Mocos en Bebés: Causas, Tratamientos y Consejos Prácticos

05.11.2025

Los mocos en bebés son una de las causas más frecuentes de consulta entre padres y madres, especialmente cuando llegan los primeros resfriados o cambios de estación. Aunque ver a un bebé con la nariz congestionada puede generar preocupación, la mayoría de las veces se trata de un mecanismo natural del cuerpo para proteger las vías respiratorias.

¿Qué son las fosas nasales y para qué sirven?

En concreto, las fosas nasales son las dos cavidades en las que el tabique nasal divide el interior de la nariz. Todas estas funciones las lleva a cabo la nariz y, en concreto, las fosas nasales, que son las encargadas de:

  • Filtrar el aire de partículas nocivas para impedir que lleguen a los pulmones.
  • Acondicionar el aire inspirado a una temperatura aproximada de 31ºC, para que llegue a los pulmones a unos 37ºC.
  • Humidificar el aire inspirado para que alcance un 95% de humedad relativa.
  • Desempeñar la función olfatoria, que está a cargo de la mucosa que se encuentra en la parte superior de las fosas nasales, llamada mucosa olfatoria o pituitaria amarilla, responsable del sentido del olfato.
  • Proteger de las agresiones externas: la zona de entrada a las fosas nasales (llamada vestíbulo nasal) está recubierta por una piel que contiene gruesos pelos que atrapan las partículas más grandes suspendidas en el aire que inspiramos antes de que alcancen la mucosa nasal.

La parte restante de la fosa nasal está recubierta por la mucosa respiratoria nasal (también conocida como pituitaria roja), que contiene unas pequeñísimas proyecciones en forma de pelo denominados cilios y cuyas células producen una delgada capa de moco que atrapa las impurezas contenidas en el aire. Luego, este moco es transportado por los cilios hacia la garganta, desde donde pasa al tracto digestivo. Allí, los ácidos gástricos se encargarán de eliminar esas impurezas. Esta mucosa respiratoria tapiza todo el sistema respiratorio, desde las fosas nasales hasta los bronquios.

Las fosas nasales y los senos paranasales también actúan como una cámara de resonancia para la fonación. Además, en las primeras se producen determinados tipos de reflejos que repercuten en otras partes del organismo, como el aparato respiratorio y el cardiovascular.

¿Por qué los bebés tienen mocos?

Cuando comienza la temporada de frío y, sobre todo, la guardería, los mocos son muy habituales en los bebés. Su presencia suele alertar a las madres y padres, especialmente a los primerizos. Para decidir qué hacer si tu bebé tiene mocos, debes saber por qué los tiene. Es probable que tu bebé tenga un catarro o resfriado, una enfermedad muy normal en los bebés que no debe preocuparte. De hecho, los más pequeños de la casa suelen resfriarse unas 5 o 6 veces al año.

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Los resfriados están causados, fundamentalmente, por virus y se trasmiten de unas personas a otras. También debes tener en cuenta que su sistema inmunitario aún no ha estado en contacto con muchos virus. Todavía los está conociendo y está aprendiendo a enfrentarse a ellos.

Los mocos o mucosidad son un mecanismo de defensa del organismo. Cuando un virus entra por la nariz, las mucosas que recubren las fosas nasales comienzan a producir mocos para expulsar al microorganismo fuera del cuerpo. De esta manera, evitan que el virus entre en los pulmones. Si tu bebé tiene mocos, no debes preocuparte, por algo les llamamos “mocosos”. Sin embargo, los bebés no saben sonarse con un pañuelo, ni tampoco saben respirar por la boca. Cuando tienen mocos, pueden tener dificultades para respirar.

¿Es diferente el sistema respiratorio de los niños?

Hasta los seis meses de edad, los bebés no son capaces de respirar por la boca, dada la inmadurez de su sistema respiratorio, cuyo desarrollo no culminará hasta entre los 13 y los 16 años. Tanto a nivel anatómico (tamaño, forma y posición) como fisiológico, el sistema respiratorio del bebé es bastante diferente respecto al del adulto.

