto riesgo de ferropenia o déficit de hierro, pues coinciden una alta demanda con una ingesta escasa de hierro de alta biodisponibilidad. Con frecuencia neonatos y lactantes cuentan con unas reservas de hierro insuficientes. Esto es debido a causas como la inmadurez gestacional, un estado férrico de la madre deficiente, pérdidas prenatales o perinatales.

En estos casos el protocolo médico pauta una suplementación con hierro, incluso cuando se sigue una dieta infantil adecuada. Según el Consenso de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, los requerimientos diarios de hierro son de 0,49 mg para los niños entre 0 y 6 meses, y de poco menos de 1 mg para los niños de entre 6 meses y 3 años.

La leche materna no presenta una alta proporción de hierro -0,4 mg/l- y, además, según señaló Infante, la leche humana es insuficiente cuando el lactante supera los 4 meses de vida. Hay que tener en cuenta que el aprovechamiento del hierro procedente de la dieta es muy bajo. Absorbemos entre el 20 y el 30 por ciento del hierro de alimentos como carnes, aves, pescados y mariscos.

Infante señaló la importancia de la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses como parte de la prevención primaria de la anemia ferropénica indicando que: “En caso de no amamantar, se recomiendan sucedáneos de leche materna reforzados con al menos 7 mg/l de hierro”.

Otro dato relevante aportado en el simposio fue que existe un riesgo significativo en los niños que acuden a la guardería, y que padecen infecciones de repetición. La mayoría de investigadores se muestran de acuerdo en que “hay que administrar una dosis diaria de hierro superior a 1-2 mg/kg al niño que lo necesita. En concreto se recomienda dar de 2 a 4 mg/kg”, puntualizó el Jefe de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición pediátrica del Hospital General de Cataluña.

El problema al que se enfrentan los neonatólogos y pediatras está en el tipo de hierro que se administra. En ese sentido el especialista señaló: “solo tenemos en estos momentos las sales tradicionales de hierro, como, por ejemplo, las que contienen ferroglicina sulfato (glutaferro)”. En este caso, la absorción es tan sólo del 20 por ciento.

En este sentido, Germano Tarantino, director científico de Pharmanutra Spa, en Pisa (Italia), destacó la importancia de la innovadora fórmula de suplementación de hierro en niños (Ferrosol, un complemento alimenticio a base de Hierro Sucrosomial® que supera estos inconvenientes y constituye una herramienta eficaz y segura para neonatólogos y pediatras a la hora de tratar la ferropenia en neonatos y lactantes.

La eficacia de esta nueva formulación y preparación específica quedó claramente expuesta. por una cubierta de ésteres de sacarosa de ácidos grasos (sucréster), lo que confiere al hierro pirofosfato una alta protección gastrointestinal y una alta biodisponibilidad”, detalló Tarantino. El Hierro Sucrosomial® es hoy día el hierro oral con mayor número de evidencias clínicas y preclínicas publicadas, y el único hierro oral que ha demostrado no inferioridad respecto al hierro intravenoso.

La ferropenia es un problema frecuente en el lactante. Distintos estudios relacionan la ferropenia con potenciales efectos sobre el neurodesarrollo, aunque aún no existe evidencia suficiente. La mayoría de las organizaciones no recomiendan la suplementación universal en lactantes sanos nacidos a término, aunque hay consenso en suplementar si hay factores de riesgo.

También es tema de controversia el cribado de la ferropenia en el lactante pues, mientras algunas organizaciones como la United States y la Canadian Preventive Services Task Force recomiendan el cribado solo a grupos de riesgo, otras entidades como a Asociación Americana de Pediatría proponen el cribado universal.

