El Tabú del Incesto: Un Análisis Profundo

24.10.2025

Estamos en pleno siglo XXI y el incesto sigue siendo un fenómeno más o menos frecuente. Al mismo tiempo que es un tabú para la mayoría de las sociedades occidentales, no cesa de practicarse. Es un tema del que, en todo caso, pocos quieren hablar. En general, se repudia. Sin embargo, no por ello deja de existir. Y para sorpresa de algunos, no siempre corresponde a casos de abuso en el sentido estricto de la palabra.

El término incesto proviene del latín incestus, que significa “no casto”, y define a esas relaciones o encuentros sexuales entre individuos cuya línea de consanguineidad es muy cercana dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio, tal como las relaciones entre madres o padres con sus hijos, encuentros íntimos entre hermanos, y otros. El incesto no se limita al coito; puede abarcar un espectro de conductas sexuales inapropiadas entre miembros de la familia, incluyendo tocamientos, masturbación mutua o incluso la instrumentalización sexual de menores.

Sin duda, es un fenómeno con profundas raíces históricas, sociales y culturales. El incesto es considerado un tabú casi universal en las sociedades humanas, aunque la definición de “pariente cercano” varía culturalmente. A lo largo de la historia, encontramos referencias al incesto en diversas mitologías y textos religiosos.

El Incesto en la Historia y la Mitología

El incesto es un tema recurrente en muchas mitologías del mundo, incluida la mitología griega, egipcia, mesopotámica e incluso en ciertas tradiciones indígenas y orientales. Su presencia en estos relatos no implica una aprobación del incesto en la vida real, sino que suele reflejar ideas simbólicas sobre la creación, la divinidad, el linaje y el poder.

Sirvan algunos ejemplos de la mitología griega: Urano y Gea (Cielo y Tierra) son madre e hijo y también pareja, de cuya unión nacen los Titanes; Cronos y Rea son hermanos y esposos, padres de Zeus, Hera, Hades, etc.; Zeus y Hera también son hermanos y esposos. Y qué decir de Edipo, cuya historia de incesto es de las más conocidas, pues Edipo mata a su padre y se casa con su madre sin saberlo.

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El incesto entre dioses representa una forma de pureza del linaje divino y la necesidad de mantener el poder dentro de la misma sangre. Pero también hay ejemplos en otras mitologías, como la egipcia (Osiris e Isis son hermanos y esposos, y engendran a Horus; Nut y Geb son hermanos y padres de los dioses mayores), la japonesa (Izanagi e Izanami son hermanos y esposos, quienes crean las islas de Japón), la inca (Manco Cápac y Mama Ocllo son hermanos y esposos, enviados por el dios Sol para fundar la civilización inca), etc.

Otro lugar común del incesto es dentro de las familias reales, donde se practicaba para mantener la pureza del linaje o el poder concentrado. Ya en el antiguo Egipto era común que los reyes se casaran con sus hermanas (p. ej., Cleopatra VII se casó con dos de sus hermanos, Ptolomeo XIII y XIV). Pero también recordamos la locura y depravación de Calígula, quien mantuvo relaciones sexuales con tres de sus hermanas, o el emperador Cómodo, quien hizo lo propio con las suyas.

En la Edad Media y Edad Moderna en Europa no era común el incesto directo (entre hermanos), pero sí hubo endogamia extrema durante siglos, es decir, matrimonios entre primos, tíos y sobrinas. Y el ejemplo de los Habsburgo o Austrias es paradigmático, hasta el punto de que el último rey de esta dinastía en España, Carlos II, apodado como “el Hechizado”, sufrió graves problemas físicos y mentales, producto de generaciones de matrimonios entre parientes. Y es que la obsesión con la sangre “pura” tuvo un alto coste en salud genética y llevó a la decadencia de varias casas reales.

La Prohibición del Incesto

La ciencia ha demostrado que los hijos que son fruto de relaciones incestuosas son más propensos a desarrollar fragilidades genéticas. Los patrones genéticos similares impiden que se diversifiquen los rasgos hereditarios. Esto, finalmente, pone en riesgo a la especie en su conjunto dado que debilita biológicamente a los individuos para sobrevivir. Así que, desde el punto de vista genético, el incesto es inconveniente para la raza humana.

