Los Niños Más Hermosos del Mundo: Características e Historias
Características de la belleza facial según la Universidad de Kent:
| Género | Características |
|---|---|
| Hombres | Ojos azules ovalados, cejas de espesor medio, nariz delgada, labios de grosor medio, boca con extensión de 1.33 unidades de largo y 0.88 de ancho, barbilla con 0.27 de longitud, cara ovalada, pelo oscuro, simetría facial |
| Mujeres | Ojos marrones almendrados, cejas arqueadas, nariz estilizada y pequeña de 0.37 unidades de largo, labios gruesos, boca con extensión de 0.81 unidades de ancho y 1.44 de largo, barbilla pronunciada y regular con extensión de 0.21 unidades, cara en forma de corazón, pelo oscuro, simetría facial |
Sin embargo, la belleza va más allá de los rasgos físicos. La personalidad, el carisma y la actitud también juegan un papel crucial.
Björn Andrésen: El "Chico Más Hermoso del Mundo"
Nadie ha captado mejor la belleza clásica, el ideal estético que perpetuaron los maestros en sus esculturas, que Luchino Visconti en Muerte en Venecia. En su adaptación de la novela de Thomas Mann, el director italiano puso rasgos a un personaje que parecía imposible de llevar a la vida, el de Tadzio, el adolescente cuya belleza apolínea obsesiona al protagonista. Un adolescente de rastros andróginos. Un efebo cuyo rostro parecía esculpido en mármol y del que era imposible apartar la mirada. Era, precisamente, la mirada de Tadzio una de sus señas de identidad.
Siempre se dice que Visconti estaba obsesionado con adaptar la novela de Mann, y que recorrió Europa en busca de Tadzio. Era ese personaje el que más le obsesionaba, porque era en su juventud y belleza lo que daba sentido al arco de protagonista que interpretó Dirk Bogarde. Tadzio ha quedado como un icono de la belleza y del colectivo LGTB.
Pero, pocos saben quién estaba detrás del personaje. Se llama Björn Andrésen y fue elegido por Visconti cuando tenía 15 años. Eso es lo que cuenta el documental The most beautiful boy in the world (El chico más guapo del mundo), que han estrenado el Festival de Sundance -que estos días se desarrolla en una edición online- los directores Kristina Lindström y Kristian Petri. La película coge su nombre de la famosa frase que dijo el director italiano en la rueda de prensa de presentación de la película en el Festival de Cannes. “Este es el chico más guapo del mundo”. Un filme que ha dado mucho que hablar por realizar un retrato de la fama en la industria del cine, y que muestra la cara B del glamour.
Aquí sólo hay un niño que nunca quiso ser estrella, que perdió a su madre y fue criado junto a su hermana por sus abuelos, que estaban obsesionados con que él se convirtiera en estrella. El documental consigue el testimonio más preciado, el del propio actor. También imágenes del cásting que le hizo Visconti y que ahora mismo sería mirado con otros ojos. Tal cono recoge The Daily Beast, se ve al director emocionado con la belleza del actor y pide que se desnude. El joven se queda en ropa interior y el director le pide que ande por la habitación y mire a cámara.
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Otro de los testimonios del filme es el de la directora de cásting, que recuerda la llegada de Andrésen: “Era evidente que todo el cuerpo de Visconti cobraba vida. El chico era exquisitamente hermoso, con un rostro verdaderamente fotogénico. Fue un verdadero hallazgo. Era un chico con un carisma muy especial. Parecía frágil. Y eso es realmente hermoso en una película. Visconti no tuvo ese cuidado, y ya en Cannes, donde dijo aquella frase del niño más bello del mundo, bromeó con que estaba menos guapo ahora, con 16 años, que cuando habían rodado el filme, con 15. Era un juguete en manos de una industria y de un cineasta.
Después de la cena posterior al estreno, los responsables de él se fueron y le dejaron borracho en un bar gay, donde era el rostro más deseado. El estudio también le mandó a Tokio, donde fue recibido como una estrella. Su belleza cautivó Asia, y su rostro fue usado para un gran número de campañas publicitarias. Incluso un anime se inspiró en su cara y hasta grabó un par de canciones en japonés.
En el documental, Björn Andrésen cuenta cómo se fue a París en 1976 y vivió del dinero y los obsequios que le daban hombres gais adinerados que él pensaba que eran fans, pero que analizándolo años después entendió que le trataban como su “acompañante” al que enseñar en público. Un trabajo que habla de los juguetes rotos, de una industria que trata como objetos sexuales a niños que no están preparados para enfrentarse a esa situación y las consecuencias: alcoholismo, depresión...
