La Maternidad No Es Lo Que Esperaba: Realidad y Reflexiones
No recuerdo en qué momento exacto de mi vida sentí que la maternidad no formaría parte de mi realidad. No sé cuándo, pero de lo que sí estoy segura es de que es un pensamiento que me acompañó durante muchos años. Me recuerdo en el colegio pensando que no quería ser madre. Quería tener una vida exitosa y reconocida, quería brillar en el ámbito laboral. Quería tener libertad de viajar, hacer y deshacer. Me agobiaba la idea de firmar un compromiso de por vida con un ser humano (o dos, o tres…) que ya siempre ocuparía parte de mi realidad, mis preocupaciones y mis ocupaciones.
Me mantuve firme durante mucho tiempo en ese “yo no seré madre porque mi objetivo es el éxito profesional”, tan firme que es algo bastante público en mi entorno próximo. Mis padres, mi hermana, mis amigos y amigas dan por supuesto que no seré madre. Y esto, que en aquellos años fue una ventaja al no sentirme presionada hacia la maternidad, hoy es un gran peso, impacta en cómo me siento ante mis dudas y la soledad con la que he vivido este proceso durante mucho tiempo.
Dudas y Reflexiones Sobre la Maternidad
La vida, el conocimiento, las gafas violetas, la edad y vete tú a saber qué más empezaron a hacerme dudar de cuáles eran mis objetivos vitales. Con el tiempo, me he dado cuenta de que la maternidad no es la responsable de la ausencia de éxito. El único responsable es el sistema que no solo no da espacio a las mujeres, sino que, además, se empeña en definir el éxito desde la mirada productiva. Casualmente, esa mirada coincide con el terreno puramente conquistado por los hombres.
Cada día soy más consciente de que ni se entienden ni se respetan los cuidados y de que las mujeres seguimos teniendo muchas más dificultades -y cargas- a la hora de perseguir nuestros sueños, sean los que sean. También pienso en lo difícil que es compaginar lo productivo y lo reproductivo en la sociedad actual, y en la situación de empobrecimiento financiero a la que somos empujadas las mujeres. Me pregunto si los hombres, cuando piensan en la paternidad, reflexionan sobre este tipo de cosas. ¿Ellos también sienten que tienen que elegir entre dos caminos, el productivo o el reproductivo?
¿Hasta dónde llega la influencia del sistema, si siendo niña llegué a la conclusión de tener que rechazar ser madre para poder tener éxito? ¿Por qué el éxito está definido de la mano de lo profesional? ¿Es casualidad que este sea el ámbito más conquistado por los hombres, ámbito en el que muchas luchamos por abrir el espacio que merecemos? ¿Quiénes nos dicen qué y cómo debemos vivir? ¿Qué es el éxito? ¿Quién decide si soy o no una persona de éxito? ¿Es la maternidad el problema o es el sistema?
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Sabiendo que la maternidad limita, ¿Es maternar la única situación que ejerce esa presión, es lo único que genera dependencias? Las demás mujeres, ¿tienen claro si quieren o no ser madres? ¿Tener dudas me convierte automáticamente en “no madre”? ¿Y si también las tengo de la “no maternidad”? ¿Estoy obligada a vivir la maternidad de la manera que espera la sociedad? ¿Tengo la capacidad de poder investigar qué tipo de madre me gustaría ser? ¿Cuánto impacta mi experiencia como hija en mi deseo (o no) de tener hijos?
Si soy madre teniendo dudas, ¿querré menos a mis hijos? ¿Es más probable que me arrepienta? ¿Por qué nadie me insiste sobre arrepentirme de no ser madre? ¿De dónde nacen esas dudas? ¿Son mías? ¿Son de otros?
El Despertar de la Duda
Cuando llevaba ya algún tiempo dándole vueltas, recuerdo ir a la revisión anual ginecológica y que me hicieran LA PREGUNTA: “¿Estás planteándote ser madre? Estás en la edad óptima y pronto empezará a bajar la reserva ovárica”. Vaya jarra de agua fría. Yo me veía joven. Me veo joven, pero la verdad es que esa juventud es social porque, biológicamente, el cuerpo es el cuerpo y lo objetivo es lo objetivo.