Sigmund Freud estableció que el incesto es un impulso básico en el ser humano. En otras palabras, nacemos con la inclinación a las relaciones incestuosas.

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Sin embargo, en las hordas primitivas, en donde no estaba proscrito el incesto, las relaciones sexuales indiscriminadas entre todos los integrantes daban lugar a una violencia indiscriminada. Los hombres, en particular, recurrían al homicidio dentro de su propio grupo de parientes para mantener el acceso sexual a las hembras.

Con la evolución de la familia se impusieron los esquemas de exogamia o relaciones sexuales con individuos que estén fuera del grupo parental. Gracias a ese orden básico se construyeron organizaciones sociales en las que sus miembros no se asesinan sistemáticamente. Además, promovió la evolución de la especie, así como la existencia de una cultura más desarrollada: sociedades en las que hay límites para lo permitido y lo prohibido.

Por tanto, en las relaciones humanas entran a mediar factores simbólicos y no solo instintivos.

El Incesto en el Mundo de Hoy

En el mundo actual, podemos distinguir dos tipos de realidades relacionadas con el incesto. Por un lado están los execrables abusos a los que son sometidos los niños en diversas partes del planeta. Adultos que no lograron simbolizar las relaciones parentales, engañan o intimidan a los niños de su familia para satisfacer sus deseos sexuales. Es frecuente que ellos mismos hayan sido víctimas de abuso.

Por otro lado están los llamados “incestos consentidos”. Es famosa la historia de una chica que conoció a su padre a los 17 años e inició un romance con él, con el aparente consentimiento de ambas partes. También se sabe de hermanos a quienes les ha ocurrido lo mismo, de sobrinos con tíos e incluso de madres con hijos.

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El portal “El Nuevo día” relata el caso de una mujer de 30 años que inició una relación sentimental con su padre, ya siendo adulta. Un psicólogo indica que: “tuvo con su padre una relación de pareja de unos 10 años. Me dijo que fue una experiencia bella, trascendental, que él nunca le hizo daño y que no lo decía a nadie porque la gente no entendería. Había sido un secreto entre ellos. En la evaluación ella salió bien, normal”.

Si nos atenemos a Freud, diríamos que la cultura está fallando en su imposición simbólica de permisos y restricciones. En algunos seres humanos triunfa el animalito de la horda y fracasa el concepto de sociedad. Hay mucha tela por cortar al respecto, pero algo sí debe quedar claro. La relación sexual entre un adulto y un niño es una perversión, en cualquier circunstancia, ya que los infantes carecen de la madurez necesaria para consentir de forma consciente.

Y si el niño es un familiar, las consecuencias sobre su vida psicológica son todavía más nefastas.

El Incesto y la Ley

En España, aunque el incesto no es delito, es ilegal un matrimonio civil entre familiares de hasta tercer grado (es decir, con tíos, sobrinos, bisabuelos y bisnietos). En Portugal, la prohibición se reduce al segundo grado, mientras que en Italia y Uruguay es delito el incesto que suponga “escándalo público”, pese a lo escurridiza que resulta la expresión.

El incesto con menores de edad es un delito grave en la mayoría de los países, ya que implica una combinación de dos factores criminales: relaciones sexuales entre familiares cercanos y abuso sexual infantil. Cuando uno de los involucrados es menor de edad (según la mayoría de edad sexual o legal del país), no se considera consentimiento válido, incluso si el menor no se opone activamente.

En estos casos, se suele aplicar una o varias de las siguientes figuras penales: abuso sexual infantil, violación agravada (cuando hay penetración o violencia), corrupción de menores, incesto agravado y/o delitos contra la integridad sexual.

  • Prohibición matrimonial: el artículo 47 del Código Civil español prohíbe el matrimonio entre parientes en línea recta por consanguinidad o adopción, y entre colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado.
  • Incesto como agravante en delitos sexuales: el Código Penal español no tipifica el “incesto” como un delito autónomo cuando existe consentimiento entre adultos.
  • Protección de menores: cuando el incesto involucra a menores de edad, se considera abuso sexual infantil, un delito gravemente penado por el Código Penal. La diferencia de edad y la relación de autoridad o confianza convierten el acto en una forma de explotación y vulneración de los derechos del menor.
  • Debate sobre la penalización del incesto consentido entre adultos: existe un debate académico y social sobre si el incesto consentido entre adultos debería ser penalizado. Los argumentos en contra de la penalización se centran en la autonomía sexual y el principio de mínima intervención penal en la vida privada.
  • Secuelas físicas: en casos de abuso sexual con penetración, pueden existir lesiones físicas y riesgo de enfermedades de transmisión sexual.

