Explorando Diversos Aspectos del Bienestar Infantil y Materno
Este artículo aborda una variedad de temas importantes relacionados con la salud infantil, el desarrollo emocional, la lactancia prolongada y el bienestar general. Desde el lagrimeo en los ojos de los niños hasta la masturbación infantil, pasando por la dislexia y el turismo de bienestar, exploraremos cada uno de estos temas en detalle.
Lagrimeo Constante en los Ojos de los Niños
El lagrimeo constante en los ojos de los niños puede ser una preocupación para los padres. Este síntoma puede ser indicativo de diversas condiciones, algunas de las cuales requieren atención médica. La obstrucción del conducto nasolagrimal es una de las causas más comunes de lagrimeo en bebés y niños pequeños. El tratamiento a seguir dependerá de la causa de la obstrucción.
En los bebés, lo normal es esperar, porque muchas veces se debe a que el conducto nasolagrimal no se ha desarrollado. Se explica a los padres y madres cómo dar un masaje que ayuda a abrir la membrana que puede estar obstruyéndolo. Ya en niños, se pueden dilatar los orificios lagrimales, algo que también se hace en adultos.
La conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva, la membrana que recubre el ojo. Es crucial consultar a un oftalmólogo si el lagrimeo en los ojos de su hijo persiste más allá de los primeros meses de vida o si presenta signos de infecciones recurrentes, hinchazón o dolor.
Para los bebés con obstrucción del conducto nasolagrimal, los masajes lagrimales pueden ser efectivos. Si los masajes no son efectivos, el siguiente paso puede ser la dilatación del conducto. En casos severos donde otros tratamientos no han sido efectivos, puede ser necesaria la cirugía.
Lea también: LFAM Madrid: Análisis
El lagrimeo constante en los ojos de los niños puede ser una señal de varias condiciones, desde obstrucción del conducto nasolagrimal hasta conjuntivitis. Es importante observar los síntomas y buscar atención médica cuando sea necesario.
Masturbación Infantil: Un Aspecto Normal del Desarrollo
“Estoy preocupada porque se toca mucho…”- me comentan muchas madres. Algunas vienen realmente alarmadas, incluso les cuesta iniciar la conversación porque consideran que sus hijos/as son demasiado pequeños para empezar con esos temas. No lo son. A los 4 meses de vida todos los niños se descubren los puños y se los chupan, ¿verdad? ¿Y por qué lo hacen? Porque les resulta placentero.
Un poquito más adelante se descubren los pies que también meterán en la boca y es absolutamente normal. El tiempo va discurriendo y en su afán por descubrir cosas nuevas, al año de vida, la mayoría de ellos ya se habrán encontrado con lo que hay debajo el pañal y… ¿qué hacen? Se lo tocan ¿Y por qué se tocan? Porque les gusta. Cuando es un lactante varón el que descubre sus genitales, muchas madres dicen: "¡Pero mira que tirones se da cuando le cambio el pañal! Se va a hacer daño".
Tranquila, que daño no se hacen y acostúmbrate, porque esto no acaba más que empezar- y sonrío. Denominamos masturbación en preescolares o infantil a la autoestimulación de los genitales por placer. Es rara antes de los 6 meses. Se desarrolla a lo largo de su infancia, desde los 9-12 meses hasta los 5-6 años, edad en la que ellos empiezan a ser más reservados y si lo hacen, lo harán en la intimidad.
“Lucía ¿es normal esto que hace?” - me preguntáis un tanto inquietas. Es normal. Es natural. No hay que alarmarse. “Es que se frota con muñecos”- me dicen algunos padres. “A veces con el borde de la mesa o con el apoya-brazos del sofá”- me dicen otros. - “Incluso con la barra vertical de la trona que separa las dos piernas”. Sí, así es.
Lea también: ¿Qué significa "Mira Como Baila Esa Nena"?
Desde muy pequeños empiezan a descubrir sus genitales y a estimularse con distintos objetos (juguetes, cojines, peluches). No es hasta los 2 años y medio o más, cuando utilizan su propia mano para tocarse de forma rítmica. Generalmente, a partir de los 5-6 años disminuye la frecuencia y si continúan haciéndolo, lo harán en la intimidad de su habitación o en el baño. Ya en la adolescencia, la masturbación es casi universal y tampoco hay que reprimirles por ello.