La nariz es en los niños, después de la glotis, el lugar con mayor resistencia al paso del aire, de ahí la importancia de mantenerla despejada, ya que cualquier obstrucción en la nariz puede impedir al bebé respirar correctamente, así como causarle dificultades para dormir o alimentarse.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en los dos primeros años de edad la respiración es generalmente nasal, hecho que favorece la lactancia, pues la respiración se realiza de manera simultánea con la succión y deglución.

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Además, entre otras diferencias, sus fosas nasales tienen un diámetro menor, la mucosa nasal tiene pocos vasos sanguíneos y los cilios están poco desarrollados, por lo que no son capaces de entibiar, humedecer o filtrar con eficacia el aire inspirado.

¿Qué ocurre con el color de los mocos?

El moco es una barrera de protección. Nuestro cuerpo produce varios tipos de mocos que tienen distintas funciones. Los pulmones producen mocos para protegerse contra la deshidratación. El estómago para que el jugo gástrico no lo ataque. El esófago como lubricante para que “no se nos quede a medio camino la pechuga de pollo”.

La nariz por dentro tiene unas células que producen moco. Son el filtro que tiene la nariz para evitar que lleguen impurezas a los pulmones. El moco “atrapa” el polvo, el polen, las bacterias, etc... Además, sirven para lubricar y limpiar la nariz, humedecer el aire y regular su temperatura.

El moco está formado por agua casi en un 95%. El moco es transparente y no nos gotea de la nariz. Casi siempre nos tragamos el moco y no nos damos cuenta.

¿Porque aparecen los mocos cuando nos resfriamos?

Cuando un virus llega a nuestra nariz usamos los mocos y los estornudos para limpiar la nariz. Así nos deshacemos de los gérmenes. Al principio los mocos son casi transparentes, muy líquidos y gotean todo el rato.

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¿Por qué cambian de color los mocos?

Los mocos se ponen de color amarillo pálido si la infección continúa. Luego se harán amarillo mostaza y terminarán siendo verdes. Y esta es la evolución natural de “los mocos” de nuestros hijos en la nariz.

¿Y por qué son verdes?

Nuestro cuerpo se defiende con los neutrófilos. Son un tipo de glóbulos blancos que destruyen los gérmenes. Producen una potente sustancia llamada ‘peroxidasa’, que es muy rica en hierro. El hierro da ese color verdoso a los mocos. Así que, el color verde es el resultado de una “lucha” entre virus y defensas.

¿Si los mocos son verdes hay que tomar antibióticos?

El color no dice si el niño necesita o no antibiótico. Los resfriados están producidos por virus.

¿Qué es la congestión nasal?

Se trata de una percepción de obstrucción o una reducción del flujo de aire que entra por las fosas nasales. Al contrario de lo que podemos llegar a pensar, esta obstrucción no es consecuencia únicamente de un exceso de moco o tapón, sino que se produce cuando los tejidos que recubren la nariz se inflaman. Ello origina una obstrucción que impide respirar con facilidad a través de las fosas nasales y dificulta la eliminación del moco.

¿Por qué se produce?

Las causas de la congestión nasal son diversas:

  • Infecciones de las vías respiratorias altas, como el catarro o la gripe.
  • Cambios bruscos de temperatura.
  • Ambientes demasiados secos. Por ejemplo, si la calefacción está encendida dentro de casa.
  • Por inhalación de sustancias irritantes.
  • La contaminación ambiental.
  • En adultos, el tabaquismo.

¿Cuáles son los síntomas de la congestión nasal en los bebés?

En los bebés, la congestión nasal puede dar lugar a una serie de síntomas que no se suelen atribuir a la nariz, como por ejemplo:

  • Molestias de garganta.
  • Lagrimeo excesivo.
  • Infecciones que se repiten en las vías respiratorias superiores.
  • Dificultades para respirar.
  • Neumonías.
  • Mala tolerancia al esfuerzo.
  • Somnolencia y alteraciones del sueño.

Por otro lado, si la mucosidad en la nariz es excesiva, los recién nacidos y niños pequeños pueden sufrir problemas para alimentarse.

