¿Por Qué Mi Hijo Se Enferma Tan Seguido?

02.11.2025

Es común que los padres se preocupen cuando sus hijos se enferman con frecuencia. En los primeros años de vida, los niños sanos pueden llegar a tener 6-8 infecciones respiratorias de vías altas (IRVA) cada año, hasta 6 episodios al año de otitis media aguda y dos de gastroenteritis aguda.

La frecuencia de IRVA es mayor en los niños que van a la guardería o cuando sus hermanos lo hacen. La duración de una IRVA puede llegar a dos semanas. Esto, junto a que muchos de estos cuadros se suceden durante los meses más fríos, puede dar lugar a la impresión de que el niño siempre está enfermo.

Además, estas infecciones se deben casi siempre a virus y, por tanto, no responden a los antibióticos. Es por esto (frecuencia, duración y falta de respuesta), por lo que las familias pueden llegar a pensar que esta sucesión de infecciones “normales” en los niños pequeños, se podrían deber a un problema en las defensas.

¿Por qué las infecciones afectan con mayor frecuencia a los niños?

Las enfermedades infecciosas acompañan al niño de forma habitual e inevitable durante la mayor parte de su infancia debido a la inmadurez de su sistema inmunitario, que es más sensible a los agentes infecciosos, y también por sus hábitos poco higiénicos, como compartir chupete o juguetes que previamente se han llevado a la boca y que facilitan que dichas infecciones se propaguen con más rapidez.

¿Cuál es la causa de estas infecciones?

La mayoría de las enfermedades infecciosas que afectan a los niños están producidas por virus. Esto quiere decir que no precisan la toma de antibiótico para su resolución, sino únicamente medidas para ayudar al niño a superar el proceso y sus síntomas de la forma más cómoda posible.

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Sí que, en ocasiones también los niños pueden sufrir infecciones de tipo bacterianas; en estos casos siempre será un médico el que recomiende el tratamiento con antibióticos.

Además, es importante saber que algunas infecciones se pueden transmitir antes incluso de manifestar síntomas, en lo que se llama el período de incubación, por lo que resulta aún más difícil controlar su contagio.

¿Qué tipos de contagio existen?

Existen cuatro formas fundamentales de contagio:

  • Vía respiratoria: al toser, estornudar, hablar, escupir… expulsamos pequeñas gotitas que contienen partículas víricas. Es la más frecuente entre los niños.
  • Vía fecal-oral: trasmisión a través de bacterias o virus eliminados por las heces. El contagio se produce al ingerirlos, por ejemplo, a través de agua o alimentos contaminados.
  • Por contacto directo: de niño a niño o a través de objetos que se comparten.
  • Por contacto con líquidos orgánicos: como sangre o saliva.

¿Cuáles son las infecciones más frecuentes?

Entre las infecciones más frecuentes por su forma y tiempo de contagio se encuentran las siguientes:

  • Bronquiolitis: Infección respiratoria aguda que afecta a niños menores de 2 años. Se inicia como un cuadro catarral, seguido de dificultad respiratoria progresiva con aumento del trabajo respiratorio. Causada por virus.
  • Conjuntivitis: Inflamación de la conjuntiva, el tejido que cubre la parte blanca del ojo. Puede ser causada por virus o bacterias.
  • Enfermedad boca-mano-pie: Patología benigna que provoca pequeñas ampollas en las palmas de las manos, la planta del pie y el interior de la boca, así como fiebre. Transmisión por virus (enterovirus), tanto por vía respiratoria, como fecal-oral.
  • Faringoamigdalitis: Infección de las amígdalas o anginas. Puede ser causada por virus o bacterias.
  • Gastroenteritis aguda: Inflamación de la mucosa que recubre el estómago. Puede ser causada por virus (rotavirus) o bacterias y en ambos casos provoca diarrea, vómitos y dolor abdominal.
  • Gripe: Infección aguda del tracto respiratorio superior que produce fiebre alta, dolores musculares y malestar general.
  • Lombrices (oxiuros): Infección por un parásito que provoca picor alrededor del ano, sueño inquieto y despertares durante la noche.
  • Moluscos (Molluscum contagiosum): Infección vírica que se manifiesta con la aparición de pequeñas lesiones o pápulas en la piel, agrupadas y por todo el cuerpo.
  • Mononucleosis infecciosa: Enfermedad vírica caracterizada por un cuadro febril, con dolor de garganta y aumento del tamaño de los ganglios, sobre todo los del cuello.

¿Qué es una inmunodeficiencia?

Las inmunodeficiencias o déficits inmunitarios son enfermedades poco frecuentes. En ellas, las defensas del cuerpo frente a las infecciones funcionan mal. Por eso, hay más infecciones de lo habitual, son más graves, duran más tiempo, responden peor a los medicamentos habituales y las pueden causar gérmenes que suelen ser inofensivos.

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¿Qué tipos de inmunodeficiencias existen?

  1. Inmunodeficiencias primarias: En ellas, se nace con un defecto en las defensas. Durante los primeros meses el niño puede estar protegido por las defensas que ha recibido de su madre a través de la placenta y cuando lo alimenta al pecho. En función de su gravedad, las infecciones aparecen antes o después. En las menos graves los primeros síntomas pueden aparecer incluso en la edad adulta.
  2. Inmunodeficiencias secundarias o adquiridas: En ellas, el fallo se produce tras el nacimiento. La causa es algo que daña las defensas: infecciones como el SIDA, enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades renales, el cáncer y otras enfermedades pueden dañar el sistema inmune. A veces, los tratamientos para estas enfermedades también pueden dañarlo. Por ejemplo, la quimioterapia, la radioterapia, los medicamentos para evitar el rechazo de los trasplantes, y los corticoides cuando se usan a dosis altas y durante mucho tiempo.

¿Cuándo se debería aconsejar acudir al pediatra?

Lo más probable es que su hijo sea un niño sano, con un sistema de defensas normal pero que esté más expuesto a las infecciones, por ir a la guardería o al colegio en los primeros años de vida, sobre todo en los meses fríos.

Se debe consultar con el pediatra si el niño o niña tienen más infecciones que los niños de su edad, son más raras o graves de lo habitual, no se recuperan bien tras ellas, o afectan a su crecimiento. Hay que consultar también si enferma tras administrarle una vacuna o si hay antecedentes en su familia de enfermedades en las defensas.

A nivel internacional, se han propuesto una serie de señales de alarma, que deben hacer sospechar la existencia de algún problema en las defensas. Si el pediatra las detecta, le realizará un estudio o derivará al niño a un centro donde se le pueda hacer.

*Este artículo está basado en el documento “Niño con infecciones recurrentes”, elaborado por el Grupo de Patología Infecciosa de la AEPap (si te interesa, puedes descargar aquí el pdf).

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