Durante esos momentos, y aunque sean muy pequeños (hablamos de niños de entre el año de vida y los 5-6 años), nos encontraremos al niño/a, sudoroso, con respiración agitada, acalorado; al finalizar, puede estar cansado, incluso agotado y con ganas de dormir, es por ello que en ocasiones se han llegado a confundir con crisis epilépticas. Es evidente que nada tiene que ver con la epilepsia.
Cuando los padres acuden a consulta con sus hijos y estos ya tienen cerca de los 3 años, aprovecho la oportunidad y les pregunto a los niños: “Cielo ¿Y por qué lo haces?” Todos me contestan con un simple y aplastante: “Porque me gusta” Y así es. Porque les gusta. Más claro: agua.
Diferencias entre niños y niñas
Desde el punto de vista médico no la hay. Sin embargo, en la práctica, parece que todos los padres tienen asumido que si sus hijos son varones y se tocan la pilila es normal, incluso les resulta divertido. Pero si son las niñas las que con 2 años se frotan con el borde del sofá, se asustan y piensan que hay algo anormal en su hija. Pues no.
Las niñas, como los niños, también tienen mucho que descubrir. Es normal. Sea niño o niña.
Lea también: Autismo y Desarrollo Temprano
Causas y Frecuencia
Al ser una conducta normal no hay una causa que debamos buscar. Un tercio de los niños que exploran su cuerpo descubren la masturbación y si continúan haciéndolo periódicamente, es simplemente por placer.
Las vulvovaginitis o irritación del área genital en las niñas, puede provocar escozor y molestias pero no suele ser la causa de la masturbación, más bien es la consecuencia de la misma.
Generalmente cuando están aburridos, viendo la tele, a la hora de acostarse o en épocas de estrés.
¿Qué deben hacer los padres?
En primer lugar: tranquilizarnos. Repito: es normal.
- En segundo lugar: si lo hace muy frecuentemente y en público (frotarse con las sillas, con muñecos…) hay que explicarles de una forma sencilla y serena que eso no lo deben hacer delante de los demás sino en su casa, en su habitación y cuando estén tranquilos.
- Si les reñimos es probable que lo hagan con más frecuencia y además, generemos un sentimiento de culpa absolutamente injustificado.
- Si lo hace muy a menudo cuando está aburrido, podemos distraerles con juegos.
- Pero no hay que obsesionarse; tendremos que verlo como una fase más de su desarrollo.
- Sé tolerante. Cierra su puerta y déjale tranquilo/a.
Siempre que tengas dudas consulta con tu pediatra. Para eso estamos. En contadísimas ocasiones puede estar relacionado con épocas de mucho estrés que debemos identificar o incluso con abuso sexual, situaciones que, evidentemente, hay que poner en conocimiento de tu pediatra.
La masturbación infantil es relativamente frecuente. Aunque como padres nos pueda resultar incómodo o embarazoso, debemos vivirlo como una fase normal de su desarrollo.
Turismo de Bienestar: Una Nueva Perspectiva de Viaje
¿Qué es el turismo de bienestar? O mejor, ¿cómo lo interpreto yo? Hace unos años me regalé un Camino de Santiago distinto a los demás. Así que organicé un camino pijo seleccionando los alojamientos más chulos y los mejores restaurantes. No me juzgues, nena. No siempre ha sido así. Soy mochilera y me ha tocado dormir al raso o en un portal por no llegar a tiempo a pillar cama.
Pero, ¿sabes?, ahora tengo serias dudas sobre si ponerme las botas de nuevo y no tiene que ver con el presupuesto. ¿El motivo? ¿Voy a renunciar al placer sencillo de caminar sola, con mis pensamientos en bucle o en total silencio mental? Las multitudes no son lo mío y huyo del turismo de masas como del covid.
Leo que el Camino de Santiago ha alcanzado cifras históricas en número de peregrinos: exactamente 499.239 Compostelas entregadas en 2024. Cuanto más investigo (y sabes lo mucho que me encanta husmear), más me convenzo de que las certezas absolutas resultan aburridas. Está naciendo un nuevo turismo de bienestar que trata de sentir, de vivir experiencias auténticas, ralentizar nuestro ritmo vital y, sobre todo, de estar realmente presentes.
¿Sabías que practicar la respiración consciente activa tu sistema nervioso parasimpático? Esto es clave porque ayuda a reducir el estrés, ralentiza el ritmo cardíaco y mejora la claridad mental. Además, según investigaciones recientes publicadas en el Journal of Environmental and Public Health, practicar grounding o earthing (lo que viene siendo caminar descalza sobre hierba o arena de toda la vida) puede reducir la inflamación, mejorar el sueño y aumentar la sensación general de bienestar.
