La Producción de Leche en Cabras: Tradición, Innovación y Consideraciones Éticas
En el español de Canarias, se nota la presencia de un gran número de canarismos para designar distintos aspectos referidos a la agricultura, la pesca, la ganadería, al ámbito doméstico y, en general, a objetos y actividades relacionados con el mundo rural.
Entre estos destacan, en particular, toda una serie de «guanchismos» o prehispanismos ligados al pastoreo tradicional debido a que esta era una ocupación propia de los antiguos canarios, quienes, sin solución de continuidad, siguieron ejerciéndola durante y con posterioridad a la conquista.
Resultado de ello es la presencia de un buen número de términos que han sobrevivido al proceso de aculturación hasta nuestros días. Es el caso de «guanil», voz de origen prehispánico que se emplea todavía hoy para referirse al ganado caprino que vive en estado salvaje o que no tiene marcas que identifiquen su pertenencia a alguien; otro término propio de este idiolecto rural de matriz prehispánica es «belete» o «beletén» que así se llama a la primera leche que dan las cabras después de paridas; o el que es seguramente uno de los canarismos más genuinos y difundidos en la actualidad: «baifo» o «baifa», «guanchismo» con que se denomina a la cría de la cabra desde que nace hasta que deja de mamar.
Estas son algunas de las voces implicadas en la actividad ganadera que evocan un universo rural en transición (por no decir, en vías de desaparición) en el que han cristalizado como manifestaciones de la cultura tradicional.
El dicho se construye sobre el conocimiento profundo de la naturaleza, muestra de la sabiduría de la que está dotado nuestro hombre del campo. Se sabe que la cabra, al igual que otros mamíferos, da leche solo después de haber quedado preñada y de haber parido.
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De manera que la leche que produce es solo para amamantar a sus crías. Sin embargo, desde la domesticación de este herbívoro (que aconteció hace unos 10.000 años en el Creciente Fértil) ha significado la aportación de un complemento alimentario para los hombres, de modo que al baifo no le ha quedado más remedio que compartir -por así decirlo- su ración cotidiana de leche con los humanos.
Y así cobra todo su sentido literal el fundamento de este refrán que se emplea cuando se quiere hacer ver que los gastos igualan o superan las ganancias en un negocio, sugiriendo que no vale la pena continuar en la actividad en cuestión, porque «toda la leche que da la cabra se la mama el baifito».
Donde la «leche» representa los ingresos obtenidos en una actividad lucrativa; «mamar» nos traslada la imagen de succionar con avidez que en sentido metafórico significa codicia desproporcionada por lo recaudado, de manera que no queda nada que echarse a la «boca» (al bolsillo) una vez que el «baifo» (las detracciones y gastos que hay que afrontar) se jarta.
La expresión comentada se emplea también para indicar que el trato con una persona determinada no reporta beneficio alguno.
Beneficios y Manejo de Cabras Lecheras
Las cabras y ovinos son rumiantes menores con capacidad de transformar forrajes de diferentes tipos, aún los de mala calidad como, por ejemplo, paja de cereales, residuos y subproductos de la huerta que, de otro modo, serían desperdiciados.
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Las cabras lecheras producen más leche que las cabras normales. Su leche es una fuente excelente de proteína animal que puede ser consumida por los niños y la familia en forma de leche fresca o transformada en queso.
Las cabras lecheras también pueden contribuir a los ingresos de la familia a través de la venta de leche o excedencias de quesos, estiércol, carne y cueros.
Una familia puede criar un rebaño ovino pequeño consistente en un macho y 45 hembras con potencial de producir al menos tres crías en dos años. Si la preferencia es por la cría de cabras, un hato familiar puede consistir en dos o tres hembras en condiciones de producir al menos tres ó más crías en dos años.
La carne de ovinos y caprinos criollos, y de pastoreo extensivo, es magra. La leche caprina no es diferente de la de otras especies en lo que a calidad de proteínas se refiere. La carne y la leche de ovinos y caprinos son sanas.
Los animales pueden pastorear amarrados a una estaca en áreas con pasturas o bien ser mantenidos permanentemente en establos y alimentados con forraje cortado a mano. Para las cabras lecheras se recomienda la semiestabulación o estabulación completa para permitir un manejo riguroso y una menor presión sobre el uso de la tierra.
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Las cabras tienen la reputación de ser causantes del deterioro del medio ambiente. Las ovejas alcanzan la pubertad al lograr 60-80% del peso adulto. En general las ovejas pueden ser cubiertas al año de vida.
Las cabras alcanzan la edad reproductiva al año y medio, además, no deben ser cruzadas antes de tener un peso equivalente a 35 kg. de peso. Los corderos y los chivitos son precoces y podrán cubrir a las hembras desde los seis, siete meses de edad.
Un carnero puede cubrir hasta 50 hembras, mientras que un chivo hasta 20. Por lo tanto, un rebaño o hato pequeño requiere solamente un macho, sano y bien conformado, el cual debería ser utilizado por no más de tres años consecutivos.
Se recomienda rotar machos entre rebaños/hatos de productores vecinos para evitar la consanguinidad (cruzamientos entre hijos y madres o entre hermanos) que incrementa los riesgos de producir hijos con defectos.
Tanto en ovejas como en cabras, el desarrollo del feto es mayor durante los últimos 50 días de la gestación. En este período la cabra o la oveja debe recibir alimentación especial para lograr crías sanas y vigorosas, y producir leche abundante durante la lactancia.
