Historia de López Montes e Hijos: Un Legado Familiar

07.11.2025

La historia que vamos a contar es un legado compartido de esfuerzo, honestidad y humanidad. A lo largo de los años, varias familias y negocios han dejado una huella imborrable en sus comunidades, construyendo un patrimonio que trasciende lo material.

Orígenes y Expansión de Almacenes León

Después de más de siete décadas marcando la historia del comercio local, Almacenes León, un referente en Toledo y la comarca, se prepara para cerrar definitivamente sus puertas.

León Gómez Alonso tuvo un comienzo de vida marcado por la austeridad y la lucha. Con tan solo siete años, se ganó su primer jornal, y las dificultades de la guerra civil y la posguerra forjaron en él un carácter generoso y decidido.

“Mi padre siempre fue un hombre luchador, con un corazón enorme. Todo lo que logramos en Almacenes León es fruto de su esfuerzo y dedicación”, recuerda su hija, Ascensión Gómez, quien actualmente dirige el negocio.

En 1948, León Gómez comenzó su andadura comercial vendiendo tejidos de manera ambulante. Cinco años después, en 1953, abrió su primera tienda en Cuerva, dando inicio a un proyecto que se expandiría por toda la comarca y Madrid. La tienda de Toledo abrió sus puertas en 1972, seguida por sucursales en Talavera de la Reina y otros municipios, llegando a contar con más de 50 trabajadores en sus mejores años.

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La Segunda Generación al Mando

Actualmente, Ascensión Gómez, conocida familiarmente como Choni, dirige Almacenes León, continuando la experiencia y legado de su padre. Sin embargo, la falta de relevo generacional ha sido un factor determinante en la decisión de cerrar.

“Mis hijos se dedican a otros ámbitos. Ellos también son empresarios y llevan los genes de sus abuelos y de mi padre, pero no seguirán con la tienda. Por eso, y por la situación económica actual, hemos decidido que es el momento de cerrar”, explica Choni.

El cierre no se debe únicamente a cuestiones familiares. La rentabilidad del pequeño y mediano comercio ha cambiado drásticamente en los últimos años, y mantener la tienda abierta se había convertido en un esfuerzo más emocional que económico.

“He mantenido Almacenes León durante algunos años por lo que significaba para mí y para la familia, pero ya no es rentable. Es un momento muy duro”, añade.

Un Cierre Cargado de Emociones

Para Choni, el fin de Almacenes León no solo implica despedirse de un negocio, sino también de una parte fundamental de su vida y de la de sus trabajadores, muchos de los cuales han dedicado décadas a la tienda. “Hay gente que solo ha trabajado aquí. Para ellos tampoco será fácil”, comenta con emoción.

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El cierre, incluye la liquidación de un almacén que contenía ropa de caballero y parcas de señora. A pesar de la tristeza, Ascensión encuentra consuelo en el cariño de los clientes y la comunidad.

“Es un momento difícil, pero también emocionante. Hay montones de personas que vienen a mostrarnos su afecto. Nos recuerdan que han venido con sus abuelos, con sus padres, a comprarse el vestido de comunión o las cortinas. Eso es muy gratificante”, relata.

La Esencia del Comercio de Proximidad

Lo que se pierde con el cierre de Almacenes León va más allá de un negocio, dice Choni. Se trata de una forma de hacer comercio basada en el trato humano y cercano. “Cuando entras a la tienda, conoces a la persona que te va a atender. Sabe tus gustos, tu historia… incluso tus problemas. Es algo que se está perdiendo en el comercio moderno, arrastrado por la sociedad actual”, comenta.

Por ello, hace un llamamiento a valorar el comercio de proximidad, recordando la importancia de apoyar a los negocios locales mientras aún existen. “El pequeño y mediano comercio tiene un valor que a veces solo se aprecia cuando se pierde. Por eso doy las gracias a todos nuestros clientes y amigos por tantos años de fidelidad y cariño”, concluye Choni.

La madre de Choni, también llamada Ascensión, estuvo siempre al lado de León Gómez, cuidando de su familia y apoyando la expansión del negocio. “Mi padre no hubiese llegado donde llegó sin el apoyo de mi madre. Ha sido una mujer muy inteligente y trabajadora”, destaca Choni.

