El legado de Francisco Morazán: Ilustración, Independencia y la Federación Centroamericana
Este artículo busca mostrar la importancia de la Ilustración en la formación de las ideas políticas de Francisco Morazán (1792-1842), así como algunos elementos del proceso de la Independencia (1821) y la Federación Centroamericana (1824-1838). También se abordarán las limitaciones de ese proceso, dos aspectos de la personalidad de Morazán y los cambios profundos por los que luchó, así como el papel de Ramón Rosa (1848-1893) en el desarrollo inicial del morazanismo y en la posible herencia histórica.
La influencia de la Ilustración
Los siglos XVIII y XIX fueron influidos por la ciencia y la filosofía moderna, y algunos intelectuales desarrollaron una pasión por las ciencias naturales hasta convertirlas en sustitutas de la teología; parece que instalaron nuevos dogmas: a la razón como un asunto de fe, a las capacidades intelectuales y a la educación como el único medio de regenerar la humanidad. La acción ilustrada tuvo gran impacto en América, contribuyó a la búsqueda de soluciones a los problemas sociales, y descubre que la ignorancia era el factor determinante del atraso.
Parecía que existía un ambiente y una academia adecuada; pero, a la par de la brillantez universitaria y de una elite muy reducida, el régimen colonial se apoyaba en la ignorancia y la pobreza para mantener sometidos a los pueblos. En esa universidad se formaron personajes como José Cecilio del Valle, Dionisio de Herrera y Juan Lindo, protagonistas intelectuales y políticos del siglo XIX. Y por medio de Herrera, Francisco Morazán conoció las expresiones avanzadas del pensamiento ilustrado como las obras de Rousseau, Montesquieu, Diderot y D’Alembert.
Herrera, junto a Morazán, fue el principal autor de la primera Constitución del Estado, efectiva hasta la separación de Honduras de la República Federal de Centro América. La Constitución fijaba los derechos fundamentales y limitaba los privilegios de la Iglesia católica. Contenía la abolición de la esclavitud, mucho antes que lo hicieran Rusia en 1861 y los Estados Unidos en 1863. Organizaron Tertulias Patrióticas para conocer el contenido de la Constitución y se oficializó la celebración de la Independencia el 15 de septiembre de 1825.
La Independencia y la Federación Centroamericana
Al inicio, la lucha de los criollos era por la igualdad de privilegios, igualdad de la colonia frente a la metrópoli, igualdad con la oligarquía tradicional. La discusión acerca del impacto de la Independencia requiere mencionar algunos momentos de ese proceso. En tal sentido, puede afirmarse que la Independencia de Centro América no fue efecto de conflictos anticoloniales que influyeran radicalmente en la formación de la conciencia nacional, sino que sus resultados pueden verse en la fragmentación, en las diferencias regionales y en la lucha por el poder entre grupos económicos y políticos que intentaban sustituir a los viejos funcionarios coloniales sin provocar cambios profundos en el sistema social.
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Los intentos separatistas y anexionistas tuvieron su contraparte en grupos políticos que pugnaron por una Centroamérica unida, concibiendo sistemas políticos fundamentados en el centralismo o en el federalismo. Es el caso de Valle y Morazán, que compartían la necesidad de sostener la unidad de la región, pero con formas diferentes. Representaron bandos políticos muy frágiles, fundamentados en ideas compartidas como el racionalismo moderno. La integración de los pueblos y la formación de la identidad sigue siendo un gran problema de la región, pero los próceres sugirieron formas de discusión.
Morazán, el 16 de julio de 1841, sostuvo la idea de patria entendida como Centro América, sin limitaciones nacionales y con un sistema democrático apoyado en la «profesión de los derechos del pueblo -la ley de libertad de imprenta-, la que suprimió las comunidades religiosas, la que creará la academia de ciencias… los códigos de pruebas, de procedimientos y de juicios»[1]. Esa es la patria que se extiende por toda la región.
