Peritonitis en el Embarazo: Causas, Síntomas y Tratamiento
El dolor abdominal en el embarazo es un signo muy frecuente en casi todas las futuras mamás. Normalmente este dolor abdominal es difuso y cambia de localización con los movimientos de la mujer. Suelen deberse gases y a otras molestias gástricas.
Cuando en el embarazo aparece un fuerte dolor abdominal, conviene acudir a un centro médico porque puede ser síntoma de algún tipo de cólico, nefrítico o biliar, apendicitis o de una obstrucción intestinal.
¿Qué es la Peritonitis?
La peritonitis es la infección propia del peritoneo, la fina capa celular que actúa como membrana de la cavidad abdominal. La peritonitis, por tanto, es una urgencia clínica en la que se produce una inflamación del peritoneo, la membrana que recubre la cavidad abdominal. Se considera peritonitis a la inflamación o irritación del peritoneo, el tejido que cubre la pared abdominal.
El peritoneo es el tejido que recubre la pared abdominal. Se trata de una membrana serosa con 2 capas: una exterior (peritoneo parietal, unida a la pared de la cavidad abdominal) y una interna, que envuelve al intestino delgado y otras regiones del abdomen. El espacio entre estas capas se conoce como cavidad peritoneal. Con esta definición en mente, es más fácil entender que la peritonitis es la inflamación del peritoneo, por lo general producto de una infección bacteriana o fúngica.
Causas de la Peritonitis
Las causas de la peritonitis se dividen en 2 grupos. Aunque el desencadenante más común de la peritonitis sea una infección bacteriana, también puede tener causas químicas que radican en otros órganos.
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- Colecistitis, una inflamación de la vesícula biliar, que puede desencadenar una rotura de la misma y que la bilis drene hacia otras partes del cuerpo.
- Una úlcera estomacal que provoca la salida de los ácidos gástricos fuera del estómago.
- Traumatismos, heridas, tumores o quistes abdominales que se rompen y vierten su contenido en la cavidad abdominal.
- Las peritonitis más habituales son de origen infeccioso.
- Ascitis debida a una cirrosis hepática, insuficiencia cardiaca congestiva, pancreatitis, pericarditis y más.
- Material médico contaminado con bacterias que se introduce en la cavidad abdominal, sobre todo si se hace sin supervisión médica.
- Una infección en otra parte del cuerpo que se expande al peritoneo (pancreatitis infecciosa, diverticulitis, enfermedad inflamatoria pélvica, apendicitis y más).
Otra causa frecuente es la necesidad de diálisis peritoneal, en paciente con problemas de riñón. Habrá que actuar frente el origen primario de la infección para poder resolver la peritonitis secundaria.
Bacteriana espontánea: este término se usa para detallar una infección de ascitis aguda, es decir, una acumulación de líquido anormal a nivel del abdomen sin fuente de infección identificable. También es necesario destacar que la peritonitis bacteriana espontánea está claramente asociada al cuadro de la cirrosis hepática. Hasta el 20 % de los pacientes cirróticos que son hospitalizados tienen peritonitis debido a la colonización bacteriana del líquido ascítico, que se acumula en demasiada cantidad en la cavidad peritoneal si el hígado no funciona bien.
Tipos de Peritonitis
Puede presentarse de dos formas distintas.
- Una de ellas es la peritonitis bacteriana espontánea, la cual es causada por bacterias. Esta variante no presenta defectos macroscópicos en el tubo digestivo, pero está directamente relacionada con la cirrosis hepática.
- La segunda condición se presenta como una peritonitis secundaria, que ocurre cuando existe una contaminación directa del peritoneo.
Síntomas de la Peritonitis
La peritonitis da lugar a una serie de síntomas que nos pueden alertar de su presencia. En paciente sometidos a diálisis peritoneal, será más fácil observar los signos y síntomas de la peritonitis. La peritonitis puede ser de leve a severa, sobre todo dependiendo de la extensión de la inflamación/infección en el peritoneo y el resto del cuerpo.
Principalmente, su sintomatología se resume en el dolor y la distensión abdominal, las náuseas y/o los vómitos. Estos síntomas se encuentran presentes en el embarazo normal, dificultando el diagnóstico diferencial.