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Más allá de la venta de productos, Almacenes León deja un legado humano: la conexión con los clientes, la cercanía con los trabajadores y el compromiso con la comunidad. Un negocio que, a lo largo de más de siete décadas, logró convertirse en mucho más que una tienda: en un punto de encuentro familiar y un referente en Toledo.

A medida que diciembre se acerca, el equipo de Almacenes León se prepara para cerrar una etapa llena de recuerdos, aprendizajes y afecto. “Solo me sale la palabra gracias. Gracias a los clientes, a los trabajadores, a mi familia… por todo lo que hemos vivido juntos”, dice Choni, visiblemente emocionada.

Con el cierre de Almacenes León, Toledo despide una parte de su historia comercial, pero queda la memoria de un legado construido con esfuerzo, honestidad y humanidad.

El Legado de Francisco López Angulo en Churriana

Durante años, 63 para ser exactos, el bar de El Lele fue el guardián de la plaza de la Higuereta, la que mira a la vega de Churriana. Francisco López Angulo, nacido en este barrio de Málaga en 1937, ha recopilado en un libro, titulado En la puerta de El Lele, las anécdotas escuchadas cuando ayudaba a su familia en el bar.

Porque Francisco, además de churrianero y trabajador del vecino aeropuerto de Málaga durante 35 años, es nieto del fundador del establecimiento, Francisco López Lorente. «Mi abuelo lo hizo de madera en el año 20, era un lugar de encuentro y de tertulia, por la mañana acudían los trabajadores del pueblo a desayunar y luego se iban a trabajar a la vega, unos andando, otros en moto, en carro o carreta», recuerda Francisco, que estuvo ayudando en el bar familiar desde que cumplió 13 años hasta que se marchó a hacer el servicio militar con 19.

Sin embargo, él no vio a su abuelo en activo, pues a los pocos años el negocio, según cuenta, pasó a los hijos de este, cinco hermanos, el mayor de los cuales era su padre, Pepe López Montes.

La importancia del bar de El Lele estriba además en que estaba situado en la plaza a la que llegaba y de la que partía el autobús de Málaga, y tenía enfrente la estación del tren, el que enlazaba la capital con Coín, con parada en Churriana. No es de extrañar que fuera uno de los lugares más frecuentados de este antiguo pueblo.

Hacia 1955 el establecimiento abandonó las maderas por una estructura de obra con dos pérgolas que hizo las delicias de las numerosas tertulias que allí se reunían.

«En el bar se han contado cosas tan graciosas que me entretuve en copiarlas. En el libro recojo también la atribución de la anécdota», precisa.

Francisco López Angulo cuenta que tras la presentación del libro en el año 2003, duró poco tiempo a la venta porque se agotó. «Me gustaría volver a sacar otra edición porque mucha gente se quedó sin él».

El bar de El Lele fue derribado, por dificultades burocráticas pero su recuerdo permanece en muchos churrianeros y en este libro lleno de buenos momentos.

«Los apodos los he ido recopilando con el tiempo, tengo casi 700 y a la mayoría los conozco», destaca Francisco López Angulo, quien a comienzos de año presentó el resultado de su trabajo en Churriana apodo por apodo, una obra en la que aparecen por orden alfabético estas curiosas señas de identidad, tan comunes a tantos pueblos de España y que evidencian, precisamente, el pasado de este antiguo pueblo, que no se unió a la ciudad de Málaga hasta 1905.

El Kiosko de Doña Casilda: Un Ícono Bilbaíno

Ha sido cerrar y convertirse, casi de inmediato, en un centro de peregrinación. De gente, sobre todo ya peinando canas, que disfrutó del kiosco del Parque de Doña Casilda cuando eran niños y acudían al entonces llamado 'kiosco de las bicicletas' a comprar barquillos -'al rico barqui, barqui', todavía hay paseantes a los que se les oye entonar esta canción- o a alquilar viejos triciclos, algunos de tres ruedas, que pesaban lo que no está escrito. Aquello sucedió en los años 60.

Aquel kiosco desapareció para tristeza de muchos bilbaínos, pero en julio de 2005, Álvaro López, el propietario de Helados Capra, dio con una idea fantástica. Tomó el testigo con un resultado asombroso. Arrasó con la instalación de una elegante terraza que congregaba en su heladería-cafetería a todo tipo de ciudadanos. Abuelos, niños, jubilados, estudiantes... Siempre ha reinado un ambiente familiar.

