Nacidos de la Bruma: Reseña de una Saga Épica

06.11.2025

Leer a Brandon Sanderson se ha convertido en uno de mis mayores placeres, no hay libro de él que no haya disfrutado. Si tuviera que decir qué es lo que me ha gustado de Nacidos de la bruma me resultaría muy fácil: todo.

El Argumento: Un Mundo Gris y Cruel

Para empezar el argumento. Nos situamos en un mundo gris en donde llueve ceniza y donde las flores de colores no son más que leyendas olvidadas. Este mundo ha sido gobernado durante mil años por el cruel Lord Legislador, un hombre que parece ser todopoderoso e inmortal, y que favorece a los hombres nobles sobre los skaa. Los nobles pueden usar los metales para obtener algún tipo de poder y tienen esclavizados a los skaa, hombres y mujeres sin derechos de los que pueden abusar a su antojo.

Pero Kelsier, un mestizo skaa que ha sobrevivido a lo que ningún otro ha podido sobrevivir antes, pretende derrocar ese imperio de injusticia y vengarse de los nobles. Y así empieza el viaje. A veces hay que morir.

Personajes Magnéticos y en Constante Evolución

Por su parte, los personajes son, como todos los que crea Sanderson, magnéticos. Puede que adolezcan, como algunos apuntan, de cierto maniqueísmo, pero son personajes complejos, alejados de la perfección y que evolucionan contínuamente. Y lo hacen tanto a lo largo de la trilogía como en cada uno de los libros: el personaje que inicia el camino no es exactamente el mismo que lo finaliza, algo en su interior cambia. Son personajes que se empapan de su viaje, no son estáticos.

A lo largo de esta trilogía los que más evolucionan son Vin y Elend Venture (un joven noble al que Vin conocerá en una de sus misiones). También otros como Kelsier. Y Kelsier es uno de los mejores personajes que he tenido el placer de conocer en los últimos tiempos.

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La Magia de los Metales: Alomancia, Ferruquimia y Hemalurgia

La magia que encontramos es genuina. Sanderson huye de la magia clásica de pociones y conjuros y le da una vuelta hasta convertirla prácticamente en una ciencia. Nacidos de la bruma tiene un sistema de magia que se basa en los metales y en el que el principio físico de acción-reacción está muy presente (en realidad, el tema de que toda acción tiene una consecuencia es uno de los principales de la trilogía). Además, en cada libro descubriremos una rama nueva de esta magia: alomancia, ferruquimia y hemalurgia.

En el caso de El Imperio Final, la alomancia es un tipo de talento que permite a los que lo poseen (que teóricamente son los hijos de los nobles, a no ser que haya mestizaje de por medio), “quemar” y procesar metales que traguen previamente y obtener la posibilidad de amplificar sus sentidos, tirar de los metales hacia ellos o empujar. En lugar de volverlo una coreografía sacada de una película cutre de Hollywood con espadas flotando, Sanderson genera alrededor de la alomancia una ciencia donde los personajes vuelan por los aires, se enfrentan en épicas batallas y combates y viajan a gran velocidad.

Como la alomancia forma parte intrínseca del mundo de El imperio final, evidentemente Sanderson genera vocabulario y términos únicos para los que dominan cada una de las habilidades y para los que tienen el poder de controlarlas todas.

Nacidos de la bruma es una narrativa mágica con sus propias reglas. La magia se denomina alomancia, son poderes que dependen de metales para su uso. La alomancia tiene muchos efectos generalizados, como el aumento y amortiguación de las emociones, empujar y tirar de los metales, e incluso posee efectos temporales. En Nacidos de la bruma hay diferentes tipos de alomancias y diferentes hechizos y cada alomancia depende de un metal distinto. Los alománticos, tienen poderes que se activan al ingerir y «quemar» diferentes metales. Los brumosos poseen un solo poder alomático.

El Aspecto Religioso y la Estructura de la Trilogía

Quizá lo que menos me ha gustado de la trilogía sea el aspecto religioso, lo cual es problema exclusivamente mío. En estos libros tiene mucha presencia (lo cierto es que en todos los libros que he leído del autor es un tema destacado), y hay bastantes referencias al cristianismo, tantas que a veces me recordaba a la alegórica Narnia (la excelente obra de C. S. Lewis). La fe adecuada es como una buena capa, creo. Si te sienta bien, te mantiene cálido y a salvo. Sin embargo, si no te sienta bien puede axfisiarte.

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El primer libro es el más “simple” y el más ágil. Es una peligrosa e ingeniosa aventura en la que Kelsier pretende perpetrar una especie de plan perfecto a lo Ocean´s Eleven. El héroe de las eras es un brillante cierre de trilogía en el que las piezas, incluso algunas minúsculas que parecían irrelevantes, encajan mostrando un cuadro de unas dimensiones inimiganinables cuando empezamos la trilogía.

El Imperio Final: Un Mundo Detallado y Consecuente

El Imperio Final, el territorio en el que viven los protagonistas, es un universo postapocalíptico en el que el mundo ha cambiado hace tanto tiempo, que nadie recuerda su aspecto original. En lugar de los valles con flores y el cielo azul, en este universo planteado por Sanderson el cielo es una brillante esfera roja que hace llover ceniza continuamente sobre la tierra.

Ahora, estos cambios en el mundo que pueden parecer más accesorios, superfluos o estéticos realmente influyen no solo en el mundo creado por Sanderson, sino también en la economía, la sociedad, las creencias y religiones de los personajes e incluso su alimentación. Y es que El Imperio Final es un reino gobernado por un tirano que ha creado una religión alrededor de su figura inmortal y donde todo gira alrededor de las repercusiones de una guerra que ocurrió hace mil años.

Debido precisamente a ello, el Lord Legislador divide el mundo entre los skaas: el pueblo llano esclavizado y completamente prescindible; y los nobles, a los que controla con sus obligadores.

Sanderson planea con cuidado y detalle todos los aspectos de su mundo: desde el tipo de alimentación al que tendría acceso un skaa de ciudad en contraposición con un skaa de plantación (y los afamados rollitos de col que tanto detesta Kelsier), hasta el sistema económico de la capital, la forma con la que negocian los nobles y las supersticiones de las clases populares.

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Personajes y sus Defectos

Citadas ya las buenas cualidades de El imperio final, dejadme que os hable un poco de lo que no me ha gustado: los personajes. Este libro de Sanderson es inevitablemente condescendiente al más puro estilo de los anime shônen.

Pero luego nos encontramos con los personajes, los cuales son planos hasta decir basta. Kelsier es el prototipo de héroe guapo, carismático y optimista al que se le intenta colgar sin éxito continuamente el san benito de que sus motivos son en realidad egoístas cuando a él mismo se le ve más bueno que el pan. El gran defecto de Kelsier será su odio sistemático a los nobles, a los que no podemos olvidar que perteneció en parte a lo largo de su juventud.

El resto del grupo del propio Kelsier están poco y mal trabajados. Parece que a Ham, Brisa, Dock, Marsh y al resto se les ha impreso una característica específica y definitoria que repiten hasta la saciedad como gesto definitorio de su personalidad (Ham y sus preguntas filosóficas sin respuesta, Brisa y su manía de pedirle a la gente que le acerque el vino, etc.). Esto, sin embargo, no ocurre alrededor de la figura del Lord Legislador, al cual se le dota de un misticismo casi reverencial, rodeado siempre por el misterio de su divinidad.

Conclusión

En fin, os animo a enrolaros en la banda del carismático Kelsier.

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