Nick Kamen: Ícono de Moda y Música de los 80 y 90

29.10.2025

Nick Kamen, uno de los artistas más reconocidos de los años 80 y 90, tristemente falleció a los 59 años. Fue uno de los rostros más conocidos de finales de los ochenta y principios de los noventa. Protagonista del anuncio de televisión que catapultó las ventas de Levi's 501, Madonna le escribió uno de sus primeros éxitos, y en 1990 se convirtió en icono omnipresente con I promised myself.

Inicios como Modelo y el Salto a la Fama

En Laraine Ashton, Nick Kamen estaba fichado como modelo negro. Jamie Morgan lo descubrió por casualidad, un día que merodeaba por las oficinas de la agencia que surtía a las principales cabeceras de moda británicas desde 1975. “Este tío no es negro, es medio birmano”, protestó el fotógrafo. “Me temo que es lo más negro que vamos a tener”, le respondió la representante.

Así estaban las cosas en el agitado Londres de la explosión multicultural de principios de los años 80: para retratar no ya la realidad, sino sus posibilidades de futuro, había que saltarse las vías oficiales y salir a la calle. “En las revistas comerciales solo veías gente blanca. Si querías autenticidad, no podías acudir a las agencias. Tirábamos de amigos, del boca-oreja en clubes y fiestas, esperando que alguien se dejara caer por el estudio. De esta manera fuimos construyendo la escena”, recuerda Morgan. La escena pronto se convertiría en un movimiento estético-artístico en toda regla. Y aquel joven mestizo, en su principal estandarte.

Fotorreportero curtido en la agencia Magnum, Morgan había conocido a Nick y a su hermano Barry a través de un amigo común, Ray Petri, el estilista con el que estaba experimentando una nueva aproximación al lenguaje editorial de la moda: película de 35 ml, con bien de grano, retratos de impronta periodística para mayor desubicación de los personajes, Avedon y Penn en plan reportaje de guerra. Un revulsivo frente a la dominante impostura de la perfección.

“Nuestras referencias eran las imágenes de los años 30 y las instantáneas de los nativos americanos en blanco y negro, es decir, nada que ver con lo que se estaba haciendo”, refiere el fotógrafo. La elección de los sujetos de aquellas sesiones era crucial, una labor que solía recaer en la muy viajada mirada de Petri. “Nunca se trató de belleza, sino de actitud. La manera de moverse, de caminar y de detenerse, la irrelevancia del género al elegir la ropa... La intención era sublimar la imagen de la calle, hacer de ella una expresión poética”, continúa.

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Los hermanos Kamen fueron los primeros en posar ante su cámara. Empleados en una tienda de Covent Garden, la moda no les era extraña. Nick, además, llevaba un tiempo haciéndose notar: en octubre de 1981, con 19 años, había defendido el debut en la pasarela de Worlds End, la etiqueta de Vivienne Westwood y Malcolm McLaren, con la histórica colección Pirata. Para la segunda, Nostalgia of Mud (otoño/invierno 1983-1984), él se encargó de abrir el desfile, de nuevo en el Olympia londinense, ante la atónita mirada de los compradores de Bloomingdales y de dignatarios de la prensa tan carismáticos como Anna Piaggi (Vogue Italia) y Vernon ‘Vern’ Lambert (L'Uomo Vogue). Nadie en el negocio sabía aún del concepto de ‘casting callejero de modelos’.

“Hoy, una presencia racial como la suya es lo normal, la quintaesencia del chico guapo. Pero en aquella época resultaba chocante”. La de los Kamen era, desde luego, una genética privilegiada. Ocho hermanos de una familia obrera de Essex con inclinaciones artísticas, de ascendencia birmana, irlandesa y holandesa. Como constató una vez Barry, “el producto definitivo del colonialismo”.

