Mi Hijo No Quiere Comer: Causas y Soluciones

20.11.2025

Uno de los motivos más frecuentes en la consulta del pediatra es el tema de la alimentación. Cuantas veces habré sentido la frase «es que mi niño no me come o es que mi niña come poco». Sin duda es uno de los temas que genera más preocupación y angustia a las familias.

Hoy repasaremos algunos motivos por los que un niño/a puede no querer comer y posibles soluciones.

Causas Comunes de la Falta de Apetito en Niños

  1. Presencia de una enfermedad aguda: Es frecuente que los niños/as pierdan el hambre en el contexto de una infección como un resfriado, una gastroenteritis, amigdalitis, otitis u otro. Suele ser una perdida de hambre reciente y transitoria, y cuando se resuelva el episodio, el hambre vuelve. Ante un peque que no tiene hambre, lo primero que siempre tenemos que descartar es que no haya ningún signo de alarma que haga sospechar una enfermedad. Algunos signos de alarma son: la fiebre, las diarreas, los vómitos, el dolor de barriga, la tos…
  2. Cambios en la rutina habitual: Cualquier cambio en la rutina habitual de un niño/a puede provocar alteraciones puntuales en la alimentación o también en el sueño. Esto lo podemos ver en el contexto de viajes, si ha habido el nacimiento de un hermanito o hermanita, con el inicio de la escuela o de la escuela infantil… Los niños son muy sensibles a los cambios así que es normal que hasta que no se adapten a la nueva situación puedan comer menos.
  3. Desequilibrio entre las expectativas y lo que realmente necesita el niño/a: Hay peques sanos con un desarrollo normal y un crecimiento correcto que comen poco pero lo suficiente para ir creciendo dentro de sus gráficas de crecimiento. En estos casos es habitual que coman menos de lo que la familia espera de ellos. Debemos revisar qué expectativas en relación a la alimentación tienen los padres para ajustarlas a la realidad y hacer un registro dietético para comprobar que la ingesta sea la adecuada tanto en relación a la energía como en los nutrientes.
  4. Etapas normales del crecimiento: El crecimiento no es un proceso lineal, los peques irán regulando su ingesta en función de sus necesidades. Por ejemplo, durante el primer año los bebés crecen muy rápido y por tanto ingieren más cantidad de alimentos. Pero a partir del año de vida este ritmo va más lento. A partir de los 2 años el crecimiento va mucho más despacio, nuestro cuerpo se autoregula y se adapta a la nuevas necesidades, por lo que el peque pasa a comer menos. Es totalmente fisiológico, como no necesita crecer tanto como el primer año, tampoco necesita comer tanto. Además, a esta edad es más difícil que se mantengan sentados en la mesa ya que tienen mucho interés por el mundo que les rodea.
  5. Exceso de ingesta de alimentos muy calóricos pero poco nutritivos que desplazan el resto de alimentación: Algunos ejemplos de estos alimentos serían las galletas, los yogures de sabores, los zumos envasados, los batidos, los dulces, las patatas chips… Todos estos son alimentos poco saludables y de baja calidad nutricional. Un exceso en su ingesta puede generar una falsa pérdida de hambre, ya que son alimentos que sacian y que por tanto desplazan la ingesta de otros alimentos saludables como la fruta o la verdura.
  6. Niños que rechazan un alimento porque se lo presentan diferente: Por ejemplo, un plato de pasta al que los padres le agregan queso o salsa, lo rechazan porque no lo ven igual.
  7. Fobias alimentarias: Frecuente ante historia secundaria de dolor, asfixia, atragantamientos o una experiencia aversiva como la alimentación forzada.

Recordad, cada niño/a es diferente y su interés por la comida puede ser que vaya cambiando con el tiempo. Ante cualquier duda, siempre es recomendable que consultéis con vuestro pediatra.

¿Qué hacer para que el niño coma?

