Loyola de Palacio: Biografía de una Mujer Pionera en la Política Europea
Siguiendo la dicotomía que acuñó y gustaba repetir a Jean Monnet, el cometido público divide a las personas entre quienes "ocupan" el puesto y quienes plenamente lo ejercen. Él lo decía de manera gráfica: de una parte, los uncidos a la "importancia", quienes aspiran meramente a "ser"; y de otra, quienes, desde el compromiso, la visión y la tenacidad, lo asumen como obligación de contribuir al interés común, al beneficio de los ciudadanos.
Loyola de Palacio encarnó, como pocos, esta segunda categoría. Feminista de fondo, por biografía y circunstancias, nunca se consideró cuota (ni Aznar la nombró por este imperativo). Respaldó en su carrera a cuanta mujer de valía le salió al encuentro (hubo un buen número), ayudándoles a ganar horizonte y autoestima.
Nacida en 1950, Loyola de Palacio fue la tercera de siete hermanos, hija de Luis María de Palacio y de Palacio, marqués de Matonte, y de Luisa del Valle Lersundi. Su hermana, Ana Palacio, también destacó en la política, llegando a ser Ministra de Asuntos Exteriores.
Loyola entró en política por Europa. La foto en blanco y negro recuerda el invierno del 74. La televisión francesa organizó un debate sobre la España post Franco -Demain l'Espagne-. La jovencísima ex alumna del Liceo Francés de Madrid, en su primer plató internacional, lo dijo claro: batallaría por España.
A Loyola, más precoz, la empujó a la cosa pública Manuel Fraga, allá por 1976, en los tiempos de Alianza Popular. En el año 1977, Loyola de Palacio fue una de las más activas organizadoras de las juventudes de dicho partido. Fue la primera Secretaria General de “Nuevas Generaciones”, nombre que se le dio a las Juventudes de Alianza Popular. Era una joven de 27 años, dura, incisiva, implacable y rápida de reflejos en el terreno político.
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La capacidad de convocatoria que tenía Loyola de Palacio era impactante. Ganó las elecciones por mayoría; y fue senadora por Segovia desde 1986 hasta 1989. Además, en 1990 fue nombrada portavoz adjunta del Grupo Popular en el Senado.
Así, su posición dentro de la Comisión, donde ostentaba una de las dos vicepresidencias del diseño -la inflación de títulos vendrá con Colegios posteriores-, revestía los máximos atributos formales del organigrama que presidía Romano Prodi. Los equipos adscritos a las direcciones generales bajo su mando calibraron muy pronto su carácter. Hicieron suyo el potencial de su lema -"la única batalla que seguro se pierde es la que no se da"-, alumbrando junto a ella y un gabinete excelente y compacto, una plétora de propuestas rompedoras, cimientos de políticas que, implementadas o en desarrollo, son hoy meollo de afanes compartidos.
La mayor crisis institucional impregnaba la atmósfera cuando la toma de posesión de la Comisión Prodi: pocos meses antes, el PE había forzado la dimisión en bloque de su predecesora patroneada por Jacques Santer. La tarea con que se estrenó Loyola de Palacio fue, pues, restañar la relación y delimitar un esquema de cooperación entre las dos entidades.
En 1999, tras su victoria en las elecciones al Parlamento Europeo, Loyola abandonó el Ministerio de Agricultura y fue designada jefa de la Delegación española del Partido Popular en el Parlamento Europeo. Loyola de Palacio fue una activa eurodiputada. En Bruselas emergieron con nitidez sus cualidades personales.
En Bruselas emergieron con nitidez sus cualidades personales. Loyola de Palacio fue nombrada Vicepresidenta de la Comisión Europea, responsable de las Relaciones con el Parlamento Europeo; y Comisaria de Transportes y Energía. Las actividades de Loyola de Palacio tuvieron relevancia nacional e internacional. Loyola de Palacio estaba llena de vitalidad , simpatía y energía.
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Transporte, durante esos cinco años, incorporó más de la mitad del acervo comunitario vigente. Con hitos memorables. En seguridad marítima, merece calificativo de revolucionario el refuerzo, tras las catástrofes del Erika y del Prestige, de la supervisión de buques y sociedades de clasificación. Que remató en la UE y, después, multilateralmente -con alcance global- exigiendo doble casco para el transporte de petróleo.
En el mismo área, sobresalen las acciones a favor de la seguridad aérea; en concreto, la creación de la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA, por sus siglas en inglés) que certifica las aeronaves en la UE, y la elaboración del directorio de compañías prohibidas en nuestro territorio por no respetar las exigencias de seguridad aérea. Con su empuje se adoptó, asimismo, el primer reglamento para luchar contra el terrorismo en el transporte aéreo con nuevas normas comunes e inspecciones de vigilancia en todos los aeropuertos.
Valorando el esfuerzo que le supuso y su trascendencia geopolítica, cumple destacar particularmente Galileo, que ha dotado a la UE de un sistema propio de navegación por satélite. En Energía, su propósito fue formar una auténtica Unión en esta materia (que sigue siendo lacerante asignatura pendiente), con la prioridad de asegurar el abastecimiento de la UE. El Libro Verde de 2000 definió las líneas estratégicas que arman las normas vigentes, vitales para superar los desafíos que han puntuado las últimas dos décadas.
Trabajó con denuedo en pos de un mercado único de electricidad y gas que contase con las interconexiones indispensables para un funcionamiento optimizado en una Unión más cohesionada. Los golpes bajos políticos que hubo de encarar, sin perjuicio del dolor, los solía despejar con un filosófico: "No le dediquemos ni un pensamiento; ya le(s) llegará su San Martín".
Esta etapa profesional se inicia con el montaje del "fraude del lino" -supuesta obtención por medios ilegales de subvenciones comunitarias a este cultivo (prendió en Toledo)-. Se predicaba su implicación por encabezar el Ministerio de Agricultura (pese a que el control de estos expedientes recaía en las Comunidades Autónomas). El artificial "escándalo" ocupó mucho espacio mediático durante la campaña a las elecciones europeas de 1999, en las que encabezaba la lista del PP.
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Porque quería ver esta cuestión zanjada con luz y taquígrafos, interpuso una denuncia ante la Audiencia Nacional. La instrucción de la causa correspondió al entonces juez Baltasar Garzón, quien se demoraría cerca de un lustro. Ya fallecida, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional dictó sentencia, que fue confirmada por el Tribunal Supremo: no existió tal fraude.
Este es -muy resumido- el desempeño de Loyola de Palacio en su singladura bruselense con mínima caladura de las miserias políticas arrojadas a su paso. El impacto de esas realizaciones está hoy plenamente vigente.
En el año 2006 los tribunales dictaminaron que Loyola de Palacio era inocente.
Le siguieron unos leves dolores en la espalda. El 20 de agosto de 2006, fue a practicar pesca submarina en el Cantábrico. Cuando fue a levar el ancla, sufrió un fortísimo pinzamiento lumbar. Al día siguiente fue enterrada en el panteón familiar de Deba.
En 2013, y a título póstumo, la organización profesional agraria ASAJA le concedió su «Insignia de Oro».
Loyola de Palacio es recordada como una figura clave en la política española y europea, una mujer de fuerte carácter y gran capacidad de trabajo que dejó un importante legado en áreas como el transporte y la energía.
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