Un retrato que tiene que ver con lo que hemos vivido estos años tras la llegada del Me Too. Algo que los propios realizadores han reconocido en una entrevista en Cineuropa, donde explican que el propio actor les confesó que “sabe cómo se sienten las mujeres, cómo es sentirse un objeto”. “En cierto modo, el hecho de que fuera un sólo niño, le hizo sentir todavía más solo. De repente, estaba rodeado de esas personas, contactándolo y deseándolo. Era muy vulnerable, sin padres. Es como si estas personas pudieran oler la inseguridad. Es una historia en plena era del Me Too, sobre el poder y el abuso de él”.
Corría el año 1970. El director Luchino Visconti, una de las figuras más brillantes del mundo del cine, llevaba años buscando al chico perfecto para encarnar a Tadzio en la adaptación cinematográfica de Muerte en Venecia, la novela de Thomas Mann. El cineasta italiano viajó por Hungría, Polonia, Finlandia y Rusia en busca del chico perfecto para personificar la belleza absoluta. El cantante Miguel Bosé estuvo a punto de protagonizar la cinta.
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Visconti lo seleccionó, pero su padre, el torero Luis Miguel Dominguín se opuso con rotundidad. Tras recorrer media Europa buscando a su Tadzio, Visconti lo encontró finalmente en Estocolmo. Era un frío día de febrero cuando Björn Andrésen, un tímido adolescente de 15 años, entró a la habitación en la que se encontraban Luchino Visconti y Margareta Krantz, la directora del casting, arrastrado por la ambición de su abuela por convertirlo en una estrella. Era el sexto chico que entraba en la sala en busca de ese papel que, con toda probabilidad, le llevaría al éxito más absoluto. Lo que nunca llegó a imaginar Andrésen es que al cruzar aquella puerta su vida cambiaría para siempre.
"Era exactamente él a quien buscaba. Lo supe justo en ese momento", narra Visconti durante el documental. Margareta Krantz, que lo acompañaba aquella mañana, cuenta que el cuerpo del director italiano cobró vida en cuanto lo vio aparecer: "El chico era exquisitamente hermoso, con un rostro verdaderamente fotogénico. Fue un verdadero hallazgo".
Björn Andrésen tenía una belleza casi angelical, de aspecto joven y virginal. Era la representación de la belleza absoluta, frío como una estatua, ojos grises del color del agua, tal y como los describió Thomas Mann en 1912. "Era un chico con un carisma muy especial. Parecía frágil. Y eso es realmente hermoso en una película", sentencia Krantz.
El documental arranca cincuenta años después del estreno de Muerte en Venecia, sin duda, una de las obras más notables de Luchino Visconti. La directora Kristina Lindström nos traslada a un pequeño y mugriento apartamento de la actual Estocolmo. Allí nos encontramos con un viejo Björn, rozando el síndrome de Diógenes, y a punto de ser deshauciado de su propia casa. A sus 66 años, ya no hay rastro de aquel joven que un día llegó a conquistar a Visconti. La figura de aquel niño modelo luce demacrada y triste. La melena rubia ha dado paso a una larga cabellera y canosa barba que envejece aún más su rostro. Björn Andrésen ya no es capaz de seducir a la cámara, rehusa de ella.
El actor sueco nos lleva entonces a un viaje extraordinario hecho de recuerdos personales, historia cinematográfica, polvo de estrellas y eventos trágicos en lo que podría ser el último intento de él para finalmente volver a encarrilar su vida.
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Muerte en Venecia se rodó en un clásico hotel balneario en la isla de El Lido, en Venecia. En aquel antiguo balneario, Visconti recreó a la perfección un ambiente de principios de siglo. La novela de Thomas Mann había obsesionado al italiano durante años y quería que todo fuera perfecto. Muerta en Venecia era para el cineasta una historia profundamente personal. "Es la historia de un intelectual que va buscando la belleza absoluta por el mundo hasta que la encuentra en un jóven que vive en El Lido", cuenta Visconti.
En la cinta, Gustav von Aschenbach, interpretado por Dirk Bogarde, se enamora locamente del atractivo de Tadzio. Una historia de amor que muchos señalaron como pederastia, pero que el propio Luchino Visconti dejó muy claro que "no había riesgo de caer en lo sexual". Visconti definió ese romance como un amor muy puro, ni sexual ni erótico, sino una forma de amor superior, la perfección del amor.
La cinta se estrenó el 1 de marzo de 1971, en Londres, con la presencia de la reina Isabel II y su hermana, la princesa Ana. Es en ese estreno cuando Visconti se refiere a Björn como el chico más bello del mundo. Una etiqueta que acompañaría al sueco por el resto de su vida.
El documental, lleno de sombras y falto de luces, pero narrado con mucha empatía, nos invita a conocer la trágica historia del juguete roto de Visconti, un hombre deprimido y con heridas del pasado que aún siguen abiertas.