Amo la belleza. Y no lo digo por capricho: según estudios publicados por la Universidad de Harvard, estar en entornos diseñados con cuidado, con abundante luz natural, colores suaves y materiales naturales, puede disminuir el estrés hasta en un 60 %.
El concepto de lujo también está cambiando. Ya no se trata de cuántas estrellas tenga el hotel o si las amenities del baño son de marca. Ahora, el verdadero lujo es que el staff se preocupe por ti, te conozca de verdad y cuide los detalles que hacen de tu estancia algo único y personal.
Así que, aquí me tienes, reflexionando seriamente sobre mi próximo viaje o mi no-viaje. Lo llaman turismo de bienestar, pero yo lo llamo placer auténtico, genuino y necesario. Y tú, ¿qué buscas cuando viajas? ¿Te sumas al club del silencio o prefieres seguir con ruido?
Detección de la Dislexia en Niños
Muchos padres se preguntan cómo detectar la dislexia. La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje de la lectura, de origen neurobiológico, crónico y con un componente hereditario significativo. Es decir, perdura durante toda la vida. Es en la etapa escolar donde el impacto es mayor. Eso significa que niño tiene muchas dificultades en asociar el sonido con la letra que le corresponde.
Los primeros síntomas para detectar la dislexia se dan ya en etapa infantil, si bien se diagnostica una vez finalizado 2º de primaria. Ello no significa que debamos esperar para intervenir hasta tener un diagnóstico. La detección precoz, por tanto, es esencial. Eso ayudará a la reducción de la gravedad del trastorno. Así mismo, el desconocimiento de lo que les pasa como niños, afecta directamente su autoestima y deteriora su estado anímico.
No hay persona con dislexia que no haya pensado que la causa de su problema de aprendizaje era su baja inteligencia. Se trata de una creencia totalmente errónea pero que les determina su relación con el mundo. Ante esta necesidad de respuesta inmediata a las necesidades de un niño con dislexia nos preguntamos: ¿Cómo la podemos detectar?
- El primer signo lo encontramos en etapa infantil.
- La lectura no es fluida, muchas veces silábica (en edad no inicial).
- Esta dificultad en la conciencia fonológica también desencadena errores en la escritura. Omite, sustituye, hace adiciones, invierte, rota, une y fragmenta palabras, etc. También tiene mucha dificultad para integrar la norma ortográfica y suele cometer errores de cambios de consonantes que suenan igual (/g/, /j/, /y/, /ll/, etc.).
- Aprende de forma más satisfactoria con estrategias y técnicas de estudio que reduzcan el contenido verbal y se apoyen en lo visual. Ocurre con los mapas mentales, mapas conceptuales, esquemas, fichas.
- Además de las dificultades lectoras y escritoras, un niño con dislexia suele tener dificultades de acceso al léxico (encontrar palabras por ejemplo que empiecen por una letra determinada). Tienen muy buena memoria a largo plazo, pero baja memoria de trabajo, pudiendo presentar olvidos de información fácilmente.
- Otras problemáticas serían dificultades en motricidad fina y gruesa y en la coordinación de movimientos y equilibrio (dispraxia). También encontramos problemas atencionales significativos que van más allá al simple hecho de enfrentarse a material escrito.
- Cualquier niño con dislexia, presenta afectación emocional secundaria al estrés vivencial. El desconocimiento de lo que les pasa, hace que lo achaquen a la inteligencia. Se sienten inferiores a los iguales, mermando autoestima y generando problemas emocionales como ansiedad o depresión.
La Lactancia Prolongada: Experiencias y Beneficios
Por I.O. Desde luego que no fue algo planeado. A mis hijos mayores apenas les amamanté unos cuantos meses, menos de un año. Por aquel entonces yo ya pertenecía a Via Láctea, un grupo de apoyo a la lactancia y conocía a unas cuantas madres que habían amamantado uno o dos años. En ese grupo escuché que una madre conocida seguía amamantando a su hija de cuatro años y recuerdo que pensé para mis adentros “¡qué barbaridad, esa se ha pasado!”.
Así que cuando tuve a mi tercer hijo, una niña, calculé que estaría bien llegar al año, pero ni siquiera me lo planteé como objetivo. Si algo tenía claro era que la lactancia esa tercera vez no se iba a convertir en un sacrificio ni en un esfuerzo titánico. Todavía recordaba nítidamente la sensación de alivio que había experimentado con el destete de mis hijos.