Lo mismo podría decirse de Londres, más que nunca campo de juego de un sinfín de agentes juveniles de distintos orígenes y culturas pero unidos por un lenguaje común, surgido de una manera particular de aproximarse a la música y el estilo independientemente de la raza, identidad o extracto social. En ese caldo de cultivo, abonado por la libertad creativa que había traído el punk pocos años antes, germinó una “rebelión contra el statu quo que imperaba en la cultura y la moda de la época, y que fue posible gracias a una serie de personajes, la mayoría inmigrantes de segunda generación y con un ideal alternativo de la vida que hacía saltar por los aires las viejas normas”, reconocía Morgan en conversación con Grace Wales Bonner, justo cuando la diseñadora comenzaba a esbozar su discurso a propósito de la identidad política, sexual y racial que define su trabajo y que tanto le debe a aquella wild bunch que se dio a conocer como colectivo Buffalo. Si ella, Kim Jones, Hedi Slimane, Raf Simons o Martine Rose pueden correr hoy es porque ellos echaron a andar hace cuatro décadas.

“No éramos más que una pandilla de idealistas y hedonistas campando por el West End y los garitos más underground del Soho. El único código era el look: si tenías el valor necesario para mostrarte único, ya eras parte del grupo”, escribía la estilista Mitzi Lorenz en 2019, al cumplirse 30 años de la muerte de Ray Petri. Amén de Kamen, Morgan y Petri, estaban los también fotógrafos Roger Charity, Cameron McVey y Mark Lebon, cuyo hermano, James (de primera profesión peluquero), programaba las sesiones del Language Lab, el club nocturno que puso a la muchachada londinense en contacto con el rap y el scratch que empezaba a producirse en Nueva York.

La velada congregaba por igual a estudiantes de arte, periodistas musicales, rude boys jamaicanos, nuevos románticos tránsfugas del Blitz y el Heaven y postpunks aficionados al ska/reggae. “No es que fuéramos unos marginados, pero sí había la sensación de no encajar fuera de nuestro círculo, y eso nos gustaba”, relata Lorenz, que tenía 15 años cuando le pidió a Petri que la dejara ser su asistente. Una de las primeras producciones en las que ensayaron lo que luego sería la marca estilística de la casa la titularon Inmigrantes.

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En enero de 1984, la revista The Face, órgano de expresión de “todo lo que es nuevo”, le otorgaba su carta de naturaleza editorial. En portada, Nick Kamen. O Nick Ivor Camen, como lo presentó al mundo. En los años más recalcitrantes de la era Thatcher, la postal desde el filo enviada por el colectivo Buffalo era una nueva invitación a la rebelión. También un retrato certero del momento socioeconómico del país (las contiendas raciales y el ascendente desempleo juvenil frente al auge del consumismo y el ideal yuppie del neoliberalismo).

En The Face, revancha del periodista Nick Logan en su búsqueda de “una revista bien producida, bien diseñada y bien escrita” tras fundar Smash Hits, lo normal era pasar de un reportaje sobre el último grito en deportivas vistas en Tokio a otro sobre los soldados adolescentes de Angola. Así que una propuesta como la que presentaron Morgan y Petri, en la que los modelos cuestionaban el concepto convencional de masculinidad, tenía todo el sentido.

“Queríamos establecer nuestra propia agenda al margen del sistema. Más que la ropa, que también, lo importante eran la imagen en sí misma y la actitud”, explica el fotógrafo. “Nos gustaban las chicas con aspecto duro y los chicos que podían seguir siendo masculinos aun con ropa femenina. Si Nick tenía unas piernas estupendas, ¿por qué no iba a lucirlas llevando falda? Y si usábamos una chaqueta de Armani era porque nos flipaba el corte o la silueta, no por quien la firmaba”.

Lorenz va más allá al abundar en el significado de unos editoriales que siempre llevaban la coletilla Buffalo junto a los nombres del equipo: “Las imágenes no eran solo fotografías y créditos [de moda] en una página, suponían algo bastante más personal. Eran la representación de nuestra forma de vida, de nuestra honestidad emocional”.

