Marcelino Niño López: Un Perfil Detallado
Hace año y medio conocí a Marcelino en Madrid Fusión.
En González Byass existe un gran cariño por lo bien que nos tratan en el restaurante El Ermitaño de Benavente, y que fueran finalistas de la Copa Jerez con dos vinos nuestros en su propuesta fue la culminación de esa admiración desde proveedor a cliente.
Y Marcelino ya me cautivó en esa primera jornada que pasamos juntos; vino conmigo a una formación de vinos de Jerez que impartí en En Copa de Balón, en Aravaca, y de allí nos fuimos a Madrid Fusión, a compartir un día intenso.
Aprovechando mi post de apertura en este blog, no se me ocurre persona mejor de la que hablar.
Creo que es un gran ejemplo; un tipo inquieto, imaginativo, incansable, como muestran las permanentes actividades que desarrolla dentro del restaurante y fuera de él, y con esos valores de humildad, simpatía, marcada personalidad, que transmiten «buen rollo» en todo momento, por muy cansado o preocupado que pueda estar.
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Y como muestra de su grandeza, cuando le llamé para decirle que mi participación en el blog lo abriría con él, haciéndole algunas preguntas sobre su trayectoria que desconocía, me responde con una auténtica redacción llena de contenido y humanidad.
Por tanto, no voy a escribir, editar o filtrar nada, sino a escribir su propia descripción.
Primeros Años y Formación
Marcelino nace un 20 de agosto de 1973 en Benavente (y creo que lo hace con gafas ya), por aquel entonces todavía algunos nacimientos se producían en las propias casas bajo la dirección de un curioso equipo técnico compuesto por: abuelas, tías, comadrona, alguna amiga de la familia y un padre que no hacia más que transmitir su nerviosismo a todo el equipo.
Todo esto ocurría si se trataba del nacimiento de un niño o una niña.
En el caso de Marcelino, la primera luz la vio en un restaurante, ¡cómo tiene que ser!.
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Su padre al oír llorar a su retoño cosecha del 73, le preguntó a la comadrona ¿qué ha sido? y la respuesta fue ¡camarero!.
A partir de ese momento se convirtió en el pequeño de tres hermanos que siguieron los mismos pasos profesionales, con una especial formación en hostelería guiada por sus padres, que durante casi 40 años estuvieron al frente del conocido restaurante benaventano «California».
Marcelino se mueve diariamente gracias a su inquieta personalidad y a su imparable ritmo de trabajo, rasgos que le permiten manejar varios asuntos e ideas a la vez bien combinadas con su trabajo.
Desarrollo Profesional
Como es lógico el comienzo y el grueso de mi vida laboral se desarrolla, al igual que sus hermanos, en el negocio familiar a muy temprana edad.
Ya sabes negocio familiar…..»Hay que echar una mano»….»Hay que aprovechar»….»Hay que fregar»…. y tantas y tantas frases que resumen el tema.
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En 1995 Marcelino asiste a su primer curso de sumillería y cata organizado el Club Vinos y Letras (Bilbao) dirigido por Juan Fernández Domínguez, quien con el tiempo se convertiría en su gran amigo y en su formador continuo.
En 1997 con muchas ganas, y totalmente convencido de que el vino era lo suyo, crea en Benavente un «mecanismo» de promoción y divulgación de la cultura del vino, el Club de Cata California, que a través de sus innumerables catas, logro fomentar el consumo del vino y servir a muchas bodegas de herramienta promocional.
Sin duda, las «ramas» más gruesas de mi árbol genealógico llevan sabia hostelera de la «vieja escuela», teniendo como punto de partida dos personas que marcaran un estilo profesional muy bien definido: Por un lado Argimiro Calvo, mi abuelo paterno, impecable profesional de sala.
Y por otro Manolo Garcia, hermano de mi abuela y pieza clave en la formación de mi padre tras la muerte de mi abuelo.
Por la parte de Julia Rodríguez, mi madre, también se encuentran varios profesionales del gremio de la hostelería, la mayoria, curiosamente, desarrollaron su trabajo en la costa alicantina.
En 2004 «abandono el nido» e inauguro la primera Enoteca de la ciudad
Un local dedicado al vino por copas que obtuvo una gran acogida, y que está mal que lo diga yo, pero fue una auténtica «bomba», con unas ventas impresionantes.
Por contarte, te diré que mantuve una carta «por copas» con más de 60 referencias hasta el último día, muchísimas para una ciudad donde «copear» vinos de calidad no era lo más común, lo máximo que encontrabas en la barra eran 4/5 vinos.
En 2008 vendo el negocio, a vistas de la que se avecinaba con la prohibición total del tabaco y la desaceleración, crisis, fiebre o como la quieras llamar, pago todo lo que debo, y se cruza en mi camino mi amigo Pedro Mario, que se entera de mi final de etapa en Quimera y me tienta para que forme parte de su equipo….y hasta hoy.
Pasión por el Estudio
Puedes preguntarle a cualquiera de mis compañeros o superiores, que es lo que hago todos los días antes del pase y en los tiempo de espera a la llegada de clientes, o en esas noches que no aparece ni el «coco» por el Ermitaño…..y te responderán que estudiar, estudiar y estudiar, eso sí, a mi aire, hoy repaso Jerez, mañana imprimo artículos del mundovino.com (Asenjo, de V. de la Serna, Barquin, etc), releo a Peynaud «El gusto del Vino» que mi padre me obligaba a leer en los 90, o repasando sala, sobre todo con un libro de Maite Prados realmente interesante o la «Guía práctica del Servicio de mesa» de Alejandro Alonso y Custodio, que aunque ya está un pelín desfasado, el libro digo, me gusta porque me recuerda la elegancia de mi padre,….. y un largo etc etc, etc de lecturas profesionales.
No se me olvida, en una edición del concurso de sumilleres de vuestra asociación «el Custodio López Zamarra», en la que coincidí con Jon Andoni de Rentería, que me decía, en las charlas que tuvimos, que él llegaba a casa y en vez de encender la tv, abría un libro de vinos internacionales y repasaba lo que le coincidía.
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