Además, la congestión nasal puede interferir con los oídos, dificultar la audición y el desarrollo del habla.

Por otra parte, el exceso de moco provoca que los cilios pierdan su función protectora. La acumulación de mucosidad provoca más inflamación y acaba creándose un círculo vicioso.

¿Cuándo debo preocuparme por los mocos de mi bebé?

La presencia de mocos en bebés no siempre es motivo de alarma. En muchos casos, simplemente son el resultado de un resfriado leve o una reacción a irritantes como el polvo o el aire seco. Por ejemplo, si notas que tu bebé tiene mocos en la garganta y además presenta fiebre alta, rechaza la comida o está muy irritable, podría ser señal de una infección respiratoria más seria, como bronquiolitis o neumonía.

¿Por qué son tan importantes los lavados nasales en los bebés?

Como hemos comentado, en los primeros meses de vida, una buena aireación nasal favorece no sólo una adecuada función respiratoria del bebé, sino que optimiza su sueño y alimentación y propicia una buena audición y desarrollo del habla.

Teniendo en cuenta, además, que hasta aproximadamente los cinco años, los niños no son capaces de sonarse la nariz, es crucial mantener sus fosas nasales limpias y libres de mucosidad.

Para ello, cuando tienen abundantes mocos o les cuesta respirar, algunos especialistas y estudios recomiendan realizar regularmente lavados nasales con suero fisiológico para disolver y arrastrar los mocos y secreciones. También puede emplearse simplemente como hábito de higiene y humidificación en niños sanos.

Se trata de un tratamiento simple, seguro y relativamente bien tolerado por la mayoría de los niños, indicado concretamente para:

  • Retirar la mucosidad y liberar de obstrucciones las fosas nasales.
  • Humidificar las mucosas.
  • Reducir la inflamación de las mucosas que están más gruesas por el resfriado
  • Limpiar de polen, polvo y otros residuos los conductos nasales
  • Mejorar la función de los cilios -expulsar al exterior los residuos y gérmenes-, gracias al aumento de fluido o humedad de la nariz.
  • Ayudar a prevenir las infecciones de los senos paranasales (sinusitis).

¿En qué consisten los lavados nasales?

La anatomía de las cavidades nasales permite que un líquido que penetra por un orificio nasal circule por el interior de la nariz y salga al exterior por el orificio del otro lado, limpiando el interior de las fosas. Esta irrigación limpia el interior de las fosas nasales gracias a su efecto de arrastre, permitiendo eliminar las secreciones acumuladas y otros contaminantes que se depositan en la mucosa nasal durante la respiración.

Lo más aconsejable es emplear productos naturales como las soluciones salinas, ya sean de suero fisiológico o de agua de mar. El primero es una solución estéril de cloruro de sodio o sal común en agua al 0,9%, mientras que las aguas marinas son una solución con diferentes concentraciones de cloruro sódico, en la que el agua se obtiene directamente del mar y se somete a depuración y esterilización. De este modo, se conservan sus minerales y oligoelementos (potasio, calcio, magnesio, sulfatos, etc.), todos ellos considerados beneficiosos para la mucosa nasal.

¿Cuál es el mejor momento para llevar a cabo los lavados nasales?

Cuanto más tranquilo esté el niño, más fácil será realizarle el lavado de las fosas nasales. Puede llevarse a cabo varias veces al día; de hecho, todas las que se consideren necesarias para que el niño respire bien.

Un momento adecuado puede ser después del baño, pero cuando el niño ya esté seco y vestido para que se sienta más cómodo. También es importante hacerlo antes de la lactancia o de las comidas, puesto que comer le resultará más fácil si puede respirar bien, y también antes de acostarlo, para que pueda respirar mejor durante la noche.

Cómo sacar los mocos a un bebé

Existen varias técnicas para despejar la nariz de tu bebé y ayudarle a respirar:

  • Aspirador nasal: es un tubo con perita que succiona los mocos.
  • Lavados nasales: consiste en echar suero fisiológico en las fosas nasales del bebé para que, al salir, arrastre los mocos hacia fuera. Los lavados nasales con suero fisiológico son el método menos invasivo.

