Los Siete Cabritillos y el Lobo: Un Resumen Detallado

22.11.2025

El cuento infantil de 'Los siete cabritillos' se considera uno de los cuentos infantiles más populares y conocidos de todos los tiempos, un verdadero cuento tradicional que ya nos lo contaban cuando éramos pequeñas y que, a día de hoy, sigue gustando e intrigando a los niños.

Una de las historias más educativas y curiosas para los peques es el cuento de El lobo y los siete cabritillos. El cuento de 'Los siete cabritos' se empezó a narrar a los niños con el fin de inculcarles la moraleja sobre lo importante que es la obediencia y la prudencia en este mundo.

La moraleja del cuento de El lobo y los siete cabritillos recuerda que siempre hay que hacer caso a los padres y no hay que fiarse nunca de los desconocidos. Pero, sobre todo, enseña que nunca hay que abrir la puerta de casa a un desconocido, por mucho que insista.

La Historia de Mamá Cabra y sus Cabritillos

Érase una vez una mamá cabra que vivía en una bonita casita en el bosque junto a sus siete cabritillos. Había una vez una vieja cabra que tenía siete cabritillos a los que quería mucho.

Un día, la madre tuvo que salir, dejando a sus hijos solos en casa. Mamá Cabra tomó su canasto y se fue al mercado. Antes de salir, les avisó seriamente de que no abrieran la puerta a ningún desconocido. - No os fiéis de nadie.

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La madre cabra deja solos a sus siete churumbeles sin grandes protecciones contra el malvado lobo, que les engaña a los siete y que se come a seis de ellos. El lobo es muy astuto y es capaz de disfrazarse para engañaros. Si veis que tiene la voz ronca y la piel negra será él.

La vieja cabra se iba de este modo tranquila hasta al pueblo y dejaba solos a los cabritos. ¡Vete tranquila!

El Lobo Intenta Engañar a los Cabritillos

La mamá cabra salió de casa y no había pasado mucho rato cuando los cabritillos oyeron que alguien llamaba a la puerta.

Pero aquel día, cuando la cabra desapareció, apareció el lobo y llamó a la puerta. Se escuchó una voz que dijo: “Abrid la puerta, hijos míos. Soy vuestra madre y he vuelto con un regalo para cada uno de vosotros”.

- ¿Quién es?, preguntaron los cabritillos. - Abridme hijos míos, soy vuestra madre.

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Pero los cabritillos pudieron ver las feroces patas del lobo por la ventana y dijeron: “¡Vete! ¡Nuestra madre no tiene las patas negras como las tuyas!”.

Pero los pequeños recordaron el consejo de su madre y no se fiaron. - ¡No te abrieremos! ¡Eres el lobo! - Tú no eres nuestra madre. Nuestra madre tiene la voz suave y tú la tienes muy ronca.

El lobo se marchó, pero no tardó en volver con las patas manchadas de harina y gritó: “Abrid la puerta, hijos míos. Soy vuestra madre y he vuelto con un regalo para cada uno de vosotros”. El lobo se puso furioso.

El lobo se marchó enfadado por haber sido descubierto y se fue a una tienda donde se compró un trozo de yeso para suavizar su voz.

Los siete cabritillos gritaron a la vez: "¡Primero, enséñanos las patas para saber si eres nuestra madre!". De nuevo, volvió a la casa de los siete cabritillos. - ¿Quién es? - preguntaron los cabritos. - Soy yo, vuestra madre.

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El lobo metió la pata en la orza para que se le blanquease. Esta vez su voz sonaba suave, así que los cabritos no estaban seguros del todo.

El lobo volvió a marcharse malhumorado pensando en que esta vez lo conseguiría. Entonces vieron por la ventana que su pata era negra y se dieron cuenta de que era el lobo.

Fue al molinero y le pidió que le pintase la patita con harina y, aunque al principio el molinero no confió en él, le entró miedo y acabó accediendo. - ¡Tú no eres nuestra madre, eres el lobo! Nuestra madre tiene las patas blancas.

De modo que el lobo volvió a llamar a la puerta. - ¿Quién es? - preguntaron los cabritos. - Soy yo, vuestra madre. - Enséñanos la patita para que podamos verla.

Darle porrazos y empellones, pero no consiguió nada. Al ver los cabritos que su pata era blanca como la nieve, creyeron que de verdad se trataba de su madre y le dejaron pasar.

El Lobo Dentro de la Casa

Entonces, el lobo entró rápidamente en la casita para comérselos. Y, de repente, ¡se dieron cuenta de que era el lobo! Entonces, corrieron despavoridos a esconderse por la casa.

Cuando vieron que era el lobo, corrieron despavoridos a esconderse por todos los lugares de la casa. Uno se metió debajo de la cama, otro en el horno, otro en la cocina, otro en el armario, otro en el fregadero y el más pequeño en la caja del reloj. Uno se metió debajo de la cama, otro, en el horno, otro, en la cocina, otro, en el armario, otro, en un rincón, otro, en el fregadero y el más pequeño, en la caja del reloj.

El lobo fue encontrándolos y comiéndoselos uno por uno, excepto al más pequeño, al que no pudo encontrar. Estaba tan harto de comer que se fue a tumbar debajo de un árbol y se quedó dormido.

El Regreso de Mamá Cabra y la Venganza

Al mismo tiempo, la mamá de los cabritillos regresó a la casita y, enseguida, se dio cuenta de que algo no iba bien.

Mientras tanto llegó la vieja cabra y menudo susto se dio cuando vio que toda la casa estaba revuelta y no había ni rastro de sus hijos. Entonces, el más pequeño la llamó desde la caja del reloj, su madre lo sacó y le contó lo ocurrido.

Por suerte, el más pequeño de sus hijos había conseguido permanecer a salvo escondido y pudo explicar a su madre todo lo que había pasado. - ¡Quedo yo!

La mamá cabra lloró por sus hijos pero salió en su busca. La vieja cabra cogió tijeras, aguja e hilo y fue con el cabrito en busca del malvado lobo.

Al llegar al prado donde dormía el lobo, pudo ver que en su abultada barriga algo se movía. Cuando lo encontraron, cogió las tijeras y le abrió la tripa al animal.

Así que pidió a su hijo más pequeño que trajera de casa tijeras, hilo y aguja. De ahí salieron uno por uno sus seis cabritillos vivos. Con todo ello, consiguió abrir la barriga del lobo y sacar a sus siete cabritillos sanos y salvos.

Rellenó la barriga del lobo con piedras y la cosió. Todos estaban muy contentos de estar sanos y salvos, pero la madre quiso dar al lobo su merecido y ordenó a los pequeños que fueran a por piedras.

Con astucia, logró la vieja cabra llenar al lobo el estómago de piedras sin que éste lo notara. Encontraron al lobo a la sombra de un árbol.

Cuando se despertó, tenía mucha sed y al acercarse al pozo para beber agua, el peso de las piedras hizo que se cayera dentro y se ahogara.

Los cabritillos se acercaron al pozo y comenzaron a saltar y cantar en corro alrededor de él celebrando que volvían a estar los siete juntos. A diferencia de otros cuentos, éste acaba bien.

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