La ferropenia se define como una concentración de ferritina en plasma inferior a 10 g/dl. Durante esta “anemia fisiológica”, la Hb puede alcanzar 10-11 g/dl entre las seis y las ocho semanas de vida. Varios estudios han tratado de relacionar los efectos de la ferropenia con alteraciones del neurodesarrollo y en el comportamiento, pero no han podido demostrarlo. Aunque no se ha podido establecer la relación causal, también se ha relacionado con alteración en el ritmo del sueño y la termorregulación.

El déficit de hierro es una de las carencias nutricionales más frecuentes, pues constituye la deficiencia nutricional de mayor prevalencia en la primera infancia en los países desarrollados. Durante los primeros seis meses de vida, la fuente principal de hierro es el hierro fetal almacenado en las últimas semanas de gestación, y el liberado por la hemoglobina fetal durante las dos primeras semanas de vida.

Según la Academia Americana de Pediatría (AAP), los requerimientos de hierro varían en gran medida según la edad del lactante; así, se estima que a partir del nacimiento se requieren 0,27 mg/día, y a partir de los cuatro meses los requerimientos aumentan 0,78 mg/día.

La leche materna tiene baja cantidad de hierro (entre 0,2 y 0,4 mg/l), pero su biodisponibilidad es alta. La alimentación complementaria puede aportar una ingesta suficiente de hierro a través de alimentos ricos en hierro hem (carnes, aves de corral, pescado) y no hem (legumbres). Además, debe hacerse hincapié en los alimentos que pueden mejorar la absorción y utilización del hierro, como frutas, verduras y tubérculos, que son buenas fuentes de vitaminas A y C y ácido fólico.

En estos lactantes se recomienda utilizar fórmulas suplementadas y se desaconsejan fórmulas con bajo contenido de hierro (menos de 6,7 mg/l). La mayoría de las fórmulas utilizadas en nuestro medio tienen un adecuado contenido en hierro (8-13 mg/l), sin que esto suponga efectos secundarios digestivos.

Para Previnfad, tampoco hay que suplementar si el lactante toma leche fortificada. Según la AAP, los niños pretérmino o con bajo peso para su edad gestacional alimentados al pecho deben recibir un suplemento de hierro de 2 mg/kg/día desde el primer mes de edad, hasta que pasen a tomar una fórmula fortificada con hierro o hasta que se introduzca alimentación complementaria, asegurándose de que esta les aporte los 2 mg/kg de hierro.

Los recién nacidos prematuros alimentados con una fórmula estándar para lactantes prematuros (14,6 mg/l) o una normal (8-13 mg/l) recibirán de 1,8 a 2,2 mg/kg/día de hierro aproximadamente pero, a pesar de los aportes de hierro que contienen estas fórmulas, se estima que el 14% de los recién nacidos prematuros desarrollarán ferropenia entre los cuatro y los ocho meses de edad.

La hemoglobina y el hematocrito tienen una especificidad y una sensibilidad aceptables (del 73 y el 25%, respectivamente) para demostrar la anemia ferropénica. Por su lado, la AAP establece el cribado universal de la anemia a través de la determinación de la concentración de Hb aproximadamente entre los nueve y los 12 meses de vida.

Recomendaciones Generales

  • La recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses forma parte de la prevención primaria de la anemia ferropénica.
  • En caso de no amamantar, se recomiendan sucedáneos de leche materna reforzados con, al menos, 7 mg/l de hierro.
  • Se recomienda añadir alimentación complementaria rica en hierro a partir del sexto mes de vida en lactantes a término con lactancia materna, para asegurar unos aportes de 1 mg/kg/día de hierro.

No hay evidencias para suplementar con hierro oral como medicamento a la población sin riesgo. La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y la Academia Americana de Pediatría (AAP) la recomienda durante un mínimo de cuatro meses y preferentemente durante seis. La progresiva disminución de los depósitos motiva que, a partir del sexto mes, las fuentes exógenas de hierro cobren una gran importancia en la prevención de la ferropenia. De hecho, la lactancia materna exclusiva más allá de seis meses se ha asociado con un aumento de riesgo de la anemia por déficit de hierro.