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Un paciente que está sufriendo una peritonitis manifiesta dolor abdominal de inicio repentino en principio localizado, aunque acaba generalizándose por todo el abdomen, con fiebre y malestar estomacal con vómitos, hinchazón abdominal y sensación de que está lleno. También puede alterar el tránsito intestinal provocando diarrea o estreñimiento con dificultad para expulsar los gases, sed, disminución de orina, pérdida de apetito…
El dolor abdominal en caso de peritonitis es muy intenso y empeora al tocarse el vientre (lo llamamos “vientre en tabla”) de manera que impide al paciente permanecer sentado ni encontrar una posición cómoda. Si se mueven se incrementa el dolor por que se suelen acurrucar y no dejan que les toquen la zona, huyendo del dolor que le provoca el moverse o tocarle la zona.
Son síntomas que pueden aparecer en otras enfermedades (como una gastroenteritis), pero los que requerirían atención más urgente serían fiebre alta, malestar estomacal y vómitos, disminución de la orina, sed e incapacidad de defecar o expulsar gases.
Diagnóstico de la Peritonitis
Para comenzar con el diagnóstico de esta enfermedad, es esencial conocer el historial clínico del paciente y posteriormente comprobar el estado del abdomen. El primer paso para el diagnóstico de la peritonitis es preguntarle al paciente por su historial clínico, enfermedades previas y sintomatología.
El profesional médico procederá a realizar una palpación abdominal y verá si hay acumulación de líquido, hinchazón y otros signos. El diagnóstico se basa en una exploración física detallada que incluirá una palpación del abdomen del paciente, con el objetivo de conocer el grado de sensibilidad de la zona, así como los puntos en los que éste experimenta más dolor.
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El siguiente paso tras confirmar la sospecha es efectuar un análisis de sangre. La presencia aumentada de glóbulos blancos en el torrente sanguíneo suele ser indicio de inflamación y/o infección, lo que direcciona aún más el diagnóstico. También se realizará una radiografía y/o ecografía de abdomen, análisis de sangre y orina (ya que la alteración de diferentes parámetros puede orientarnos a que hay una infección) y, en ocasiones, TAC abdominal.
En este punto, también puede hacerse necesaria la realización de pruebas de diagnóstico por imagen (como rayos X) para confirmar si algún órgano se ha roto o dañado y está vertiendo sustancias sobre el peritoneo. Si el cuadro es de origen infeccioso, se requiere la extracción de una porción del líquido peritoneal con una aguja especial, mediante un procedimiento conocido como paracentesis.
La muestra se puede analizar en el laboratorio para detectar el grupo de bacterias que están causando el cuadro, además de confirmarse la infección por una presencia aumentada de glóbulos blancos.
Tratamiento de la Peritonitis
Para tratar esta enfermedad, se suele requerir ingreso hospitalario inmediato. Lo común es necesitar una cirugía para extraer las partes infectadas y tratar los posibles daños que se hayan ocasionado a nivel orgánico por la inflamación del peritoneo. No existe un tratamiento único.
En general, el tratamiento comienza con el ingreso en urgencias, la administración de líquidos intravenosos y la dosificación de antibióticos de amplio espectro para evitar que la infección se propague por el resto del cuerpo. En las peritonitis infecciosas secundarias a la perforación de una víscera hueca (apendicitis aguda, perforación gástrica, diverticulitis perforada o colecistitis perforada) es necesaria la cirugía y practicar una laparotomía. Si se trata de una peritonitis bacteriana el tratamiento es a base de antibióticos por vía intravenosa (no menos de 10 días) y medidas generales con sueroterapia para mantener la hidratación y analgesia.
Si los análisis posteriores son capaces de afinar con mayor exactitud qué microorganismo está causando la inflamación peritoneal, es posible que el régimen antibiótico varíe. La cirugía suele ser necesaria para extraer los tejidos infectados y solucionar cualquier tipo de daño orgánico que esté causando la inflamación del peritoneo.
Ante la presencia de una ascitis, también se requiere una extracción del líquido ascítico (paracentesis terapéutica). Este cuadro clínico puede tener múltiples causas y el abordaje clínico varía según el trastorno subyacente.
Cirugía, es la mejor opción al momento de eliminar el tejido infectado.
¿Cómo Actuar si se Presenta?
Ante una peritonitis debemos actuar con urgencia, puesto que el peritoneo recubre toda la pared abdominal y es muy extenso, de manera que la afectación de éste puede favorecer que la infección se disemine por todo el cuerpo, pudiendo causar shock, insuficiencia de los órganos y la muerte si no se actúa con celeridad.
La peritonitis es una condición que puede poner en riesgo la vida del paciente si no se aborda con rapidez. Ante cualquier síntoma de hinchazón, retención de líquidos o dolor abdominal persistente e intenso, se recomienda acudir al centro de urgencias.
Tras un episodio de peritonitis, la recuperación puede ser completa en 2-4 semanas.
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