Esos meses en los que tras reincorporarme al trabajo en el hospital y a las guardias de 24horas varias veces al día me tenía que encerrar en algún cuartito a extraerme la leche con un sacaleches eléctrico para luego guardarla en una mininevera portátil me habían dejado mal sabor de boca y un cierto complejo de vaca lechera ordeñándome a escondidas. En esas circunstancias la lactancia se había convertido en un agobio más y el destete me había parecido todo un alivio, con la satisfacción añadida que me daba pensar en la “misión cumplida” y la alegría de recuperar “mi cuerpo para mí”.
Al comenzar la lactancia con mi tercera hija sólo tenía clara una cosa: no pensaba utilizar el sacaleches eléctrico ni una vez más. Toda esa latosa lactoingeniería, ese suplicio de tener que extraerme la leche, congelarla, descongelarla al baño maría, ver como cada vez me sacaba menos cantidad, no iba conmigo. Tras los cuatro meses y medio de baja y vacaciones volví a trabajar y mi niña empezó a tomar leche artificial en mi ausencia. Aprendí a extraerme la leche manualmente en las guardias para aliviar la congestión.
Había decidido que sólo iba a seguir amamantando mientras fuera una experiencia placentera para las dos. Creo que esa fue la clave. Para mi sorpresa conforme pasaron los meses y los años la lactancia se fue convirtiendo en algo cada vez más gozoso. Resultó que amamantar a una niña de uno, dos, tres, o más años me era mucho más fácil y grato que la lactancia exclusiva de un bebé de dos, tres o cuatro meses.
En medio de la locura cotidiana de tener tres niños con 4 años de diferencia en total, de trabajar, de hacer montañas de guardias y muchas tareas más, los ratos y abrazos prolongados que nos procuraba la lactancia a mi hija y a mi resultaron ser un remanso absolutamente placentero. Algo debe de haber en nuestros cerebros, algún efecto mágico todavía no descubierto tiene la prolactina que nos permite funcionar divinamente cuando pasamos años sin dormir una noche del tirón.
Claro que cada vez fueron más los comentarios negativos del entorno. “¿Le das teta después del bocadillo de chorizo? ¿No te muerde? ¿Ya estás otra vez?” Una larga retahíla que afortunadamente casi he olvidado. Cuando a punto de cumplir los cinco años de lactancia el padre de mis hijos y yo nos separamos no faltó quien culpó a mi “obsesión con la lactancia” de nuestra separación. Este “echarle la culpa de todo a la teta” es de las cosas que más me ha molestado.
Porque cuando unos padres se separan a nadie se le ocurre echarle la culpa de la crisis de pareja a lo mucho que el padre ha jugado con su hijo, por ejemplo, pero sin embargo se culpa de la crisis a la madre por seguir dándole el pecho a un niño de dos o tres años. Otra manera de culpar a la teta se repite cada vez que en un curso o charla pública hablo de los beneficios de la lactancia prolongada.
Siempre hay alguien que levanta la mano y me cuenta la típica historia “el hijo de mi prima tomó teta tres años y ahora que tiene seis no quiere dormir sólo” o “soy maestra y en mi clase hay una niña que sigue tomando pecho y es mucho más tímida que el resto” etc. Estas personas siempre lanzan esto en forma de pregunta, aunque en realidad lo que están haciendo es toda una afirmación “conozco a un niño de más de un año que toma teta, y pienso que todos los problemas que yo percibo en ese niño o en su relación con la madre son por culpa de la teta”.
No he encontrado ningún estudio científico que demuestre los perjuicios de la lactancia prolongada. Todo lo contrario. Por un lado los estudios antropológicos señalan que el destete fisiológico se produce entre los dos y medio y los siete años en todo el planeta. Por otro lado los estudios científicos más rigurosos confirman que los beneficios de la lactancia son mayores cuanto más dura la lactancia. A más teta mas defensas, más salud, más empatía, más inteligencia.
¿Perdón, ha dicho más? ¿Más inteligencia? ¿Más salud? ¿Cómo se atreve? Enseguida saldrá el ejército de defensores de los biberones exclamando: ¡no hay que culpabilizar a las madres que han optado por dar el biberón! ¿Nombrar la evidencia científica es culpabilizar? A mi primer hijo sólo le di el pecho siete meses. ¿Me siento culpable? No. Creo que hice lo mejor que pude en aquel momento, en aquellas circunstancias. ¿Lo lamento? Pues un poco si, la verdad.