Así que no sé ni por qué ni cómo, pero en agosto del 2021, en México, cenando una pizza -con piña, porque soy de esas- en un sitio maravilloso en la Laguna de Bacalar, abrí el melón con mi pareja. Recuerdo decir “estoy empezando a tener dudas sobre la maternidad”. Tuvimos una conversación preciosa en la que, por fin, pude decir en alto todas las preguntas y pensamientos cruzados que tenía en mi cabeza, perdiendo el miedo a sentirme juzgada. Desde ese mismo momento me sentí liberada y empecé poco a poco a buscar información en internet, otros testimonios, a hablar con mujeres de mi familia, amigas, a tratar de descubrir cómo se decide si quieres o no ser madre.
Y lo que me encontré fue una absoluta sorpresa: no se habla, no se sabe, solo se cree. Las creencias populares siguen muy arraigadas y eso, a las mujeres que tenemos dudas, nos hace sentir muy mal. Inferiores, incapaces. Yo ya me siento peor madre por el simple hecho de tener dudas. Ni siquiera soy madre y ya siento que si lo fuera, sería peor madre.
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El Peso de las Expectativas Sociales
He recibido desde “si dudas no lo tengas”, “si no lo tienes claro significa que no quieres serlo”, “es algo que se sabe”, “siempre has dicho que no, será por algo”, “es mejor arrepentirse de no serlo que de serlo” hasta “con lo bien que estás así”. Entre cada una de esas frases lapidarias que me asaltan y me remueven, pocas han sido las personas que me han preguntado “¿cuáles son tus dudas?”,“¿qué es lo que te pasa?”.
Quizá hay mujeres que son madres (o no) de una forma más impulsiva o emocional, pero ¿es peor tratar de tomar la decisión de una manera más racional? Sé que ninguna persona es realmente libre de decidir -ni sobre la maternidad, ni sobre nada-. Básicamente, porque estamos socializadas y formamos parte de una cultura que trata de empujarnos a unas creencias, unos valores y unos patrones. Pero quiero reivindicar, y reivindico, que igual que no es necesario ser madre, no es necesario que todas las mujeres sientan ese deseo o tomen esa decisión de manera puramente emocional.
Las Dudas y la Decisión Personal
Si te estás preguntando qué me hace dudar, la respuesta es todo. Dudo de mi capacidad, de si quiero ser madre en este sistema que no acompaña. Dudo de las renuncias tanto de serlo como de no serlo. De qué rol quiero tener como madre; dudo porque me parece una decisión trascendental que trato de tomar desde el yo y no desde los demás, y eso me resulta sumamente difícil. Separar lo que se espera de mí de lo que yo deseo nunca me ha resultado tan complejo como cuando empecé a pensar en mi maternidad.
Este proceso me ha hecho dudar de mí como persona, como mujer, como psicóloga, como madre. Y fueron las mismas dudas las que me llevaron a querer saber más, a querer conocer cómo otras mujeres deciden si quieren (o no) ser mamás. Por eso, hoy me encuentro con una investigación entre manos a la que ya han respondido más de 2500 mujeres de manera anónima y que pronto empezaré a analizar. Una investigación que me ha servido para fustigarme un poco menos y darme cuenta de que la duda es humana. Las mujeres que dudamos somos más de las que yo creía, pero no lo decimos en alto porque tenemos miedo.
No sé dónde llevaré mi decisión o cuándo podré tomarla, pero sé que gracias a mi proceso y mi dolor he podido ayudar a otras mujeres a hacerse una serie de preguntas que les han empujado a identificar cuáles son sus bloqueos y sus motivaciones. Y, sobre todo, a sentirse menos raras ante este mundo que parece indicar que solo hay una manera correcta de decidir ser madre.
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Esta investigación me ha abierto las puertas a poder acompañar a otras mujeres que también sienten ambivalencia ante su (no) maternidad y necesitaban sentirse comprendidas y escuchadas e indagar en saber de dónde vienen las dudas. Si has llegado hasta aquí y eres madre o te ha interesado alguna vez el mundo perinatal, sabrás de sobra que la ambivalencia forma parte de la maternidad. Se sabe que se despierta en el embarazo con esa sensación de sí, pero no, de ilusión, pero miedo, de qué bien, pero madre mía y que acompaña durante toda la vida de crianza y sostén a nuestros hijos, con una dualidad que se mueve entre qué pasada de experiencia y qué agotada me siento.