Edward Niño Hernández: Pequeño en estatura, grande de corazón
Edward Niño es un pequeño gigante que se siente afortunado por su estatura. El colombiano, nacido en Bogotá el 10 de mayo de 1986, ostenta el título de récord del hombre vivo más pequeño del mundo con movilidad con 72.10 centímetros (2 pies 4.38 pulgadas) de altura.
Edward, entró a ser parte de la familia de Guinness World Records el 13 de abril de 2010 quien para ese momento tenía una estatura confirmada de 70.21 centímetros (2 ft 3.64 in). Posteriormente, el récord fue batido por Khagendra Thapa Magar (Nepal, nacido el 14 de octubre de 1992), que registró una estatura de 67,08 cm (2 pies 2,41 pulgadas). Lamentablemente, Khagendra falleció el 17 de enero de 2020 a la edad de 27 años. El 29 de febrero de 2020, con una estatura confirmada de 72.1 cm (2 ft 4.38 in) Edward retomó nuevamente el título de récord aún con 1,89 centímetros adicionales.
Cuando Edward llegó a la edad de cuatro años, su familia se dió cuenta de que no estaba creciendo como sus amigos. Aunque sus padres buscaron ayuda médica, pasaron alrededor de 20 años antes de que el diagnóstico de hipotiroidismo severo finalmente confirmara por qué su crecimiento natural había sido afectado. A pesar de su situación, Edward siempre le ha sacado el gusto a la vida. Se ha convertido en un hombre positivo que ante cualquier adversidad que se le presenta la logra enfrentar con optimismo y fortaleza.
Edward, goza de pasar el tiempo en compañía de su familia y en los momentos de ocio, se distrae llenando sopa de letras, jugando cartas y haciendo ejercicio. Además, Edward trabaja como modelo y como bailarín ya que posee mucho talento. Edward posee un amplio gusto musical. Entre sus géneros favoritos están: El reguetón, vallenato, merengue y electrónica.
Al momento de bailar, Edward se lleva todas las miradas del público, no sólo por su estatura sino por gran talento. “Bailar significa para mí la forma de expresar mi felicidad conmigo mismo, es plasmar el sonido de la música en mi pequeño cuerpo. Y pensar que no tengo ningún impedimento de hacer lo que me gusta hacer” menciona Edward Niño.
En 2020, organizamos un encuentro virtual con el icónico cantante y recordista latino Ozuna para sorprender a Edward con la noticia de que ambos aparecerían en en el libro de Guinness World Records 2021. Los dos compartieron su entusiasmo por su pasión por la música. Edward vive con sus padres y sus hermanos en una finca a las afueras de Bogotá. Le gusta cuidar de su casa y apoyar en las labores del hogar. Disfruta de organizar su cuarto, barrer la casa, alimentar y acariciar a sus animales. En su casa tienen pollos, cerdos, vacas, conejos entre otros animales.
Edward, se describe como una persona seria, amable, cariñosa y muy alegre. A través de su personalidad y gran corazón quiere expresarle al mundo que todo es posible y que los límites solo existen en la mente. Quiere ser recordado como alguien alegre, amable y bueno con las personas. "¡Uso mi sonrisa para conquistar el mundo! Siempre comparto mi gran sonrisa con todo el mundo; ese es mi encanto", añadió Edward. "Puedo lograr todo lo que me propongo. Todo es posible... ¡El tamaño y la altura no importan! Quiero que la gente conozca quién soy realmente: ¡pequeño en tamaño, grande de corazón!"
Edward se siente muy afortunado porque cuenta con el amor incondicional y apoyo de su familia. Es el mayor de sus cuatro hermanos y describe a su familia como su mundo, soporte y su eterna alegría. Su madre, es su fuente de inspiración para sentirse positivo, fuerte y grande. "Ella es la que me motiva, es mi motor. Mi madre es la que me impulsa diciéndome que no hay nada difícil para mí. Siempre me dice que soy único y que Dios tiene grandes cosas para mí" -Edward Niño.
Edward y su familia también cuidan de su hermano Miguel quien tiene 22 años y mide 1.20 metros. Miguel, padece de displasia de cadera y a veces no puede caminar con normalidad por causa de los dolores. Edward, es quien lo acompaña, lo anima y lo asiste para sentirse mejor.
Uno de los mayores sueños en Edward, es viajar por el mundo. Hasta el momento ha tenido la oportunidad de conocer Argentina, Chile y Ecuador. Desea con ansias mostrarle al mundo que a pesar de tener una estatura pequeña, tiene un gran corazón. “Me encantaría conocer otras culturas, su gastronomía y los lindos paisajes que veo por televisión. Dentro de mi lista de deseos está conocer Estados Unidos y Europa. Quiero mostrarle al mundo quién soy yo y todo lo que tengo para dar” -Edward Niño.
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