Should boys be boys?, ¿deberían los chicos ser chicos?, era un interrogante que Vivienne Westwood había lanzado con Nostalgia of Mud, en 1982. En esa colección ya se hablaba de subversión de género, además de reconexión medioambiental, respeto a las raíces, indigenismo y tradición. Las faldas voluminosas, las chaquetas cortas y los sombreros hongo monumentales (el Mountain hat que Pharrell Williams recuperó en su momento Happy, en 2014) se los habían inspirado las cholitas peruanas.

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“Esencial y política”, calificó Malcolm McLaren la propuesta, subtitulada Buffalo Gals, como la canción que acababa de grabar en Nueva York para ser el primer blanco en meterle mano al pastel del hip hop. Conociendo por igual el talante pirata del empresario y productor musical y las conexiones de su entonces mujer comunes a las de Ray Petri (la maquilladora Yvonne Gold, el círculo de los Blitz kids en el que alternaban el cantante Boy George y el diseñador de accesorios Judy Blame y, claro, Nick Kamen), no resulta fácil adjudicar la autoría del estilo que a partir de entonces cambiaría radicalmente la forma de entender la moda. Aunque una cosa sí está clara: lo que hizo el estilista fue darle alas.

A través de sus composiciones indumentarias, que pronto saltarían también a las páginas de i-D, Arena y Arena Homme Plus, les estaba diciendo a los jóvenes que en lugar de limitarse a copiar los looks que veían en las revistas podían experimentar, ser creativos con la ropa y los complementos, igual que hacían ellos. “Fuera cual fuera el elemento clave, lo cierto es que Ray definía la imagen Buffalo. Buffalo era el soporte de su visión y Nick, su musa”, concede Morgan.

Sobre cómo Petri sentó las bases del estilo Buffalo y dio forma al denominado hombre moderno o nuevo hombre se ha escrito mucho. El ensayista y académico Shaun Cole, exjefe del programa de exposiciones del Victoria & Albert londinense, lo reconoce como una práctica indumentaria posmoderna, afín al espíritu fin de siglo de la época, resultado de una educación visual/sentimental en la que se cruzaban el utilitarismo militar y la funcionalidad deportiva, los códigos del vestir urbano y lo aspiracional de la pasarela, el reciclaje y el lujo, el ambiente de club de boxeo y de discoteca gay, la tradición y la vanguardia.

“Lo que hizo fue crear una silueta nunca vista hasta la fecha. Lo recuerdo rasgando aquí y allá y volviendo a unir las piezas con imperdibles, cortando y cosiendo como un cirujano, remezclando prendas como un DJ, ropa de deporte con sastrería, faldas para tipos muy masculinos, trajes de hombre para chicas andróginas, diversidad en estado puro”, apunta Lorenz. The harder they come, the better!, rezaba el lema de la causa.

Lo que suele pasarse por alto de la revolución Buffalo es que fue una mayoría hetero la que no solo defendió su credo, sino que ayudó a expandir la buena nueva ético-estética de un homosexual (incluso pasada por el filtro pospunk, la homoerótica de su iconografía es innegable). “El constructo de identidad masculina no es monolítico ni uniforme, sino plural. Eso es lo que vino a demostrar Petri con el apoyo de la comunidad Buffalo. La suya fue la respuesta a una crisis en la masculinidad que tenía mucho que ver con el novedoso impacto del feminismo a la hora de abordar las relaciones de género, así como con la interseccionalidad racial, étnica y de clase”, expone Cole.

“Era una concepción tan poderosa como emocional. No se es más hombre por beber cerveza y pegarle a otro tío en un bar, eso no te convierte en un tipo duro”, tercia Morgan. Petri lo comprendió pronto, tocando rock'n'roll y bailando northern soul, viendo a los vaqueros de las viejas películas del Oeste y a Alain Delon en Rocco y sus hermanos, observando a los boxeadores de Rodesia y a los rastafaris del gueto jamaicano de Trench Town.