Ahora que mi hijo mayor es un adolescente genial en muchos aspectos me pregunto cómo sería él y nuestra relación si le hubiera amamantado años en vez de meses. Creo que algunas cosas le/nos habrían resultado más fáciles, incluso tal vez ahora las matemáticas se le darían mejor. ¿Me atormenta? No, en absoluto. Pero creo sinceramente que los que nos acusan de “culpabilizar” a las madres que no dan el pecho cuando difundirmos las ventajas de la lactancia son a menudo los mismos que han favorecido que muchísimas madres que deseaban amamantar fracasaran en el intento por culpa de su profunda ignorancia (me refiero a los profesionales).
Si escribo estas líneas es porque durante muchos años he callado en demasiados lugares. Cada vez que mis colegas psiquiatras o sanitarios comentaban con espanto que una madre amamantaba a su niño de tres o cuatro años yo callaba. Cada vez que decían de una mujer que era una “loca de la teta” o peor aún una “talibana de la teta” (¿en qué momento caló esta perversa expresión?) yo pensaba para mis adentros: “si supieran que yo no sé cuantos años ha tomado teta mi hija…” Porque esa es otra, no sabría precisar en qué momento se produjo el destete. Igual fue en torno a los cinco años cuando sentí que yo ya no tenía leche. Pero aún y todo mi hija siguió “tomando” -cada vez más esporádicamente- hasta pasado su séptimo cumpleaños.
He necesitado que transcurrieran varios años más para poder hablar de esto públicamente. Haced lo que os dé la real gana: sed libres. No deberíamos pedir permiso para amamantar a nuestros hijos, igual que no lo pedimos para darles abrazos o hacerles cosquillas.
A veces me han pedido que hablara de esto como psiquiatra infantil. Vale, soy psiquiatra infantil, profesora en la universidad, doctora en medicina…pero todo esto lo digo como madre, porque tuve la suerte de tener a otras madres cercanas, expertas y sabias, que me enseñaron y acompañaron. Esa sabiduría de las madres es lo que yo considero autoridad.
La mayoría de las madres que han optado por una lactancia prolongada lo han hecho casi en secreto y prácticamente todas hemos tenido que aguantar un chaparrón de críticas. Somos muchas más de lo que piensa la gente. Entre nosotras hay todo tipo de madres. Por favor, no nos juzguen. Reivindiquemos el derecho a amamantar todo lo que nos dé la gana. Por el placer de la lactancia prolongada.
Reflexiones sobre la Voz, el Lenguaje y la Comunicación en la Era Actual
Esperando activación / Waiting to reconnect, quinto episodio del ciclo “Un rastro involuntario” de La Casa Encendida, se plantea como un ejercicio dual en el que intentar un fallo deliberado del lenguaje. Hanne Lippard y Claudia Pagès reflexionan así sobre la voz, el lenguaje y la comunicación en la era actual. Sus trabajos se basan principalmente en el texto, publicándose a través de impresos, instalaciones, lecturas sonoras y performances, generando un lenguaje específico relacionado con la oralidad y el texto parlante.
Claudia Pagès presenta Manitas fallando, un apunte coreográfico y textual en 360º en torno a los nuevos sistemas de distribución de mercancías y la economía de la gentrificación. En la pieza explora el sistema de shipping (transporte marítimo y mensajería) y su vínculo con el lenguaje jurisdiccional, los cuales operan en un gerundio constante y violento. El gerundio es una forma verbal que deshumaniza y objetiza al sujeto. Shipping, tracking, procesando, solicitando, requiriendo.
El Estado también activa todo un aparato para mantener el estatus del gerundio y crea límites y formas de individualización que entorpecen las demandas colectivas. Mercantilizada por la actual productividad omnipresente, la voz se enreda con la máquina, para entrar luego en el sector de los servicios, en forma de robots de voz de navegadores, altavoces inteligentes o buzones de respuesta automática.
Hanne Lippard propone Talk Shop donde combina oralidad y textualidad con la idea de bucle y repetición a la vez que explora la noción del tiempo, su relación con el ámbito del trabajo hoy en día y su encarnación a través de la experiencia del cuerpo humano. La obra de Lippard viene a plantearse el significado que ciertas interacciones verbales asumen en la actualidad, hablando de su actual pérdida de sentido.
tags: #mira #mira #nena #significado