Es crucial recordar que el incesto, especialmente cuando involucra a menores, es una forma grave de abuso que causa un daño profundo y duradero. La intervención temprana, el apoyo psicológico especializado y la aplicación de la ley son fundamentales para proteger a las víctimas y abordar las complejas dinámicas familiares involucradas.

El Incesto en el Cine: Siete Películas para Reflexionar

Ningún tema escapa de las pantallas del cine, y el incesto tampoco lo ha sido. A continuación, se presentan siete películas argumentales alrededor del incesto con víctimas menores de edad en la familia:

  1. Lolita
    • Dirección: Stanley Kubrick
    • País: Reino Unido
    • Duración: 152 min.
    • Sinopsis: Humbert Humbert, un intelectual europeo de mediana edad, se siente cautivado por Dolores Haze, Lolita, la precoz hija de 12 años de su casera. Para permanecer cerca de Lolita, Humbert se casa con Charlotte, su madre. Durante este viaje, la relación de Humbert con Lolita se vuelve íntima y compleja, marcada por la manipulación, el deseo y, en ciertos momentos, una extraña forma de afecto.
  2. El soplo al corazón
    • Dirección: Louis Malle
    • País: Francia
    • Duración: 115 min.
    • Sinopsis: El adolescente Laurent explora su despertar sexual y sus complejas relaciones familiares, especialmente con su joven y cariñosa madre italiana, Clara. En un momento de vulnerabilidad y confusión emocional, hijo y madre tienen una relación sexual, tabú que es abordado con una mezcla de delicadeza y ambigüedad.
  3. La luna
    • Dirección: Bernardo Bertolucci
    • País: Italia
    • Duración: 142 min.
    • Sinopsis: Joe, hijo único adicto a la heroína, huye de Brooklyn a Roma con su madre, la cantante de ópera Caterina Silveri. A partir de aquí aparece una complicada relación de amor y autodestrucción. La película explora la naturaleza obsesiva del amor materno, los límites de la intimidad familiar y el impacto de los secretos y las verdades ocultas en las relaciones.

Madres Tóxicas: Un Tabú Social

La relación con la madre es de las más importantes que se establecen en la vida. De ahí que si esta es mala las consecuencias para el hijo y, muy especialmente para la hija, pueden generar muchos conflictos en la personalidad del adulto. La figura de la madre es sagrada en prácticamente todas las culturas y a lo largo de la historia. Sin embargo no siempre la madre es una buena madre. Y no ser una buena madre tiene poco que ver con lo que la mayoría imagina.

Ser una buena madre implica generar una serie de sentimientos en los hijos que conduzcan a caminar seguros por la vida. Esto, que parece tan de serie, no siempre sucede y cuando una mujer no ejerce como madre tal y como la psicología de su hijo requiere, lo más probable es que este no solo no pueda reconocerlo de adulto sino que, es bastante lógico que no quiera hacerlo.

Olga Carmona, psicóloga que atiende en Psicología Ceibe y con una dilatada experiencia profesional define a una madre tóxica como “aquella que establece con sus hijos una relación insana, basada en un vínculo patológico que obstaculiza el normal desarrollo psicoafectivo de sus hijos”.

Decir que hay madres que no saben o no pueden amar a sus hijos es atentar contra uno de los tabúes más sagrados de prácticamente todas las sociedades, donde se venera a la figura de la madre y nadie lo cuestiona. Y esta creencia marcada a fuego en el consciente colectivo, les confiere a estas mujeres tóxicas un poder casi absoluto pero, ¿cómo son esas mujeres? La experta lo detalla: “Suelen ser mujeres que han llegado a la maternidad por caminos que se alejan bastante de un mínimo nivel de conciencia y de libre elección, mujeres empujadas por la edad, por la presión social, por no ser cuestionadas, por hacer una huida hacia adelante, por tener una idea romántica e infantil de lo que verdaderamente es tener un hijo; porque no nos engañemos, para las mujeres antes y ahora, renegar de la maternidad o simplemente ejercer el derecho a no serlo, no es algo aprobado por la sociedad”, afirma.