En París se había hecho colega de un grupo de seguratas afrocaribeños comandado por Jacques Negrit que frecuentaba en discotecas y desfiles (hoy, la de Negrit es una de las empresas de seguridad privada más reputadas de la semana de la moda parisién). Vestían vaqueros Levi's ceñidos por un cinturón, botas de paracaidista y cazadoras bomber azul cobalto del ejército estadounidense con la palabra buffle bordada a la altura del corazón. Buffle es búfalo en francés.

El uniforme de los soldados Buffalo -referencia a la canción Buffalo Soldier de Bob Marley, lanzada en 1983 e interpretada como oda al batallón de nativos americanos que luchó por el fin de la esclavitud en la Guerra Civil estadounidense- nació así. A toda página en The Face, Nick y Barry Kamen enviaban el mensaje ataviados de tal guisa bajo el epígrafe “Buffalo: una pose muy seria”.

El Anuncio de Levi's y el Ascenso Musical

Y una avispada Sarah Doukas lo pilló al instante. Fundadora de la agencia Storm, en 1987, a Doukas se la recordará seguramente por ser la descubridora de Kate Moss y Cara Delevingne, pero resulta que también fue la impulsora de Nick Kamen al estrellato. Trabajando aún por su cuenta, comenzó a representarlo en 1985 y tuvo clarísimo cuál debía ser el destino de aquel joven y racial Elvis cuando una productora le pidió que le enviara un chico vestido con camiseta y tejanos para un anuncio de televisión.

El 'casting' era en realidad para una campaña a estrenar en 1986, pero en cuanto los responsables de Levi's le pusieron el ojo encima decidieron darle el papel protagonista del comercial que estaban a punto de rodar, el del pandillero que se queda en calzoncillos en la lavandería mientras lava a la piedra sus 501, el clásico soul I Heard It through The Grapevine de Marvin Gaye sonando de fondo. Por encima del físico portentoso, la actitud del modelo lo es todo: la chulería al quitarse las gafas de sol, la mirada desafiante, la vanidosa despreocupación ante la desnudez, la naturalidad al tomar asiento entre los otros clientes. El postureo Buffalo (Buffalo stance, sí, como la canción de Neneh Cherry) en su máximo esplendor.

El comercial de los famosos vaqueros Levis 501 que protagonizó Nick Kamen, en el que se desnudaba en una lavandería, aumentó las ventas de la prenda un 500 por ciento, provocando que la demanda fuera mucho mayor que la capacidad productiva de la firma. La historia artistica de Nick Kamen nace de unos téjanos. Por un lado son base de su vestimenta, por otro son el instrumento con el que se ganó el éxito. Cómo no recordar el anuncio que Nick rodó hace algunos años para hacer famosos los 501 de Levi's. La escena era simple pero impactante. El interior de una lavandería; muchas luces de neón estilo americano de los años cincuenta. Es de noche, quizás llueva afuera. De fondo suena la bellísima canción ‘I heard it through the grapevine’ de Marvin Gaye. Alguien coge la ropa de una cesta y la mete en la lavadora, alguien espera el final del ciclo del lavado. También hay dos chicas que leen una revista y mascan chicle. De repente entra él, Nick, que mira a su alrededor y empieza un striptease burlesco. Fuera la camiseta, fuera el cinturón, fuera los téjanos. Las chicas, aguantan la respiración y atisban por debajo de la revista. Nick, tranquilamente, coge los jeans y la camiseta y lo mete todo en la lavadora. Después, con naturalidad, se sienta a esperar que se lave. Naturalmente, todo esto sucede en treinta segundos, pero son treinta segundos que han convulsionado la vida de muchos.