El proyecto federal exigía la formación de un organismo estatal que sirviera para ejercer el poder, un sistema de finanzas públicas y una burocracia entrenada. Ninguno de estos requisitos fue cumplido y en ello influyeron al menos tres factores:
- Las convulsiones políticas crearon inestabilidad administrativa, provocaron improvisación en los funcionarios y favoritismo al otorgar empleos;
- el crecimiento del aparato burocrático no se correspondía con las finanzas del Estado;
- la inestabilidad del empleado público y la supresión de plazas debido a las dificultades financieras.
Una de sus preocupaciones fue crear la fuerza armada definitiva; su base era el «Ejército Aliado Protector de la Ley», que había triunfado en 1829 bajo la hegemonía salvadoreña y con elementos de casi todos los Estados. El hecho de una independencia que «no fuera resultado de una guerra anticolonial, que hubiera creado un sentimiento real de solidaridad nacional, tuvo como consecuencia que la sociedad llegara a la época independentista dividida por profundos intereses… la lucha por la nacionalidad estuvo subordinada a una… lucha por el poder, la cual se manifestó claramente después de 1821; primero en el proyecto anexionista de la oligarquía guatemalteca; luego en el separatismo en lugares como León y Comayagua; finalmente en el fraccionamiento político estatal del Reino de Guatemala. Frente a estas tendencias existieron… corrientes políticas… débiles, (que) trataron de mantener la antigua unidad a través de la implantación de un sistema político que se consideró adecuado». Este es el criterio del historiador guatemalteco Julio César Pinto Soria[3].
El sistema federal, como aparato administrativo, al proporcionar cierta cohesión política, garantizaría la integridad de las fronteras del nuevo Estado. Tal objetivo implicaba algunas dificultades como el hecho que, frente a una economía débil, había también límites geográficos inestables. Se perdió Chiapas, más vinculada a México que a Guatemala; Belice estaba en manos inglesas y territorios como La Mosquitia, estaban amenazados. La actividad económica se concentraba en las zonas centrales y en la costa del Pacífico, la región del Atlántico estaba descuidada y despoblada.
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Otro objetivo de las instituciones republicanas fue asegurar a la nueva elite un ejercicio incuestionado del poder, cuestión que fue complicado alcanzar en parte porque la clase política era muy frágil. Se esperaba que las reformas resolvieran este problema para consolidar esos grupos en el poder. En las provincias existía oposición a la formación de un sistema político centralizado; algunas razones consistían en la situación específica del istmo donde, adoptar este sistema significaba reconocer el predominio de Guatemala, y claudicar ante la oligarquía colonial. También debía tomarse en cuenta que se vivía la etapa de formación de los Estados nacionales y los futuros burgueses eran muy débiles para imponer su dominio y romper el orden colonial; por ello adoptaron el modelo federal para dos propósitos: mantener la unidad y sacar al istmo del atraso colonial.
Puede afirmarse que la causa definitiva fue que no se formó una economía que trascendiera las fronteras de los Estados y se apoyara en el poder federal. Al fortalecerse los poderes locales, el poder central se volvió molesto y había que espaciar las reuniones del Congreso Federal cada dos años; así, las asambleas locales pudieron reformar sus constituciones sin las trabas de la ley federal. Además de la desconfianza que se tenía hacia el gobierno central, la guerra civil impidió la celebración de elecciones; por ello, en 1838, el Congreso Federal decretó que los Estados se organizaran como les conviniera. En ese año, la situación sólo podía resolverse con las armas.
Pero Morazán no pudo enfrentar el nuevo tipo de guerra: sin frentes definidos, con mucho pillaje, con fuerzas irregulares, con problemas de aprovisionamiento, tropas mal pagadas y con la autoridad desprestigiada. La respuesta conservadora consistió en establecer un gobierno dictatorial, apoyado en las viejas leyes españolas, devolvió a la Iglesia su función en el gobierno y restauró su influencia.