Diez consejos prácticos para la descongestión nasal de tu bebé

En primer lugar, se recomienda seguir los siguientes pasos para realizar un lavado eficaz de las fosas nasales:

  1. Coloca al bebé de lado. Pon al bebé preferiblemente de lado sobre el cambiador y coloca una toalla bajo su cabeza y cuello. Si el bebé estuviera boca arriba, el líquido podría arrastrar la mucosidad hacia el oído y provocarle una otitis. Además, respiraría peor y estaría más nervioso e inquieto durante todo el procedimiento.
  2. Evita que se mueva. Si es posible, pide a otra persona que sujete al niño mientras realizas el lavado. Si no lo es, inmoviliza las manos del bebé con una mano y utiliza la otra para limpiarle las fosas. Otra posibilidad es envolver al bebé con una toalla para inmovilizarlo durante la maniobra.
  3. Introduce suavemente la solución salina. Con el niño tumbado de lado, empieza introduciendo el agua de mar por la fosa nasal que queda arriba. Para ello, debes introducir la boquilla en el orificio nasal y apretar suavemente el pulsador. De este modo, el líquido entrará por una fosa y saldrá por la otra sin que pase al oído ni a la faringe. Se puede presionar con el dedo ese mismo lado de la nariz y esperar a que el líquido salga por el otro orificio.
  4. Repite la operación del otro lado. Tras limpiar la mucosidad con una gasa o un pañuelo, repite el procedimiento en la otra fosa nasal con el niño tumbado del otro costado.
  5. Limpia la boquilla. Después de cada uso, debes lavarla con agua y jabón y secarla adecuadamente.
  6. Aspira la mucosidad, solo cuando sea necesario. Si el bebé tiene mucho moco, el lavado con suero o agua de mar puede no ser suficiente. En estos casos, se puede recurrir a un aspirador nasal, sorbiendo constante y suavemente desde el otro extremo. No obstante, tan solo hay que utilizarlo cuando haya mucosidad visible que no se pueda extraer sin él, puesto que abusar de esta práctica puede irritar la nariz y favorecer la congestión y el sangrado. En cualquier caso, el aspirador no debería usarse más de una o dos veces al día.

También las siguientes medidas pueden ayudar a que tu hijo respire más fácilmente y hacer que las secreciones nasales regresen a la normalidad:

  • Intenta que el ambiente esté bien ventilado. Evita la humedad excesiva, pero también que el aire esté demasiado seco. Puedes aumentar la humedad en el aire con un vaporizador o un humidificador, pero consulta antes al pediatra si puede ser beneficioso para tu bebé y cómo manejarlo.
  • Anima a tu hijo a beber más líquidos. El moco será menos espeso y la humedad de las fosas nasales, mayor.
  • Inclina ligeramente su cuna o cama. La congestión a menudo es peor cuando se está acostado, por lo que mantener la cabeza uno poco elevada mientras duerme puede ayudarle a respirar mejor. Puedes introducir una toalla bajo la parte superior del colchón, por ejemplo, para que este quede inclinado.
  • Si tiene mucha congestión, dale baños de vapor. Lleva a tu hijo al baño, cierra la puerta y abre el agua caliente. Luego permanece sentada o sentado con él durante unos quince minutos en ese ambiente lleno de vapor. Si se añaden compuestos aromáticos a un vaporizador o a un baño, se podría favorecer la descongestión. Pero consulta previamente con tu pediatra, ya que no todos son beneficiosos o aptos para bebés.

Otros métodos para aliviar la congestión nasal

  • Solución salina para aflojar los mocos: Coloca al bebé en una posición semi reclinada y añade unas gotas de solución salina en cada fosa nasal.
  • Humidificador o baño de vapor: El aire seco puede hacer que los mocos en bebés se sequen y se endurezcan, dificultando aún más su eliminación. Por otro lado, el baño de vapor consiste en llenar la bañera con agua caliente y sentarte con tu bebé en el baño (sin meterlo en el agua).
  • Cambiar de posición: En ocasiones, los mocos en la garganta del bebé se acumulan cuando pasa mucho tiempo acostado en una sola posición.
  • Masaje nasal: Un masaje suave en el puente de la nariz del bebé puede ayudar a movilizar los mocos.
  • Hidratación: La hidratación es fundamental para que los mocos en bebés no se espesen. Si tu bebé es menor de seis meses, la lactancia materna o la leche de fórmula son su mejor fuente de hidratación.