Existen varias versiones de madres tóxicas. Están las que se victimizan y usan la culpa como principal estrategia de manipulación, las negligentes que convierten en madres a sus hijas en un perverso intercambio de roles, las ambivalentes que tratan a sus hijos en función de su estado de ánimo o interés, las abnegadas que hacen todo por ellos para después pasar unas facturas emocionales y vitales imposibles de pagar...

Al final, el legado que estos hijos heredan tiene varios denominadores comunes: inseguridad, baja autoestima, relaciones personales de dependencia cuando no directamente de maltrato, necesidad extrema de aprobación, autoexigencia brutal, reproducción de patrones vinculares tóxicos, dificultades para establecer relaciones con profundidad emocional, sentimiento de insatisfacción y vacío vital.

A esta indefensión crónica hay que sumarle la incomprensión de los otros: “una sociedad dispuesta a mirar para otro lado ante una realidad tan antinatural, tanto que muchos llegan a dudar hasta de su propia salud mental porque a años de maltrato emocional, hay que sumarle el silencio y la falta de apoyos. Y esta una realidad tan desconocida y tan tapada, tan oculta en el corazón de cada familia, que la mayoría de los psicólogos que pasen por sus vidas no sabrán gestionar y les dirán que para sanar “deben perdonar”, dejándoles otra vez solos y confusos.

Tipos de Madres Tóxicas y sus Características
Tipo de Madre Tóxica Características Principales Impacto en los Hijos
Victimizadoras Usan la culpa como estrategia de manipulación. Sentimientos de culpa constantes, dificultad para establecer límites.
Negligentes Convierten a sus hijas en madres, invirtiendo los roles. Responsabilidad prematura, falta de una infancia normal, dificultades para establecer relaciones sanas.
Ambivalentes Tratan a sus hijos según su estado de ánimo o interés. Inseguridad, confusión emocional, necesidad constante de aprobación.
Abnegadas Hacen todo por sus hijos para luego cobrar facturas emocionales. Deuda emocional, dificultad para tomar decisiones propias, resentimiento.

El Perdón Materno: Un Debate Complejo

Mañana 9 de mayo se estrena La llegada del hijo, una película argentina dirigida y escrita por Cecilia Atán y Valeria Pivato que se asoma, precisamente, al abismo de esa pregunta. Alan, un adolescente de 16 años, comete un crimen del que su madre, Sofía, es víctima emocional, puesto que afecta a su vida sentimental. Después de cuatro años entre rejas, el reencuentro entre ambos está lleno de esquinas y un pretérito que invade el presente como un chapapote insoslayable. Tienen ante sí la oportunidad de sanar el pasado, pero sin el perdón de la madre será imposible. ¿Podrán?

La llegada del hijo es una película premeditadamente incómoda. "No queremos ofrecer una postura, sino generar la pregunta de si, como siempre se ha dicho, el amor maternal todo lo puede", dice Atán. "La madre no solo vive un duelo por el crimen de su hijo, sino que debe transitar otro más al aceptar que ese hijo nunca será como ella lo esperaba. Siempre tenemos que ver su lado luminoso pero como personas que son, también tienen oscuridad", continúa. Hay tantas maternidades como mujeres, sostiene, pero "muy poco representadas", afirma. Y, por eso, esta película.

Valeria Pivato ahonda en la dualidad mujer-madre presente en la historia: "En la maternidad cuesta encontrar una instancia intermedia en la que conviva el rol femenino como madre y mujer. Es algo que no tenemos resuelto", explica. La protagonista de la película es lo primero y lo segundo al mismo tiempo pero, ¿qué debe primar en esta bicefalia?

La psicóloga Ana Kovacs explica esta posible disociación porque "amar es una cosa y perdonar, otra". Sostiene que el amor puede mostrarse de diversas formas, transformar los vínculos y perdurar a pesar de los pesares. En cambio, perdonar, dice, "implica, primero, olvidar la experiencia traumática para poder deshacerse del dolor provocado, del resentimiento y la venganza".