El modelo y cantante nacido en Essex lanzó su carrera musical en 1986 bajo la protección de Madonna, que había caído rendida ante él tras ver el citado anuncio y le envió varias canciones. Su álbum debut titulado Each time you break my heart debutó en el número cinco de las listas de éxitos y contó con la producción y coros de la artista. Ella comentó en una ocasión que el carisma y la voz de Kamen la habían inspirado y que por esto decidió contactar con él.

Madonna, que descubrió a Nick en el recordado anuncio de Levis 501 en 1985 que le convirtió en todo un sex symbol, se ha confesado destrozada. "Me rompe el corazón saber que te has ido. Siempre fuiste amable y dulce y sufriste mucho. Espero que seas feliz allá donde estés" dijo. Kamen fue el protegido de la intérprete que tras verle en aquel spot le envió una de las canciones que había escrito con Stephen Bray y que lanzó con él el éxito de 1986 Each time you break my heart.

En 1986, tras un par de éxitos, Madonna recibió un paquete con cuatro temas de Kamen y el anuncio de Levi's. El autor del envío era Seymour Stein, el poderoso ejecutivo cuyo olfato convirtió a Warner en una superpotencia discográfica. En el anuncio, Laundrette, Kamen entraba en una lavandería como un joven rebelde al ritmo de Marvin Gaye a lavar la ropa que llevaba puesta hasta quedarse en calzoncillos. La imagen de Kamen cautivó a Madonna, que confesaría después en la BBC que se quedó extasiada: "ese chico lo tiene todo".

Madonna incluso le pidió a Stein participar en la producción de Each time you break my heart, donde también ejercició como corista. El tema era un descarte de True Blue, y una muestra de la confianza que la cantante tenía en el joven. El éxito del single porpulsó la carrera de Kamen durante años, hasta el bombazo de I promised myself, el single con el que en 1990 se convirtió en un rostro omnipresente. Sin embargo, su carrera terminaría abruptamente tras un último disco en 1992.

Éxito y Legado Musical

Nick Kamen alcanzó un importante éxito en las listas internacionales, en diferentes países europeos, como Irlanda, Italia, Reino Unido, Suiza y España y también en Norteamérica, Canadá y Estados Unidos.El año 1990 vio nacer uno de sus más grandes éxitos: el single I Promised Myself, del disco 'Move Until We Fly', llegó al número 1 en ocho países europeos y fue el cuarto disco que más sonó ese año en Europa. Se han realizado múltiples versiones y remezclas de esa canción, que quedó en la historia como una de las más grandes del disco pop. Supo darle a la música disco, al pop y a la balada moderna.

Nick publicó su primer álbum, llamado como él, en 1987. Era un disco de versiones de autores como Bob Dylan, Burt Bacharach y Bob Hillard o Sam Cooke. Pero de todas las canciones solo una arrasó. Fue un tema 'rompepistas' que alcanzó el número 5 en las emisoras del Reino Unido. Se trata de Each Time You Break My Heart y la escribieron Madonna y Stephan Bray: un regalo de su madrina con el que aterrizó en la historia de la música pop. Madonna llegó a cantar los coros porque era un tema que le gustaba y que estuvo a punto de grabar para su famoso disco True Blue. Finalmente la canción no llegó al disco y la versión cantada únicamente por Madonna es inédita.

Kamen era miembro de una familia de artistas (el guitarrista Chester Kamen, colaborador de Pink Floyd y Brian Ferry, entre otros; y el también artista y modelo Barry Kamen, fallecido en 2015), y saltó a la fama en 1984 como modelo en su Inglaterra natal. De ahí, alcanzaría fama internacional como rostro y cuerpo de Levi's. También en esa época dio inicio a una carrera musical con bastante éxito en Inglaterra y Europa apoyado, entre otros, por un tema escrito por Madonna.