Medicamentos y remedios: ¿qué evitar?

Normalmente, los catarros y resfriados son autolimitados, es decir, se curan solos en pocos días. La fiebre, si la hay, no suele durar más de tres días. Los mocos y el dolor de garganta desaparecen en una semana y la tos en dos o tres. Lo mejor para tratar el resfriado de tu bebé es el lavado nasal, el bienestar y el descanso.

Debes evitar los medicamentos. Los descongestivos, antihistamínicos y anticatarrales están contraindicados en bebés, ya que pueden producir efectos secundarios. Los antibióticos tampoco son útiles, porque los causantes de resfriados suelen ser virus.

Los tan utilizados mucolíticos, antitusígenos, anticongestivos, anticatarrales y antihistamínicos no han demostrado su eficacia en el uso de los catarros en los menores de 6 años, es más, se han descrito efectos adversos que aunque infrecuentes pueden ser graves o muy graves.

Los efectos indeseables de este tipo de medicamentos están ampliamente documentados en la bibliografía científica, sobre todo, en niños menores de 6 años: arritmias, broncoespasmo, vértigos, mareos, nauseas, disminución del nivel de conciencia y encefalopatía.

No existe evidencia científica que avale su uso por lo que NO debemos utilizarlos a esas edades.

Lo que sí ha demostrado utilidad y alivia los síntomas es: el paracetamol, ibuprofeno y los lavados nasales con suero fisiológico con aspiración de secreciones, si precisa. (Sobre todo en los lactantes, antes de las tomas; comerá más tranquilo y despejado)

¿Podemos hacer algo para evitar los catarros?

La única medida preventiva eficaz demostrada es el LAVADO DE MANOS FRECUENTE. Debemos insistir a maestros, padres y a los propios niños que se laven las manos puesto que a través de ellas, transmitimos muchas de las infecciones. No olvides hidratar a tu hijo y ofrecerle agua regularmente.

¿Cuándo debo preocuparme?

  • Si la fiebre dura más de 3-5 días sin un origen del todo claro.
  • Si en lugar de ir descendiendo la fiebre, con el paso de los días, sube de 39ºC.
  • Si presenta dolor de oídos o secreción. (La otitis media es una complicación frecuente)
  • Si tiene respiración acelerada o dificultad respiratoria. (En ocasiones se asocian a neumonía).
  • Si escucha pitos (sibilancias) al respirar. Hablaríamos entonces de una bronquitis
  • Si los mocos en nariz persisten más de 10 días y estos son cada vez más espesos y malolientes. (A veces se complican con sinusitis)

Si el niño está muy decaído y con poca actividad: este es el síntoma más importante de todos, su estado general. Si está activo, juguetón y come aceptablemente, tranquilos.

Y por supuesto, siempre que consideréis que vuestro hijo no evoluciona como debería.

Tabla resumen: Tratamientos y cuidados para los mocos en bebés

Tratamiento/Cuidado Descripción Beneficios
Lavados nasales con suero fisiológico Aplicar suero fisiológico en las fosas nasales Disolver y eliminar los mocos, humidificar las mucosas
Aspirador nasal Succionar la mucosidad de las fosas nasales Eliminar el exceso de moco cuando los lavados no son suficientes
Humidificador o baños de vapor Aumentar la humedad en el ambiente Aflojar los mocos y facilitar su eliminación
Posición inclinada Elevar ligeramente la cabeza del bebé al dormir Facilitar la respiración al reducir la congestión
Masaje nasal suave Masajear suavemente el puente de la nariz Movilizar los mocos y aliviar la congestión
Hidratación adecuada Ofrecer líquidos frecuentemente al bebé Diluir la mucosidad y facilitar su expulsión

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