Si las madres y los padres no son seres de luz por el hecho de serlo, señala Kovacs que huir de la idealización tiene también un recorrido a la inversa: "Tenemos que poder reconocer que los hijos no son solo seres angelicales y que, como seres humanos que son, tienen fallos, fallas y elecciones propias, que no siempre coincidirán con las nuestras ni tienen por qué gustarnos".

Noelia Extremera, psicóloga perinatal, afirma que cualquier negativa materna a la entrega abnegada a sus hijos está mal vista, "incluso con una patología de por medio, como puede ser una depresión posparto". "No se nos permite rechazar nunca ni necesitar tiempo para nosotras mismas, lo que es cruel en el día a día", añade.

Psicóloga infantil, Sara Tarrés acaba de publicar Mi hijo me cae mal (Ed. Plataforma), donde reflexiona sobre esta difícil realidad, a la vez que aporta soluciones prácticas para solventar el problema.

Divulgadora en www.mamapsicologainfantil.com, la autora hace un completo recorrido desde las expectativas irreales en torno a la maternidad y los hijos hasta las emociones que van surgiendo durante la crianza y cómo darles soporte. Hemos charlado con ella.

Creo importante desprenderse de cualquiera de esas etiquetas que rodean a ‘la maternidad’, y que hoy en día nos bombardean desde diferentes medios. Es importante, exigirnos menos, aceptando nuestras limitaciones y lo que sentimos en cada momento -permitirnos estar tristes, cansadas, frustradas- y ¿por qué no? poder expresar que uno de nuestros hijos nos genera malestar y que puede que nos caiga mal. Dejar de compararnos con otras madres, tratando de emular lo que muestran en sus redes sociales o manuales de crianza. Esto nos permitirá vivir una maternidad más relajada, con menos culpa y frustraciones.

De forma totalmente involuntaria nos creamos una imagen de cómo será nuestra criatura; la imaginamos porque es un modo también de vincularnos con ella. Es prácticamente imposible no tener expectativas y deseos previos, efectivamente. Son las altas expectativas o las idealizaciones poco realistas las que acaban por hacernos daño, a todos, pero especialmente a los pequeños, puesto que nunca van a ser capaces de alcanzar esa figura que habíamos creado en nuestras mentes y sintiendo que siempre nos están decepcionando.

Cuando la preferencia es constante y permanente, es precisamente la que acaba siendo más perjudicial.

Cada emoción nos pone en alerta de que hay algo importante a lo que debemos prestar atención, que hay ‘algo’ que atender dentro o fuera de nosotros. Nos hablan también de necesidades que debemos cubrir: de protección (miedo), de respeto y justicia (rabia), de búsqueda de consuelo (tristeza)…Es importante pararse a escuchar qué hay detrás de cada una de nuestras emociones para poder satisfacer de algún modo esas necesidades no cubiertas.

Una forma de hacerlo es cambiando el foco de nuestra lupa. Me refiero a esa lupa de gran aumento con la que le hemos estado mirando hasta el momento. Esa que no ha hecho otra cosa que ver errores y fallos. Se trata de focalizarnos más en todo aquello que hace correctamente y menos en eso que nos disgusta. Significa darse cuenta de que no todo en nuestro hijo es tan negativo.

Antes de llegar al límite, sin esperar a que el problema se solucione por sí mismo ni a que sea muy grave. Porque lo mejor que podemos hacer por nosotras mismas y por nuestros hijos es pedir apoyo externo, experto y especializado, siempre que veamos que la preocupación por lo que nos está ocurriendo - a nivel personal o familiar- nos está afectando de tal manera que nos resta bienestar, abruma, estresa, entristece, anula y/o impide una buena conexión con nuestros hijos.

El Tabú del Incesto: Una Perspectiva Psicológica Adicional

El tabú del incesto es una norma cultural que prohíbe las relaciones sexuales entre parientes. Todas las culturas han definido los emparejamientos matrimoniales adecuados y no adecuados y por lo general ciertos parientes cercanos están excluidos como posibles parejas.

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