Pero lo que me gustaría hacer visible hoy, es que esa ambivalencia forma parte también del proceso de decisión sobre maternar o no, y eso, hay que hablarlo. Si has sido mamá y tenías dudas; si no querías serlo y la vida te llevó a serlo; si pensabas que querías serlo, pero a veces te preguntas por qué lo fuiste; si no lo has sido y ahora sientes que te arrepientes, quiero decirte que la duda es humana.
Mitos y Realidades de la Maternidad
Tanto el embarazo como el parto son dos momentos emocionantes y a la vez aterradores para las mujeres. El cuerpo y la mente de la mujer pasarán por muchos cambios físicos y emocionales a lo largo de todas estas etapas. Aunque se trata de un proceso muy especial, es normal que las mujeres se vean angustiadas por algunos mitos populares que hay sobre el embarazo y la maternidad. Algunos de estos mitos incluyen:
- Mito 1. Debes comer por dos: Este es un mito que es incluso perjudicial para la salud tanto del bebé como de la madre.
- Mito 2. La lactancia materna es algo natural: Aunque los bebés nacen con el reflejo de buscar el pecho de su madre, es completamente normal que una mujer requiera de cierta orientación y apoyo.
- Mito 3. Todas las madres están felices después del parto: Es muy normal que existan muchos problemas y malos días durante estas etapas.
- Mito 4. La depresión posparto es rara y se resuelve por sí sola: En realidad, una de cada 10 madres acaba padeciendo de depresión posparto.
- Mito 5. Las buenas madres sacrifican sus propias necesidades para cuidar a su bebé: No es saludable ni para ti ni para el bebé descuidarte a ti misma.
Debes tener en cuenta que no todas las cosas que se dicen sobre el embarazo y la maternidad son reales, por lo que debes coger con pinzas muchos de los comentarios que oirás durante todas estas etapas. La mejor decisión que puedes tener es priorizar tanto tu salud mental y física como la del bebé durante estas fases.
El Impacto de la Sociedad en la Maternidad
Hemos aprendido poco de nuestras madres y abuelas o no nos han contado la realidad de la maternidad y la paternidad, porque a la vista de las quejas y las sorpresas de los padres y las madres más recientes, no es que hayamos cambiado mucho a lo largo de los siglos. Él mismo señala que como profesional “se están viendo muchos problemas de salud mental en padres que se esfuerzan por recuperar su vida anterior” y la vida anterior a tener un hijo no vuelve nunca, puedes recuperar tiempos cuando el bebé crezca pero tu como personas ya has cambiado, tu vida ha cambiado, tu forma de estar en el mundo también ha cambiado.
Una aventura para la que apenas nos hemos preparado: la paternidad y maternidad Lucía Galván señala en su nueva colección de libros precisamente situaciones como esta que describe el televisivo chef y dice lo que se supone que todos sabemos y es que el hecho de que “un bebé se despierte cada dos horas por la noche es normal”. En muchas ocasiones ha tenido padres en su consulta preocupados precisamente porque sus bebés se despiertan por la noche cada dos horas, algo que ella les explica como un comportamiento normal y les recomienda que rebajen las expectativas sobre el sueño de los bebés.
La propia pediatra antes mencionada, Lucía Galván, la animaba en sus redes sociales y la indicaba algo que parece que se nos olvida o desconocemos cuando nos convertimos en madres recientes y primerizas y es que “el verdadero desafío de la maternidad no es cuidar de tu bebé y hacerlo bien. La auténtica dificultad es hacerlo sin olvidarte de ti, de tus necesidades como mujer”.
Merche Gutiérrez sostiene que el resto de mujeres que han sido madres antes que ella han vendido a las que llegan detrás, una maternidad irreal, desde siempre, creando una especie de patrón de perfección que las madres que llegan después tienen que seguir. Algunas mujeres, a la vista de estos ejemplos y otros más cercanos, han decidido que lo de la maternidad no va con ellas y a nivel internacional se le ha puesto nombre a este fenómeno como la Generación NoMo (not mothers). Se trata de considerar la maternidad como una posibilidad, una alternativa más de vida que se puede elegir o no y que sobre todo nunca debe ser una obligación para la mujer ni la única circunstancia que la defina como individuo.