La familia López firmó una concesión pública que se ha prolongado por espacio de «20 años y unos cuantos meses», detalla Álvaro. La explotación del kiosco que el heladero bilbaíno construyó y «regaló» al Ayuntamiento debería haberse prolongado mucho más tiempo. Por varias razones. El negocio marchaba como un tiro, pese a tener que sortear las adversidades meteorológicas, y los clientes disfrutaban cuando pillaban sitio en alguna de las 56 mesas y 224 sillas diseminadas en uno de los veladores más icónicos de la villa.

Sin embargo, todo se ha venido abajo por culpa del caprichoso y 'movedizo' platanero situado junto a la estructura. El árbol en cuestión no ha permanecido quieto. Suena raro, pero es así. Se ha ido desplazando «progresivamente». Desde hace «cinco o seis años», calcula el heladero, ha montado «un impresionante lío» al caer encima de la techumbre. «Cuando llovía se producían filtraciones y se abrían grietas», explica. También ha reventado cañerías y tuberías debido a los estragos ocasionados por sus portentosas raíces.

Durante los últimos años el hostelero contrataba cada temporada a una empresa para minimizar los daños que el platanero estaba ocasionando en el suelo. No lo estaba levantando. La situación no revestía ninguna peligrosidad, ya que no existía riesgo de derrumbe del edificio. No obstante, el Ayuntamiento decidió a principios del pasado verano bajar «temporalmente» la persiana del kiosco, aunque gracias a un acuerdo «entre las partes» optó por mantener la actividad comercial hasta el pasado domingo.

Mientras el Ayuntamiento se debate entre levantar un nuevo establecimiento o repararlo «para hacerlo compatible con la supervivencia del platanero», numerosas personas se acercan a diario a evocar viejos recuerdos.

«Aquí venía de chaval a alquilar bicis, después me acercaba a tomar un café y a probar los mejores helados de tutti frutti con avellanas. Luego venía con mis nietos», contaba emocionado Juan Carlos Ruiz de Villa. «Yo venía a tomar refrescos a uno de los emplazamientos más privilegiados de Bilbao. El kiosko de Doña Casilda es una institución en Bilbao», recordaba su colega, Eduardo Candel.

«Para un bilbaíno, la clausura de este espacio es como si nos hubiesen arrancado un poquito de nuestra alma», se lamentaba Juan Carlos. Berna Martín y Fernando Abaitua también eran habituales de este lugar. «Quien venía al parque de los patos acababa acercándose por este kiosco. ¡Era una zona tan tranquila!», subrayaba. Y bonito a más no poder, «con un diseño que reproducía las alas de una mariposa», exaltaba Miriam Telletxea.

López presume de que jamás tuvieron problemas con los vecinos. «Cerrábamos pronto todo el año y nunca había música 'chunda chunda'.

Francisca López Ruano: Arte desde la Cotidianidad

Formada inicialmente en el Colegio Divina Pastora de su ciudad natal, Francisca López Ruano comenzó su carrera profesional en 1977 tras obtener el título de formación profesional de peluquería y estética. Desde 2017, se forma en la Escuela Municipal de Artes Plásticas de Villa del Río, donde participa activamente en los talleres de escultura y pintura, bajo la tutela de Sebastián Montes (escultura) y Francisco Vera (pintura).

Ha desarrollado una obra caracterizada por su conexión emocional con los materiales y la vida cotidiana. Entre sus participaciones destacadas figura la IX Bienal de Arte de Villa del Río, en homenaje al pintor Pedro Bueno, donde presentó las obras “Un bodegón de verano” (lienzo) y “Puente de hierro” (relieve bajo), demostrando su versatilidad en diferentes técnicas y formatos.

Su talento ha sido reconocido en múltiples ocasiones. Ha sido ganadora en el Concurso de Artes Plásticas y Fotografía Artística Ciudad de Villa del Río (2022) en la categoría de escultura con su obra “Coordinación”. También ha sido galardonada durante tres años consecutivos (2016, 2017 y 2018) en el concurso de carteles con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género, promovido por el Ayuntamiento local.

También ha recibido distinciones en la Muestra Popular de Belenes organizada por UNIDE, donde demostró una vez más su versatilidad y creatividad artística.

La obra de Francisca López Ruano se sitúa en la intersección entre la artesanía, el compromiso social y la expresión íntima. Su historia es un ejemplo inspirador de cómo el arte puede abrir nuevos caminos, incluso desde trayectorias profesionales alejadas del circuito académico convencional.

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