Sistema no estacional (producción acelerada de corderos). En los ovinos criollos y de pelo las hembras se cruzan en cualquier época del año. Sistema estacional. Común en razas mejoradas europeas con reproducción estacional. El máximo número de lactancias por año se logra en cabras lecheras si la reproducción ocurre en cualquier época del año.
La monta puede producirse entre los 50 y los 60 días después del parto. Si la cabra queda preñada el día 60 después del parto, deberá secarse al iniciar el último tercio de la gestación (en el día 160) y parir el día 210.
Los ovinos y caprinos utilizan los forrajes de una manera más eficiente que otros animales. Su alimentación debe alcanzar un buen balance de proteínas y de energía para permitir un nivel deseable de producción. Este balance se obtiene de las praderas de pastoreo, en el caso de que éstas no sean sobrepastoreadas.
En regiones con épocas críticas del año para producir forraje fresco (debido a heladas y sequía), será necesario prever esa deficiencia con forraje conservado. Un ovino o caprino adulto requiere un monto de forraje fresco (en verde) igual a 15% de su peso vivo. Por ejemplo, un animal de 35 kg requerirá 5,25 kg de forraje fresco por día.
En el caso de cabras lecheras, la lactancia requiere una cuidadosa alimentación para permitir niveles de producción adecuados y evitar que la cabra sufra de malnutrición. Los animales deben contar con libre acceso al agua. La fuente de agua deber ser corriente para evitar riesgos de infestaciones de parásitos.
En animales criados en corral, el suministro de agua en un bebedero permitirá menor contaminación. Los minerales son importantes.
Inducción de la Lactancia en Cabras
Hace años que la ingeniería ganadera induce la lactación mediante inyección directa de estrógeno y progesterona. La glándula mamaria se desarrolla rápidamente durante la gestación gracias al efecto de las elevadas concentraciones de estrógeno y progesterona en sangre. Como consecuencia, la glándula mamaria está dispuesta para producir leche para el recién nacido.
La inducción del crecimiento mamario (lactación inducida) es posible en los animales no gestantes o vírgenes mediante la inyección de estrógeno y progesterona. En comparación con lo que ocurre en la gestación, el crecimiento mamario generado por la inducción de lactación no se considera suficiente.
Por ello, la lactación inducida tiene un porcentaje de éxito (58 a 80%) y una producción de leche (50 a 106% de una lactación natural) muy variable. Los investigadores han intentado mejorar la respuesta a la inducción mediante la inclusión en el protocolo de otras hormonas como corticoides, lactogeno placentario, hormona de crecimiento y prostaglandina.
En el actual estudio se ha intentado mejorar la respuesta a la lactación inducida en cabras lecheras mediante la reserpina (agente que induce la secreción de prolactina). La prolactina es necesaria para el arranque de la secreción láctea en los animales lecheros.
La lactación se indujo en cabras vírgenes de raza Murciano-Granadina usando el protocolo tradicional (Estrógeno + Progesterona) y otro protocolo mejorado (Estrógeno + Progesterona + Reserpina). Como consecuencia del tratamiento, las ubres crecieron rápidamente y se acumularon secreciones. Todas las cabras se ordeñaron a partir del día 21 del tratamiento.
Las cabras tratadas con reserpina produjeron un 25% mas leche que las cabras control, pero la cantidad de leche fue solo un 55% de la producida por cabras tras el parto. La composición de la leche fue normal a partir del 3er día de ordeño, y no varió entre cabras tratadas con el protocolo tradicional o con el protocolo mejorado.
Las cabras se cubrieron el día 120 de lactación, pero sólo el 21% de las cabras quedaron gestantes, lo que indica un efecto negativo del tratamiento hormonal sobre la fertilidad. Los resultados indican que es posible la inducción de lactación en cabras vírgenes, y que la inclusión de la reserpina en el protocolo de inducción mejora la respuesta.
Sin embargo, la lactación inducida no es práctica debido a los bajos niveles de producción y fertilidad conseguidos.
Consideraciones Éticas sobre la Producción de Leche
Pero, más allá de las implicaciones para la salud humana, ¿Es la leche un producto que pueda considerarse respetuoso con los animales? ¿Por qué las personas veganas la excluyen de su alimentación?
Muy resumidamente, porque este producto llega a nuestras neveras tras un largo ciclo de explotación animal que la gran mayoría de las personas siguen desconociendo. En el mundo hay unos 370 millones de vacas que son explotadas por su leche.
En las explotaciones ganaderas de España las vacas, animales muy sensibles, son mantenidas con vida hasta los 6-7 años y forzadas a pasar por unas 4-5 gestaciones de 9 meses cada una. De hecho, todas las hembras mamíferas para poder producir leche han de convertirse en madres y la leche que producen está biológicamente destinada a la alimentación de la cría.
Las vacas, cabras y demás animales utilizados para obtener leche, son inseminadas artificialmente y pasan por embarazos forzados, privación de libertad, ordeña intensiva y medicación. Y, como hemos visto, las crías son separadas de sus madres para que la leche pueda ser destinada al consumo humano con todo el estrés físico y psicológico que esto conlleva para ambos.
El destete además es un proceso que debería hacerse de forma gradual: cuando es brusco los terneros sufren altos niveles de estrés, y varios animales no sobreviven al proceso. Existen estudios de hecho que demuestran que los terneros destetados a edades tempranas muestran mayor incidencia de estereotipias.
Cada vez hay más oferta en el mercado que sustituye a los tradicionales productos lácteos y que no supone ningún perjuicio para los animales.
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