Los Hijos de Dios: Origen Bíblico y Evolución del Concepto
El concepto de "hijos de Dios" tiene una rica historia en la Biblia, evolucionando desde un contexto posiblemente politeísta hasta su interpretación dentro del monoteísmo. Este artículo explorará los orígenes de esta idea y su desarrollo a lo largo de los textos bíblicos.
Orígenes Politeístas
En los textos más antiguos del Antiguo Testamento, se pueden encontrar vestigios de un panteón divino donde El era el padre de los dioses y Yahvé uno de sus hijos. Este sustrato politeísta fue posteriormente eliminado mediante revisiones del texto y la imposición de una lectura monoteísta. El siguiente paso en esta estrategia revisionista fue la fusión de las dos divinidades, como se observa en Éxodo 6:3:
«Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se lo di a conocer» (Biblia de Jerusalén).
El Sadday, que suele traducirse como «Dios de las Montañas», es una clara referencia al El ugarítico. En Génesis 49:24-25, se mencionan epítetos de El sin relación con el Yahvé mencionado en Génesis 49:18. El fragmento citado al principio presenta, en cambio, un panteón divino en el que El es el padre de los dioses, y Yahvé, uno de sus hijos.
La oposición que parece establecerse en la traducción citada entre, por un lado, el pueblo de Israel (Jacob) y su dios (Yahvé) y, por otro, entre los demás pueblos y otras divinidades innominadas queda difuminada en otras versiones por la transformación de «hijos de Dios» en «hijos de Israel» (siguiendo el texto masorético, que difiere de algunas lecturas de la Septuaginta y algunos manuscritos de Qumrán).
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En la Biblia hebrea de Katznelson: «Cuando el Supremo dio a cada pueblo su heredad, dividió a los hijos del hombre y fijó los límites de los pueblos conforme el número de los hijos de Israel. Y Su pueblo es posesión Suya. Jacob es Su heredad».
En la católica de Ausejo (Herder): «Cuando el Altísimo dividía las naciones, cuando separaba los hijos de Adán, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Mas la porción del Señor es su pueblo; Jacob fue su herencia propia».
Este sustrato politeísta queda eliminado con las posteriores revisiones del texto y la aplicación de la plantilla de una lectura monoteísta.
Es lo que ocurre en la protestante Reina-Valera: «Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó».
La traducción, con la difuminación de los nombres (Dios, Señor, Altísimo, Supremo) y también con la elección de la lectura, desempeña un papel fundamental en el borrado de las huellas politeístas y en la reescritura de la historia. La historia de cómo el cananeo El, jefe de los dioses, asiste a la llegada del meridional Yahvé y de cómo éste se convierte primero en hijo suyo y luego ocupa su lugar y el de todos los demás dioses.
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Los Hijos de Dios en Génesis 6:1-4
Uno de los pasajes más enigmáticos sobre los "hijos de Dios" se encuentra en Génesis 6:1-4:
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas…Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.
La identidad de estos "hijos de Dios" ha sido objeto de debate durante siglos. Existen diferentes interpretaciones sobre quiénes eran estos seres:
- La posición setita: Los "hijos de Dios" son hombres devotos de la línea de Set, y las "hijas de los hombres" son mujeres impías de la línea de Caín.
- La posición de la realeza: Los "hijos de Dios" son reyes polígamos, nobles o tiranos que se ven a sí mismos como dioses, tomando esposas de entre la gente común.
- La posición de los ángeles caídos: Los "hijos de Dios" son seres celestiales que se casaron y tuvieron hijos con mujeres humanas. Estos hijos, los nefilim, fueron "hombres valientes", "hombres de renombre" y "gigantes".
Tabla de Interpretaciones de Génesis 6:1-4
| Interpretación | "Hijos de Dios" | "Hijas de los Hombres" | Descendencia |
|---|---|---|---|
| Setita | Hombres devotos de la línea de Set | Mujeres impías de la línea de Caín | Descendencia humana |
| Realeza | Reyes polígamos, nobles o tiranos | Mujeres comunes | "Hombres de renombre" |
| Ángeles caídos | Seres celestiales | Mujeres humanas | Nefilim (gigantes, hombres de renombre) |
El Espíritu Santo y la Concepción de Jesús
En el Nuevo Testamento, el término "Espíritu Santo" juega un papel importante en la concepción de Jesús. Los Evangelios de Mateo (Mateo 1:18-20) y Lucas (Lucas 1:35) afirman que Jesús nació por obra del Espíritu Santo. Sin embargo, es crucial notar que Jesús nunca afirmó que nació por el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo, según el Antiguo Testamento, se refiere al poder creativo de Dios, que a veces se describe como el Espíritu de Dios (Salmos 104:30), y está involucrado en la creación de todas las cosas.
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Además, el Espíritu Santo también puede referirse a un ángel (Salmos 104:4), específicamente el Ángel Gabriel, que aparece de forma destacada en el nacimiento de Jesús, llevando la noticia de su nacimiento a María (Lucas 1:26-38). El término “hijo de Dios” según el Antiguo Testamento sólo significa que alguien está afiliado a Dios y se le concede un mandato divino.
En el islam, el “Espíritu Santo” (Ruh-ul-Qudus) se entiende comúnmente como una referencia al ángel Gabriel que, entre otras cosas, trabaja para llevar la inspiración a los creyentes. “Diles: “El Espíritu de santidad lo ha traído de tu Señor con la verdad, para que Él fortalezca a los creyentes, y como guía y buena nueva para los musulmanes”.
Implicaciones Teológicas
La interpretación de "hijos de Dios" tiene importantes implicaciones teológicas. Si se toma al Espíritu Santo como la tercera persona del Dios Trino, no podemos evitar la conclusión literal de este pasaje - ¡Jesús es por lo tanto el hijo del Espíritu Santo, y no el hijo de Dios Padre! Es importante señalar que Jesús nunca comentó la participación del Espíritu Santo en su nacimiento en ningún lugar de los cuatro evangelios. Por lo tanto, él mismo nunca presentó la idea de que su concepción a través del Espíritu Santo era una prueba de su divinidad.
El monoteísmo puro, de que hay un Dios indivisible, es el mensaje consistente que se encuentra a lo largo de los más de mil años de historia del Antiguo Testamento.
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