La leche materna tiene baja cantidad de hierro (entre 0,2 y 0,4 mg/l), pero su biodisponibilidad es alta. La alimentación complementaria puede aportar una ingesta suficiente de hierro a través de alimentos ricos en hierro hem (carnes, aves de corral, pescado) y no hem (legumbres). Además, debe hacerse hincapié en los alimentos que pueden mejorar la absorción y utilización del hierro, como frutas, verduras y tubérculos, que son buenas fuentes de vitaminas A, C y ácido fólico.

Igualmente, deben conocerse los factores que pueden dificultar la absorción del hierro. Aún no está clara la biodisponibilidad del hierro de los cereales reforzados, por la presencia de inhibidores de la absorción. Es importante retrasar la introducción de leche de vaca para después del primer año de vida, porque, aunque contiene algo más de hierro que la leche materna, su biodisponibilidad es muy baja y además interfiere con la absorción del hierro de otros alimentos.

Para PrevInfad, los lactantes con lactancia materna exclusiva deberían recibir, a partir de los seis meses, unos aportes totales de 1 mg/kg/día de hierro mediante alimentación complementaria rica en hierro, a menos que tengan algún factor de riesgo, en cuyo caso deben recibir 2-4 mg/kg/día a partir del sexto mes de vida, durante un mínimo de tres meses. En niños con lactancia mixta también se recomiendan unos aportes de 1 mg/kg/día a partir del sexto mes, en forma de alimentación complementaria rica en hierro.

Las recomendaciones de otros grupos son diversas: la AAP recomienda que, a partir de los cuatro meses de edad, los lactantes alimentados con lactancia materna exclusiva complementen con 1 mg/kg por día de hierro oral hasta que se introduzca la alimentación complementaria. Para el USPSTF existe evidencia de grado B para suplementar con hierro a lactantes de alto riesgo, mientras que la evidencia es insuficiente para hacerlo de forma universal. En general se recomienda el uso de gotas de sulfato ferroso o vitaminas con hierro, en una sola dosis al día.

En estos lactantes se recomienda utilizar fórmulas suplementadas y se desaconsejan fórmulas con bajo contenido de hierro (menos de 6,7 mg/l). La mayoría de las fórmulas utilizadas en nuestro medio tienen un adecuado contenido en hierro (8-13 mg/l), sin que esto suponga efectos secundarios digestivos.

Según la AAP, los niños pretérmino o con bajo peso para su edad gestacional alimentados al pecho deben recibir un suplemento de hierro de 2 mg/kg/día desde el primer mes de edad, hasta que pasen a tomar una fórmula fortificada con hierro o hasta que se introduzca alimentación complementaria, asegurándose de que esta les aporte los 2 mg/kg de hierro.

Los recién nacidos prematuros alimentados con una fórmula estándar para lactantes prematuros (14,6 mg/l) o una normal (8-13 mg/l) recibirán de 1,8 a 2,2 mg/kg/día de hierro aproximadamente pero, a pesar de los aportes de hierro que contienen estas fórmulas, se estima que el 14% de los recién nacidos prematuros desarrollarán ferropenia entre los cuatro y los ocho meses de edad.

Preguntas Frecuentes

¿Cómo prevenir la anemia por falta de hierro durante el embarazo?

Por Marta Barranquero Gómez (embrióloga). El principal consejo para evitar una posible anemia durante el embarazo es llevar una alimentación sana y equilibrada. Por ello, es importante incluir en la dieta alimentos como verduras, hortalizas, frutas, cereales, pescados, etc. Además, si se acompañan los alimentos con frutas o verduras con vitamina C se ayudará a una mejor absorción del hierro. En cambio, se debe evitar el consumo de alimentos con grandes cantidades de calcio puesto que va a dificultad la absorción del hierro. Por último, si tu médico te lo indica, podrás complementar la alimentación con complejos vitamínicos.

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