La Decepción y la Falta de Apoyo
Puede que descansadas, puede que más agotadas, puede que felices pero, seguramente, algunas de ellas estarán decepcionadas. Quizá su verano termine con una sensación de estafa, no ocasionada por sus criaturas sino por cómo se desarrolla esa maternidad en un mundo que no está hecho para las familias. Sensación que, por otra parte, no es nueva sino que arrastran en su vida cotidiana por distintos aspectos relacionados con la conciliación, la falta de apoyos institucionales o familiares. Hemos hablado con distintas mujeres, madres, que nos han hecho partícipes de esa decepción que no viene de esas maternidad en sí misma sino de un entorno sociocultural que está regido por el lema ‘ten hijos como si no trabajaras y trabaja como si no tuvieras hijos’.
Ninguna de estas mujer tenía la maternidad idealizada; ¿qué madre, en el siglo XXI, no se ha informado, no ha leído, compartido experiencias o consultado dudas por todas las vías posibles? Sin embargo, nadie es consciente de cómo nada es como imaginábamos, aun conociendo el contexto, hasta que no te encuentras ya con tu criatura en brazos. El choque con la realidad es fuerte, sobre todo, cuando llega la incorporación al trabajo. Dejar a tu bebé cuando no tiene ni los 4 meses cumplidos -desde hace muy poco, al cargo del otro progenitor, si lo hay, pero hasta la fecha había que dejarlo en un centro educativo o con un familiar o persona responsable- es quizá la primera ‘estafa’ con la cual se encuentran muchas madres.
Aquí es cuando llegan las renuncias: abandonar sus carreras profesionales, reducir sus jornadas… Sí, hasta un 70% de esos sacrificios siguen recayendo en las mujeres. No esperaba que la conciliación fuera tan complicada. “En España, cuando pides reducción de la jornada no hay marcha atrás. Nunca vuelves a tu contrato anterior”.
La natalidad en España ha descendido a 1,3 hijos por mujer, es decir, una de las más bajas de la UE. Y no es por capricho sino que esta sensación de estafa de la que hablamos no resulta precisamente inspiradora para continuar perpetuando la especie. “Tengo la sensación estar continuamente atada a dos caballos y cada uno va en la dirección opuesta al otro”, explica Laura, sobre cómo la sociedad y la maternidad van completamente desacompasados. Acostumbrada a practicar ese encaje de bolillos que es combinar la crianza y la vida profesional, propone que “madres y padres tengan una jornada como la escolar, algo que se debería estudiar porque seguro que reduciría las tasas de paro”.
La Carga Mental y la Falta de Co-paternidad
En un mundo ideal las responsabilidades se repartirían entre ambos progenitores al 50%; la realidad, y con datos como que la mayoría de las reducciones de jornada corren a cargo de las mujeres, es que la mayor parte del peso de la crianza recae sobre esas madres. Trabajo invisible, no remunerado y agotador que termina convertido en carga mental. A Joanna le encantaría que su marido estuviera más presente en casa y pasara más tiempo con su hija, así como que pudiera hacerse más cargo en el día a día. Pero la jornada completa de él y la parcial de ella han hecho que esa repartición 50-50 nunca se produzca.
Laura reconoce que, hasta que no se vio ya metida de nuevo en la rueda de la rutina del día a día, no se dio cuenta de lo que significaba la carca mental: “no era consciente de la absorción de tiempo que implica. Cierto es, que hay muchas formas de vivir la maternidad y que dependiendo del nivel económico que se tenga, será más llevadera o no porque se contará con más ayuda en la casa. En mi caso, el peso también recae sobre mí y hay veces que me siento bastante desbordada”.
Familias Monoparentales: Un Desafío Mayor
No todas las familias tienen 2 progenitores que repartirse en mayor o menor porcentaje esa responsabilidad. En el caso de Lydia ya ni siquiera podemos hablar de conciliación tal y como la conocemos porque su situación y la de otros hogares con una sola madre: “La conciliación no está pensada para familias monoparentales. Una familia monoparental tiene menos recursos, sobre el papel, familiares y económicos”, cuenta. Y es que, si conciliar significa que un miembro renuncie a parte de su sueldo para poder dedicarse más a la crianza, con la reducción de los ingresos mensuales que ello implica, ¿cómo va a ser viable cuando no hay otro miembro con quien compensar?