El pensamiento de Morazán
Estos dos momentos sintetizan las ideas que forman el pensamiento de Morazán. El primero es el evolucionario. Su ideal es cercano al liberalismo de los siglos XVII y XVIII, que trató de aplicar a Centroamérica. No fue un ideólogo puro, académico, ni sistemático como Valle, pero sí fue hombre de ideas, conocedor del pensamiento avanzado. En él hay influencias inmediatas de Montesquieu y de Alexis de Tocqueville, de los enciclopedistas franceses y de Napoleón. El segundo es el estadista.
Morazán dio pruebas de esas ideas avanzadas en sus escritos y en su acción de varias formas: Con su rechazo a la tiranía cuando se la ofrecieron, garantizó el libre sufragio, implantó la educación laica, decretó el matrimonio civil y el divorcio. Se propuso poner en práctica esas propuestas por medio del Estado federal, aunque en el Manifiesto de David y en su Testamento reconoció que el federalismo había fallado por la hegemonía de Guatemala.
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Desde aquel 15 de septiembre de 1821 a la fecha, sin perder de vista los relativos avances en la economía y en la política, parece que algunas cosas se mantienen sin alteraciones. Datos macabros, como el incremento de los feminicidios y otras condiciones generadas por el golpe de Estado de 2009, son cuestiones que todavía hace falta modificar. Además, persisten las prácticas injerencistas del centro del poder mundial. En tan difíciles circunstancias, en momentos tan críticos, ¿a quién deben acudir los pueblos si no es a sus Representantes? Esa era una de las herramientas de la Revolución morazanista, la «medida grande y nacional», el necesario pacto social para construir una sociedad fundada en nuevas relaciones de justicia y equidad.
Afirmaba que sin contratar al maestro y sin la escuela adecuada «no habrá jamás ilustración; no habrá buenas costumbres; no habrá igualdad ni en las personas ni en los intereses ni en los bienes; y estamos expuestos a que caiga sobre nosotros un yugo que no lo podamos sacudir jamás»[8]. Y esto que Morazán no pretendía ser profeta.
En junio de 1830, por medio de la Ley sobre la protección de los establecimientos de enseñanza pública, Morazán determinó que el poder de la educación era el fundamento de la vida democrática para «producir los hombres ilustrados que deben dictar leyes al pueblo centroamericano, dirigir los destinos de la patria, dirigir las diferencias domésticas de sus hijos y comandar sus tropas, destinadas a defender la independencia, la integridad de la nación y las libertades públicas»[9]. Esos principios cívicos no han sido parte de los grupos políticos y económicos que han controlado el Estado hondureño desde 1842. Con la educación y desde el Estado laico, Morazán pretendió abrir la política hacia el pueblo, garantizar derechos individuales, abolir la esclavitud, separar la Iglesia del Estado, eliminar privilegios y títulos nobiliarios y consolidar los municipios como fuente de poder popular.
El morazanismo y Ramón Rosa
Treinta años después de haberse escrito y a 28 del asesinato de Morazán, esos documentos eran prácticamente desconocidos. Incluso se puede suponer que intencionalmente fueron mantenidos ocultos para impedir un mejor conocimiento de sus escritos y destacar únicamente su figura militar. A partir de 1872 comienza el morazanismo, la exaltación de Morazán como pensador político y como símbolo de unidad e identidad. Fue reivindicado por el gobierno reformista de Marco Aurelio Soto y Ramón Rosa (1876-1883).
Ramón Rosa es fundamental en el rescate de la personalidad y obra de Morazán; lo definió como hombre de ideas y principios que se correspondían con la acción. Esa es la fuente de las enseñanzas de Morazán: combatió por una causa única y dejó lecciones históricas para el futuro nacional. Tal enseñanza fue escamoteada y se le denigró por treinta años. En vez de repúblicas modernas, aparece el regionalismo y el caudillismo; esas comunidades tendrían contenidos patriarcales, conservadores y estaban poco integradas.