El cantante y modelo Nick Kamen ha fallecido a los 59 años, tal y como ha confirmado un amigo de la familia a la BBC. Boy George, otro de los artistas más icónicos de aquella década, le ha descrito como "el mejor y más dulce", mientras que el cómico Matt Lucas destacó que fue un auténtico icono. Boy George, gran amigo de Kamen, era el encargado de dar la noticia a través de su cuenta de Instagram. Se despide de él hablando del "hombre más guapo y más dulce", pero no es el único famoso que ha dado su último adiós al cantante británico.

Nick Kamen, conocido por componer la canción I promised myself que se convirtió en un éxito en los noventa, ha fallecido este miércoles a los 59 años, según confirma la BBC. Entre uno y otro, lanzó Us (1988), Loving you (1988) y grabó Turn It Up (1989), parte de la banda sonora de Cariño, he encogido a los niños (Disney).

En esos años Nick Kamen y Madonna fueron carne de titulares, sobre todo porque él salía con Talisa Soto y el tema del trío de guapos era muy jugoso. Con Madonna tuvo lo que tuvo y tras romper con Talisa Soto salío con una top model espectacular Tatjana Patitz. Ella colaboró con el cantante en el vídeo del tema 'Tell Me'', rodado en 1988.

El primer paso de esta época es el trabajo que Nick acepta para hacer de modelo: durante un año se traslada a Nueva York y hace todas las colas necesarias. En este caso ser un chico guapo (y Nick lo es, cómo no) no basta; también sirve la experiencia y, sobre todo, los contactos adecuados. Así, durante algunos meses llegan un par de ocasiones importantes que Nick no deja escapar: participa en una campaña publicitaria de los téjanos Calvin Klein y conoce al fotógrafo de moda Bruce Weber, uno de los más famosos objetivos del mundo publicitario. Son dos alianzas importantes y los brillantes ojos negros de Nick atraviesan las simples fotografías y se hacen notar por ése toque de magia nostálgica que contienen.

Trabajando como modelo fotográfico, su cara y su cuerpo consiguen cautivar a los publicistas que estaban preparando una gran campaña de lanzamiento para los téjanos 501 de Levi's. Los publicistas buscaban precisamente a un muchacho de hoy que supiera dar esa mezcla romántica y salvaje típica de los años cincuenta, los años de James Dean y Marlon Brando, los años del nacimiento del rock'n'roll y de los téjanos. Obviamente, la elección para el anuncio recae precisamente en Nick, que es llamado para rodar el spot que se convertirá en seguida en una bomba en todo el mundo.

Para dar mayor credibilidad a su intuición, Madonna decide producir la primera canción de Kamen y cantar en los coros. Así nace 'Each time you break my heart', que se convierte en el primer gran éxito de Kamen en todo el mundo. La presencia (discreta pero real) de Madonna ayuda mucho en un principio al joven cantante, pero después todas las barreras franqueadas caen bajo su empeño vocal.

No faltan ni siquiera los rumores de un romance entre Madonna y Nick, inevitables cuando dos personas de tan alto potencial erótico entran en contacto. Pero sólo son rumores, o, más exactamente, indiscreciones totalmente faltas de fundamento. En ese período, Nick Kamen había iniciado una intensa relación con la top-model Talisa Soto, a la que conoció en Nueva York en ese ambiente de moda que Nick había frecuentado hasta unos meses antes. La popularidad de Nick Kamen se extiende rápidamente por todo el mundo. Nick encarna la figura del valiente muchacho al que le encanta sonreír y pensar, que no quiere gritar pero que sabe hacerse escuchar.

Nick Kamen, efectivamente, es adorado por los muchachos y las muchachas de Europa. Nick adora el calor de ese público, la pasión que las chicas le demuestran.

Kamen supo retirarse a tiempo. No le interesaba el mundo de la fama y decidió dejar la música comercial para hacer sus propias canciones que no tuvieron mucha repercusión. En los últimos años se supo que padecía una grave enfermedad que ha acabado con su vida con solo 59 años.

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