Para que el momento de la comida se convierta en un momento agradable, tratemos de secundar sus gustos y no insistamos en hacerle comer más de cuanto le apetece. Todo niño sabe regular su apetito. Si come poco o se salta una comida, tendrá sus motivos. Si muestra preferencia por algún alimento en particular, tengámoslo en cuenta. Si la carne no "le pasa" sola, probemos a mezclarla con alguna que otra cucharada de tomate fresco. En cualquier caso tengamos presente que los quesos, la leche y los huevos son excelentes sustitutos de la carne.

A partir de los dos años, algunos niños quieren escapar de la sobreprotección materna, rechazando la ración nutritiva normal. Otras veces el niño rechaza la comida porque no quiere "sentarse en el banquillo de los acusados", ya que la madre aprovecha este momento para recriminar sus faltas y omisiones a lo largo del día.

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Por otra parte, a muchos niños les gusta dramatizar y les encanta hacerse notar, cambiar o dirigir el curso de los acontecimientos, descubrir que pueden dictar su ley. Hay que mantenerse impasibles, retirar el plato si no quiere comer, no darle otra cosa en sustitución y esperar a que llegue la próxima comida. No apurarse, comerá cuando tenga apetito. El rendirse, dándole algún que otro alimento, sólo servirá para complicar la situación y que afiance su postura.

Estrategias y Tratamientos

Estas son algunas de las estrategias que se ofrecen en los tratamientos. Tengamos presente que es un trastorno alimentario complejo y heterogéneo que requiere una evaluación integral (psiquiatra-psicólogo, nutricionista y logopeda) y la comprensión de las conductas alimentarias inadecuadas.

Si el paciente presenta deficiencias nutricionales, se encuentre bajo peso o tiene una disminución en la velocidad de crecimiento, se recomienda que sea el primer abordaje en el tratamiento. El equipo debe decidir en encontrar un equilibrio entre alentar una mayor ingesta de los alimentos de preferencia, una dependencia temporal de complementos nutricionales y alentar la exploración de nuevos alimentos.

Adicionalmente, es esencial que la familia se incorporen al tratamiento para garantizar que se satisfagan las necesidades nutricionales. La capacitación a los padres es útil para enseñarles a cómo manejar los desafíos de comportamiento durante las comidas.

Consejos Adicionales

  • Establecer rutinas alimentarias: Ofrecer comidas y refrigerios pequeños y frecuentes puede ayudar a mejorar el apetito.
  • Ambiente positivo durante las comidas: Crear un entorno tranquilo y sin distracciones favorece una mejor alimentación.
  • Involucrar al niño en la preparación de alimentos: Esto puede aumentar su interés por la comida.

Para la experta lo más habitual es que nuestros hijos e hijas no coman lo que nosotros esperamos. Cocinamos y ofrecemos lo que a nosotros nos apetece, nos gusta o consideramos que el niño necesita. “Olvidamos que puede que no le guste. Esto no solo depende del sabor y de tener que acostumbrarse, que es cuestión de educación del paladar y tiempo.

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A veces ocurre que con tal de que el niño coma, se le ofrecen alimentos malsanos. Esta es una conducta que debe evitarse. Comemos para conseguir nutrientes necesarios para vivir. El niño comerá si tiene apetito. Si para que coma algo le damos cualquier cosa, le aportamos energía y saciedad, es decir, le quitamos el apetito. Sin embargo, de este tipo de alimentos, su organismo no puede obtener esos nutrientes. Y sumado a que le hemos quitado el hambre, no va a querer comer otras opciones que sí les aportan esos nutrientes. Mapi Herrero señala que hay que tener en cuenta que un niño o niña con problemas con la alimentación tiene que enfrentarse a situaciones desagradables todos los días, varias veces.

¿Cuándo acudir al Pediatra?

Es importante consultar con el pediatra, sobre todo si la situación persiste y se empieza a observar pérdida de peso.

Según Mapi Herrero, cuando un niño o una niña deja de comer siempre hay que evaluar qué pasa. Lo más frecuente es que no pase nada, pero es recomendable que, ante la duda, se acuda a un profesional que pueda detectar a tiempo una ingesta insuficiente de energía o nutrientes.

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