Según Rosa, después de destruida la Federación, lo que siguió fue una caricatura de república, por dos grandes razones: en lo político, los caudillos se hacen del poder local; en lo ideológico, no hay verdaderos liberales ni conservadores; lo que existió fueron pretextos ideológicos para manipular y controlar el poder. Entonces, hay una falsificación del ideal morazanista y de las instituciones republicanas; por ello se requiere volver al pensamiento de Rosa y de Morazán, para recuperar con ellos el «sentimiento nacional» que ha tendido a desaparecer en la Honduras contemporánea.
La Independencia, proclamada con la ayuda de las autoridades españolas, no fue más que nominal y no conmovió a las clases populares, no alteró la esencia de esos pueblos -la pureza, la negligencia, la incuria, el fanatismo religioso, los pequeños rencores de las ciudades vecinas: sólo la forma fue alterada. Un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista, el único quizás que haya producido la América Central, el general Morazán, quiso fortificar a esos débiles países, unir lo que los españoles habían desunido, hacer de esos cinco estados pequeños y enfermizos una República imponente y dichosa. Y lo hizo, pero los pueblos, que están generalmente formados por gentes vulgares, tardan en comprender lo que los hombres geniales prevén. La política de las rivalidades venció a la política de unión; la vanidad de los Estados fue más poderosa que la unión bienhechora.
La tradición política visible desde el proceso independentista ha persistido y se ha enriquecido en estos tiempos, cuando el sistema social exige eficiencia, competitividad y libre mercado. Pero se puede introducir nuevos contenidos al humanismo de aquellos ilustrados para intentar crear una personalidad integral, que considere a la persona como un ser emotivo, racional, tolerante, solidario, respetuoso de los demás y de la naturaleza.
Es difícil elaborar argumentos acerca de la vida civilizada cuando la muerte ronda por las ciudades y el campo. Ese proceso debe considerarse como fragua continua, ya no al estilo de los independentistas del siglo XIX que pensaron en modelos políticos dirigidos por los ilustrados. Es un proyecto liberador que contiene al menos dos elementos centrales: uno es la noción de igualdad como valor fundamental, donde tendrán que edificarse condiciones materiales y espirituales que hagan posible el desarrollo para todos sin desventajas, tomando en cuenta las diferencias individuales, y con acceso al trabajo, a la cultura, a la salud, a la vivienda; algo impensable bajo el sistema colonial y menos bajo esquemas neoliberales. Y algo que en Morazán y Valle es esencial: La ética como categoría para el desarrollo social, no como herramienta exclusivamente racional.
Francisco Morazán: Un breve resumen
José Francisco Morazán Quezada nació el 3 de octubre de 1792, en Tegucigalpa, Honduras, y fue el Presidente de la República Federal de Centroamérica, siendo el Jefe de Estado de Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica.
La unión centroamericana, formada por Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, se había formado en 1823, bajo la presidencia del conservador Manuel J. Arce. A raíz de la rebelión de Justo Milla, al cual derrotó, Francisco Morazán se convirtió en presidente de Honduras (1827) y se erigió en líder de los liberales centroamericanos. Cuando el presidente salvadoreño, Pardo, le llamó en su auxilio ante un ataque guatemalteco, Morazán tomó San Salvador (1828) y luego Guatemala (1829), que era además la capital federal. Arce y los principales dirigentes conservadores fueron desterrados, mientras se instauraba un régimen liberal y Costa Rica abandonaba temporalmente la federación (de 1829 a 1831). Las elecciones de 1830 confirmaron a Francisco Morazán como presidente de la República (triunfo que revalidó en las de 1834).
En 1837 Rafael Carrera protagonizó una rebelión que tomó el poder en el Estado de Guatemala y su éxito produjo estallidos similares en el resto de la federación. Al terminar el segundo mandato de Morazán (1838) era tal la descomposición del sistema político que no se celebraron elecciones para la presidencia y puede decirse que se disolvió la unión centroamericana. Morazán fue elegido presidente de El Salvador (1838-40) y lanzó desde allí un último intento contra Guatemala en 1840; fue derrotado y marchó al exilio en Perú.
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