“Mi mayor dificultad es trabajar y criar. A pesar de que tengo mucha posibilidad de trabajar en cualquier parte siempre que tenga un móvil y un ordenador, mi disponibilidad se ha resentido y eso tiene consecuencias inevitables desde el punto de vista profesional”, cuenta Lydia.
Reivindicando el Valor de la Maternidad
Desde que estrenó su maternidad hace 5 años Miriam se ha dado cuenta de que se da poco valor a las madres. “Son (somos) el pilar de la sociedad y cuidarnos incluso desde el punto de vista material se hace imprescindible”, dice.
Pero Lydia, desde su situación aún más compleja, es más tajante: “No entiendo que una sociedad moderna, avanzada y con un evidente problema demográfico no apoye de manera transversal y multidisciplinar la maternidad. Me enfada que en muchos momentos siento que tengo que pedir perdón por ser madre y tener que decir que no. Faltan guarderías en empresas, especialmente en el sector público. Falta un verdadera y sincera apuesta por el teletrabajo. Falta un apoyo económico. No basta con un descuento para el autobús. Eso me enfada. No me enfada ser madre. Tengo dos hijos, dan trabajo, eso no ha sido una sorpresa”, expresa. Y es que, repetimos, no son las criaturas las responsables de esa sensación de estafa sino que es una sociedad que avanza en una dirección opuesta casi por completo a la de las familias.
La Importancia de la Sinceridad y el Apoyo
¿Qué pasaría si todas las madres dijéramos la verdad? ¿Qué pasaría si confesáramos nuestros pensamientos impuros, si compartiéramos nuestros fallos, si cuestionáramos el modelo de madre que nos imponen, lleno de "deberías" y "tendrías que"? ¿Qué pasaría si por una mirilla nos vieran agotadas encerradas en el baño llorando, respirando porque no podemos más o con nuestro bebé en brazos sin soportar que llore ni un minuto más de madrugada? ¿Seríamos la madre que se espera de nosotras? ¿Seríamos la madre que creemos ser y que vendemos que somos?.
Yo intento rebelarme y contar "parte" de la verdad de vez en cuando, pero me censuro demasiado porque romper con lo que llevamos callando tantas generaciones de madres no es nada fácil. Si llegas hasta aquí, solo quiero decirte algo, no estás sola. De verdad, no estás sola. Eso que sientes es normal. Y lo estamos haciendo bien.
Crianza sin Expectativas
Somos suficientemente buenas madres. Este parece el título de un meme digital y es que solemos hacer sorna con lo mucho que difieren la una de la otra. ¿Engrandecemos nuestras expectativas o nos decepciona la realidad? Probablemente exista tanto de lo uno como de lo otro pero ambos ocurren por nuestra actitud ante los hechos: engrandecer algo o sentir decepción por ello es un posicionamiento hacia algo que en sí es neutro.
Desde que volvió a estar en auge la maternidad más ‘natural’, se espera un parto sin intervención médica, en el agua con suerte, una lactancia prolongada y un apego tranquilizador de titanes. Para algunas madres es devastador verse con una baja por embarazo de alto riesgo, una cesárea como una entrada de garaje o una mastitis de caballo. Son muchos los factores externos que nos hacen construir expectativas y miedos. Por ejemplo nuestros canales de información.
Tu opción más sana es la de establecer una crianza sin expectativas. Una forma de relacionarte con tus hijos desde la intuición y no desde el aprendizaje de otras propuestas de paternidad. Las otras personas no son tú y tu crianza aún no se ha patentado. Estás en vías de conocer la mejor manera de relacionarte con tu hijo. Te va a llevar años pero lo haces bien y lo haces poco a poco. Nadie puede sustituir tu lugar y tu hijo no lo desearía. Abraza lo que tienes porque, aunque impredecible y desastroso, tiene el don de lo genuino, lo que solo tú desde tu casita con tu cuerpo y conocimiento puedes crear.
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